¿Y si me rompo un brazo?

Imagina que trabajas en una empresa de programación. Tu trabajo depende de tus manos sobre el teclado. Un día, andando por la calle, tropiezas y te rompes un brazo. Llegas a tu empresa y les pides una adaptación temporal del puesto de trabajo, para poder programar sin tener que usar las manos,  te la niegan y te dicen que programes con una sola mano. Además, no tienes ningún tipo de derecho reconocido por tener una incapacidad temporal. A final de mes no cobras porque no has cumplido los objetivos de la empresa. ¿Cómo lo ves?

Algo parecido le pasa a algunos y algunas estudiantes que tienen la mala suerte de romperse un brazo durante el curso de la ESO o Bachillerato. La situación es mucho peor si estamos hablando de asignaturas tales como matemáticas o física y química, en las que el conocimiento procedimental en la realización de ejercicios realizados con bolígrafo y papel es fundamental en el aprendizaje, tal y cómo están planteadas las cosas. Que llegue un/a estudiante diciéndole al/a profesor/a que cómo puede hacer los ejercicios con su mano derecha (izquierda, si es zurdo) y le diga que lo haga con la otra es algo que, aunque parezca mentira, es la respuesta habitual que encuentran las y los estudiantes cuando llegan con su brazo escayolado.

Últimamente se habla mucho de inclusión y de atención a la diversidad. Una primera premisa para que estos dos objetivos se hagan realidad algún día es que las personas que educan, el profesorado, tengan una ideología, unas creencias y una sensibilidad proclives a ejercer esta responsabilidad: la de que cualquier estudiante, independientemente de sus características, circunstancias y necesidades especiales, puedan alcanzar los objetivos educativos. Sin esta sensibilidad, difícilmente se pueden dar más pasos para avanzar, haya muchos o pocos recursos. SENSIBILIDAD. Algo tan fácil de decir y tan difícil de adquirir.

Un profesor o profesora con sensibilidad hacia la inclusión y la atención a la diversidad vería obvio que un estudiante con una incapacidad temporal como la que estamos planteando, la mano con la que escribe inutilizada, requiere apoyos adicionales para superar ciertas asignaturas: exámenes orales, más tiempo para asimilar conocimientos procedimentales, más tiempo en los exámenes si se le exige usar la mano izquierda, etc. Lo que es inconcebible es que se llegue al final de la evaluación con 3 suspensos por no poder haber realizado los exámenes o los ejercicios que llevaba para casa con una mano escayolada y no haber hecho absolutamente NADA para solventar esta situación.

Esta sociedad se debe acostumbrar a que las personas menores de 18 años, al igual que las personas adultas, tienen derechos. Seguro que hay alguien que, leyendo esto, piensa: “y deberes”. Pues sí, deberes tienen. Les institucionalizamos desde los 3 años en un proceso que parece inacabable y en el que, a veces, se sienten vapuleados y maltratados. Si les exigimos deberes debe ser en un marco de extremo respeto a sus derechos: 0 humillaciones, 0 menosprecios, atención a su diversidad y necesidades, y, por supuesto, todos los derechos que están reconocidos para cualquier ciudadano y ciudadana.

No niego que vivimos en una sociedad diversa, en la que existen muchos tipos de familia con circunstancias muy diferentes en las que los niños y niñas pueden ver sus derechos vulnerados. Esa es una cuestión que se atiende desde Servicios Sociales. Pero el sistema educativo debe garantizar para sus alumnos y alumnas un marco seguro de respeto a sus diversidad. Nadie dice que se a fácil, pero si no existe la sensibilidad, será imposible.