¿Y ellos? ¿Quieren tener hijos?

  

El otro día leía una noticia en tono alarmante que decía que un porcentaje cada vez más elevado de mujeres no tienen hijos. Esto era preocupante, porque la sociedad envejecía y se volvía poco productiva, la inversión necesaria para mantener a la población anciana aumentaba y las pensiones dejaban de estar aseguradas. Y todo el artículo daba la sensación de que la culpa de que la población estuviese envejeciendo y hubiese cada vez menos niños era de las mujeres. 

Las personas que se preocupan porque las mujeres cada vez tengan menos hijos, ya sea porque el retraso de la maternidad aumenta la proporción de problemas de fertilidad, ya sea porque sencillamente no quieren tenerlos, parecen no percatarse de otro dato importante: España es uno de los países con la tasa de divorcios más elevada: un 61% de parejas acaban en divorcio. Esto me invita a pensar si el motivo de este de descenso de la natalidad no puede tener que ver también con la crisis de la pareja tradicional. Porque, convendréis conmigo en que, en muchas ocasiones, cuando una mujer quiere tener un hijo, esta no es una decisión únicamente suya, sino que hay una pareja que apoya esta decisión y, de alguna forma, la hace posible y la promueve. Vamos, que no es lo más frecuente que una mujer decida tener un hijo, busque un hombre que la embarace y después si te he visto no me acuerdo (aunque haya casos). 

Sin embargo, nos empeñamos en definir el hecho de tener un hijo como algo que emana de la decisión de una única persona: la mujer. Se nos llena la boca diciendo que la maternidad tiene que estar apoyada por una nutrida red social, y cuando hablamos de maternidad y embarazo hacemos única responsable a la mujer. Esta incongruencia en términos es también la que nunca nos lleva a plantearnos si ellos, los que son pareja de esas mujeres, quieren ser padres. ¿Ellos quieren ser padres? Y lo que es más importante: ¿ellos están dispuestos a ser los padres que imaginamos?

Puede que las mujeres no quieran ser madres porque se sienten libres, independientes y poderosas en soledad, y están en todo su derecho. Pero también pudiera ser que si el entorno no acompaña, piensen que para qué van a inmolarse ellas cual heroínas y a tener hijos/as con cualquiera. Y la verdad es que me parece un motivo de lo más legítimo y sensato. Por muy sublime que sea el amor que una madre le profesa a su bebé recién nacido, no sé si este amor figurado merece el atarse a una relación incierta durante un tiempo indeterminado. Por otra parte, puede que su pareja no quiera tener hijos, aunque ella sí los quiera tener. Me imagino que esto implica una toma de decisiones: ¿romper la pareja? ¿ Esperar a quedarse embarazada por casualidad? ¿Esperar a que algún día cambie de opinión? Y si rompes con tu pareja ¿esperas encontrar otra pareja que sí quiera tener hijos en un tiempo récord? Porque, pongamos que a estas alturas tienes ya 34 años. ¿No será peor el remedio que la enfermedad?

Lo que quiero decir con todo esto es que la maternidad deseada y consentida no es solo cosa de una persona: la madre. Y viéndolo así creo que estamos vertiendo demasiada responsabilidad en las mujeres. Si no nos sentimos seguras para parir y criar, que alguien venga a decirnos lo maravillosa que es la maternidad no hace más que reafirmarnos en la soledad en la que nos vamos a sumir si tomamos la decisión. La maternidad es bella cuando es compartida en un grupo social que acoge a las madres y a sus crías y las cuida como un bien preciado. De otra forma es una gran carga, no porque tengamos que trabajar mucho, sino porque los niños y las niñas, los bebés pueden ser los que sufran al tener una madre poco sostenida por un grupo.

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