¿Vivir en una yurta o comprarme un ferrari?

Hay días que tengo sensación de sandwich. Por un lado, las propuestas sobre género que pretenden ser ultrafeministas nos quieren construir miles y miles de escuelas infantiles para que encerremos a nuestros retoños y nos lancemos al competitivo mundo del trabajo como si no hubiese mañana, rasgando nuestras vestiduras por una igualdad masculinizada. Queremos dejar de ser las cuidadoras supremas y pedimos al estado que se haga cargo de nuestros hijos e hijas para salir a la calle, tacones en ristre, a comernos el mundo.

Por otro lado, hay voces que se alzan clamando que la humanización del cuidado infantil pasa por que uno de los progenitores (que finalmente siempre es la madre) se quede en casa para poder atender adecuadamente las necesidades emocionales de las niñas y los niños. Plantean que merece la pena liberarse de el esclavizante mundo del trabajo para ocupar plenamente el mundo de lo privado y adoptar formas de vida alejadas del mundanal ruido. Esta opción siempre se aparta ideológicamente de la tradicional ama de casa y se posiciona en un nuevo modelo de mujer, preparada, con estudios, que decide abandonar su carrera profesional para dedicarse en cuerpo y alma a sus hijas e hijos, mientras su pareja la apoya incondicionalmente y sale a buscar las lentejas.

No tengo nada en contra de ninguna de las dos propuestas. Bueno, sí, solo una cosa, y es eso que decía al principio: me hacen sentir como un emparedado. Cuando empiezan a hablar desde uno u otro lado, y tú vas y no te posicionas, inmediatamente te colocan en el lado contrario. Si no eres de las que dejaron de trabajar para cuidar a sus niños, eres la ejecutiva agresiva y ambiciosa que abandona a su prole en cualquier institución o la tiene horas delante de la televisión para que la dejen tranquila con sus asuntos. Si no eres de estas últimas, entonces eres de esas mujeres esclavizadas por sus hijos y su hogar que pretenden que todas volvamos a un rol anticuado de mujer-ama de casa-maruja.

El caso es que, hagas lo que hagas y digas lo que digas, siempre habrá alguien que te diga que lo haces mal. Que no eres libre. Si no eres como ellos quieren que seas, te estás dejando engañar, bien por el patriarcado, bien por la sociedad neoliberar que nos oprime. Así que, al final, te preguntas seriamente para qué sirven esos modelos de mujer que nos tratan de imponer sino para hacernos sentir confusas y culpables. ¿Deberíamos habernos entregado al cien por cien a nuestras carreras o a nuestros hijos? ¿Deberíamos haber dado un giro de 180 grados a nuestras vidas y habernos ido a vivir a una yurta, o bien haber asumido que los niños crecen como las setas y pasarnos la vida compitiendo por puestos de responsabilidad?

A ver, chicas, recordemos eso de tesis-antítesis-síntesis. Creo que aquí estamos olvidando un factor clave para dejar de sentirnos como el jamón del bocadillo. Esta violencia estructural contra nosotras tiene que acabar. Para criar a un niño (y a una niña) hace falta una tribu. Y nuestra tribu (ya lo he dicho en más de una ocasión) está descompuesta. Se ha hecho individualista y mezquina, y quiere hacer recaer la responsabilidad de los cuidados solo en una parte de la población. Ya no es cuestión de que el padre se responsabilice o no de los cuidados. El tema va mucho más allá. A la tribu le importa una mierda cómo se críe a los niños y niñas, y si algo sale mal, ya sabemos a quién hay que echarle la culpa.

Malas madres, buenas madres, ha llegado la hora de alejarnos de vosotras. Ni soy libre siendo mala, ni soy libre siendo buena. Soy libre siendo y haciendo oídos sordos a las propuestas descabelladas de cómo tengo que girar en mi vida o qué tengo que conseguir. Si tienes consejos que dar, escribe un libro y conviértete en gurú.

5 respuestas

  1. ¿y si optamos por vivir en una casa normal y corriente, comprarnos un Citroen, trabajar cada uno de los padres 4 horas y el resto dedicarlo a educar a nuestros hijos, a repartir los roles y las tareas de modo voluntario como creamos oportuno, a disfrutar de la pareja o a hacer lo que nos venga en gana sin admitir lecciones de nadie a quien no se lo hayamos pedido antes?

  2. Me encanta tu blog y me encanta esta entrada. Soy premamá pero es verdad que hagas lo que hagas y decidas lo que decidas, al resto no le va a parecer bien nunca y todo lo van a criticar, empezando con el parto. Da la sensación que todas tenemos que hacer y decidir lo mismo, y que si te sales del guión ya eres rara, te están asesorando mal, o te estas equivocando…
    Es curioso lo que dices de la tribu y es verdad, porque yo me he dado cuenta de lo que es y de que la necesito ahora que estoy embarazada, y no solo está descompuesta, está podrida. En general la sociedad y el resto de la gente que te rodea no se da cuenta de lo que significa tener un hijo, y de lo necesario que es criarlos, no solo parirlos. Nadie te quiere ayudar (aunque no pidas ayuda), pero es que ni te preguntan como estás amigas que antes de estar embarazada eran amiguísimas…

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.