#VDLN 90: Corazón de Neón (Orquesta Mondragón)

  Las ciudades están vivas. O muertas, depende de la ciudad. Cuando vivía en Madrid, todo era vida. No voy a decir que no sea una ciudad difícil de habitar: es un monstruo con siete cabezas, lleno de humo, atascos y ruido, pero también lleno de historias diversas, de lugares recónditos y acogedores, de gente, mucha gente. Gente muy distinta entre sí, muy diversa. Puedes encontrar cualquier cosa en Madrid, la gente que lo conoce lo sabe. 

Pero desde que vivo en esta ciudad de mala muerte, los días pasan uno tras otro sin ninguna novedad. Las ruindades se acumulan en las esquinas. Nadie se habla, nadie se conoce, nadie te mira a los ojos. Pero oye, todo el mundo parece saber tu historia. Y si no la saben, se la inventan. Tal es su aburrimiento de vivir en esta cloaca. 

El provincialismo es una cosa muy pesada y sebosa. Te conduce al hastío, a la rutina, a vestir ropa de tonos marrones y negros, a llevar ese tipo de ropa que, en una ciudad como Madríd, no sabrías dónde comprar, pero en la cloaca hay siempre tres o cuatro tiendas disponibles para los cretinos. Jerséis verdes con coderas marrones y vaqueros rojos con bambas para ellos. Look Safari leona salvaje con mucho maquillaje y mechas rubias para ellas. Y los niños disfrazados de gilipollas los pobres. Las niñas con lazo, leotardos marrones y vestido de puntilla corto. Los niños con pantalones de pelele y leotardos azules, aunque tengan 7 años.

Pero lo peor es que siempre ves a la gente que no quieres ver. Porque como el pueblo de mala muerte es pequeño, pues todos vamos a los mismos sitios, y no puedes esquivar al indeseable de turno. Y además solo hay un grupo de personas de un tipo concreto, de modo que si te sale rana, pues a la mierda. Bueno, en realidad no hay mucha diferencia entre unos grupos y otros. Vamos, que es un verdadero infierno vivir aquí. 

En el pueblo, digo la ciudad de mala muerte no hay tradición interesante ninguna, pero como son muy rancios se pasan el día inventando cosas muy tradicionales y añejas que nunca han tenido mucha importancia. Hoy les da por esa fiesta caduca que a nadie le importa y quieren que la hagan de interés nacional, otrora por esa artesanía pueblerina que ha caído en desuso pero que puede llegar a convertirse incluso en patrimonio de la humanidad. Y sin embargo dan la espalda a artistas que han nacido aquí y son reconocidos internacionalmente por ser demasiado modernos, y en vez de darles el premio de la ciudad a ellos, se lo vuelven a dar al de siempre, aunque no le conozca nadie más allá de las fronteras de esta vetusta ciudad. 

Vamos, un verdadero primor. Así que hoy quiero recordar a mi tierra y una de las canciones que más me gustan sobre ella. El pueblo de mala muerte este también tiene una canción, creo que dice algo de qué bonito es el puente o algo así, pero de verdad que no la queréis oír ¿verdad? Así que os dejo con la Orquesta Mondragón y su canción dedicada a Madríd y a su corazón de neón.