#VDLN 149: The other (King Tuff)

Hay cosas que nos mantienen vivas. Y crear es una de las más importantes. Tener siempre el cuerpo y la mente pendientes de un nuevo proceso, de un nuevo nacimiento, de un nuevo milagro. Esas cosas que parece que siempre estuvieron ahí, que eran invisibles y de repente brotan a nuestro lado, de nuestras manos, de nuestros ojos, de nuestros labios.

Crear es maravilloso, aunque sea una ilusión. Aunque todo ya exista, lo importante es la sensación de estar construyendo algo nuevo. Es nuevo para mí y con eso basta. Como cuando una niña aprende a caminar: es su primera vez y por eso es única. Así podemos estar la vida entera: descubriendo todo el proceso, reinventando el camino que otras recorrieron antes, saludando al sol cada mañana. Envejecer es creer que ya no podemos crear más. Sentir que nuestras herramientas creativas han caducado y ya no sabemos usar las que han inventado otras. Dejar de aprender a recrear la vida es la muerte del alma. Pero hasta la muerte forma parte de la creación.

Sigo soltando lastre, paso a paso, cambiando a cada esquina, probándome trajes nuevos, ocultando mi cara y mi cuerpo del escenario público, que se repite. Que me aburre. Que no aporta, solo pide, exige, demanda, exclama una y otra vez las mismas consignas de forma cíclica. Sumidero de energía nauseabundo que gusta de las consignas manidas, los lugares comunes, la verdad de los bienpensantes que está escrita en todas las esquinas, en los periódicos del bar y de la caseta del conserje, en los comentarios de noticias del Facebook, en la agenda de las secretarias.

Es mejor recogerse en un lugar tranquilo, en la penumbra y cantar como las sirenas, aullar como los lobos, ronronear como los gatos. Ladrar no, no. Ladrar es común y no queremos nada común en ese pequeño espacio. No quiero tener que discutir con el listo de siempre, con la señora encopetada, con el intelectual de izquierdas, con el sobradamente preparado de derechas, con la feminista de la segunda ola y todas esas cosas que me aburren soberanamente. Solo quiero escuchar vuestra voz escrita que me acompaña. Solo quiero ver a mis creaciones creciendo e independizándose, creando maravillosamente. Y a ti, que hasta en sueños me haces reír.

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