¿Vamos al médico?

Doctor HandA medida que pasan los años, cada vez vamos menos al médico. Solo cuando surgen cosas poco comunes, como granos dolorosos en lugares recónditos del cuerpo o dolor de brazos acompañado de vómitos y giros a la izquierda del ojo derecho, me decido a acudir para pedir opinión de alguien experimentado en ese tipo de vicisitudes. Me imagino que, en el caso de que el dolor de brazos asociado con los vómitos, formen parte de un desconocido síndrome, el galeno estará informado de este dato (o no), pero yo al menos lo habré intentado. 

Por supuesto, tengo mis médicos favoritos para llevar a la tropa. Un pediatra muy mayor que siempre está al día pero sigue teniendo la mentalidad de antaño, lo cual está muy bien, ya que no receta antibióticos a diestro y siniestro ni dramatiza con el hecho de que no quiera medicar a mis hijos hasta la saciedad, y una amiga médico en la que confío y que me viene muy bien para los temas de pubertad. Pero cuando ninguno de los dos están disponibles (las que vivís en una capital grande no entendéis esta precariedad sanitaria en la que vivimos los de provincias), hay que ir al médico que toque. Y eso, señoras y señores, es cuestión de suerte. 

Cada vez que voy al médico, me he de convencer a mi misma de que la persona con la que me voy a encontrar ha estudiado una carrera. Sin embargo, eso no me consuela demasiado. Yo misma estudié una y sé que, cuando sales de ella, sabes mucho sobre cómo estudiar y poco sobre cómo aplicar los conocimientos adquiridos. Además, sabes que el conocimiento sin la experiencia lleva a ejecuciones poco brillante en los campos profesionales. Entonces es cuando empiezo a auto-convencerme de que la persona que va a ver a mi hijo/a tiene experiencia. Habrá visto a muchos pacientes y se habrá documentado… Ahí empiezan de nuevo mis dudas. Recuerdo que cuando diagnosticaron a uno de mis hijos de una dolencia relacionada con reacciones alérgicas, le comenté a la médico de familia que ejercía como pediatra (las personas con título de pediatra son más raras que los tréboles de cuatro hojas en Villa Springfield) esta característica. Me aseguró muy muy convencida que esto no era así, que la alergia no tenía nada que ver con la dolencia. A los dos días recibí un e-mail suyo diciendo que había consultado en Google y que, efectivamente, yo tenía razón. Yo no tenía la menor duda: me lo había dicho el médico especialista que había diagnosticado a mi hijo. 

Cuando ya estamos en el médico me digo: pase lo que pase, lo más grave que puede pasar es que no de con el diagnóstico de una enfermedad rarísima que, tarde o temprano, acabará dando la cara. Pero lo más probable es que sea una gastroenteritis común asociada a una contractura por estar leyendo durante un día entero en una postura imposible. Así que allá vamos: auscultación, palpación, exploración, analítica y conclusión. Las conclusiones suelen ser de lo más común, pero a veces te dejan perpleja. 

“Peque” _Le dice el médico a mi hija, que le mira con respeto_ “Lo que te voy a decir quizás pueda sonar machista, pero no lo es”

El aire se puede cortar. Me agarro a la silla con las dos manos y contengo la respiración. Mi hija sigue mirando con atención. El médico no tiene ni idea de que está hablando con la reencarnación de Simone de Beauvoir. 

“Lo que necesitan las chicas de tu edad que están flojitas es un novio”

De mi boca se escapa un suspiro _”Ay”_ Y sigo conteniendo la respiración. 

Ella sigue mirándole con esa dulce sonrisa suya de “di lo que quieras que yo haré lo que me de la gana”. Al menos no saltó sobre él, como hubiese saltado sobre Father si se le hubiese ocurrido decir algo remotamente parecido. 

Cuando salimos, la felicito por haber sido tan diplomática y comento lo desafortunado del comentario del médico. Sin duda yo, a su edad, le hubiese contestado.

_”Para qué le ibas a responder, si va a seguir pensando lo mismo.
“No te creas mamá, a veces dar discursos molestos a gente molesta les ayuda a ser menos molestos en el futuro. Pero estaba cansada y no me salieron las palabras.”

(Lo que le hubiese dicho queda entre ella y yo)
MORALEJA: cuando los médicos no saben qué hacer ni que decir, se meten a psicólogos, y es entonces cuando la cagan. ¿Quién le pidió un consejo sobre la sexualidad de una niña de 14 años? ¿Qué repercusiones cree ese señor que sus opiniones pueden tener en ella y en su entorno? No tiene ni idea, pero él ha hecho su aseveración de vieja desde una poltrona de autoridad. Estudia una carrera para eso: para soltar chorradas cargadas de autoridad sobre temas que no son de tu competencia. Señores médicos, por favor, un poquito de seriedad. 

2 respuestas

  1. Jajaja una vez más no puedo estar más de acuerdo contigo, pero yo no hubiera podido sujetarme!! Y sabes lo mejor, a mi me dijeron lo mismo que a tu hija con esa misma edad… El diagnóstico final fue una mononucleosis de cojo*** y un hígado echo puré por falta de diagnóstico. Gracias a dios no tiene nada que ver con tu hija pero porque se empeñan en que el amor es la causa de todo a los 15?

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