Teóricas

Los estudiantes como rehenes del sistema educativo

Educación

Hay veces que me da la impresión de que los adultos somos una panda de niños y niñas malcriadas. El ejemplo más explícito, el que me acerca más a esta sensación, son los continuos cambios de nuestro sistema educativo. No se si les pasa a ustedes, pero a mí todo esto me parece una frivolidad. Lejos de preguntarnos qué necesitan ellas y ellos, que anhelan, que sueñan, nos desgastamos en eternas luchas en nombre de su educación. Si nos molestásemos en acercarnos un poco a su forma de ver las cosas, quizás nos sorprenderíamos. Y quizás, solo quizás, empezaríamos a dar forma a una educación seria, real, centrada en el que aprende y no en el que quiere imponer, por encima y a costa de cualquier cosa, su ideología, que para eso es la mejor y la fetén.

Pero escuchar a los y las adolescentes es un ejercicio que muy pocos se atreven a hacer. El adolescente exaspera por definición. El adolescente tiene una visión, y esa visión está muy alejada de lo que es y debe ser, y por supuesto, de lo que será. La sociedad adulta tiene ya un plan para ellas y ellos, pero sin contar con ellos. Ya tuvimos que escuchar en su momento aquello de “ya pensarás como yo”, “cambiarás de idea con el tiempo”, “no sabes lo que dices”, “la vida te enseñará tarde o temprano”. Y un día me sorprendí diciéndoselo a mis hija. Pero ella ha hablado y yo la he dejado hablar. Me ha dicho que no quiere cambiar de idea, que tiene las cosas muy claras y que le molesta profundamente la forma en que los adultos tratamos una y otra vez de invalidar sus sueños.

Pero esto solo pasa en la república independiente de mi casa, claro. En el instituto se tiene que aguantar con lo que hay: muchos adultos que están muy por encima de sus estudiantes. No espero que esto cambie y de repente tengamos un sistema educativo horizontal, basado en el respeto mutuo y en la escucha activa. Pero aquí al menos me puedo expresar sobre lo diferente que sería nuestra sociedad si esto cambiase. Si dejásemos de ver a nuestros jóvenes como receptáculos vacíos en los que verter nuestra sabiduría. Si nos tomásemos en serio que son aprendices activos y constructores de su propio conocimiento. En este caso, no pretenderíamos fomentar su capacidad crítica sometiéndoles a distintas visiones sobre las cosas.

Imaginad. Voy a someter a mis estudiantes a distintas visiones de las cosas. Voy a fomentar en ellos una visión “crítica” sobre el aborto. Para eso, traigo un día a un obispo para que les de una charla. Otro día traigo a una representante de Femen. Al siguiente, a una mujer que tuvo que abortar por una violación; por último, viene una mujer del Opus Dei que va por su noveno hijo.  Ya les he expuesto a múltiples visiones. ¿Fomenta esto el espíritu crítico en nuestros estudiantes? No lo sabemos en absoluto. No nos hemos preocupado ni lo más mínimo en saber qué opinan ellos y ellas sobre el asunto, las experiencias que tienen sobre el tema, las visiones y vivencias que les ha ofrecido su familia, etc. etc. Les hemos tratado como meros rehenes, que, atados a sus sillas, han tenido que escuchar, una tras otra, todas nuestras vivencias y visiones.

El sistema educativo debe dejar de ser un campo de rehenes y convertirse en un espacio de aprendizaje y crecimiento, desde mi punto de vista. Pero uno de los primeros pasos para conseguirlo debe ser desprendernos de nuestra soberbia de adultos y reconocer que ellas y ellos, aunque sean pequeños, saben cosas, tienen vivencias, experiencias, sufren, sienten, lloran. Dejemos de someterlos a nuestros juicios y a nuestras batallas. No significan nada para ellas y ellos. Lo único que necesitan es alguien que les guíe en la búsqueda del crecimiento.