Deberes

Argumentos a favor de los deberes

Cada vez que sale un artículo en contra de los deberes escolares, lo que más me fascinan son los comentarios. Los comentarios de los educarcas y sus rocambolescos argumentos sobre los deberes (si se pueden llamar así) son delirantes. Vamos a ver algunos de ellos, aunque no pretendo ser exhaustiva, ya que la creatividad de estos ancestrales docentes es inagotable: cualquier excusa es buena para convertir nuestras casas en un campo de trabajos forzados. 

Argumento 1. Los nenes no son funcionarios. Este argumento afirma que no se puede plantear que los nenes no hagan nada a partir de las 14 h., cuando salen de la escuela. Los funcionarios, que por lo visto son seres vagos e inútiles, se lo pueden permitir, pero los nenes tienen que aprender a vivir solos (sic.) y la misión de los padres (sic.) es enseñarles a hacerlo. 

Quien argumenta esto no se ha enterado de que hay muchas cosas que hacer en la vida además de tareas escolares y que, además, tenemos libertad para hacerlas. Que no tenemos que aprender a vivir solos, porque lo normal es vivir con otras personas, o al menos es lo sano, y que el hecho de hacer tareas escolares, de todas formas, no enseña a ser un ermitaño… o sí. A estar aislado y a tener carencia de vitamina D por no darte el sol en la cara sí que puede ayudar. 

Argumento 2. Si los niños no hacen deberes, estarán toda la tarde de extraescolares. ¡¡Si!! ¡¡De extraescolares o de lo que nos de la gana a los padres!! Eso es así. Eso es inapelable. Estarán en extraescolares, o en el parque, o jugando con la Play o la Nintendo, o leyendo, o pintando, o haciendo cualquier actividad de su elección. ¡¡Qué desfachatez!! ¿Dónde queda la autoridad y la autonomía del maestro? Pues en su aula, claro. En mi casa, la autoridad soy yo. 

Argumento 3. Los niños tienen que hacer deberes, porque tienen que reforzar el conocimiento que adquieren en el aula. Ya se sabe que, durante siglos, el ser humano ha tenido que encerrarse en su cuarto entre cuadernos, bolígrafos, lápices, sacapuntas y libros de texto para saber cada vez más. Ha sido la única forma en que el ser humano ha podido progresar: hincando codos desde los 3 a los 11 años. Nada de salir a la calle a correr, a columpiarse, a saltar a la comba, a montar en bici. Hay que hacer deberes de sol a sol para progresar como humanos y reforzar el conocimiento, que es algo así como un zapato. 

Argumento 4. Los deberes, en definitiva, son la forma en que la autoridad del maestro se manifiesta en nuestros hogares. Hemos de acatar la autoridad del maestro, porque, en caso contrario, estamos perdidos: todo el sistema se desintegrará sin poder evitarlo. Hagamos lo que nos manda el maestro, olvidemos nuestra libertad de acción, olvidémonos de la música, del deporte, del sol, de divertirnos.  Y obliguemos a nuestros hijos a hacer ejercicios del libro de texto de sol a sol para levantar el país. 

Hay muchos más argumentos, de lo mas loco y variopinto. Pero por hoy es suficiente. Basta con esta pequeña muestra para estar seguros de que los educarcas son tóxicos y están ligeramente enmohecidos. Hay que alejarse de ellos para aprender en plenitud de nuestras facultades y, además, ser felices, cosa que, hoy por hoy, no es incompatible.   

Reforzando conocimientos

stop_sign_pageLa escuela nos recomienda los deberes como una estrategia infalible para: 

A) Reforzar e interiorizar conocimientos

B) Fomentar el esfuerzo y la capacidad de sufrimiento trabajo en los niños y niñas

Por eso, las maestras y maestros diseñan cuidadosamente las tareas que las niñas y los niños tienen que realizar en su casa, después de haber pasado 5 horas trabajando en el colegio. Y estas tareas contienen la esencia del conocimiento que se va a reforzar. Por ejemplo, en esta tarea se refuerza el don de la adivinación: 

buñuelos

 

Niño: “Mamá, ¿qué tengo que hacer en este ejercicio?”

Mamá: Vamos a leer los deseos

Niño: Ya los he leído

Mamá: Vamos a ver…

Leo el texto, miro la ilustración, vuelvo a leer el texto. Solo puede ser el deseo de que llueven buñuelos con nata… Ahora toca elegir la ilustración. 

Mamá: ¡¡Father!! ¿sabes cómo son los buñuelos con nata?

Los tres miramos las ilustraciones a y b muy atentos. 

Mamá: Hijo, pon la a, a ver qué pasa. 

Pero los contenidos van creciendo en complejidad cuando abordamos las matemáticas. La adivinación aquí se convierte en una labor de razonamiento complejo ligado a la intuición sobre las intenciones de la persona que diseñó el ejercicio. Aquí tenemos otra joya como ejemplo: 

Lápices

Está claro que no podemos saber cuánto cuesta cada paquete de lápices: no hay ningún número en ninguna parte. Así que ahora tenemos que discernir a qué caja se refiere el enunciado (si la caja grande marrón o a cada paquete de lápices) y si el paquete de ejemplo, en el que se pueden contar los lápices que contiene, cuenta o no cuenta en el cómputo de lápices comprables. Después de media hora de Whasapps, las madres y padres del grupo acordamos dar una respuesta conjunta: valen todos los lápices. Elegimos la última pregunta.

Pero sin duda, mis ejercicios preferidos eran los del cuaderno de ortografía que mi hijo tenía que rellenar en 2º de primaria. Le planteaban retos que nunca encontraría en su vida cotidiana, ¡¡NUNCA!!

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Niño: Mamá… ¿Existe el nombre “Zomasa”?

Vale… ahora explícale que eso es una T y reza para que no te siga mirando con cara de poker. 

Mañana… más. 

#StopDeberesEscolares

stop_sign_pageYa son muchos años de madre de escolares, casi 13. Y podría decir que todo sigue igual que cuando yo iba al colegio. Pero no es verdad. Hay cosas que van incluso peor. Y van peor porque, después de tantos años de hacer caso omiso de las teorías e investigaciones educativas, cada vez es más evidente no solo el fracaso de nuestra escuela sino la falta de voluntad para cambiarla.

Pero hoy no voy a hablar de lo que debería cambiar en la escuela. Voy a hablar de lo que tiene que cambiar en MI casa. Llega la primavera y añoro el sol y el campo. Vivo en un sitio privilegiado, en el que puedo coger la bici y estoy en plena naturaleza en pocos minutos. Quiero aprovechar las tardes de sol y primavera para disfrutar de este privilegio con mi hijo pequeño. Pero para hacerlo, debo decir #StopDeberesEscolares.

Los niños y las niñas van al colegio durante 5 horas al día, 5 días a la semana. Las y los maestros deberían organizarse con ese tiempo del que disponen para realizar sus actividades educativas. Fuera de ese tiempo, es la familia la que propone y dispone qué hacer. Y yo quiero que mi hijo juegue y disfrute, que descanse de esas 5 horas de trabajo y que aprenda a explorar sus gustos, sus aficiones y su aburrimiento sin seguir atado al curriculum oficial que nos ha impuesto el ministro de turno. Está claro que, con el tiempo, los niños y las niñas crecerán y tendrán que buscar ratos para estudiar y profundizar en contenidos complejos que requieren de una reflexión detenida y en solitario. Pero no es mi misión enseñar a mi hijo a leer, a sumar, a restar, a multiplicar, a dividir o a rellenar ejercicios. Es la escuela la que se tiene que encargar de hacerlo.

Una de las excusas habituales que pone la escuela para seguir acosándonos con los deberes escolares es que los niños y las niñas necesitan reforzar los contenidos que trabajan en el aula. Pero lo cierto es que hay veces que esos contenidos vienen con alfileres y es la familia la que se tiene que encargar de enseñar y de afianzar los conocimientos. Esto crea una evidente situación de desigualdad, ya que las familias con nivel cultural alto tienen más recursos y competencias para llevar a cabo esta tarea. La escuela debe ocuparse de enseñar a todas y todos sus estudiantes por igual, teniendo en cuenta que NO SON IGUALES.  La enseñanza tiene que ser individualizada, teniendo en cuenta las necesidades educativas de cada persona. No se puede dejar al azar y a los deberes escolares la misión de afianzar conocimientos. 

En todo caso, yo soy quien manda en mi casa. No me vale ya el chantaje emocional de “es que las familias se tienen que implicar en la educación de sus hijos” y “la familia y la escuela tienen que colaborar”. Cuando se esgrime esos argumentos, lo que se quiere decir realmente es que se necesitan familias sumisas que no cuestionen ni un ápice lo que se plantea en el colegio. Y ha llegado un punto en que, implicada a tope como estoy en la educación de mis hijxs, he dicho basta. Me pongo de su lado. Merecen una vida más allá del lápiz y el papel. Y yo también. NO SOY MAESTRA NI LO QUIERO SER. 

¿Creéis que mis hijxs se convertirán en unos irresponsables y no adquirirán hábito de estudio? No lo creo. Solo serán más felices y tendremos tiempo libre para disfrutar, hablar y hacer cosas que nunca hacemos. Estoy segura de que, en un tiempo no muy lejano, los deberes escolares habrán quedado en el olvido. Pero mientras, nos toca rebelarnos contra ellos y dejar de hacerlos.