Sois corregidoras y corregidores

Ya han puesto sus notas y sus numeritos. Ya se han quedado a gusto. No se les ha caído la cara de vergüenza. Después de no dar ni una sola clase online, después de no hacer gran cosa por mantener la motivación y el entusiasmo por aprender de su alumnado, después de dedicarse a enviar PDFs y fotos de un libro de texto, después de dar poca o ninguna retroalimentación a los ejercicios que sus estudiantes les enviaban, se han atrevido a calificar (que no evaluar) a su alumnado.

Está más que demostrado: el profesorado que ha hecho acto de presencia en clases on-line, aunque solo hayan sido 2 o 3 en todo el período del estado de alarma, ha obtenido mejores resultados que el que se ha limitado a enviar ejercicios del libro de texto o similares. La docencia on-line no puede limitarse a una escribanía y una corregiduría. Aprender requiere de una mediación educativa de alguien que te dirija en tu aprendizaje. Y dirigir en el aprendizaje no significa, de ningún modo, mandar ejercicios que encima no has diseñado ni tú.

Es muy difícil poner una reclamación diciendo que el profesorado es nefasto e incluso perjudicial pedagógicamente hablando. Podría poner una reclamación diciendo que la profesora de inglés de mi hijo ha contribuido a que esa asignatura, que se le daba bien, que nunca le había dado problemas, se le atraviese en la garganta, pero ¿quién me iba a hacer caso? Solo me queda esperar que al curso que viene tengamos más suerte y le toque un/a docente en condiciones.

Profesores que ni se han molestado en preguntar a mi hijo que qué tal estaba. Profesores que nunca en la vida hubiesen obtenido una respuesta, no obstante, porque no se han ganado la confianza. Profesores que afirman sentenciosamente que sólo están para enseñar, pero que ni eso saben hacer. Profesores y profesoras de Educación Física que fracasan estrepitosamente poniendo una calificación de insuficiente en la tercera evaluación a un niño que tenía sobresaliente en las dos evaluaciones anteriores (que alguien me explique cómo puede suceder esto si, en teoría, ya estaban superados con creces los estándares de las dos primeras evaluaciones y no se avanzó materia)

No, señores y señoras: el fracaso es suyo. Los que no han sabido hacer su trabajo son ustedes. Porque miren, yo, que soy prevenida, pensé que esa forma de trabajar a mi hijo no le iba a enganchar ni un mes. Y antes de verle tirándose de los pelos, le dije que no hiciese lo que creía que no le iba a aportar nada. Y así hizo. La cosa no ha ido nada mal, aún así. Solo me sorprendió que no quisiese seguir haciendo plástica, que es una asignatura que se le da bastante bien. Así que nos apuntamos a un curso de Cartoon de Doméstika y lo hicimos juntos, con maravillosos resultados. Mejores que los que obtuvo su profesora (aunque los trabajos que le envió no estaban nada mal).

Está claro que no hay nada que hacer. Nuestro sistema educativo es nefasto y haría falta un cambio tan drástico que harán falta generaciones para conseguirlo. Pero no debemos de dejar de decirlo, porque nuestros hijos e hijas no se merecen esta porquería. Y señora ministra, señoras y señores Consejeros de Educación, pónganse a trabajar de una vez en el plan de rescate educativo para el curso que viene, porque se está notando demasiado que la educación les importa una mierda.