SI LO VIERAS CON MIS OJOS

Tengo una teoría: nunca dejamos de ser niños, aunque lo olvidemos nunca abandonarnos esa esencia con la que nacimos. Forma parte de nosotros y se va quedando oculta tras las capas de una cebolla. Sin embargo, el hecho de hacerse adulto lleva consigo la norma implícita de no parecer un niño: no debemos hacer niñerías ni chiquilladas para no parecer estúpidos ante nuestra cohorte, ni dar chillidos de gozo cuando nos hacen el mejor regalo del mundo (gracias Father), ni llorar convulsivamente cuando algo nos da mucha pena de repente. No podemos acosar a nadie para que juegue con nosotras ni echar a alguien a tortas si nos cae mal. En eso consiste hacerse adulto: la represión de nuestros instintos más primarios. Pero de vez en cuando el velo se levanta y nuestro niñito asoma disfrazado de cordura.

Estos últimos días, Anonymus nos ha sorprendido publicando las cuentas del PP desde 1990. La sacudida ha sido tremenda, pero no me ha dejado de sorprender que el dato más comentado haya sido una factura de 800 € gastados íntegramente en Lacasitos. Seguramente habrá cosas más directamente punibles en estas cuentas, pero nuestros niños han saltado de su refugio con esta información poniendo el grito en el cielo.

Yo hice una prueba: se lo conté a mis hijos, y esto fue lo que ocurrió.

__Mother : Chicos, sabéis que los del PP se han gastado 800€  en Lacasitos?

__ Bridgite Killer : GUAU! Eso es genial. Pudiendo gastárselo en cualquier otra cosa y han elegido Lacasitos. Siento decirte, mamá, que esto hace que recupere mi fe en los políticos. Es como Lilith en Supernatural (su serie favorita), que posee a una niña y les obliga a celebrar todos los días su cumpleaños.

__Phantom Killer: YO QUIERO SER POLÍTICO. Todo el día comiendo Lacasitos, ¡Bien!

Mientras, Vampirillo  nos miraba con los ojos como platos. De repente, preguntó incrédulo

__¿Quién es Pepe?

En su imaginación, ese tal Pepe era un héroe. Tenía un montón de Lacasitos para él sólo, y se los había comprado con dinero público, joder. La verdad es que era de admirar el Pepe ese.

Está claro que a mis niños les queda mucho que aprender sobre la represión adulta, que va acompañada de moral, contención y reflexión. Pero imaginar que llenas una bañera de Lacasitos y te sumerges  en ella es demasiado tentador para ese niño que se esconde bajo la capa.

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