Represión policial en los institutos

Hace poco, en el instituto de mi hijo, han tenido un tema con el vapeo. Para quien no lo sepa, el vapeo hace referencia al cigarrillo electrónico, ese artefacto que se puso de moda con la llegada de la ley antitabaco. Parece ser que algunos y algunas chavales/as se han aficionado a ese utensilio y se dedican a usarlo en los baños. Pues bien, nos enteramos del asunto porque una niña nos informó. A raíz de esta información, pusimos en conocimiento del instituto el asunto.

A partir de ahí, no vais a creer lo que pasó. Niñas y niños de 12 años fueron conducidos a las dependencias de la DGS, digo al despacho del equipo directivo y les dijeron “dame nombres”. Esa conducta, más propia de un centro de interrogatorios chileno que de un centro educativo, condujo a una denuncia masiva, no sólo de las personas que vapeaban en los baños, sino también de los y las niños/as que eran inducidos/as a probar el vapeo. Tanto es así que el padre de la niña que informó sobre el asunto fue llamada a las dependencias de los interrogadores, digo del jefe de estudios y fue sancionada por probar el vapeo, al haber sido delatada por los detenidos. El padre de la susodicha recibió una llamada diciendo: “mira mira, tu hija también”.

En los registros que se llevaron a cabo se encontraron otro tipo de sustancias. Los primeros delatados fueron extendiendo el rumor de que gente mayor de fuera del instituto iba a acudir a las puertas del mismo a pegar palizas a los que se hubiesen chivado del asunto.

La moraleja con la que se quedan los niños y las niñas de todo esto es que es mejor no contar nada. Si cuentas que la gente vapea en los servicios, esa misma gente que un día te dijo “¿quieres probar?”, estás perdida. Te llevas una sanción, la bronca de tu familia y nadie te proteje de las agresiones por chivata. Todo el proceso que puso en marcha el instituto es un proceso represivo y no educativo. Represivo tanto para el que lleva a cabo la conducta delictiva como para el que la delata. Lo mejor es que las cosas que pasan en el instituto se queden en el instituto.

Lo que vengo a decir es que es una vergüenza que estas cosas pasen en un centro educativo. Primero, es vergonzoso que el profesorado no sepa lo que pasa en los servicios. Segundo, es vergonzoso que, cuando las familias alertan al centro de lo que está pasando allí, inicien un proceso policial y no un proceso educativo en el que se proteja a los/as menores de cualquier tipo de peligro y en el que se fomente la comunicación y el diálogo y no el silencio. Tratar a las y los niños/as como chivatos es un error. Pedirles que den nombres es un estilo fascistoide. Es de alguien que ha visto muchas peliculas y no ha sabido digerirlas. Y esta forma de proceder tiene consecuencias nefastas. Seguramente, la niña de nuestra historia se lo pensará mucho antes de contar de nuevo algo que pasa en el instituto.