Quiero ser vulnerable

 

Años renegando de los libros de autoayuda y, de repente, encuentro lo que necesitaba. Es lo que tiene tener hijos mayores: que te abren un mundo a cosas nuevas, a cosas sobre las que la gente de mi edad o de mi entorno ya está de vuelta. Tus hijos e hijas te descubren el mundo visto con ojos nuevos, sin prejuicios ni resistencias. Así es como llegué al concepto de vulnerabilidad, planteado por Brené Brown, una investigadora social. Para acercaros a él de manera directa y sencilla tenéis esta charla.

Sí, hace ya 7 años de esa charla. Nunca me hubiese interesado por ella si no pasase por una época de bloqueo emocional intenso. Miedo, inseguridad, cuestionamiento de todo lo que he sido y todo lo que he hecho hasta ahora. Echo la vista atrás y veo coraje y desvergüenza. Me atrevía con todo, estaba conectada conmigo misma, pero quizás me faltaba conexión con las personas que me rodeaban.

Bueno, quizás no: seguro. La gente me saca de quicio. No tengo paciencia con los procesos de aprendizaje. Es algo que tengo que trabajar, aunque pienso “¿ya para qué?. Total, he estado toda la vida siendo una borde despiadada, ¿quién se va a creer que he dejado de serlo?”.

Ahí estaría mi espacio de vulnerabilidad: ser capaz de conectar con paciencia. Manifestar ternura. Emocionarme más allá del “buah, otra vez la llorona esta, a ver si aprende de una vez.” Mi bloqueo en ese espacio de conexión está elevado a la enésima potencia. Hay tres cosas que me producen gran rechazo: la debilidad, la pereza y la incapacidad de razonamiento lógico y cuando percibo alguna de las tres, ya no escucho, no dejo hablar, no dejo espacio para la confidencia ni para el apoyo.

Pero lo cierto es que, si todo el mundo fuese como yo, irían con una coraza de acero de aquí para allá, sin inmutarse por las múltiples vicisitudes de la vida y todo sería mucho más aburrido. No tengo claro que quitarse la coraza sea la solución, aunque sí sería la liberación de un gran peso. Pero es complicado, después de tanto tiempo acostumbrada a ella. No tengo claro que sepa actuar sin una protección permanente: ahí está el tema clave de la cuestión. Me siento constantemente AMENAZADA por lo de fuera y, para evitar cualquier tipo de agresión, permanezco dentro.

En línea con el tema clave, la amenaza se disipa si acepto mi imperfección. Es duro vivir con el dogma de ser perfecta en todos los sentidos, de no desviarme de una línea de coherencia permanente. Respirar en una imperfección tolerable es lo máximo a lo que aspiro ahora mismo. No puedo exigirme más, de momento. Y aceptando ese espacio pequeño, minúsculo, de vulnerabilidad propia, aceptar también la imperfección de los demás.

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