¿Por qué nos parece que el profesorado no lo está haciendo bien?

Llevamos algunos días, o me lo parece a mí, que está habiendo una escalada de nerviosismo y crispación en las redes. Hay muchas familias que manifiestan su descontento por la forma en que el profesorado de sus hijas e hijos está gestionando la docencia en esta situación. Las quejas se refieren, en términos generales, a que los docentes envían listados de ejercicios y trabajos y piden la entrega sin mediar palabra, sin una mínima mediación educativa, de modo que las familias tienen que convertir su hogar en una escuela y ellos/as ser las y los maestros. También se quejan de que amenazan con el suspenso por no entregar las tareas a alumnos/as que tienen las dos primeras evaluaciones aprobadas, que someten a las criaturas y a los chavales a situaciones de exámen estrambóticas, o que envían mensajes en tono agresivo y con faltas de respeto a niños y niñas.

En el nivel de educación secundaria, los alumnos y las alumnas se quejan de la escasez de clases virtuales y la cantidad de tareas repetitivas y sin sentido que trabajan cosas que ya estaban trabajadas en anteriores evaluaciones, sin personalizar la enseñanza ni motivar a los estudiantes para seguir aprendiendo.

Seguro que hay profesorado que lo está haciendo genial, pero eso no le importa mucho a las familias y estudiantes que están sufriendo a los que lo hacen mal.

Si acudimos a la Orden EFP/365/2020, de 22 de abril, por la que se establecen el marco y las
directrices de actuación para el tercer trimestre del curso 2019-2020 y el
inicio del curso 2020-2021, ante la situación de crisis ocasionada por el
COVID-19.
, en esa legislación la conferencia estatal de educación establece unas directrices para todos los centros educativos que han sido desarrolladas por las Comunidades Autónomas. Estas directrices aparecen en el Artículo 4 de esta normativa y son las siguientes:


a) Cuidar a las personas, un principio fundamental.
b) Mantener la duración del curso escolar.
c) Adaptar la actividad lectiva a las circunstancias.
d) Flexibilizar el currículo y las programaciones didácticas.
e) Adaptar la evaluación, promoción y titulación.
f) Trabajar de manera coordinada.
g) Preparar el próximo curso 2020-2021.

Centrémonos en la primera directriz, la que invita a la comunidad educativa a Cuidar a las personas (Anexo 1), y en concreto en dos puntos, el b y el c:

b) Todos los responsables de las tareas educativas, sean docentes, equipos directivos o miembros de las Administraciones, extremarán su cuidado para apoyar a los estudiantes y sus familias, a los docentes y a todos los miembros de la comunidad educativa, así como para hacer posible el desarrollo de sus tareas respectivas en condiciones que promuevan su bienestar.
c) En las circunstancias actuales, todos los responsables de las tareas educativas extremarán el cuidado en el cumplimiento de los derechos incluidos en la Convención de los Derechos de la Infancia de la ONU que España ratificó.

Parece entonces que la prioridad no es que los niños y las niñas entreguen las tareas. Tampoco ponerles notas y aprobar o suspender, como parecen demandar muchos docentes obsesionados por centrar su trabajo, como siempre, en calificar las tareas, los ejercicios y los exámenes. Muchos/as no saben qué hacer con estas nuevas prioridades para mantener el curso actual. Madre mía, y no hablemos de los derechos de la infancia y ese vapuleado derecho a la imagen y a la intimidad, por los múltiples vídeos y fotos solicitados por los docentes como forma infalible de evaluación. ¿Cómo se puede seguir con el curso si no se puede suspender, aprobar, examinar y sancionar? Veamos lo que propone la normativa para mantener la duración del curso actual, la segunda de las directrices propuestas:

a) Durante el tercer trimestre se continuarán desarrollando actividades que permitan a niños, niñas y jóvenes mantenerse incorporados al aprendizaje continuo y suscitar su interés por aprender, de modo presencial o a distancia, y que estarán adaptadas a su edad y características, así como a la situación excepcional que están viviendo.

Aquí , las expresiones clave son”aprendizaje continuo” y “suscitar su interés”. No dice nada de que haya que mandar tareas y ejercicios evaluables ni que haya que controlar la cumplimentación de tests todas las semanas. Se trata de motivar para el aprendizaje. El profesorado, que siempre se queja de lo apretados que están los contenidos del currículum y que no pueden darlo todo y bla bla bla tenían una oportunidad de oro para trabajar otros aspectos de su labor docente. Pero no.

Con respecto a la directriz C, adaptar la actividad lectiva a las circunstancias, veamos algunas de las cosas qué propone la normativa. En los puntos b, c y d se pone el acento en detectar al alumnado que no esté conectado, hacer que recupere el vínculo escolar y hacer un esfuerzo para dotar de medios digitales a los alumnos y las alumnas que carezcan de ellos. No dice nada de abandonar educativamente a los alumnos y alumnas que sí estén conectados y que sí dispongan de medios digitales. Muy al contrario, en el punto e y siguientes, la normativa señala que las Administraciones educativas y los centros docentes desarrollarán herramientas y programas de formación adecuados y realistas para permitir que el alumnado obtenga el mayor provecho de la metodología no presencial, que adaptarán el modelo de tutorías a la nueva situación, con la finalidad de ayudar al alumnado a organizar sus actividades escolares, autorregular su aprendizaje y mantener un buen estado emocional, y que organizarán acciones de orientación académica y profesional con los medios disponibles. También habla la normativa de que se seguirá atendiendo las necesidades especiales del alumnado con las adaptaciones y los apoyos pertinentes.

Es decir, lo que se haga debe contribuir a AYUDAR al alumnado, su aprendizaje y su buen estado emocional. No dice nada de calificarle y someterle a exámenes vigilados por la webcam ni nada de eso.

La normativa dice más cosas, y luego todo esto está desarrollado con instrucciones y demás en las correspondientes Comunidades Autónomas. Parece que la administración educativa ha generado muchísimos documentos digitales durante esta pandemia. El profesorado se queja de la muchísima burocracia a la que debe de atender y dicen que es por eso que no tienen tiempo de celebrar clases online y mediación educativa en condiciones.

El centro del sistema educativo es el alumnado. Ni el inspector que pide papeles, ni el documento que hay que entregar mañana ni los ejercicios del libro de texto, ni los aprobados y los suspensos, nisiquera el currículum. Son las criaturas y las y los adolescentes que tienen derecho a su educación y no a una tortura cotidiana durante el confinamiento. Tienen derecho a ser guiados en su aprendizaje, no forzados ni calificados ni avergonzados ni sometidos a un régimen de tareas estrictas, excesivas y carentes de interés. Tampoco favorece su derecho a la educación el abandono al que han sido sometidos en muchas ocasiones, recibiendo una o ninguna clase online y perdiendo el vínculo con su grupo-clase y con sus profesores.

¿Que por qué nos quejamos las familias? Por eso y por mucho más.