Piropeame y te meto el zapato en la boca

La verbena de la Paloma
La verbena de la Paloma

Cuando a la presidenta del Observatorio de la Violencia Doméstica y de Género se le ocurrió decir que había que erradicar los piropos, hubo miles de comentaristas profesionales que corrieron a ponerla a caer de un burro. ¡¡Menuda chorrada se le había ocurrido a la señora!! Vamos, como que no hay cosas más importantes de las que preocuparse. Con la de problemas que hay en el mundo. Encima, la noticia coincidió en el tiempo con el atentado a la revista Charlie Hebdo, de modo que la superficialidad de la noticia se sobredimensionaba haciedo alusión a hechos mucho más tremendos a que te llamen guapa por la calle.

Otro de los argumentos frecuentes aludía a la belleza de los piropos. ¡Con lo bonito es que te llamen guapa por la calle y que te regalen los oídos de vez en cuando! Esa parte de la población seguro que tenía en mente a Pichi, el chulo que castiga diciendo cosas como “quiero llevar tus labios prendidos de mi ojal” y a Susana la Casta respondiendo con salero y picardía.

¡¡¡PUES NO!!! Ni Pichi ni leches, ni puñetera la gracia que nos hace cuando salimos de casa, recién tomado el desayuno, con las ojeras arrastrando y cargadas con mil bártulos, y tenemos que pasar por la obra de turno. Eso de escuchar ¡¡¡Chocho!!! a esas horas (y a cualquiera) es sencillamente repugnante. Recuerdo hace ya un par de décadas que había días incluso que pensaba rutas alternativas para no tener que pasar por delante de esa puta obra. Hasta que un día me harté, me planté delante del baboso que se dedicaba a acosarme todas las mañanas y le pregunté, muy cabreada, si tenía hijas. Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos sin saber qué decir. Podría ser mi padre, y en ese momento creo que vivió una experiencia inolvidable. No volví a escuchar su desagradable voz ninguna mañana más.

Pero claro, ¡¡qué bonitos son los piropos!! Recuerdo otro día, con mi carrito de gemelos, cargada hasta las cejas, los niños ya mayorcitos, otra obra… y el baboso de turno haciendo comentario sobre mis tetas. ¡¡Pero no le da vergüenza!! Maravillosos los piropos, sí.

Y ahora, mi hija de 15 años llega a casa quejándose de que por la calle ella y sus amigas tienen que aguantar los murmullos, intrusiones, alusiones a su sexualidad incipiente, incluso tocamientos de desconocidos, y que van a la defensiva por la calle, mirando a todos lados y tapándose los pechos con la carpeta.

A todas las personas que les ha parecido ridícula la propuesta de Ángeles Carmona les diré que saquen de sus cabezas esa idílica y falsa imagen de lo que es un piropo y empiecen a verlo como lo que realmente es: un acoso, una intromisión en la intimidad de la mujer, una falta de respeto. Y si quieren dar y recibir piropos, que se vayan a un piropódromo o que interpreten la Vervena de la Paloma en sus casas, sin molestar a nadie. Pero lo que es a mí, si me piropeas te meto el zapato en la boca.

2 respuestas

  1. Es que eso no son piropos, son babosadas y cerdadas que deberían estar prohibidas per se y que algunas de hecho son denunciables por vejaciones.

    Otra cosa es que te digan algo agradable, que yo preferiría que no fuera así porque considero que nadie tiene que hacer referencias a mi persona sin conocerme. Tampoco es plan de multar a un bisabuelo de 90 años por decirte que tus ojos son dos luceros jajajajajajaja pero a los gochos salidos sí que habría que darles un tirón de orejas. Lo que no sé es cómo, porque nadie va grabando cuando pasa por delante de un andamio, aunque yo le zarandearía éste a más de uno y que comiera dientes 😀 😀 😀

    Besos

    35+2

  2. Las babosadas son asquerosas, yo también las enfrento cara a cara. Eso sí, en mi opinión personal (no pretendo sentar cátedra), una cosa es una babosada y otra un elogio con gracia, clase y sutileza, a mi clásicos como “eso es andar y lo demás es pisar piedras” no me ofende para nada, especialmente si el que lo dice es un hombre atractivo. Creo que los piropos deben tener su lugar dentro del ligoteo entre dos personas, el problema es la falta de educación y de respeto por la mujer que suelen mostrar los babosos, cuyo único fin es humillar. Es más, cuando les enfrentas normalmente se les cae la cara de vergüenza.

    Quizás te parezca extraño pero hace un par de siglos había mujeres en Madrid que decían “obscenidades” a los hombres por la calle:

    http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/las-lavanderas.html

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