Perros y gatos

Un día alguien me dijo que había personas perro y personas gato. Describió a las personas perro como aquellas dependientes y sumisas. Por el contrario, las personas gato son independientes y la relación con ellas es de igual a igual. El ser una persona gato requiere de mucho perfeccionamiento. Es una técnica que requiere de muchos recobecos y dobles sentidos. Ser perro es fácil: seguir, depender, chupar, permanecer, mirar, menear la cola, esperar. Sin embargo, ser gato requiere un gran dominio de la seducción. 

Los gatos, aunque te sigan, siempre lo hacen dejando claro que tiene que haber algo interesante al final del camino. No basta con llegar a un destino: hay que tirarse con locura sobre las sábanas de la cama que intentas ajustar una y otra vez sin lograrlo; pedir la comida desgañitándose a maullidos, recibir 2000 caricias acompañadas de arrumacos y ronroneos o desplegar una buena tanda de emboscadas a lo largo de un pasillo. 

Los gatos fingen no depender de ti. Te miran con indiferencia cuando pasas a su lado, pero cuando te descuidas, ya los tienes restregándose en las piernas o hechos un ovillo en tu regazo. Cuando te vas de viaje, se vengan meándose en la maleta y, cuando vuelves, se tiran una semana bufándote en represaria por el tiempo perdido. ¿Pero depender? Nunca. Aunque se mueran de pena, ellos seguirán adelante con tu vida sin ti con la cabeza muy alta. 

Cuando un gato te chupa, no es para hacerte la pelota. Sus lametazos no van acompañados de babas húmedas y viscosas. Son secos y ásperos y tienen una finalidad: dejarte bien limpia mientras te demuestran su infinito cariño. Cuando un gato te lame, ya eres parte de su familia. 

Un gato permanece quieto, inmovil, dormido, mientras tú trabajas, lloras o duermes. Está junto a ti, atento a lo que necesitas, a lo que vas a hacer. No te llama meneando la cola para que le saques a la calle ni ladra exorbitado cuando oye a un vecino entrar en el portal. Si le echas, se va altivamente y no vuelve hasta que haya pasado un tiempo prudencial. Y permanece… mientras tú permaneces. 

Es raro que un gato te mire cuando quiere algo de ti. Lo más probable es que, si un gato te mira fíjamente, te esté interrogando sobre su futuro más próximo o exigiéndote algo que es fundamental para su bienestar. Una de las cosas que más necesita un gato es el juego de escarceo acompañado de mordiscos y arañazos. Y si pueden trepar por la parte trasera de un sofá para darte un buen susto cuando su cabeza surje de sorpresa por la parte de arriba, mejor que mejor. Por eso, cuando un gato te mira puede ser el preludio de una gran batalla. También te mira para hacerte cómplice de los ataques a tus visitas. Acabará encerrado en una habitación o seduciendo a los invitados con sus payasadas. 

Los gatos, al igual que los perros, mueven la cola. Pero no con ese movimiento frenético de un lado para otro que significa “qué feliz estoy de verte de nuevo, tírame un palo, amiga”. La cola de un gato es larga y tiene gran utilidad para correr y saltar. Cuando un gato está a punto de atacar (y lo hacen a menudo, sobre todo si les provocas haciendo el ganso y moviéndote de un lado para otro) ondea su cola lentamente hasta que, de repente,  salta sobre tí o sobre el objeto que estés moviendo delante de él. 

Seguro que los perros son compañeros ideales y grandes amigos. Pero nunca me hice amiga de uno. Sin embargo, mis gatos fueron una parte importante de mi relación con el mundo. Supe lo que es recibir sin ser absorbida por un cariño posesivo. Estar acompañada sin sentirme asfixiada. Dar y recibir a partes iguales sin sentir un continuo deseo de agradar. Por eso, me gustan los gatos y siempre busco personas gato como compañía. Me hacen sentir como en casa.

4 respuestas

  1. Yo tb soy de gatos. Ahora tengo uno y nunca tuve perros así que no puedo comparar pero me ha encantado tu descripción, es totalmente fidedigna. Por cierto ¿qué piensas de la caracterización que les hacen en Inside Out? ;P

  2. Comparto mi vida con un perro y dos gatos y no puedo estar más de acuerdo contigo , aunque me considero gata no sabria vivir sin mi parte perruna.
    Cada uno tiene su forma de interactuar con los humanos

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