Perros, gatos y bebés


El otro día comentaba una amiga de Facebook el malestar que le producía que la gente comparase tener perros o gatos con tener bebés. Creo que es una situación que hemos vivido prácticamente todas las personas que hemos tenido bebés. Cuando comentas lo ocupada que estás con la crianza y lo cansada que estás con las noches sin dormir, no falta el comentario de esa amiga que dice que ella también tiene a su bebé, mientras mira tiernamente al peludo atado a la pata de la mesa. 

En fin, miras a la chica en cuestión con ojos desorbitados e intentas explicarle que no, que ella no tiene un bebé. Pero no lo comprende. Igual que no lo comprendíamos nosotras cuando no teníamos bebés y pensábamos que vaya histéricas las madres, que cuando nosotras tuviésemos hijos todo iba a ser plácido y sereno, que alimentaríamos sin aspavientos compartiendo los quehaceres con nuestra pareja, que hablaríamos pausadamente a nuestros hijos para que se durmiesen a la hora establecida en su cuna. 

En primer lugar, a un gato o perro no lo pares. Y con esto no quiero señalar la importancia de que sea tuyo, no. Quiero señalar el dolor, las horas de trabajo de parto, las humillaciones y violencias sufridas en los partos hospitalarios, los 9 meses de espera viendo cómo tu cuerpo crece y tus piernas se hinchan. Todo aderezado con un montón de gente intentando controlarte y dando opiniones sobre tu vida, tu pareja y tu futuro hijo/a. Con un perro o un gato, vas, lo coges, algunas veces pagas (yo nunca pagué por un perro o un gato) y te vas a casa. Tu cuerpo no cambia ni sufre, y los comentarios que te pueda hacer la gente no implican un cambio de identidad como madre gatuna de por vida. Y sí, pobres, algunas veces el pequeño perro llora durante toda la noche y le tienes que dar un biberoncito. Pero por favor, no comparemos esto con las noches de alimentación nocturna de un bebé humano durante lo que se puede convertir en años si optas por la lactancia materna. 

En segundo lugar, nunca he oído hablar del problema de la conciliación de la vida laboral y familiar cuando tienes perros y gatos. Vamos, que igual puedes tener algún que otro problema si el perro se te pone malo o si cada vez que te vas ladra y pone en jaque a todos los vecinos. Pero no es comparable a la situación que pasa una familia cuando, a las 16 semanas del nacimiento, la madre se tiene que reincorporar al trabajo. Un niño o niña humana necesita atención las 24 horas del día durante muchos años. No se puede quedar sola en casa mientras nosotras/os nos vamos a trabajar. No, no os llevéis a engaño (no sé por qué tengo que explicar todo esto). 

Tener un bebé no es, ni de lejos, como tener un perro o un gato. Y tener un niño o niña tampoco: la educación que tenemos que brindarle a un ser humano va más allá de coge la pelota, levanta la patita, no estés merodeando por la mesa y dando lametazos a los comensales cuando estamos comiendo o espérate a salir a la calle para mear.  La educación de un niño es bastante más compleja y dura mas de una década. Y que sí, que igual que los dueños y dueñas de los perros insisten en que no todos los perros están mal educados, ni que decir tiene que tampoco todos los niños y niñas lo están. Aunque, una vez más, las comparaciones son odiosas. Los niños y niñas no pueden compararse, y lo siento mucho, con las mascotas. Que un niño moleste en un espacio público no  se puede tratar de la misma forma que un perro que moleste en el mismo espacio. Ya sé que hay mucha gente que no estará de acuerdo, pero hoy por hoy a un niño no se le puede echar de ciertos sitios por jugar, llorar o gritar, y a un perro sí. 

Tener mascotas es maravilloso. Yo he tenido perros y gatos, y la relación que se establece es profunda y bonita. Pero no es comparable, tanto en inversión material como emocional, con tener un bebé. En serio. Y si lo seguís dudando, haced la prueba. Si queréis, claro. 

2 respuestas

  1. Llevo leyendo tu blog un mes escaso y al encontrar esta entrada… parece que me leas el pensamiento!!
    Hace poco se han incorporado dos perros a nuestra familia más cercana, y veo cómo estos familiares “comparan” su situación con la nuestra como padres de una niña de 2 años.
    El colmo de la hipocresía viene cuando comentamos que colechamos y me sueltan lo de que la niña “no va a querer salir de nuestra cama nunca”, pero luego ellos duermen con su perro y les parece la mar de tierno. ¿Cómo es posible? ¿cuándo lo echarán de su cama? Porque yo he tenido dos perros en mi infancia (ambos adoptados) y durmieron conmigo hasta el fin de sus días.

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