No eres docente

Es matemático: si criticas el sistema educativo, eso debe ser que no eres docente. Si dices que los libros de texto son de baja calidad y están desactualizados, estás yendo en contra de Cervantes y a favor de Belén Esteban. Si insistes en que nuestros hijos e hijas no tienen por qué sufrir año tras año libros que se reproducen sin modificaciones durante décadas, saltan con la importancia del teorema de Pitágoras.

A ver, señores, un poquito de seriedad. Que no es la primera vez, ni la segunda ni la tercera que se habla de lo malos que son los libros de texto. ¿Que ustedes necesitan usarlos porque no tienen tiempo de preparar buenos materiales y buenas clases? Vale. Pero no nos hagan comulgar con ruedas de molino. Que no hace falta ser docente para valorar la calidad de estos libros. Que no hay ningún misterio oculto en los Grados de Magisterio y en su Máster de profesorado de secundaria que les haga únicos conocedores de cuándo un libro está bien escrito, está actualizado y tiene un contenido pedagógicamente organizado.

Pero volvamos al título de este post. Ese reproche lanzado con rabia a la persona que osa criticar lo que sucede en las aulas en las que sus hijos e hijas pasan 5 o 6 horas al día durante 5 días a la semana, durante unos 9 meses al año. Podemos ser o no ser docentes (que vaya usted a saber, igual sí que lo somos), pero tenemos derecho a opinar. Y no solamente tenemos derecho: nuestra obligación es velar por que la educación que reciben nuestras hijas y nuestros hijos sea de cierta calidad.

No. El no ser docente no es óbice para que no podamos decir que los libros de texto que sufren nuestras hijas en las aulas son una basura. Y no, no hace falta ser pedagogas para decirlo. Tampoco hace falta ser médico para denunciar una negligencia médica o para negarse a recibir un tratamiento. Así son las cosas: el tener un título no te da autoridad sobre las personas con las que trabajas. Vivimos en una socieda democrática, de momento. Una sociedad en la que lo normal ha dejado de ser que los padres y las madres de los y las alumnas tengan menos nivel de estudios que la maestra o el profesor.

Y no. No es lo mismo ser docente que ser médico. Dejen de compararse con los médicos, señoras y señores docentes. Los médicos no tienen una clase de 30 menores a su cargo. Los médicos no tienen esa responsabilidad: la de quedarse a solas con nuestras hijas y nuestros hijos durante horas para educarles. Que sí, que cuando se meten en el quirófano con ellas/os es una gran responsabilidad, pero yo, como madre, habré dado mi consentimiento y me habrán explicado con detalle en qué consiste la operación.

Docentes, háganse a la idea: si trabajan con menores, tienen que contar con las familias. Y sí, es una cruz que haya familias listillas que se preocupan por lo que hacen sus hijos/as en las aulas, que les cuestionen, que les intenten proponer cosas, que se quejen de las malas prácticas y que pidan calidad docente. Pero claro, la respuesta a estas familias ya sabemos cuál es: no sois docentes, no sabéis lo duro que es nuestro trabajo, no queremos que nos evalueis, no queremos que opinéis sobre los libros de texto, no abráis la boca y rememos todas y todos en la misma dirección.

Vale.