NIÑAS Y NIÑOS CON TALENTO: TIPS PARA LA FAMILIA

En esta entrada me gustaría dar algunos consejos sobre cómo educar a los niños y niñas con talento. Todos los niños tienen talento, pero aquí me estoy refiriendo a aquellos que sobresalen entre sus compañeros y compañeras por hacer algo especialmente bien, ser especialmente creativos o razonar a niveles mucho más complejos que sus iguales. Estos consejos no van dirigidos a que estos niños se conviertan en físicos, escritoras, músicos o atletas famosos el día de mañana. Ellos y ellas deben ser lo que quieran, y nada más que eso. Van dirigidos a apoyar a estos niños en la difícil misión de vivir y ser felices en un mundo que desprecia y envidia el talento.

En los últimos años, el término “superdotación” ha caído en desuso y ha sido sustituído por el de “altas capacidades”. En esta etiqueta caben no sólo las personas que tienen un alto rendimiento en todas las áreas académicas, sino además las personas que son talentosas sólo en algún área (lingüística, musical, deportiva, matemática, etc.) o aquellos niños que son precoces en su desarrollo. La atención a niños y niñas con altas capacidades deja, desde mi punto de vista, mucho que desear en nuestro país. Excepto en determinadas comunidades, en las que grupos de expertos se han hecho con el diseño de las regulaciones autonómicas sobre el tema, como en el caso de Murcia, se sigue manteniendo el concepto antigüo de superdotación y considerando que los niños que necesitan apoyo educativo especial son sólo aquellos que muestran un alto rendimiento en todas las áreas escolares. Además, en comunidades como Castilla-La Mancha, la única solución que se propone es que estos niños avancen de curso, sin tener en cuenta que, a pesar de ser muy listos, su desarrollo emocional sigue un ritmo adecuado a su edad y necesitan de sus iguales. Imaginaos cómo se puede sentir una niña de 14 años con chavales y chavalas de 16 en la misma clase. La rarita listilla con los mayores: tendríamos el acoso asegurado.

Por tanto, muchas veces es inútil pedir el apoyo del colegio o del instituto para resolver una situación con tu niño o tu adolescente listillo y sobredotado. Su concepto de niño con altas capacidades proviene más de las películas de Hollywood que de la realidad del día a día: esos niños que resuelven integrales imposibles en dos minutos mientras dejan al profesor boquiabierto, o la niña que penetra en los sistemas informáticos del gobierno con un algoritmo solo reservado a los magos de las telecomunicaciones. Pero no consideran un problema que tu hijo diga que disimula en el colegio para que los demás no se den cuenta de que es tan “culto” ni que proponga dejar de ir al instituto para dejar de perder el tiempo y aprender de verdad: si no rinden al límite de la excelencia es que sus divagaciones provienen de dificultades emocionales que se han de resolver en familia.

Pues nada, resolvamos los asuntos en familia. ¿Qué podemos hacer ante un caso de niño, niña o adolescente que aborrece el colegio porque se aburre y no encuentra iguales con sus gustos e intereses?:

1) Ofrecele todos los recursos posibles para que desarrolle sus inquietudes en la medida de tus posibilidades. Libros, internet, visitas culturales… Si es un lector o una lectora empedernida, en la red encontrarás recursos múltiples para no gastar una pasta en libros: un lector digital o una tablet es una buena inversión. Por otra parte, no le pongas muchas restricciones para usar la red: es un mundo de posibilidades, en el que puede entrar con gente que comparta sus gustos e intereses cuando los compañeros de clase se le quedan cortos. Aquí hablo del peligro de las redes sociales.

2) Acepta sus rarezas por muy raras que te parezcan. La aceptación es crucial para un niño que es proclive, aunque parezca mentira, a la baja autoestima. Sobre todo en la adolescencia puede ser que den un vuelco a su imagen y a sus hábitos, basándose en extrañas teorías que han leído en algún sitio. Interésate por el origen de sus ideas sin criticarlas…. porque en ese caso, estás muerto.

3) Confía en sus habilidades para sobrevivir. Por muy desvalidos que parezcan, tienen recursos para salir adelante. La sobreprotección les hace huir y puede que dejen de contarte cosas que pueden ser importantes para ofrecerles tu apoyo. Sobre todo en los conflictos con los iguales, da un margen para que ellas y ellos mismos lo resuelvan.

4) Sitúa sus sueños en la realidad, pero no los elimines. Los adolescentes talentosos suelen hacer castillos en el aire sobre un futuro idílico estudiando en una universidad extranjera, convirtiendose en noctámbulos viviendo en una casa en el bosque o en inventores famosos. No te rías de sus sueños, aunque les hables de la dificultad que supone conseguirlos. Ofréceles pequeñas metas que pueden ir alcanzando para hacer que sus sueños se hagan realidad el día de mañana.

5) Recuerda que es un niño o un adolescente. A pesar de sus elevadas dotes de razonamiento, no posee la seguridad de un adulto y tienes mucho poder sobre él. Hay veces que puedes perder la paciencia ante una discusión interminable en la que tu hija o tu hijo usa una argumentación envolvente para llevarte al huerto. Lo importante es que tengas las ideas claras y la suficiente flexibilidad para darte cuenta cuándo tiene razón o cuándo, simplemente, está tocando todos los botones para convencerte de algo que no te convence, por ejemplo de las ventajas de irse sola a la gran ciudad en autobús para encontrarse con su comunidad twittera.
 
6) Déjale claro que es mejor saber y ser culto que no saber y ser inculto. En la sociedad actual parece que cuando sabes algo es mejor callar. A la gente le molesta las personas que lo “saben todo”. Sabiondos, empollones, gafapasta… parece que ser culto y saber es un problema más que una ventaja. En esta sociedad que rechaza el talento y la sabiduría y se jazta en muchas ocasiones de la ignorancia, hay que tener criterio propio y no caer en el error de ocultar lo que sabes. Educa a tu hija y a tu hijo en el respeto a la diferencia, en la aceptación del otro, pero también en la aceptación de sí mismo: si sabes, sabes, y no lo tienes por qué ocultar.

4 respuestas

  1. No creo que el talento se desprecie, pero sí es cierto que no goza de mucha popularidad. De hecho no creo que exista una cultura del mérito en este país. Envidiado… probablemente, aunque quizá si se vistiese ese traje más de uno se lo querría arrancar luego.
    Personalmente lo de pasar de curso me parece un paño para bajar la temperatura (más de algunos padres que de algunos hijos) que creen que el mayor “problema” de su hijo es que necesita seguir ampliando conocimientos, sin darse cuenta de que ya se valen por sí mismos para ampliar esos conocimientos por su cuenta, y basándose en aquello que los motiva y que les genera la necesidad de saber, sin la necesidad de un sistema reglado. El sistema no creo que sea capaz de atender a un alumno con necesidad especial de ningún tipo dada la individualidad que se requiere (aunque se esté intentando, ya sea en un escalón o en otro) Así que la tarea ardua es la familiar.
    Por otro lado creo que es evidente que para estos chicos su talón de Aquiles no es el conocimiento, sino las emociones, porque sí sienten el mundo de manera diferente al resto, sí lo comprenden de manera intensa y profunda, pero no tienen suficientes recursos emocionales para enfrentarse a ellos precisamente porque no pueden trabajarlos en equivalencia con sus congéneres. Me refiero a que todos desarrollamos nuestra inteligencia emocional en la convivencia social y en la práctica de las reglas sociales, pero estos niños y adolescentes si bien no creo que traten de esconderse para evitar ser señalados, sienten que no son comprendidos, que su sentir el mundo y sus pensamientos están en otra órbita diferente, y por lo tanto necesitan practicar con alguien que sienta o piense como ellos. Y si no es posible esa práctica, es cuando surgirán las carencias derivadas de su falta. No se esconden, es que simplemente no quieren hablar al nivel que pueden con quien no es capaz de entenderlos, con lo que ellos bajan el escalón para poder seguir hablando, pero ese escalón necesita seguir siendo cubierto. Esa es la clave a mi parecer. El escalón que se queda sin cubrir en sus relaciones sociales y consigo mismo.

  2. Hola, muy de acuerdo contigo en que el talón de Aquiles son las emociones. Sin embargo, no creo que emociones y conocimientos sean dos compartimentos estancos en el desarrollo: están interrelacionados y constituyen un fenómeno integral para la persona. Aprendemos lo que amamos, rechazamos lo que nos aburre o nos crea malestar. La motivación es crucial en el aprendizaje. Por eso no puedo estar de acuerdo con que en el centro educativo “poco se puede hacer”. Se puede hacer mucho: enseñar de otra forma, aplicar métodos de aprendizaje por proyectos en la que las niñas y niños puedan desarrollar sus talentos sin tener que atenerse a una norma y a un listón, dar nuevas y distintas responsabilidades en el aprendizaje de tus compañeros. Si, se puede hacer mucho… pero hay que ser un educador con talento para verlo.

  3. Yo no fui superdotada, pero sí una niña, joven y adulta de notable y, en muchas ocasiones, sobresaliente. Mi madre me tenía que regañar porque en el cole le corregía las faltas de ortografía a los profesores delante de todos y yo no entendía por qué. A mí siempre me ha gustado aprender, me gusta tanto aprender cualquier cosa que ahora me gustaría enseñar y busco otra manera de hacer las cosas. Yo, sin ser excesivamente brillante, he sufrido un sistema en el que todos teníamos que ir al ritmo del que menos sabía. En el instituto, nos apartaron a cinco personas para que nos autodiéramos clase de inglés mientras con los demás repetían y volvían a repetir lo mismo. He tenido la suerte de que en mi familia se valora mucho estudiar y he encontrado siempre recursos a mi alcance para seguir desarrollando mi curiosidad, nunca se me han cortado las alas. Pero en el colegio e instituto no se me dotó de herramientas para poder afianzar esos conocimientos, de forma que he olvidado muchas cosas porque nadie se preocupó de dejarme claro que no todo era sacar buenas notas, sino que para que esos conocimientos valgan para algo tienen que estar ligados de alguna manera con intereses y emociones. Por eso estoy de acuerdo de que la educación emocional es también básica. Creo que con la motivación correcta y alguien a quien realmente le hubiera importado enseñar, yo hubiera dado mucho más de mí.

  4. Totalmente de acuerdo, Patricia. En el colegio se educa de una forma plana y a pesar de que la ley sí lo contempla, no se respeta el ritmo y la idiosincrasia del estudiante. Además, no se educa, solo se aporta contenido para meter en la cabeza como un mero trámite. Nuestro sistema educativo es pésimo para cualquier niño: el que va bien, el que tiene dificultades de aprendizaje y el que tiene altas capacidades. Se pretende cargar todo el peso en la familia, pero hasta que no solucionemos este punto, este país irá de culo.

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