My baby, my rules

Baby's Ear

Somos una especie simbólica. En cuanto nacemos, somos marcadas con señales que indican qué somos y hacia dónde vamos. Son ropajes, abalorios, marcas en el cuerpo, mutilaciones, unas más evidentes que otras, unas inocuas y otras dañinas, pero todas ellas tienen un significado para el grupo e indican a los demás cómo se tienen que comportar con nosotras. 

Los pendientes son una de estas marcas. Durante siglos lo han sido. En épocas y espacios diferentes han señalado estatus, esclavitud, prostitución, puesto que se ocupa en la familia, etcétera. No han sido nunca privativos de las mujeres, aunque ellas siempre los han llevado de forma distinta a los hombres. 

En la actualidad, la tradición en algunos países occidentales marca perforar los lóbulos de las orejas a algunos bebés, los asignados como niña nada más nacer, y ponerles un par de pendientes. Sí, estoy hablando raro. Pero es lo que hay, este post va de libertad de elección

Así las cosas, vivimos en un país que marca a los bebés al nacer. Algunas personas deciden no hacerlo, al igual que hemos dejado de llenar las plazas de toros gritando “Olé” o de llevar un “ajuar” a la boda. Es como empieza a decaer una tradición: la gente deja de respetarla. Algunas tradiciones mueren entre disputas. Otras se desvanecen sin darnos cuenta. 

Cuando decides no marcar a tu bebé convenientemente y de acuerdo a la tradición, nadie te dice nada. Sientes que eres totalmente libre de no hacerlo, hasta que descubres que el mundo está lleno de señoras con el pelo cardado que preguntan “¿Es niño o niña?“. Esa compulsión por saber cuáles son los genitales de los bebés suele ser silenciada si unos bebés llevan pendientes y van vestidos de rosa y otros no los llevan y van vestidos de azul. Pero deja de seguir la norma y la descubrirás a cientos de señoras preocupadas por el sexo de tu bebé. 

Cuando la criatura es mayor, empieza a sentir la presión en sus propias carnes. “¿Eres un niño o una niña?“. Y es entonces cuando, seguramente, nos pedirá que perforemos sus orejas para no sentir el peso de la diferencia. Las niñas llevan pelo largo, faldas y pendientes. Y punto. 

Así las cosas, no poner pendientes es un pequeño acto de rebeldía que no siempre es bien acogido por la sociedad. Nos arriesgamos a que nos pregunten continuamente por los genitales de nuestros peques. Llegará un día en que este tipo de preguntas serán de muy mala educación, pero, en el mientras tanto, tendremos que seguir aguantando este tipo de impertinencias.

1 respuesta

  1. Me ha encantado!!! El llevar a mi hijo a natación con un gorro morado fue suficiente para que todo en mundo allí le llamará “preciosa”. Hasta que lo perdimos y lo sustituimos por uno que había rodando por casa, de esos de espumilla chunga, negro y con una raya central verde. Entonces ya empezó el “pero qué simpático eres”. Esos pequeños detalles.

Deja un comentario