Micromachismos

Imagen tomada de http://www.planoinformativo.com/nota/id/184155#.U-pDu_lDuSo
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Como cada vez creo menos en las teorías que intentan explicarlo todo a partir de un conjunto de ideas que hay que dar por supuestas, he decidido centrarme en lo inmediato. Si mi vida dura como mucho 90 años, tirando muy a la larga, ¿por qué me voy a estar molestando en definir históricamente, remontándome a tiempos inmemoriales, el machismo? No digo que no sea interesante bucear en nuestra historia, que lo es, pero para lo que quiero conseguir, prefiero ir a lo práctico. 

Vamos a ver. Os voy a decir lo que me molesta en mi vida cotidiana. Sé que hay mujeres que sufren opresiones mucho peores que las que sufro yo, pero no por ello voy a callarme las mías. El machismo no es solo violencia explícita, también hay una violencia cotidiana que es invisible. Así que vamos por orden. 

Querido macho, 

– Cuando estoy aparcando, me molesta que des por supuesto que necesito tu ayuda. Tus aspavientos me distraen. Está ridículo haciéndote creer a ti mismo que me diriges. ¿Te has dado cuenta ya de que no estoy siguiendo tus indicaciones? Es que no las necesitaba. Recuerda: las mujeres no necesitamos tu guía cada vez que nos ponemos al volante. La próxima vez que lo hagas, pararé el coche y esperaré a que te vayas. ¡Oh, qué ofendido se te ve cuando una mujer no te atiende!

– No se si te habrás dado cuenta que me toca los ovarios cuando haces apreciaciones sobre mi físico al cruzamos por la calle. Cuando ando por la calle voy pensando en mis cosas, que seguramente son tan complejas para ti que te estallaría el cerebro sin remisión si pudieses leerme el pensamiento. ¿Por qué tengo que interrumpir mis sofisticados pensamientos para escuchar tus balbuceos babeantes? Mira, me importa un carajo si te gusto o no te gusto. Me ofendes. Y no, amigo macho del macho, no me siento halagada en absoluto. Lo que haces es una agresión y como tal la trataré. 

– Lo mismo se aplica a los machos conocidos, que te saludan haciendo apreciaciones sobre tu físico. A ver, señor, me importa un cojón (a poder ser el suyo) que a usted le parezca que estoy bien, mal o regular; mi foto de perfil de Facebook la escojo yo, y no admito ninguna sugerencia sobre cuál debería ser, según usted. Yo le respeto y no le digo que me parece un viejo verde apestoso y que su foto de perfil es una patochada que no convence a nadie. Es más, si yo le dijese algo así a usted, todo el mundo se volvería a mirarme y me tacharían de loca. Bueno, no sería la primera vez; creo que lo practicaré más. 

– Haz el favor de no interrumpirme cuando hablo. Ya sé que su voz es profunda y masculina y puede tapar con facilidad la mía. Ya sé que, según tú, yo no tengo nada que decir (aunque luego repitas lo que yo he dicho como si fuese idea tuya y no hubieses oído nada). Pero vamos a aclarar las cosas, yo voy a hablar ahora porque es mi turno, y tú, señor macho, te vas a callar y vas a escuchar. 

– Esa condescendencia con la que te diriges a mi me revienta. No sabes nada de mi, de mi experiencia, mis habilidades, mis conocimientos (o sí, que es lo peor), y te diriges a mi siempre como si fuese una pobre ignorante que necesita explicaciones. A ver, si no te pido que me expliques algo, no hace falta que ilumines mi mente. Inténtalo con tu compañero de al lado, a ver si se deja. Yo no necesito de ti, gracias por el detalle. Olvida por un momento que soy una mujer, deja caer tus condicionamientos de macho y… déjame en paz. 

– Querido amigo que te haces el guay feminista: se te ve el plumero la primera vez que te ríes de mis intentos de ser igualitaria en el lenguaje. El masculino genérico es una imposición que no tengo por qué acatar, así me des mil argumentos manidos sobre la sencillez de la lengua y el uso práctico de la misma. Si quiero usar el femenino genérico, usar la @, poner la x o cualquier estrategia que haga el lenguaje más igualitario lo haré, por encima de tus opiniones sobre el tema. Y lo de “feminazi” no me impresiona, ya lo sabes. Tú eres un machista. Y las risitas condescendientes sobre el tema tienen la gracia en el culo. 

– No me gusta esa estrategia que tienes, cuando estás perdiendo una batalla dialéctica, de acudir a las descalificaciones basadas en mi vida sexual. Ese ataque injustificado dice mucho de ti y de tu complejo de inferioridad. Si no puedes ganar a una mujer en el plano intelectual, siempre la puedes agredir sexualmente. Ten cuidado, que ese tipo de estrategias son muy fáciles de dejar al descubierto hoy en día, sobre todo si nos movemos en entornos en los que la educación por la igualdad es cada vez más profunda. 

La lista no se agota aquí, por supuesto. Podría seguir casi de manera infinita. Podría hablar de cuando la gente asume que las tareas domésticas son patrimonio mío y no de mi pareja (pobrecito, si te ayuda mucho), o cuando el pediatra me incluye en el nebuloso mundo de “las mamis” (es que las mamis…. ayayay), o cuando tengo que explicar cuáles son mis títulos para que me sigan mirando incrédulamente sobre un tema que domino hace años. Y por supuesto podemos dedicar un post tan largo como este a los micromachismos ejercidos por las mujeres. Pero lo dejo para la próxima. 

4 respuestas

  1. Genial post, el machismo sigue muy presente hoy en día. A mí me molesta cuando se da por hecho que el hombre sabe más de algo por el simple hecho de ser hombre, cuando es incapaz de escuchar la opinión de una mujer e intenta imponer su opinión sobre cualquier otra…Cuando al hablar de la casa se da por hecho que debe ser la mujer quien ha de hacer las cosas y los hombres cuando hacen algo “ayudan” cuando ninguno de los dos ayuda al otro sino que es un trabajo hecho a dos manos…cuando al hablar de los niños se da por hecho que el hombre ha de ocuparse o se ocupa menos de ellos…
    Ay! cuanto ha de cambiar aún la sociedad…
    Besos

  2. Mucho tenemos que trabajar todavía para lograr la igualdad. Esxs que dicen que no hace falta ni el feminismo ni el día de la mujer están algo desorientadxs o apoyan estxs situaciones desiguales a las que nos vemos sometidas día a día. ¡Besos!

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