MATERNIDAD Y FEMINISMOS: UN RETO PARA PODEMOS

(Escribí esta entrada cuando se presentaron las propuestas económicas Navarro-Torres para Podemos. Ahora, las propuestas relativas a igualdad se han plasmado en el documento «Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático», de María Pazos y Bibiana Medialdea. Lo que escribí entonces es igualmente válido ahora.)

(Vuelvo otra vez a editar este post. Mis planteamientos sobre Podemos no son ya los mismos. No estoy segura de que eso de «Juntas Podemos» se haya dicho nunca en serio. Se ha abandonado la metodología podemita y se ha tomado los platós de televisión. La verdad, poco queda de aquel Podemos que me convenció en su momento. Es una verdadera pena. Pero ahí queda este post, como un momento de inocencia, de creer que las cosas podían cambiar realmente)

Estamos en un momento de definiciones. Podemos ha abierto una brecha de esperanza en nuestra sociedad que nos ofrece la oportunidad de rediseñar nuestra realidad, y así lo hemos visto muchas y muchos. El plantear un movimiento social donde se pueden escuchar todas las voces ha provocado una oleada de ilusión que nos ha hecho lanzarnos a las calles, a las plazas y a los teclados para decir cómo nos gustaría que fuese nuestra sociedad. 

Las mujeres (no muchas) también hemos llegado a Podemos. Nos ilusiona poder construir desde cero y desde el feminismo un lugar amigable y en el que desarrollarnos políticamente. Sin embargo, es difícil. Las estructuras de participación siguen estando regidas por estructuras ideológicas patriarcales, y las propuestas de igualdad surgen, una vez más, sin habernos consultado a nosotras. 

En este documento quiero hablar de estos dos temas, que están muy relacionados: las propuestas para alcanzar la igualdad en el documento Navarro-Torres y las propuestas para favorecer la participación de la mujer en Podemos. 

El día que se presentó el documento Navarro-Torres, fui testigo de un conjunto de desilusiones con nombre de mujer y madre. Aparecieron en un grupo de mujeres que, sintiéndose excluidas de esa propuesta, alzaron sus teclas para decir «No nos representa». 

La insistencia de Navarro en su presentación en que la igualdad de la mujer pasaba por la creación de una potente red de escuelas infantiles, así como la inclusión en el documento de la propuesta de permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles, levantaron muchas dudas en las mujeres que no ven la maternidad como una traba para su desarrollo como ciudadanas y que, por el contrario, desean, por parte del estado, una defensa de su derecho a la misma.

Está claro que distintas mujeres han desarrollado distintas estrategias para enfrentarse a estos estereotipos impuestos. Hay feminismos que han rechazado la vinculación biológica con la maternidad, desmitificandola como un fenómeno cargado de felicidad, amor infinito y entrega desmedida y negando la existencia del instinto materno. Yo agradezco a esas feministas haber tenido la valentía de hablar de la parte oscura de la maternidad en tiempos en los que estas confesiones eran difíciles de digerir por la sociedad. Que expusieran a la conciencia pública que la maternidad no es eso que nos quieren hacer creer y se rebelaran en contra de la imposición de ser madres como parte integrante de su identidad.

Sin embargo, también siento un profundo respeto por las mujeres que han tomado el camino contrario, el de la maternidad consciente y gozosa. Estas mujeres se han rebelado en contra de la violencia que nuestra sociedad impone a nuestras maternidades: la violencia obstétrica, la violencia contra el vínculo, la falta de respeto y la imposición de olvido a la lactancia materna, la priorización de la autonomía de nuestras criaturas frente a la crianza lenta y cuidadosa. Esta forma de concebir la maternidad nos hace exigir algo que, en cierta forma, es un contrasentido: nuestro derecho a ser madres y disfrutar de ello. Ese contrasentido tiene su origen, como no podía ser de otra forma, en las estructuras patriarcales y capitalistas que se imponen a nuestras vidas como personas, como mujeres, como hombres, como niños y niñas, y que dicen que la maternidad siempre es gozosa. En este sentido, esta postura se acerca mucho a la primera, ya que en ambas se reconoce las dificultades a las que se enfrenta la maternidad en nuestra sociedad, la primera negándola, la segunda, negándose a negarla y luchando contra las estructuras que la convierten en un calvario. 

En cualquiera de los dos casos, los modelos de mujer que nos impone la sociedad patriarcal oprimen nuestras ideas y nos enfrentan de una manera estructuralmente impecable. La madre perfecta, horneadora de cup-cakes y amantísima esposa, que ofrece su regazo cálido a su prole, se enfrenta a la mujer independiente, emprendedora y ambiciosa que progresa en su carrera profesional. Los modelos de la buena madre, la mala madre y la no-madre planean sobre nuestras cabezas, y nos piden que les ofrezcamos un lugar donde colocarse para no seguir mezclándose y chocando unos con otros hasta el infinito.

Cuando planteamos que la forma de liberar a la mujer de sus cargas y hacer que alcance la igualdad es institucionalizar en escuelas infantiles a las niñas y a los niños desde las 16 semanas de vida no estamos teniendo en consideración todo lo que esto supone. Sé que muchas mujeres no pueden entender nuestro rechazo a esta medida como forma de liberación femenina. Desde luego, no nos negamos a que existan escuelas infantiles. Nos negamos a que esta sea la medida pensada para todas nosotras y elevada al rango de solución decisiva. Es esta una forma más de invisibilizar nuestro sufrimiento y nuestras dificultades cuando, habiendo decidido amamantar a nuestras criaturas (o no), llega el momento de incorporarnos a nuestro puesto de trabajo y dejar a nuestro bebé en manos extrañas. Este sufrimiento es minusvalorado, nuestras preocupaciones tomadas como quejas ridículas de mamás lloronas y puérperas con depresión post parto y tendentes a malcriar y mimar demasiado a sus bebés enmadrados. Se pasa por alto lo que supone para un bebé de tan solo unas semanas de vida separarse de sus figuras de apego y de su atención individualizada, restando importancia a este suceso vital y observándolo desde un punto de vista adultocéntrico. Y todo ello en aras de una supuesta liberación femenina que se basa en que la mujer se incorpore al mercado de trabajo, igualándolas ante los empresarios al conceder a los hombres permisos de maternidad de igual duración e intransferibles. Nada cambia para nosotras en el terreno de los cuidados, excepto en lo que respecta a la posibilidad de contar con una escuela infantil para dejar a nuestro bebé las 35 horas semanales. 

No me voy a extender aquí sobre la importancia de la forma de nacer, los beneficios de la lactancia materna (recomendada por la OMS hasta los 6 meses en exclusiva y hasta los 2 años complementada) y el papel imprescindible del afecto en el desarrollo de los bebés. Pero sí tengo que decir que una propuesta que habla de la maternidad como el obstáculo para el logro de la igualdad no puede ofrecer soluciones reales a las mujeres, trabajadoras y madres. Porque el hecho de concebir la maternidad como un obstáculo, la anula y nos instala en la creencia de que lo que nos oprime es ser madres y no las condiciones estructurales en las que lo somos.

Por supuesto que la mía es una visión privilegiada, desde el punto de vista de una mujer trabajadora con estudios superiores. Por supuesto que hay situaciones muy diversas, situaciones de profunda pobreza y riesgo social, situaciones de monoparentalidad, situaciones de maltrato, de abandono, de trabajos mal pagados y jornadas interminables. Pero todas ellas tienen en común una cosa: la deshumanización de la tribu. Como señala Carolina del Olmo en su libro «¿Dónde está mi tribu?», la sociedad nos ha dejado solas en la inmensa tarea de criar y educar.  Las ciudadanas y ciudadanos menores de edad son de nuestra exclusiva responsabilidad, quizás no de derecho, pero sí de hecho. Y esto marca las condiciones de maternaje de una forma decisiva. Incluso si el padre de nuestros hijos e hijas está dispuesto a paternar de forma responsable y corresponsable le es difícil y se le ponen trabas (ver el interesante artículo de El País, «Ellos también crían»). En este sentido, para que haya un cambio real en las condiciones de la mujer en relación a los cuidados de la infancia, la sociedad tiene que asumir su responsabilidad en el adecuado desarrollo de sus niñas y niños. Y esto implica la protección de la maternidad en todas sus circunstancias.

En conclusión, las medidas económicas propuestas por el documento Navarro-Torres parten de la premisa, falsa para muchas de nosotras, de que la maternidad es el obstáculo para alcanzar la igualdad. Las medidas que propone, por tanto, son medidas que solucionan este inconveniente, cambiando a las criaturas de unas manos a otras, es decir, anulando la maternidad. Podría pedir que se tuviesen en cuenta otras medidas que seguro nos satisfarían más, como la prolongación de los permisos maternales durante al menos el tiempo que debe durar la lactancia en exclusiva o la compensación económica por tener un hijo/a y otras medidas económicas de protección a la maternidad que ya existen en otros países. Pero creo que el un lugar como Podemos lo más importante es propulsar un cambio de conciencia y decir que no es la maternidad la que impone obstáculos a nuestra liberación, sino la forma en que la maternidad está situada en la estructura patriarcal. A mí y a muchas mujeres nos gustaría que la maternidad dejase de ser uno de esos temas irrelevantes que quedan relegados a carteras de segunda fila y que solo sirven para lucirse en tiempos electorales y pase a ocupar el lugar que merece entre los asuntos relevantes de un estado de derecho. 

El segundo tema que quiero abordar es el de la participación de las mujeres en Podemos. Es un hecho, ya mencionado en muchos foros y escritos, que hay pocas mujeres que se impliquen en la vida política. Las alarmas han saltado desde el momento en que ha habido que hacer listas paritarias en los municipios. En algunos lugares ha habido que sacar a las mujeres a tirones. Hombres había de sobra, y todos dispuestos a engrosar las listas. 

El punto IV de los principios éticos de Podemos nos compromete a «Promover la igualdad tanto en la sociedad como dentro de Podemos, luchando contra toda forma de racismo, de xenofobia, de machismo o de exclusión por identidad de género u orientación sexual. Además se deberá promover la participación política de las mujeres en Podemos y comprometerse con incluir en los reglamentos de cada espacio la necesidad de habilitar guarderías en los actos y asambleas de la organización»

De nuevo aparecen las guarderías como solución para promover la igualdad. La inclusión de guarderías en los actos colectivos no es una idea de Podemos, desde luego. Las asociaciones de mujeres llevan incluyendo esta medida hace años en sus estructuras organizativas. Pero estas asociaciones también asumen que la guardería no es la solución para todo. Hay bebés y niños que no pueden o no quieren quedarse al cuidado de otras personas, y en el grupo se asume que estos bebés y estos niños y niñas están presentes en el desarrollo del acto, y que estarán llorando, riendo, gritando, corriendo, hablando y jugando sin prestar atención a nuestras sesudas disquisiciones. Por otra parte, estas asociaciones asumen que las reuniones y asambleas a las que las mujeres asisten con su prole deben ser a horas razonables para una familia. Es difícil asistir a una asamblea que se celebra por la noche, un día entre semana, con niños y niñas de cualquier edad, haya o no servicio de guardería. Pero esto, y es a lo que quiero llegar, es un problema de la familia, y no solo de la mujer, como en la redacción del punto IV de los principios éticos se asume de forma implícita. 

Por otra parte, si el problema para la participación de la mujer en la vida política estuviese restringido a su maternidad, las asambleas de Podemos estarían llenas de mujeres sin hijos, cosa que, desde mi experiencia, no es cierta. Por lo tanto, deberíamos comenzar a indagar cuáles son los motivos del desinterés de las mujeres en general por participar en estos ámbitos de manera activa y trabajar por cambiar estas circunstancias. La invisibilización femenina, la trivialización de nuestras propuestas, el concepto de liderazgo y las formas de debate en los espacios públicos tienen mucho que ver en la exclusión de lo femenino. Y cambiar esto requiere un trabajo sostenido  en la inclusión de formas alternativas de interacción y la potenciación de la muy necesaria sororidad.

En conclusión, hemos de ser nosotras las que potenciemos el cambio. Hemos de dar un paso al frente y tirar de nuestras hermanas para que ellas también lo den. No esperemos que nuestros compañeros en los círculos nos den permiso para participar. Trabajemos en la corresponsabilidad de nuestras parejas para asumir su parte en los cuidados de niños y niñas. Trabajemos en nuestros círculos para que asuman la presencia infantil en las asambleas. Trabajemos en nuestros grupos para cambiar las formas de debate y apoyemos las intervenciones activas de otras mujeres que se acercan tímidamente a participar. Y asumamos cargos de responsabilidad que nos están vetados por costumbre. 

¡¡Juntas Podemos!!

1 respuesta

  1. Me interesan mucho estos dos temas. Recientemente me he «afiliado» a Podemos, formo parte del Circulo de Madres y Padres que están intentando redactar una propuesta alternativa diferente a la que comentas. ¿De donde eres? La verdad es que a mi me gustaría participar más pero estoy muy perdida y no se como hacerlo. Quizá necesitaría de la «guía» u «orientación» de alguien de dentro. ¿Podrías ayudarme? Escríbeme por privado si quieres. Un saludo.

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