LOS MALOS PADRES

Fotos antiguas circ. 1940-50  Honorino Gonzalez, GRUCOMI.
Fotos antiguas circ. 1940-50 Honorino Gonzalez, GRUCOMI.

¿A cuántas mujeres hemos oído eso de “pero qué mala madre soy”? Muchas, ¿verdad? Aunque lo digan con gracia, con desenfado, sin implicación emocional (o para descargarse de la implicación emocional). Pero ¿a cuántos hombres habéis oído decir “pero qué mal padre soy”?

Por mucho que lo intento, no consigo imaginar a un hombre diciendo eso, “pero qué mal padre soy” en el mismo tono que lo dice una mujer. Y esto me lleva a plantearme que la implicación en la crianza de hombres y mujeres, aunque sea igualitaria (y en mi caso lo ha sido), no ocupa el mismo lugar en el imaginario social común. Tenemos las mismas responsabilidades como madre y como padre, pero la sociedad atribuye el bienestar de los hijos e hijas a su madre. Si tienen los mocos colgando, la señora del parque, la cuidadora de la guardería, la vecina, dirigen su mirada acusadora a la madre, no al padre. Si les falta la botella de agua un día en la mochila, se oirá el comentario “ay, esta madre” y no “ay, este padre” (a no ser que el padre críe solo, entonces escucharemos un compasivo “es que el pobre está solo”).

La sociedad nos hace responsables del bienestar de nuestros hijos e hijas, y lo somos. Pero no más ni menos que sus padres. Creo que la única forma de acabar con este tipo de desigualdad estructural y tan asentada en nuestra sociedad es desafiándola. Y para desafiarla, nada mejor que un padre realmente implicado en la crianza, que se moleste cuando preguntan por la mamá cuando lleva al niño o a la niña a una revisión médica, que se responsabilice públicamente de los mocos colgando de su hijo/a, que vaya al colegio a hablar con la maestra (si, nosotras también tenemos que pedir permiso en el trabajo para hacer eso), que le diga a la vecina que su mujer no tiene nada que ver  con el manchurrón que lleva la criatura en el abrigo, que esté al tanto de todos los problemas, quehaceres y tareas cotidianas que surgen cuando hay niños/as y adolescentes a tu cargo.

Y para desafiarla, haya padre presente o no lo haya, nada mejor que una madre que, siendo responsable de sus pequeños, atendiendo todas sus necesidades físicas y emocionales, con sus fallos, sus baches y sus errores, como persona que es, nunca diga eso de “qué mala madre soy”.

18 respuestas

  1. Cuánta razón tienes… Me dan ganas de copiar, tal cual, palabra por palabra, tu post enterito, y replublicarlo en mi blog 😉 (y firmártelo con mi firma junto a la tuya como apoyo incondicional)
    Yo intento todo lo que está en mi mano para luchar por esto mismo. Deberías ver las caras de mis vecinas! O de mis tenderos del barrio. Ya no preguntan (tanto) por la madre como durante los primeros meses. Algo se ha ganado 😉

    Repito: Plas, plas, plas! A sus pies! <3
    JM

  2. Sé que es tan difícil para vosotros como para nosotras. Por eso, un plas plas plas para esos padrazos que tanto tienen que luchar para que se reconozca su implicación y responsabilidad.
    Un abrazo

  3. Pues yo creo que siempre que se entienda que hay humor y desdramatización bajo según qué cosas, todo va bien.
    al final, para mi el problema viene de mentalidades caducas, que hacen que nosotras mismas seamos nuestras mayores enemigas. Porque a mi me dicen que vaya suerte que tengo que “mi marido me ayuda”. Perdona, pero no me ayuda, es que son sus hijos, su casa, su responsabilidad. Tanto como la mía.

    besos

  4. El día a día, tiene que ser de dos. Indispensable. Corresponsabilidad en todos los sentidos. Mas allá del que dirán, algo interiorizado,para salvar todos los comentarios indeseables que hay.

    Me encanta leerte.

    Muakk

  5. Desgraciadamente hay muchos q no ayudan por falta de tiempo. Por que trabajan de sol a sol. Pero estoy d acuerdo en lo q dices. Tan avanzados para unas cosas y tan atrasados en otras…

  6. Fíjate que llevo tiempo queriendo gestar algo sobre este tema, pero no he encontrado el momento, así que compartir tu post me basta!
    Has dado en el clavo, el quid de la cuestión está en los roles preestablecidos socialmente. Da igual que una madre se deje los cuernos intentando llegar a todo, cualquier mínimo error o circunstancia siempre serán miradas con reproche, y por el contrario al papi el mismo será todo un mérito “que bastante hace (el pobre).
    Comparto, con tu permiso 😉
    Un abrazo

  7. En nuestro caso la crianza está totalmente compartida.
    De hecho, en la época en la que yo trabajaba más horas, pasaban más tiempo con papá que conmigo.
    Pero aún así el entorno (incluso el más cercano) sigue dando por sentado que de los hijos y la casa me debo ocupar yo, aunque deban esperar 3 días a verme para criticar “mis” actuaciones pq mientras tanto iban siempre acompañados por papá…
    De todas maneras, no creo que definirse como “malamadre” sea negativo. Justamente lo veo como un acto de rebeldía hacia esa sociedad que espera madres perfectas y abnegadas y sigue provocando que se perpetuen patrones absurdos. Ahí discrepo, killer.
    Y creo que los padres no tienen necesidad de proclamarse “malospadres” simplemente pq no se les exige lo mismo y eso es lo que debe cambiar.

    Vaya rollazo he metido!!!!!!!!! XD

  8. Nada en contra del humor y la desdramatización. Pero esa no es una lucha de las mujeres contra las mujeres: hasta que los hombres no sean los protagonistas de la crianza en igualdad de condiciones, no tenemos nada que hacer. Y ahí sí que deberíamos dar un consciente paso atrás.

  9. Sí, los horarios de trabajo a destajo, de esos que hablaba en algún post anterior, no ayudan en la corresponsabilidad. Es una de las cosas que nos impone nuestra sociedad y que van en contra de la construcción de una familia sana. Un atraso sin duda.
    Besos.

  10. Todas sentimos esa mirada diferente de la sociedad sobre nosotras. Hay múltiples formas de rebelarse ante esta mirada. Una puede ser darle la razón a la sociedad de forma despectiva y decir “no me importa que me llames mala madre, ya me lo llamo yo, ea”. Con esto puedes conseguir que la sociedad se calle pero siga pensando lo mismo. Para mi, las formas auténticas de rebelión son las que buscan el cambio lento pero sólido de la sociedad. Que un hombre se implique y se responsabilice de la crianza y LO PROCLAME A LOS CUATRO VIENTOS sí me parece un acto de rebeldía, y que nosotras nos pongamos a su lado en igualdad de condiciones, también.

  11. Hola! ” Más razon que un Santo” lo he vivido muchas veces, las suficientes para sentir q no ha sido un comentario aislado simplemente desafortunado!!
    Que buen post!!

  12. Cierto, pero lo complicado muchas veces no es que lo proclame, sino que le escuchen. En nuestro entorno directo no toman en serio sus comentarios sobre crianza y se sorprenden de sus acciones (y hablo de entorno MUY directo).
    El hecho de que dejen de atacar a la madre pq ya se autoproclama “malamadre” es una manera tb de banalizar a la superwoman en la que nos quieren convertir. No es la solución, pero sí un paso.

  13. Me alegra que te haya gustado, amore. Esos comentarios hay que responderlos al más puro estilo Killer, ya sabes.

  14. Como dices, la etiqueta de #malamadre viene impuesta por el imaginario colectivo, un yugo que venimos arrastrando desde hace muuuuucho… Es algo ajeno a los hombres porque socialmente no se les exige la misma implicación en la crianza de los hijos y porque, también creo yo…, a ellos les afecta menos esa presión de #patiodevecinas. Si el cambio social debe generarse desde el punto de vista de que el padre se implique en la crianza…pues tal vez contribuya a ello, sí. Muchos lo desean y lo pelean… Pero eso no quita para que yo, como mujer y madre, quiera un papel activo en la crianza, sin presiones, una baja maternal más extensa, derecho REAL a una jornada que me permita atender mis responsabilidades familiares y disfrutar, que parece que todo es llegar a objetivos… Creo que esa es otra guerra. Reivindicar derechos y necesidades.
    La etiqueta de #malasmadres la entiendo como un #aquiénleimporta. Parece que se enfoca el tema solo hacia madres atareadas que no llegan a todo y sí, también, pero en mi caso particular me lo tomo como hago lo mejor que puedo (y como yo quiero) por mi prole. Porque las críticas de la sociedad no solo se quedan en esos mocos colgando, sino que mucha gente entra a juzgar en si das el pecho por un tiempo prolongado (eso NO es normal), en si atiendes al niño por las noches (le estás mal educando…), en si no cumples el calendario germánico de la alimentación complementaria (todos sabemos que las papillas son muy sanas)… Antes de que la del quinto me ponga la tilde, ya me la pongo yo, tranquila… #malasmadres, corte de mangas #everybody ;P

  15. Hola guapa,

    En primer lugar, si no les afecta la presión es porque no la tienen; sin embargo, hay hombres a los que les afecta la falta de confianza en su capacidad para criar. Conozco varios, y con muy buenas competencias, por cierto.
    En segundo lugar, la lucha por los derechos es imprescindible. Pero los derechos son tanto de la madre como del padre y de lxs niñxs. La conciliación familiar es una cuestión de la familia, no solo de la mujer. Por supuesto que si apoyamos la lactancia materna, la mujer debe tener unas condiciones específicas para poder ofrecerla, si así lo desea, de acuerdo con las recomendaciones de la OMS. Pero también necesita un apoyo. Si hay pareja, sea hombre o mujer, el permiso de “paternidad” es un elemento imprescindible por el que se ha gritado muy poco.
    Por último, de acuerdo con que eso de ponerse la etiqueta para dar en toa la boca es una estrategia, pero, definitivamente, no es la mía. Prefiero dar en toa la boca teniendo a mi lado padres que se implican y que, en igualdad de condiciones, luchan por un cambio de conciencia.
    Bon día.

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