Maestras cuñadas


(Advertencia: en este post uso el femenino genérico. Donde dice maestra se debe entender también maestro. Donde dice alumna, dice alumno también. Además, no excluyo a las profesoras y profesores de los IES)

El cuñadismo dentro de la profesión docente está en alza. Antes permanecía encerrado en las sesiones de evaluación, esos conciliábulos secretos que nos ilustraron tan bien los estudiantes del IES Berengüer Dalmau. Pero ahora ha saltado a las redes, y todas podemos ser testigos de él. Si una maestra se queja en las redes sobre una alumna, saltan 10 compañeras con el “bien, coño, bien, compañera” haciendo sugerencias de lo más variopinto. 

De esta forma, en el imaginario de la maestra media, las familias son, por definición, dejadas e ignorantes. No saben qué hacer con sus hijas, que les engañan y se encierran en sus cuartos a navegar por internet mientras ellas toman cafés con las amigas creyendo que están estudiando. 

Para la maestra cuñada, la sociedad se divide en dos grupos bien definidos: maestras y todo el resto de la población. Las familias, que por supuesto no tienen maestras entre sus miembros, no se preocupan por sus hijas y hay que forzar su asistencia a las necesarias tutorías. A pesar de tener tiempo libre a raudales, prefieren irse a hacer yoga o a merendar al centro comercial que escuchar atentamente los sabios consejos de la maestra de su hija, que es la única persona que se preocupa por su futuro. 

Las maestras cuñadas suelen dar respuestas muy parecidas cuando las familias critican el sistema educativo: 

– Señora, siento que haya tenido tan mala experiencia. 

– Seguro que eres de esas madres que superprotegen a sus hijos y les conviertes en unos inútiles.

– Señora, si su hijo es un vago en clase tendrá que llevar lo que no ha terminado para casa. 

– Las mamis meten a sus hijas a extraescolares mientras que vuelven del curro. Qué desfachatez. 

– El Whatsapp es la agenda de los niñas, y las mamás solo lo usan para criticar a la maestra. Hay que prohibirlos. 

– Finlandia bla bla bla

– Pisa bla bla bla 

– Se ha perdido el respeto y la confianza en las maestras. ¿A los médicos acaso les pides pruebas de que la prescripción va a funcionar?

– Hay que dar siempre la razón a la maestra delante de la niña, aunque no estés de acuerdo con ella (señora, sí señora)

Y así hasta el infinito. Planteamientos muy cuñados que parte de las premisas de que todas las familias son iguales, no poseen ni la más mínima noción de educación, deben estar bajo la supervisión de las maestras  y deben respetar incondicional y ciegamente al cuerpo docente. 

Cuidado, que yo no digo que no vivamos en una sociedad consumidora de televisión y comida basura que habla a los hijos y a las hijas como el del vídeo de la cabra. Que hay familias bastante cuñadas, eso es indiscutible. Y familias pobres, familias con trabajos agotadores y mal pagados, familias monoparentales, familias reconstituidas, familias intelectuales, familias de empresarias con dinero, niños y niñas sin familia. Nuestra sociedad es múltiple, y que las maestras nos trate a todas las familias siguiendo el mismo ideario no funciona nada bien. No puedes exigir a una familia que su hija lleve los materiales escolares si antes no te has informado sobre su situación económica. Ni decirle a una madre lo que tiene que hacer en casa para que su hija mejore su rendimiento si no sabes cuáles son sus circunstancias. Quizás esa madre tenga un turno de tarde y no vea a su hija hasta las 10 de la noche, cuando vuelve agotada de trabajar. O tiene una familia numerosa de la que ocuparse sin ninguna ayuda. 

Pero bueno, menos mal que todas estas cosas solo las hacen las maestras cuñadas. Lo normal es que se preocupen por conocer las circunstancias de sus alumnos y alumnas, atiendan con empatía las preocupaciones de sus familias y adapten sus prácticas docentes a las peculiaridades de cada estudiante. Como debe ser. 

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