Los vestidos de los Reyes

12507427_231838707147212_3733266983927384230_nEste año ha comenzado con toda la caterva hablando del vestido de la Pedroche. Que si era feo, que si era bonito, que si no tapaba nada, que si tapaba lo justo y necesario, que si tapaba el sitio de donde le había salido ponerse el vestido. Y así unos cuantos días. Hasta las tortugas se metieron en el debate. Y solo otros vestidos pudieron sustituir la polémica del momento: los de los Reyes Magos de la cabalgata de Madrid-Madrid. Y digo de Madrid-Madrid porque en Madrid hay muchas cabalgatas. Ya sabéis que Madrid es una ciudad con unos 7 millones de habitantes, 21 distritos y un montón de barrios. Y, por tanto, no hay una sola Cabalgata de Reyes. Aunque ya sabemos que hay clases: no es lo mismo la Cabalgata al otro lado de la M-30 que la de dentro de la circunvalación.

Manuela Carmena y los Reyes Magos en Madrid, Cabalgata 2016. Foto de eldiario.es

Si la pobre hija de Cayetana (nombre aristocrático donde los haya) Álvarez Tol hubiese sido del distrito de Usera, Puente de Vallecas y San Blas, habría visto unas Reinas vestidas en condiciones. Pero no, tenían que estar viendo la Cabalgata más cara, la más suntuosa, la que solo los niños y niñas VIP pueden ver desde sitios reservados para ellas y ellos. Este año, la hija de Cayetana se había quedado sin sitio VIP, así que no sabemos qué estaría escuchando mientras veía la Cabalgata en la televisión de plasma de su casa. Porque en mi casa, cuando vemos la televisión, no dudamos en comentar en voz alta todos los detalles ni arremeter contra el enemigo, haya o no haya niños y niñas delante: esa es la esencia de la formación política de nuestras criaturas, no lo vamos a negar.

Y claro, ver a Gaspar con ese traje rosa con detalles de pájaros amarillos y la corona de cartón tipo roscón del Corte Inglés o cumpleaños de Mc Donald debió ser un trauma para la madre Cayetana, miembro de la FAES y ex-diputada del PP, que corrió al Twitter creyendo que ese sería un buen argumento para lanzar la daga a su oponente, Manuela Carmena.

¡¡¡HIJA, ¿TE PARECE DE VERDAD ESE TRAJE?!!!

No mamá, parece la Barbie Honolulu. ¿Dónde están los Reyes? ¿DONDE ESTÁN, MAMÁ?

Y la madre, en vez de inventar una buena historia, como hemos hecho todas alguna vez, pues va y corre al Twitter. Y consigue miles de retuits y miles de notificaciones. Y cuando acaba su momento de gloria, se da cuenta que su familia ha cenado sin ella y se han acostado dejando los zapatos bajo el árbol de Navidad. ¡¡¡MALA MADRE!!! En vez de estar en lo que tienes que estar, ale, al Twitter a ver si consigues el TT.

Pero claro, hay cosas que son más fáciles de tuitear que de explicar. “Mira nena, el tío Alberto ha tenido que sustituir a Baltasar porque al pobre Rey se le desbocó el camello y se rompió una pierna.”

Claro, sí mamá. Cuéntame ahora una de vaqueros. 

Pero bueno, el caso es que todas tenemos la manía de hablar de los vestidos de las y los demás. Somos malas, muy malas. No dejamos que las que pueden luzcan todo lo que pueden lucir. Deberíamos alabar su poder posar con un vestido así delante de unas cámaras para que todas y todos nos traguemos las uvas al unísono. Y cuando un señor sale vestido de rosa, no corremos al Twitter a piar como locas. Qué doble rasero.

Pero en fin, para eso está Alfonso Rojo, para decir cómo deben ir vestidas las reinas magas. No como prostitutas de Western, desde luego. Y si son hombres, mejor que mejor.

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