LOS CALCETINES NEGROS

Cuando tus hijos se convierten en adolescentes estás en ese punto intermedio en el que no sabes si seguir preocupándote de su armario y su bolsa de equipaje o dejarles hacer para que adquieran independencia y autonomía. Pero cuando les dejas autonomía y se les olvidan los calcetines negros para el concierto, se llevan los pantalones arrugados y a última hora te dicen que los zapatos se les han quedado pequeños, el arrebato de culpabilidad es tal que que te tiras un día entero dándote golpes de pecho.

Phantom Killer toca la viola en una orquesta. En los conciertos visten de negro integral. Pero a su edad, la ropa no dura mucho, y de un concierto a otro parece haber encogido.

–Hijo, toma dinero y te compras unos zapatos negros. Y si te sobra, cómprate unos pantalones o plancha los que llevas.
— Vale mamá
Pero a media mañana te acuerdas y entras en pánico… ¡¡¡Los calcetines!!! Para el concierto anterior le compré unos calcetines negros de ejecutivo que le encantaron. “Qué suaves son estos calcetines, mamá” decía. Pero claro, como ahora se los pone a todas horas, seguro que no había subido a buscarlos al cuarto de la plancha y se habría llevado cualquier guiñapo blanco.
— Ring, Ring
— ¿Phantom Killer?
— Hola mamá Killer ¿qué pasa?
— ¿te has llevado calcetines negros?
— No, tengo unos grises.
Oh no, esos calcetines grises gordos de Carrefour. ¡¡¡No!!!!
— Dile a tu padre que te deje unos
— Vale mamá.
Pero no te fías un pelo. Así que te vas a la hora del ensayo con los calcetines negros en el bolso y te cuelas en el teatro saltándote todos los sistemas de seguridad. Phantom está situado en su lugar, rodeado de colegas, y la loca de la Killer le hace señas con la mano. 
— Ehhh Phantom, que te he traído los calcetines que te gustan. 

Phanton, situado en su lugar en la orquesta, miraba para el otro lado. Su amigo Pluma Roja le daba codazos

— Phanton, tu madre.
(Esta es la canción ideal para este momento)

— Qué pasa.
— Que te he traído los calcetines.
— Mamá, no-los-ne-ce-si-to

Y me hace un gesto para que me vaya, con la cara pálida y descompuesta.
Bueno, total, seguro que no se le ven los calcetines. Quién se va a fijar en que lleva calcetines grises — intento consolarme.
Me pongo en la cola para coger un buen sitio. De esta vez no pasa que vea a mi niño tocar. Me sitúo en tercera fila… pero lo único que alcanzo a ver es esto (se me habían olvidado las gafas y tengo algo de astigmatismo):

Bueno, al menos no divisaba ningún par de llamativos calcetines grises. Así que me relajé y disfruté del concierto.
Al salir, fui corriendo a felicitar a Phanton Killer. Entonces me di cuenta de que, en ningún momento, los calcetines habían sido un problema.

2 respuestas

  1. Y tú preocupada… 😉
    El consuelo es que podía haberse puesto unas Baltarini con la suela despegada, o cualquiera que sea su calzado más destrozado.

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