¿Lo habrá dicho por mí?

  

Ya creo que queda muy poca gente que no esté de acuerdo con que las relaciones que se entablan en las redes sociales SON relaciones reales. Y si no, pensad en las posibilidades que nos han abierto Facebook, Twitter, Tumblr, Whatsapp, Tuenti, etcétera, para conocer gente nueva y establecer desde relaciones ligeras de buenos días y buenas noches, me gusta lo que publicaste, qué guapa estás en esa foto, hasta relaciones de amistad más profundas e incluso relaciones amorosas. 

Pero lo más interesante de las relaciones en las redes sociales (RRSS) es que estamos gestando las normas implícitas que las regulan partiendo de cero. Mientras que la interacción cara a cara ya es una vieja conocida y aprendemos sus normas desde pequeños, inmersos en nuestro grupo social, las RRSS no llevan más de 10 años en nuestras vidas y la de toda la humanidad como fenómeno de masas. Por tanto, vivimos una época histórica en la que estamos gestando las normas de la interacción en redes a partir de un proceso de ensayo y error. 

La red social que más uso es el Facebook. Aunque no soy tan ingenua para creer que mi intimidad está a salvo en mi muro restringido a mi grupo selecto de contactos, sí tengo una percepción mayor de control sobre quién ve mis publicaciones. Hace tiempo decía que Facebook es como un paseo en bicicleta y Twitter como un viaje en metro en hora punta. Poco a poco he ido aprendiendo que eso no es así del todo. Yo que me creo que todo el mundo es bueno, no había pensado que las publicaciones de mi muro podían viajar convertidas en capturas de pantalla hasta el fin de la galaxia. Pero sí: la captura de pantalla existe para algo. Los rumores, en el mundo de las RRSS, van avalados por pruebas físicas y escritas del propio puño y letra. Así que aprendí la máxima: nunca publiques nada que no quieras que se lea. 

Otra cosa que he tenido que aprender en Facebook es que nuestros muros, de vez en cuando, se convierten  en un sugerente test de Rorschach. Si una de tus amigas publicó el día anterior sobre la caza del cangrejo rojo y tú, sin haber visto esa publicación, publicas algo en contra de la caza del cangrejo rojo, ten por seguro que ella va a pensar que esa publicación va por ella. Aunque tú normalmente tengas la costumbre de ir de cara y decir lo que piensas aquí y alla: da lo mismo. Tu publicación se convierte, automáticamente, en una pseudomención. Y ya no te digo nada si esa misma publicación, la del cangrejo rojo, la ve la amiga de una famosa cazadora de cangrejos rojos a la que tú conoces de oídas pero que no tienes entre tus contactos. ¡¡Una pseudomención en diferido!! Albricias. La cosa se complica. Y puede ser mucho peor si entre tus contactos hay personas que no sintonizan mucho con la cazadora de cangrejos y se lían a dar al me gusta a tu publicación. En fin: la complejidad de las redes sociales. 

Esa inocente publicación contra la caza del cangrejo rojo, que era sincera, que surgió de tu más hondo sentimiento ecologista, se convierte en una fuente de conflictos. Pueden pasar días en los que el ambiente de tus noticias se enrarece y tus contactos no dejan de compartir carteles alusivos de El Circo (Boom) y mensajes breves y crípcicos que no logras descifrar del todo pero que contienen, casualmente, las palabras cangrejo, rojo o caza. Solo queda dejar pasar la tormenta. No puedes compartir esa sensación extraña que te queda con todo esto, porque posiblemente sea todo una paranoia. Y de hecho, lo es. 

Digamos que así funciona un poco la profecía autocumplida: tú no sabes muy bien de qué va el rollo y por qué a toda la peña le ha sentado tan mal la publicación sobre el cangrejo rojo, pero después de tanta inquina, te quedan ganas de seguir publicando sobre el cangrejo rojo aunque solo sea para joder. Y además, si tienes gracia y sentido del humor, lo harás de tal forma que provoque la risa de las enemigas de la cazadora y la ira en sus amigas. 

Ahora, para rizar el rizo, tendría que decir algo sobre la disonancia cognitiva y sobre la indefensión aprendida o sobre la psiquiatría como control social, todo ello ligado a la hermeneútica, pero creo que con lo que he dicho, queda claro mi argumento: la dinámica relacional de las redes sociales está por construir, y podemos decir que somos pioneras en establecer sus normas tácitas y ponerlas a prueba. 

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