Las células

  

“¿Qué hacen las células en su tiempo libre?” Me pregunta. Me quedo pensando. Me río. Nunca me lo había planteado. Las células nunca tienen tiempo libre… O siempre, según lo mires. Se limitan a vivir, a existir, a ser. Si tienen alimento,  viven. Si no lo tienen, pues mueren. Todas son iguales, no hay competencia entre ellas, no forman lobbies. Y aunque los formen, no dejan de colaborar los unos con los otros. Por tanto, no se envidian, no se pelean, no hay guerras. ¿Cuándo dejamos de ser células y nos convertimos en seres especiales, egóticos, que queremos destacar por encima de nuestros iguales? ¿Cuándo la desigualdad se convierte en la tónica de nuestras relaciones?

Un ser compuesto de células se levanta sobre sus dos patas y echa a andar. Tiene que buscar alimento. Las células descansan tranquilas mientras el microorganismo descansa para ellas. Ese macroorganismo se siente libre, pero en realidad es el esclavo de las células que esperan tranquilamente su alimento, sin pensar, sin fatigarse; a veces se impacientan y pueden llegar a secarse o a ponerse azules. Mueren a millones algunos días. A veces incluso se revelan contra toda la porquería que introduce en el cuerpo el macroorganismo. Es entonces cuando se multiplican de forma anormalmente exagerada causando la muerte global del macro-esclavo.

Pero, por lo general, su vida es placentera (la de las células). No piensan en la muerte. Bueno, no piensan en nada, realmente.

¿Podríamos nosotros, los seres macro celulares, comportarnos como células? ¿Vivir juntos, todos iguales? ¿Alimentarnos, dormir, crecer, reproducirnos? ¿Sin racionalizar hasta el aire que respiramos? ¿Sin preguntarnos qué hacen las células en su tiempo libre?

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