LA PARENTALIDAD POSITIVA

The hidden treasure

Hoy voy a escribir sobre parentalidad positiva por petición de un amigo que se ha atrevido a sugerir el tema. Y gracias a él he sabido que en el año 2006, el Consejo de Europa hizo una serie de recomendaciones sobre las Políticas de Apoyo al Ejercicio Positivo de la Parentalidad. Vamos, que  mientras yo me acostaba a altas horas de la madrugada foreando y discutiendo con las madres naturales, intentando saber cómo se hacía eso de dar la teta y dormir por las noches cuando tienes un bebé, había un grupo de políticos que estaba mirando por mí e intentando promover políticas que me facilitasen la vida, además de programas educativos para las madres y los padres.

Pues oiga, estamos en el 2013 y no me he enterado de nada con respecto a esas políticas maravillosas. Vale que eran recomendaciones y que no había ninguna obligación de cumplirlas, pero que la cosa esté retrocediendo y vaya a peor, pues tampoco es eso. Las maestras y profesoras (femenino genérico) se quejan mucho de la falta de respeto que les tienen, lo mucho que sufren con sus maleducados estudiantes y la poca autoridad que despliegan (aún siendo autoridad pública en algunas comunidades autónomas), pero creo que las madres y los padres (sobre todo las madres) somos la institución más atacada y menos respetada de todas en esta sociedad. Y sin lugar a dudas, la primera recomendación que yo daría para potenciar la parentalidad positiva es el RESPETO de la sociedad por la función parental.

 
El fracasado modelo educativo español se ampara como excusa permanente en la supuesta mala praxis de la familia en la educación de sus hijas e hijos. Este mantra, que repiten reiteradamente los educadores profesionales y del que se hace eco la sociedad entera, ha calado tan profundo que cada vez que intentamos hacer sugerencias sobre la… ¿cómo lo llamaríamos? enseñanza positiva, nos asaltan hordas de profes bramando por la incompetencia de las familias para educar a sus vástagos. 
 
Antes de seguir por este camino voy a aclarar una cosa: defiendo la escuela pública y me parece vergonzoso el ataque al que se está viendo sometida. Pero esto no es óbice para criticar el obsoleto modelo educativo español que lleva 30 años dando tumbos repitiendo los mismos bailes con distintos vestidos.
 
Hecha esta aclaración, paso a ejemplificar algunas de las prácticas educativas negativas en las distintas etapas educativas. Estas prácticas, desde mi punto de vista, van en contra de la parentalidad positiva y denotan una gran falta de respeto por las familias. 
 
Una de las quejas permanentes de las profes de infantil y primer ciclo de primaria es que los niños y niñas hablan mucho en clase. En las reuniones con las madres (femenino genérico, jajajaja), nos lo echan en cara con actitud grave y circunspecta. Siempre me he preguntado qué esperan de nosotras a ese respecto. ¿Que llevemos al niño con un espadadrapo en la boca al colegio quizás? ¿Que no les dejemos hablar en casa? ¿Que les digamos que en el colegio solo se habla cuando pregunta la maestra? Todas ellas muy relacionadas con la parentalidad positiva, como podéis ver. (Qué suerte si te toca en gracia como maestra una madre natural, aunque no tenga hijos/as. Es la mayor bendición que te puede tocar en este país).
 
Avanzamos en el sistema educativo, y nuestras hijas e hijos ya han aprendido a estar quietos y callados (exceptuando algunos casos perdidos que se pasan el día en el despacho de la directora o, en el peor de los casos, en el pasillo). Es entonces cuando los niños comienzan a pensar por libre, a consolidar su identidad … Y a decir lo primero que se les pasa por la cabeza. Como por ejemplo “Dios no existe”. Para qué queremos más. Entonces no te llaman del colegio para echarte la reprimenda por las ideas de tu hija, pero le montan al niño una trifulca de tres pares de narices que le hace llegar a casa diciendo: “Mamá, hay cosas que no se pueden decir.” Y te dan ganas  de ir a discutir y argumentar sobre el problema, que es un problema de conciencia en el que un adulto está ejerciendo su superioridad jerárquica sobre un niño que tiene ideas distintas a las suyas, pero sabes que entre las familias y la escuela hay un muro infranqueable.
 
Y llegamos al instituto. Qué bello el instituto, con sus PCPI, los de “diver” y las aulas de reclusión, digo de convivencia (qué pedazo de eufemismo). Ah, y se me olvidan los ACNEE, de los que he oído hablar en muchos tonos, ninguno respetuoso. ¿Formaría parte de una parentalidad positiva que etiquetásemos a nuestros hijos de forma similar? ¿Que les aplicásemos siglas y les segregásemos según sus capacidades o características de personalidad? Seguro que estáis pensando “pero detrás de esas siglas hay medidas educativas que favorecen a esos niños”… ¿estáis seguras? Yo soy más partidaria de una educación inclusiva (concepto diferente al de integración, más profundo, más comprometido), en la que los niños y las niñas no son segregados, sino que son educados en comunidad.

¡¡¡Qué difícil!!! diréis. Pues sí, tal y como está concebido el sistema educativo actual y la formación del profesorado es una misión imposible. Pero vosotras ¿educáis por separado a vuestros hijos e hijas por el hecho de ser diferentes unos de otros? No ¿verdad? Pues eso forma parte de la parentalidad positiva y de la educación sin violencia. Mis hijos, que son de los considerados con un “desarrollo típico”, manifiestan la incomodidad que les produce la segregación en las aulas. Un día, Phantom Killer tuvo un desliz en un examen y sacó un cuatrillo. Llegó a casa muy preocupado, preguntando si le iban a meter con los de PCPI. En ese momento me entró un arrebato Killer y me dieron ganas de ir al instituto a preguntar qué había visto mi hijo que le hacía formular esas preguntas. Pero qué voy a saber yo, una pobre madre ignorante. “Cállese señora, que nosotros, educadores expertos, le vamos a enseñar cómo adoptar una parentalidad positiva.”

Vale David, como al final he llevado el tema por donde yo he querido, voy a terminar comentando el decálogo de parentalidad positiva con adolescentes que nos sugiere ADOLESCENTESDOSPUNTOCERO.

1. Tendrás una visión positiva de la adolescencia….y de tu hijo o hija. Vale, lo intentaré. Pero a cambio, que ellos no me llamen vieja carca y conservadora.

2. Conocerás sus necesidades. Ya no es el niño o niña de hace unos años. Vale, si conocerlas no implica satisfacerlas siempre, estoy de acuerdo. Ya he pasado por lo del vegetarianismo y por lo de ser hacker, creo que es suficiente.Además, con los recortes en el sueldo, las necesidades adolescentes deben irse reduciendo.

3. Establecerás límites claros. Las normas y límites claros son fundamentales, sobre todo al comienzo de la adolescencia, para evitar que se sientan perdidos y desorientados y para que no desarrollen problemas de conducta. ¿Límites claros? Es fácil poner límites a la mala conducta, pero muy difícil poner límites claros para conductas que, sin ser malas, son incómodas: que no te hablen, que no te cuenten, que te suelten frescas irónicas a todas horas. Pero bueno, lo intentaremos, no vaya a ser que desarrollen problemas de conducta. Prefiero desarrollarlos yo.

4. Conocerás a tu hijo o hija. Haz todo lo posible por conocer sus aficiones, sus amigos y sus actividades. Siempre me he imaginado con unas gafas de sol y una gabardina yendo al lugar donde hacen botellón los jóvenes springfilianos. Pero ¿de verdad es necesario? Prefiero prohibirles ir de botellón.

5. No serás autoritario. Hay muchas formas de controlar y hacerse respetar sin recurrir a la imposición unilateral. Uy… ¿eso vale para los educadores además de para las madres y los padres? Porque digo yo que el autoritarismo será malo en esencia. En todo caso, hay ocasiones en las que hay que recurrir a la imposición unilateral, os lo aseguro.

6. No evitarás los conflictos. La adolescencia es una etapa en la que suele aumentar la conflictividad parento-filial. Vale, eso es fácil.

7. Lo/a dejarás crecer. Muchos padres y madres tienden a intervenir y presionar demasiado a sus hijos para que se comporten o piensen de una demasiada manera. Ok… yo les dejo crecer. Pero ¿se me permite educar en algún momento? No se trata de presionar, pero intervenir es algo inevitable, yo tengo mis propias ideas y tendré derecho a expresarme, digo yo.

8. Te comunicarás con él o ella. Aprende a escuchar, deja a un lado lo que estés haciendo y mírale a los ojos cuando te hable. También estoy de acuerdo. Pero ¿eso no debería ser mutuo? Yo el problemilla que tengo a veces es que me gustaría comunicarme y están demasiado ocupados para atenderme. Y cuando yo estoy haciendo algo es cuando les dan las ansias de comunicación. Un poco asimétrico.

9. No insultarás ni ridiculizarás. Este punto me parece básico y fundamental. Espero que se me corresponda con la misma moneda, chic@s.

10. Lo/a amarás. Este punto debería ir el primero y es sobre el que menos dudas me surgen.

 

2 respuestas

  1. Muy buena tu exposición, creo que no te has dejado nada en el tintero, es un tema tan complejo que has sabido darle la mezcla perfecta de teoría con su perfecta correspondencia de pragmátismo, fenómenal, abarcando todos los puntos, creo que cada parte de la comunidad tiene que aprender de las otras, poco a poco, trazando objetivos cumplibles, conjuntamente, se cree un clima, de compresión, de afecto de unos a otros, y lo que resume todo,es dejar de mirarnos el ombligo.

  2. Me alegra que te haya gustado, Fernando. Sí, lo ideal sería que de verdad fuesemos una comunidad. El hecho de que a alguien se le haya ocurrido sacar una ley de la autoridad del profesorado denota una gran falta de respeto no solo para las familias, también para los docentes. Pero siempre hay a quien le gusta tener poder sobre los demás: la educación así es una patata.

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