La mala educación en la escuela

Cuando mi hijo y mi hija eran pequeños, tenía mucho cuidado con las cosas que veían en televisión, bajo el convencimiento de que la desensibilización a la violencia cumple un papel fundamental a la hora de diseñar ciudadanos insensibles y poco reactivos. No quería que diesen por normal los disparos, las peleas, los insultos y los golpes tan comunes en series, películas y dibujos animados. Así que crecieron con un control bastante cuidadoso de lo que veían, y usando muy poco la tele. 

Sin embargo, la escuela no me lo puso fácil. En las aulas no había pizarras digitales, y si había ordenador lo usaban para tener entretenidos a los niños y niñas los días de lluvia y en esas horas en las que no sabían que hacer. Y les ponían películas. Un día, mi hijo de 4 años me dijo que no podía dormir. Que había visto una película muy fea en el colegio. Indagando, me enteré de que les habían puesto Spiderman, una película no autorizada para menores de 12 años. Fui al colegio a protestar. No es normal que yo esté cuidando la educación de mis hijos en casa y me echen a perder el trabajo hecho en la escuela. 

Como esta, podría contar otras tantas anécdotas. Un día, la maestra de tercero de primaria le pidió a mi hija que escribiese una lista de 5 palabras (no recuerdo el objetivo). Mi hija escribió, entre otras, ipso facto (lo escribió todo junto, ipsofacto). Era una palabra que le oía mucho a su padre (podéis reíros, sí, yo también lo hacía) y para ella era una palabra habitual. Pues bien, la maestra se la tachó sin mediar palabra, y ella llegó muy enfadada y frustrada con ese asunto. ¿No hubiese sido mejor hablar sobre esa palabra (que por otra parte, es una expresión bastante culta) que tachar sin más la producción de la niña? En fin, cosas de maestras… 

Otra cosa que me ha costado mucho erradicar de los hábitos adquiridos en la escuela por mis hijos ha sido el de la copia y el resumen. Trabajaban la poesía copiando poesías, trabajaban la narración resumiendo cuentos del libro de texto, y así sucesivamente. Y luego nos extrañamos de que el plagio esté a la orden del día entre los estudiantes universitarios, que los de secundaria no sepan escribir y que incluso los rectores españoles usen el copy-paste para elaborar sus textos. Para aprender a escribir hay que crear textos propios, no copiar los ajenos. Y para estudiar no hace falta resumir copiando párrafos: los esquemas y los mapas conceptuales han probado ser mucho más eficaces para almacenar conjuntos de información compleja. 

En cuanto al acoso escolar, tema que está produciendo una gran alarma social en los últimos tiempos, he de decir que ha habido profesores y profesoras de mis hijos, tanto de primaria como de secundaria, que no han contribuido de la manera más eficaz posible a su erradicación. No han sido ni uno, ni dos ni tres los que han insultado a sus estudiantes menos aventajados en clase, diciéndoles cosas del tipo “eres penoso”, “nunca llegarás a nada en la vida” y cosas por el estilo. Por eso, cuando me hablan del método ese que usan en Finlandia para erradicar el acoso escolar, que consiste en centrarse en los testigos del acoso, pienso que nuestro sistema, una vez más, está a años luz del de Finlandia (sí, aunque os fastidie que lo digamos y lo repitamos hasta la saciedad). Aquí deberíamos empezar por que los profesores tratasen con respeto a sus estudiantes, que no es poco. 

En definitiva, cuando Elvira Lindo dice que los deberes los tenemos que hacer todos, la sociedad y el sistema educativo, discrepo. Sí, señora periodista. Discrepo porque el sistema educativo debe mejorar la sociedad, no compararse con ella. No es lo mismo exigir a las familias que mejoren la educación de sus hijos e hijas que exigírselo al sistema educativo, un sistema que se supone está compuesto por profesionales al servicio del estado. Por último, le rogaría que cuando escriba sobre educación, como periodista y profesional que es, además de esmerarse por dotar de estructura y legibilidad a sus artículos, piense en las consecuencias y efectos de lo que escribe. Sus lectores y lectoras se lo agradecerán. 

2 respuestas

  1. Me da miedo que la niña crezca y me vea obligado a llevarla a la escuela. Ojalá de aqui a allá logremos darle un revolcón a la vida y jugarnola por la educación en casa, o por que no la vida nos sorprenda y ella se goze una escuela maravillosa con profesores y compañeros super!!!!

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