La gentrificación de la escuela pública

Se habla de gentrificación (del inglés, gentrification) cuando se observa un “proceso de transformación urbana en el que la población pobre original de un sector o barrio deteriorado y paupérrimo es desplazada, ya sea por venta, embargo, confiscación o expulsión por la policía, por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva arquitectónicamente dicho sector por la inversión privada.” (Wikipedia)

Haciendo un paralelismo, podemos hacer una reflexión similar en cuanto algunas escuelas públicas. Durante la transición, el derecho a la educación y la apertura de la universidad a las clases menos acomodadas ha tenido como consecuencia la llegada a las aulas de las escuelas públicas de niños y niñas que provienen de familias con un nivel de formación más elevado a lo que estaba acostumbrada la institución escolar. Por otra parte, la apertura de la sociedad del conocimiento de manera universal a través de Internet hace que la población esté cada vez mejor informada y más implicada en la vida comunitaria. 

La mujer humilde y andrajosa que iba a disculparse con el maestro por el mal comportamiento de su hijo y le llevaba una manzana para tenerle contento ya forma parte solo de una memoria histórica que nada tiene que ver con la dinámica social actual. La escuela pública se ha gentrificación de maneras diversas. El nivel de vida de la población ha aumentado y aunque no se puede negar el impacto de la inmigración y la marginación en algunas zonas de las grandes ciudades, principalmente, nada tiene que ver la población que acudía a la escuela pública de antaño con la actual. 

Por otra parte, hay una parte de la población que, teniendo un nivel sociocultural y adquisitivo alto, llevan a sus hijos e hijas a la pública. Por convencimiento, por coherencia, porque hay una creencia en que la educación debe ser de calidad para todas y todos y rechazan la existencia de ghettos escolares para las familias que se lo pueden permitir. Y esto es bueno, evidentemente: los colegios se diversifican, no se establecen diferencias entre educación para ricos y educación para pobres  y la escuela se convierte en un sitio más democrático y que promueve la verdadera igualdad. 

Pero ¿está la escuela pública preparada para esta gentrificación? La llegada de familias más preparadas a la escuela pública, familias acostumbradas a defender sus derechos y a implicarse en la educación de sus hijos e hijas, ha supuesto un revulsivo para la escuela. La institución no estaba acostumbrada a que se cuestionasen sus prácticas, a que se exigiese transparencia, a que sean las familias las que hablen de calidad educativa y lo hagan desde el conocimiento de los procesos pedagógicos. La maestra de rebequita y cuaderno Rubio está impactada por la cantidad de reproches que le llegan por seguir usando esos métodos caducos y esas maneras trasnochadas con sus pequeños y pequeñas alumnas. Y se siente apabullada por la actitud de las familias cuando intenta imponer sus puntos de vista y su moral educativa del “la letra con sangre entra”.

La gentrificación de la escuela es, sin duda, uno de los motores de la renovación pedagógica. La escuela no puede ir por detrás de la población. Una institución educativa debe ir marcando el paso, y eso hace muchos años que no sucede con la escuela española, que se ha quedado obsoleta. Y hasta que no entendamos que no es una cuestión de leyes, sino una cuestión de buenas prácticas en las aulas, una cuestión de valores y creencias sobre la educación y el aprendizaje y una cuestión de ir al corazón de lo que significa aprender y enseñar, la cosa seguirá igual. 

Desterremos de una vez a la maestra autoritaria y al aprendizaje por repetición. Hace ya casi 20 años que la LOGSE intentó introducir el constructivismo en las aulas. No lo consiguió. Mientras, los países occidentales hicieron su camino y ya llevan aplicándolo toda una vida. Y aquí seguimos con los métodos de antaño, exceptuando algunas islas de práctica “innovadora” que no pueden llevar sobre sus espaldas todo el carro del progreso. Necesitamos una apisonadora y aire nuevo para seguir confiando en la pública. 

Por otra parte, debo aclarar que la gentrificación de la pública no implica, como la urbanística, la expulsión de la población marginal a otros lares. Se trata de un proceso de mezcla, de convivencia en los mismos términos, de apoyo y enriquecimiento mutuos, de formación en pensamiento comunitario. Toda la población se responsabiliza de su bienestar y se forma en solidaridad y diversidad. Y la escuela aprende a ser un espacio para una comunidad diversa y que progresa junta. Bonito, pero imposible sin una formación en valores de todos y todas. 

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