La escuela decimonónica

maestroYa sé que he escrito mucho sobre esto, pero no me cansaré de hacerlo nunca, pues año tras año son muchas las niñas y los niños que sufren en sus carnes las visiones decimonónicas de la educación, el aprendizaje y el desarrollo que tienen muchos y muchas de sus maestras. Que sí, que de acuerdo, no todas, no todos. Pero sí un número suficiente para que lo notemos y para que sea un clamor en muchos foros en los que nos damos cita familias de niñas y niños en edad escolar.

En las reuniones de principio de curso, muchas hemos tenido que soportar a personas con aires de autoridad decirnos lo que tenemos que hacer en NUESTRAS casas. No son sugerencias ni recomendaciones, son imposiciones, como que nuestras hijas e hijos tienen que hacer deberes un mínimo de 2 horas al día fuera del periodo lectivo. Suponen que es necesario y beneficioso para cualquier niño o niña estar 2 horas haciendo deberes repetitivos, copiando enunciados de los libros de texto y resolviendo ejercicios absurdos que no tienen ninguna aplicación en la vida real. Y nos imponen una actividad ajena a nuestra vida familiar.

Enseñan a nuestros hijos e hijas que el conocimiento adquirido se premia con un número que va del 0 al 10. Ignoran así todo principio de evaluación formativa y eluden su propia responsabilidad en los resultados de aprendizaje de sus estudiantes. Sin olvidar que hay muchísimas familias luchando encarnizadamente por que se reconozca la dificultad de aprendizaje de sus hijos e hijas y se aplique una intervención educativa adecuada a estas formas peculiares de aprender.

Es indignante la cantidad de maestras y maestros que ignoran lo que son y cómo se interviene educativamente en una dislexia, un TDHA o una discalculia, por poner algunos de los ejemplos más sangrantes. Y es muy indignante cuando una familia acude al colegio para tratar el tema de las dificultades del niño o la niña y tardan meses o incluso años en obtener una respuesta y una actuación eficaz en las aulas. Lo peor de todo es la cantidad de veces que estos niños tienen que cargar con las etiquetas de vago y gandul antes de ponerse a trabajar en las adaptaciones curriculares pertinentes.escuelaEnseñar no es introducir información en las cabezas y luego asignar un número a cada alumno/a. La colaboración de las familias no consiste en que éstas se conviertan en los esbirros del maestro y estén con el látigo en casa haciendo que los niños refuercen su conocimiento como si fuese un zapato. Y aprender no es asimilar un puñado de temas de los libros de texto al uso y realizar muchos ejercicios para automatizar los procedimientos. No.

El conocimiento es algo vivo, que se usa para conseguir cosas en la vida real, para crear, para ir más allá de lo ya dicho. En la vida real está penado copiar y no se hacen dictados. Por eso, cuando salimos del sistema educativo nos damos cuenta de todo lo que nos hemos perdido y de todo lo que no hemos aprendido.

Por favor, maestras y maestros, dejen de decir sandeces. Dejen de quejarse de que tienen 45 minutos por asignatura y que, como no tienen tiempo de embutir todos los datos en las cabezas de sus alumnos, tienen que mandarles deberes. Dejen de hablar de reforzar, de hábitos de estudio, de resumir, de hacer esquemas, de copiar enunciados y demás tonterías. Eso solo pasa dentro del aula. Lo único que están aprendiendo nuestros hijos en las aulas es a ser buenos alumnos. La escuela se ha fagocitado a sí misma y no encuentra un sitio en la sociedad. Mientras fuera corremos, la escuela se ha quedado congelada en el siglo XIX y o corre mucho o no nos alcanzará en la vida.

Relájense y respiren. Hagan lo papeles que tengan que hacer para la administración, pero cuando lleguen al aula recuerden que lo que tienen allí son seres humanos en proceso de formación con una historia familiar y personal y no unas serie de bidones vacíos para llenar de información. Ese simple gesto mejoraría infinitamente la labor que realizan día a día en las aulas. Puede ser que los niños no lleguen a final de trimestre sabiendo calcular raíces cuadradas, pero hay tantas cosas que nos dejamos por el camino, como enseñar el valor y la utilidad de las matemáticas (más allá de que no nos sisen en la compra), descubrir el carácter matemático de todo lo que nos rodea, hablar sobre los números y por qué existen, que ese objetivo curricular se nos que da corto y desfasado.

La rigidez del XIX tiene que quedar en el olvido. Estamos en el XXI. El mundo ha cambiado a una velocidad vertiginosa en los últimos años. La escuela se ha quedado estancada, y es urgente que salga de su letargo y deje de protestar y victimizarse porque la sociedad reclame un cambio que ya es muy urgente.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.