LA ENTRADA DE ESCARLATA

Muchas veces me pregunto si nuestro concepto de familia va a sobrevivir al siglo XXI. Parece que, tal y como se están desarrollando las cosas, nuestra forma de ver las relaciones amorosas, la maternidad y el matrimonio se están quedando obsoletas. Nuestras madres, en términos generales se casaron jóvenes con su primer novio y pronto tuvieron hijos. Mantuvieron la relación a costa de todo y fueron sufridas amas de casa, además de profesionales y trabajadoras. ¿Se preocuparon alguna vez por su felicidad? Lo ignoro, yo sólo las veía intentando sobrevivir al desamor y a la rutina, a las desgracias que trae la vida y a los años.
El otro día recordaba mi afición a “Lo que el viento se llevó” Mí identificación con Escarlata O`Hara era absoluta: una mujer luchadora que persiste para conseguir lo que quiere, que sale adelante sola, pero que se enamora de la persona equivocada. La osadía de Escarlata de ser una mujer libre e independiente, de escuchar a su corazón, de no convertirse en la esposa convencional de Rhett Butler, de seguir creyendo en el amor de Ashley hasta que descubre su cobardía, le hacen caer en desgracia. Nunca entendí porqué Rhett abandona a Escarlata. Él la persigue hasta la extenuación a pesar de sus negativas. Ella siempre es sincera. Está claro que la muerte de Bonnie Blue es demoledora para la pareja pero ¿Se merece Escarlata tantos reproches y, finalmente, el abandono? En una sociedad victoriana sí, por supuesto. Escarlata comete muchos pecados a los ojos de sus conciudadanos.

Me pregunto si han cambiado muchas cosas en nuestra época. La Escarlata original, la del libro, se casó tres veces, la última con su Rhett, tuvo tres hijos de tres hombres distintos (sus tres maridos) y tenía independencia economía para subsistir por sí misma. Desde luego no era una mujer convencional, ni entonces, en su época, ni ahora en la nuestra. Sin embargo creo que existe una diferencia importante entre ayer y hoy y es el papel que juegan los hijos en la historia. En la película desaparecen Wade y Ella, los hijos mayores de Escarlata y fruto de sus dos primeros matrimonios. Escarlata no se separa de sus maridos, se queda viuda (la separación sería algo gravísimo en los años 30 incluso para ella). Creo que si la historia se hubiese ambientado en la época actual, el juicio a Escarlata hubiese sido mucho más duro y su vida mucho más difícil. Escarlata se queda sola por no saber discernir entre el verdadero amor y un capricho de juventud. En la vida real las cosas suelen ser más complicadas.

La Escarlata del siglo XXI no deja a sus hijos al cuidado de una esclava negra. Asume su responsabilidad como madre y no tiene tiempo para ir a comprar finas telas a Atlanta ni dinero para pagar a alguien le cosa sus vestidos. Lleva a sus hijos al colegio y al instituto y tiene que conciliar  su vida familiar y laboral como buenamente pueda. Se busca la vida para preparar disfraces y fiestas de cumpleaños, ayuda con deberes, prepara comidas, merienda y cenas, compra la ropa de temporada y etcétera etcétera. Y después de todo esto, tiene que aguantar las miradas displicentes y los comentarios insidiosos de cualquier don nadie por estar separada de los padres de sus hijos.

Pero Escarlata entra en la fiesta con mirada orgullosa y la ceja levantada. Ha conseguido en la vida muchas más cosas que cualquiera de esos don nadie o doña nadie que la critican a sus espaldas. No tiene que permanecer atada a una relación fracasada y languidecer en el desamor. A dios pongo por testigo que  Escarlata O’Hara nunca tendrá que dar explicaciones sobre su vida a ningún ciudadano recto y bienpensante.

4 respuestas

  1. Siempre se juzgará, y cualquier cosa que se salga de lo convencional, se lo persigue o se lo mira de manera extraña. Yo tampoco es que sea muy convencional, así que en la crianza de mi hija, que acaba de empezar, supongo que me lloverán desaprobaciones varias (ya las hay, pero me da igual). Como tengo experiencia en esas lides (lo poco convencional), espero que me siga resbalando de la misma manera.

  2. Las Escarlatas van dando caña a las personas mediocres que se atreven a opinar cuando no les preguntan. Y lo único que aportan esas personillas es el gusto que se da Escarlata de darles en las narices con su estilo y su saber estar. ¡Abajo la mediocridad!

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