LA EDUCACIÓN SEXUAL Y AFECTIVA

 

El otro día por casualidad vimos la película del director italiano Luca Guadagnino, Melissa P. La película está “inspirada libremente” en la novela los 100 golpes, de la propia Melisa P., una adolescente italiana que publicó su diario novelado allá por el año 2004. La novela sorprendió por su erotismo rayando en la pornografía, aderezado todo ello por la edad de la protagonista, 15 años. De todas las crónicas que he leído, no he encontrado ni una sola vez la palabra “abuso”, y eso me preocupa. Es cierto que el la película todos los encuentros sexuales de Melissa son consentidos. Sin embargo, la inocencia de la chica en estos primeros encuentros, unida a la maldad y picardía que despliegan sus compañeros sexuales masculinos, mayores que ella siempre, no deja lugar a dudas.

El primer contacto sexual de Melissa es una felación a un compañero de instituto. Él le pregunta si le quiere besar y ella contesta que sí, con expresión arrobada. Entonces él se saca el miembro y le dice “bésame la polla, otro día me besarás los labios si te portas bien.” Sinceramente, no me gustaría que la sexualidad de mi hija y mi hijo adolescentes pasase por esos caminos, no por el sexo oral, obviamente, sino por el tipo de relación que se establece en esta escena entre hombre y mujer, dominador y dominada, humillador y humillada. La chica le chupa el pene. El chico disfruta y luego se va dejándola con el semen en la boca. ¿Has tenido un orgasmo? Le pregunta su amiga Manuela. No, por su puesto que no. Lo importante aquí es que él disfrute, el placer de ella queda en segundo lugar.

La educación sexual que promueve nuestra sociedad de forma mayoritaria tiene que ver con la prevención de embarazos no deseados y de enfermedades venéreas por el uso de métodos anticonceptivos.  Sin embargo, rara vez se habla (y cuando se hace, se convierte en un escándalo) de la parte afectiva de las relaciones. Se explica cómo tener sexo para que no pase nada malo en el plano físico, pero poco se dice sobre los sentimientos que se generan en una relación sexual, de las implicaciones afectivas de dichas relaciones y en su función más allá del plano reproductivo. Poco se habla del respeto mútuo que es deseable mantener en las mismas y del placer recíproco que pueden proporcionar.

No es de recibo que las estadísticas en nuestro país alcancen una cifra de casi el 50% de mujeres con anorgasmia. Masters y Johnson, matrimonio de psicólogos pionéros en el estudio de la respuesta sexual humana afirmaban que el 70 % de las mujeres eran incapaces de tener orgasmos durante el coito. Shere Hite criticó estos resultados, planteando que estos autores habían obviado la importancia de la estimulación clitoridiana en la mujer para alcanzar el orgasmo, dando por supuesto que la única forma válida para alcanzarlo era la penetración. El desconocimiento de la sexualidd femenina y su supeditación al placer masculino todavía son la causa de que miles de mujeres no sean capaces de disfrutar plenamente de su sexualidad.

Pero más grave si cabe que la dificultad de la mujer para obtener placer en sus encuentros sexuales, es el tipo de relaciones sentimentales que se establecen a partir de estos encuentros abusivos y humillantes. La educación sexual va mucho más allá de la prevención de embarazos no deseados. Implica también una educacion en el respeto del propio cuerpo y del ajeno, un respeto por la persona que nos ofrece su intimidad y a la que perminimos penetrar en la nuestra. No creo que el cariño y la ternura sean ajenos a la relación sexual o que se puedan separar de esta. Incluso en los encuentros esporádicos.

Por eso creo que la educación sexual y afectiva es una piedra angular de la que no debemos privar a nuestros hijos e hijas, y que debe comenzar muy pronto. No es algo que haya que postergar a la adolescencia: criar a nuestros hijos e hijas valorando la igualdad, enseñarles la importancia del respeto en la pareja dándoles ejemplo y reflexionando sobre nuestras propias relaciones, enseñarles a valorar su cuerpo no coartando su búsqueda de placer, respondiendo sin tapujos sus preguntas, hablar de sexo como algo natural y valioso, no como algo prohibido y pecaminoso. También es importante enseñarles a distinguir entre una relación sana y una relación abusiva, ofreciéndoles recursos para que sepan, llegado el momento, tomar la decisión adecuada.

Todo esto no es nada fácil en una sociedad en crisis, pero estoy segura de que la crianza y la educación forman parte indispensable del plan para crear entre todas y todos una sociedad más sana.

2 respuestas

  1. Totalmente de acuerdo, Cecilia. La “buena” educación sexual y afectiva incorpora no sólo la prevención de la ITS y de embarazos no deseados, sino también aspectos como la autoestima, el respeto propio y hacia la otra persona y la toma de decisiones.
    En mi experiencia, me encuentro con muchas chicas y también chicos que les cuesta “decir no” a una relación abusiva, a una conducta sexual no deseada y que confunden el amor de pareja con la dependencia emocional.
    Y otro apunte, comentas sobre los y las jóvenes, pero tampoco debemos olvidar la educación sexual y afectiva continua que las personas adultas deberíamos incorporar, porque mucha de estas personas son las que transmiten estos conceptos a sus hijos, hijas y jóvenes de su entorno. Te dejo una entrada en un blog en el que colaboro sobre el tema: http://sexoblogia.com/informacion-y-educacion-sexual-continua
    Saludos!!!

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