FIN DE SEMANA DE CINE: LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI Y NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES

 

No voy a ocultar que siempre he sentido cierta ambivalencia por Álex de la Iglesia. No soy muy aficionada al humor delirante y el humor negro lo prefiero en dosis pequeñas. Aún así, hay que reconocer que sus películas nunca me han dejado indiferente. Las brujas de Zugarramundi tampoco lo ha hecho. Vale, confieso que he reído, pero Álex, ¿era necesario vomitar todos los estereotipos machinazis en solo 112 minutos? Creo que, en los tiempos que corren, en los que es tan necesario promover la paz social en las rupturas de parejas con hijos e hijas de por medio, está de más una oda a la maldad de las mujeres y la estulticia de los hombres, con niño entregado al sacrificio incluido.

En todas las críticas que he leído, la gente alaba la primera parte de la película, esa delirante huida en taxi por las calles de Madrid que acaba en Zugarramundi, tierra de Brujas. Sin embargo, no he visto ninguna reseña que profundice en el meollo del asunto: una pareja divorciada, un niño al que su padre lleva a un atraco a mano armada pero es un buenazo que se preocupa por su hijo y su madre, una histérica que lo único que quiere es destrozar la vida a su ex-marido a costa de sacrificar al niño. Dos coches siguen al taxi que huye:  la ex-mujer, haciendo uso del localizador del móvil (herramienta genuina de las mujeres locas por controlar a sus maridos) y una pareja de policías que siguen a la mujer.

Cuando llegan a Zugarramundi, les espera un aquelarre de brujas de lo más nutrido. Una de ellas, joven y guapa, se prenda del papá de la criatura (Hugo Silva) rechazando al chaval descerebrado
que encarna Mario Casas. Ahí, el guión deja claro que la que elige es la mujer, detecta su presa y se dispone a engullirla (en el más literal sentido de la palabra). Para más Inri, Carolina Bang es la novia de Álex de la Iglesia en la vida real, separado y con dos hijas. Esto hace que la película nos haga sospechar cierto toque autobiográfico, aunque por su puesto no lo puedo asegurar, ya que la vida del director bilbaíno no es de las que se prodigan en el Sálvame Deluxe. El caso es que la bruja joven se encapricha del papá del niño y traiciona a su aquelarre para comenzar una relación con él.

Eva insulta al aquelarre enamorándose de Hugo, pero sigue siendo una bruja. Es magistral el dialogo en el que acusa al pobre hombre de ser un egoísta y un cobarde que prefiere a sus amigos y a su hijo que a ella (mientras los amigos arden en una hoguera y el niño es engullido por un monstruo en forma de Venus de la fertilidad). Esa rabieta nos refleja a todas las brujas posesivas que queremos acaparar la vida de nuestras parejas por completo y quitarles su libertad. ¡¡PERO QUÉ BRUJAS SOMOS!!Bueno, no os voy a destripar más la película, por si no la habéis visto. El final es de traca y me trajo a la memoria el Club de las Segundas Esposas. En definitiva: si os queréis reír, quitaos las gafas de género (como dice mi amiga Chusa) cuando vayáis a verla.

En contraposición está la película del mexicano Eugenio Dérbez, No se aceptan devoluciones, nos acerca a una temática muy parecida en lo que viene siendo una comedia lacrimógena ligera y divertida, pero de la que se pueden sacar algunas conclusiones sencillas. Digamos que, frente a lo enrevesado de Las Brujas, Dérbez va de frente: un solterón empedernido, vago, promiscuo y con miedo al compromiso, puede convertirse en un excelente padre por amor. No creo que Dérbez ataque diréctamente a las mujeres en esta cinta, ya que el caso de Julie, la madre de Maggie (rubia bilingüe de 7 años encarnada por Loreto Peralta, que hace un bonito papel) es un caso aislado muy poco común que evoca la ya clásica Tres solteros y un biberón: la madre que, tras una aventura esporádica, queda embarazada y le lleva el bebé al padre para seguir su vida de soltera.

En fin, que la película de Dérbez está siendo un éxito en taquilla (todavía no hay fecha de estreno en España) con una trama más bien sencilla (aunque plagada de sorpresas) y sin buscarse enemigos entre las mujeres. Por eso digo y repito…. ÁLEX, ¿ERA NECESARIO?

3 respuestas

  1. Yo no la he visto, pero viendo lo que pasa en Euskadi, que las mujeres son las que llevan los pantalones, otras son lesbianas, y luego en el Vaya Semanita hacen gracientas con lo de “Aquí no hay quien folle”, pues lo que pasa es que a los vascos (macho) les debe costar echarse novia, no se. Pero le voy a aplicar la frase que dice aveces Juan: “Critica menos y folla más”. Jajajaja.

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