EL SERVICIO DOMÉSTICO

Mary Poppins
Mary Poppins

Esta entrada es un homenaje a esas mujeres sin las que nuestra vida sería mucho más difícil.

“- Yo en el 93 he trabajado en La Moraleja y ahí he tenido la humillación más grande de mi vida, que no la puedo olvidar. Al llegar ahí la señora me dice que por qué las filipinas exigimos sueldos si en nuestro país se mueren de hambre y allí las profesionales ganan sólo 10.000 pesetas al mes. Pero yo le digo que yo vivo en España y para pagar ese precio tiene que ser alguien que viva allá. Bueno, esta señora me engañó durante mucho tiempo, dijo que estaba tramitando mis papeles y resulta que los tenía en su tocador. Cuando me enteré me fui de su casa y resulta que estaba ilegal, ¡después de veinte años en España!.” (Fragmento de entrevista tomada de este estudio del colectivo Ioe)

Siempre relegado al ámbito de lo privado, el trabajo doméstico ha sido responsabilidad de la mujer. Cuando, en el primer mundo, algunas mujeres hemos ocupado una posición en el ámbito público, el ámbito privado ha quedado desierto, a veces por la falta real de co-responsabilidad con nuestras parejas, otras veces simplemente porque la carga laboral nos deja a los dos fundidos para ocuparnos de las tareas del hogar. Por eso, muchos hogares tienen que acudir a los servicios de mujeres que vienen a nuestras casas a ocuparse de estas tareas y a cuidar de nuestros hijos (dejamos a un lado las familias pudientes que, históricamente, han tenido personas a su servicio toda la vida).

Las mujeres que trabajan en nuestras casas han heredado la carga de desprestigio que conlleva el trabajo doméstico. Así, tenemos una cantidad de términos despectivos para referirnos a estas trabajadoras que, a lo largo de las décadas, se han mantenido con más o menos éxito: criada, chacha, fregona, sirvienta, etc (el de Miss solo lo he escuchado recientemente). Son muchos los estudios que exploran la situación de discriminación y desprecio que sufren en su lugar de trabajo. Lo que no debía ser otra cosa que una relación laboral se convierte en una relación de superioridad-inferioridad que es más típica de las situaciones de esclavitud que de una relación empleador-empleado.

Estas mujeres me/nos han ayudado a sostener mi hogar en distintas ocasiones. Han cuidado de mis hijos e hija, han planchado nuestra ropa, han ordenado nuestro desorden, han hecho nuestras camas. La confianza y el respeto mutuo es imprescindible cuando una persona entra en tu casa a trabajar y realizar las tareas que tú no puedes asumir. Entran en tu espacio privado, sostienen a tus criaturas, les visten, les cuidan y les dan de comer.  Además de trabajo hay, en muchas ocasiones, cariño. Por eso, cada vez que oigo o leo a alguien hablando de una mujer empleada del hogar en términos despectivos, humorísticos o denigrantes, me siento mal. Por mucho humor y sarcasmo que alegue la persona que hace la gracia, me siento y me sienta fatal. Creo que nadie tiene que aguantar ese trato, ni por delante, ni por detrás.

Mujeres, trabajadoras, eficientes o no, como cualquier trabajador o trabajadora, merecen, como todas las personas lo merecemos, RESPETO. Yo quiero darles las gracias por estar ahí cuando las he necesitado, que aunque el trabajo sea remunerado, y como dice una de las piezas de nuestro rico refranero, “es de bien nacidos ser agradecido.”

 

 

10 respuestas

  1. Es que nadie tiene que dar las gracias por trabajar, porque es un intercambio. Si nosotras les pagamos, ellas hacen que no nos coma la mierda.
    De todas formas, yo no tengo muy buena experiencia con el servicio doméstico. Me han robado de todo, creado problemas, desesperado… Llegué a tener 7 personas de servicio, aunque suene muy pretencioso, pero fue contra mi voluntad. Para mí era un castigo porque perdí mi intimidad y además la mayoría de ellos, como te digo, no me dieron buen resultado. Mi pareja de entonces no estaba dispuesto a prescindir de ellos y esa fue una de las razones por la que yo prescindí de él.
    Cuando empecé con mi actual pareja y comenzamos a planear irnos a vivir juntos, le dejé bien claro que no quiero servicio en casa. Para mi alegría (se nota que es el hombre de mi vida), me dijo que él tampoco, porque no le gusta que nadie invada su privacidad, así que sólo irá una señora dos veces a la semana a lavar, planchar y limpiar la casa. A mí me encanta cocinar yo y, desde luego, cuando empiecen a nacer mis hijos no quiero niñeras. La que yo tuve fue maravillosa, pero a mis hijos los quiero criar yo.
    La gente que humilla al servicio doméstico me parece despreciable, siempre se dicen que no sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió, y mucha gentuza que desprecia a sus trabajadores suele tener un pasado “oscuro”.

  2. Las experiencias pueden ser buenas o malas como con cualquier trabajador/a. Y cuando no tienes familia cerca, estas figuras se hacen más o menos necesarias en determinados momentos, por ejemplo cuando te tienes que ir a trabajar y no puedes llevar al bebé a la guarde porque está pachucho. Muchas veces no es cuestión de que te guste o no, sino de lo que puedas o no puedas hacer.

  3. De nuevo, brillante post, escribiendo desde las tripas, denunciando aquello que está delante nuestro y la miopía de la costumbre nos inhabilita a ver. Buñuel lo reflejó en “La Edad de Oro” con un carro de gente humilde pasando por el salón de una fiesta de aristócratas que no les veían. Tu desde la punzante experiencia personal. Te leo con más ganas que a primeras plumas de los dominicales. Despiertas conciencias, como Morfeo y ayudas a salir de Matrix. Eres brillante Mother Killer y sagaz y valiente y…

  4. Por desgracia existe esa mentalidad de superioridad cuando tienes a alguien que te ayuda en casa, y digo yo “pedazo de cenutri@ no te das cuenta que si no fuera por que tienes ayuda en casa tu dulce hogar sería una pocilga donde te comería la mierda”.
    Creo que no sabemos valorar ya nada ni a nadie, pero ¿que pasaría si estas personas de servicio doméstico se pusieran en huelga tod@s a la vez? ¿ahora quien se iba a reír?
    Genial tu denuncia

  5. En una época trabaje en ese sector, e incluso cuando aparentemente te tratan bien, siempre me encontré con un ” tufo” a superioridad, a yo te pago así que puedo llamarte cuando quiera para que vengas, te puedo pedir cosas fuera de tu función y horario etc…

    En mi casa siempre hubo, y cuando económicamente pueda no dudo que acuda a ello, pero siempre se les ha tratado y tratare, no sólo con respeto, sino acorde a la confianza que depósito en ell@ puesto que cuida de algo fundamental que es mi hogar, así que más vale que me gane su respeto tratándola bien.

  6. La gente que habla así del servicio a estas alturas del XXI la verdad es que me sorprende. Y sobre todo si es gente joven. Esto muestra lo poco que hemos avanzado en igualdad y en respeto por los derechos humanos. Nos queda mucho por trabajar. Un abrazo preciosa, a mi también me gusta leerte.

  7. Pues sí, hay que valorar lo que se tiene y respetar a las personas que están trabajando para ganarse la vida, igual que todo el mundo. Es una cuestión de educación, de clase social y de conciencia.
    Un abrazo

  8. El respeto mutuo es fundamental en todas las áreas de la vida. Dice mucho del talante de las personas y de sus valores. Yo suelo ser bastante sensible a este tipo de cosas, y me saltan las alarmas enseguida cuando veo clasistas en cualquier sitio. Seguro que no soy la única.
    Un abrazo, querida.

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