EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

La noche del día 21 al 22 de diciembre vuelve a ocurrir: el solsticio de invierno, el día que la tierra está más alejada del sol. Se cierra de nuevo un ciclo para dar paso otra vez a la luz de un nuevo año. Nuestra tierra sigue girando y ofreciéndonos su cobijo. Es el Yule, la rueda. Es entonces cuando desciende el Espíritu de la Navidad. Desde hace algunos años me reúno con un grupo de amigas para celebrar este mágico momento y preparar el nuevo giro de nuestras vidas.
El ritual es sencillo, pero requiere de nuestra concentración, de nuestra fe y de un compromiso con nosotras mismas. Todos los años, a lo largo del día 21, escribimos una carta con nuestros deseos para el ciclo que comienza. Estos deseos deben estar centrados en nosotras (no vale pedir para otros). Se puede pedir cualquier cosa que se desee, pero el tiempo te va enseñando qué pedir y cómo pedirlo. Nuestro ritual empieza leyendo la carta del año anterior y dando las gracias por los deseos concedidos. Es impresionante a veces enfrentarnos a nuestros deseos del año anterior y comprobar cómo el destino ha confabulado para ofrecerte cosas que hace un año parecían imposibles. ¿El Espíritu de la Navidad? Puede ser… ¿El poder de la intención? Seguro. Por cierto, nuestra carta siempre acaba con la frase “que ninguno de estos deseos modifique mi Karma”.
Nos reunimos con nuestra carta ya escrita o la escribimos todas juntas, depende del tiempo que tengamos o de cómo se nos haya dado la semana. Algunas escriben folios y folios, otras una simple cuartilla. Pero ahí estamos, con la ilusión de estar juntas una vez más invocando a ese espíritu que nunca nos decepciona. Comenzamos quemando la carta antigua. CUIDADO, esta parte es la que siempre hace temblar a la anfitriona. Un cuenco de metal puede ser un buen recurso para evitar altercados. Elementos que siempre tienen que estar presentes: un vaso de agua, incienso puro en grano, una vela, normalmente blanca, y elementos de la naturaleza (pétalos de flor o alguna piedra de un color determinado que simboliza los sucesos que marcan al mundo en ese momento). También llevamos un cordel para atar la nueva carta y una caja para guardarla. 
Una vez quemada la carta antigua y escrita la nueva, esta última debe permanecer toda la noche bajo el vaso de agua y junto a la vela blanca encendida. A la mañana siguiente, juntaremos las cenizas de la carta vieja, las mezclaremos con el agua y con los restos de la vela y lo enteraremos todo bajo tierra, lo tiraremos a un río o bien, si no tenemos la suerte de tener estos recursos a nuestro alcance, lo tiraremos todo por el retrete y tiraremos de la cadena (es solo una vez al año, no me miréis así.)  Cogeremos la carta nueva y la guardaremos en la caja con los elementos de la naturaleza, atada con un cordel o doblada, hasta el próximo solsticio de invierno. 
A lo largo del año podemos leer la carta e ir comprobando que las cosas que hemos pedido se adaptan a los eventos que se van sucediendo en nuestra vida durante este nuevo ciclo. Yo no lo suelo hacer, prefiero leerla al final y llevarme la sorpresa maravillosa de que, de nuevo, el universo ha confabulado para hacer mis sueños realidad. 

10 respuestas

  1. Me súper encanta! Qué bonito!! Me parece una idea preciosa, y además muy enriquecedora, pq el momento de leer la carta pasada y enfrentarse a lo que el año ha deparado imagino que es un momento “brutal” que invita a la reflexion…
    Pues me quedo con tu ritual. Además, confieso que siempre me he sentido algo “brujilla”.
    Un besazo!!!

  2. Me alegra que os guste, pero que conste que el ritual no es una invención mía, es una tradición celta y lo hacen muchas personas el día del solsticio. Animáos a hacerlo. Es mágico. Mil besos navideños.

  3. Con el frío que hace ahora lo de recargar los amuletos a la luz de la luna es suicida, pero sí, es una práctica habitual entre las frikis de las velas, como nos llama mi hija 😉

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