El camino invisible

De un tiempo a esta parte encuentro gente que lleva años a mi alrededor y que, de repente, han hecho invisible mi camino hasta el momento en el que me encuentro actualmente. Es como si, por arte de magia, por una concesión de un ente superior, hubiese llegado a tener una casa, un coche, un trabajo estable y una vida relativamente acomodada.

Atrás han quedado los días de diario y fines de semanas estudiando, los años cobrando una miseria, el éxodo a una ciudad que no era la mía, la crianza de mis hijos sin una red de apoyo, las cientos de noches sin dormir, las personas a las que he tenido que pagar para que se quedasen con mis hijos cuando estaban enfermos y yo tenía que ir a trabajar, aquella semana en la que tuve que preparar la oposición mientras mis hijos se iban con su padre fuera de casa. Todo eso ha sido invisibilizado.

Ahora solo queda el “uy, vaya coche tienes” (uno bastante normal, por cierto), “es que claro, como tú eres funcionaria”, “es que a ti te es más fácil, porque puedes pedir días”, etc. Y queda, de nuevo, invisibilizado, el hecho de que yo sigo viviendo en una ciudad pequeña que no es la mía, que la gasolina cuesta un ojo de la cara, que cuando yo pido días dejo trabajo sin hacer que no hace otra persona por mí, sino que se acumula para el día siguiente y hay personas que dependen de mi trabajo.

En resumen, lo que quiero decir es que, partiendo de la misma situación, que era una situación bastante buena, en la que nos podíamos permitir estudiar lo que quisiéramos porque vivíamos en una ciudad con varias universidades y nuestros padres nos lo podían pagar, unos hicimos unas cosas y otros hicimos otras. Me niego a que me sitúen en una posición de supuesto privilegio por haber elegido el camino que he querido y por haber luchado por alcanzar la comodidad.

Imagino que esto es una cuestión de clase: gente insinuando que tienes privilegios por tener ni más ni menos que lo que has ganado con tu trabajo. Gente planteando que no has desarrollado valores esenciales y comunitarios porque lo tienes todo solucionado con tu sueldo. Es bastante incómodo que den por supuesto que eres quien más puedes ofrecer porque tienes más (y ese más se traduce en tiempo que le tienes que quitar a tu casa, a tu familia y a tu trabajo).

El llamado ascensor social no solo tiene techos, también tiene frenos. No basta con llegar: el mantenimiento implica aislamientos y rupturas. Aislamientos porque existe una falta de comprensión insalvable que supone el desconocimiento de los contextos en los que habita la persona que, supuestamente, ha ascendido. Rupturas porque, debido a esta falta de comprensión, lo que se espera no es lo mismo que lo que se obtiene.