Doulas y matronas

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En un mundo de saberes compartimentalizados, a veces se nos olvida lo que realmente es CONOCIMIENTO y SABIDURÍA. Las personas que hemos pasados por una facultad olvidamos que, cuando salimos de allí, llevamos en la mochila un conjunto de conocimientos prácticos y teóricos que tenemos que empezar a hilvanar en una trayectoria de carrera profesional, y que hay que currarse. No me vale que me digas que sacabas todo dieces en la carrera: a partir de ahora cuenta, y sobre todo en las carreras sanitarias, lo que las personas que te rodean y que reciben tus servicios dicen de ti. 

En este sentido, me sorprende la polémica existente entre matronas y doulas. Y este femenino, lejos de ser genérico, responde a una realidad: la inmensa mayoría de las personas que se dedican a estas actividades son mujeres. Me imagino que todo el mundo sabe lo que es una matrona. Hay más desconocimiento sobre lo que son las doulas. Las doulas son mujeres que acompañan a otras mujeres en el embarazo, parto y puerperio desde el punto de vista emocional. Las doulas, en ningún momento (que yo sepa) pretenden sustituir la labor médica que pueda realizar una matrona. No me voy a extender en definir el término, pero podéis acudir aquí para informaros sobre esta figura, cada vez más imprescindible para las mujeres en su proceso de ser madre. 

Una de las preguntas que me gustaría que nos planteáramos es ¿por qué surgen las doulas? ¿Os lo habéis planteado? Desde mi punto de vista, las doulas vienen a compensar una necesidad de la mujer que pare, que se ha desatendido con la medicalización del parto: la atención de sus necesidades emocionales en un suceso transcendental de su vida.

Para comprender un fenómeno actual, es siempre útil echar la vista atrás y hacer genealogía del nacimiento, en este caso. En épocas no muy lejanas, el nacimiento estaba en manos exclusivamente de las mujeres. Las parteras eran mujeres experimentadas que, sin estar en posesión de ningún título, atendían a sus comadres cuando se ponían de parto. Estas mujeres aprendían por tradición oral y basaban su práctica en la experiencia que les aportaba atender de forma continuada. La medicalización del parto vino de manos de los hombres, y, excepto algún caso aislado de comadronas que se implicaron en la investigación del parto, sus procesos fisiológicos y las dificultades que podían surgir en el mismo, éste calló en manos de los hombres y se perdió la tradición ancestral de las mujeres parteras. 

A pesar de las ventajas que van ligadas a la medicalización del parto en el mundo occidental en lo que respecta al descenso de la mortalidad materna e infantil, la masculinización de este proceso eminentemente femenino trajo consigo una deshumanización del mismo.  Y digo masculinización porque, aunque hoy en día la mujer tiene acceso a las universidades y ha vuelto a ocupar su lugar como matrona, el entorno donde ejerce su profesión es, en esencia, masculino, y radicalmente diferente al que solía frecuentar antaño. Hemos cambiado el hogar por los hospitales, la tribu y la familia como entorno de nacimiento por las salas de colores neutros, camillas, monitores y personal sanitario. En definitiva, las mujeres hemos ganado en “conocimiento” sobre el parto, pero hemos perdido la “sabiduría” que traía consigo el situar el parto en un lugar preferente y trascendente dentro de una comunidad. Foto-Virgen-Salud-Toledo-hacinamiento_EDIIMA20141110_0106_13

Mientras que antes el nacimiento y el parto era un suceso de gran importancia en una comunidad, que se rodeaba de solemnidad y se acompañaba de rituales que marcaban su trascendencia para las personas que lo asistían y lo acompañaban, ahora se ha convertido en un suceso rutinario que ponemos en manos del personal sanitario y sus protocolos establecidos. Hace unos meses, un vídeo que hizo un grupo de futuras matronas madrileñas para celebrar su graduación causó una gran polémica en las redes por la trivialización de las mujeres y de las prácticas hospitalarias rutinarias en el parto (aquí podéis leer algunas reacciones a este vídeo). Esa performance, que pretendía ser graciosa, indignó a miles de mujeres.

No me imagino a las matronas de antaño haciendo una parodia similar sobre las mujeres a las que atendían. Como tampoco me imagino a las mujeres de antaño pidiendo la presencia de una mujer, diferente a la matrona, que atienda sus necesidades emocionales durante el embarazo, parto y puerperio, y otra, la asesora de lactancia (con la que también podrían entrar en polémica las matronas) para ayudarla en el amamantamiento. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que rara vez la partera trabajaba sola: otras mujeres la asistían para realizar tareas que ellas no podían atender mientras atendía la labor de parto. 

Cuando aparece la necesidad de doulas y de asesoras de lactancia, es por algo. Las mujeres que solicitan los servicios de estas otras mujeres suelen estar bien informadas de por qué lo hacen. No son pobres damiselas desinformadas que se dejan timar por la primera intrusa que llega y que le da unos masajes con aceite en su dolorida espalda. Dentro del gremio de las doulas, como sucede en todos, las habrá buenas y las habrá malas. Pero están ahí porque vienen a cubrir una necesidad, normalmente una necesidad que ellas han sentido en su proceso de ser madres y ahora quieren ayudar a cubrir a otras mujeres. 

No voy aquí del parto en casa versus el parto hospitalario, eso ya lo hice aquí; pero sin duda es un tema que pulula sobre nuestras cabezas cuando hablamos de doulas y matronas. Y eso es así porque, en el corazón de esta polémica, está el derecho de todas las mujeres a decidir sobre su forma de parir, a estar informadas sobre la experiencia, el conocimiento y la ideología sobre el parto que sustentan las personas que las van a atender, y a decir NO a ciertas prácticas y formas de concebir a la mujer que pare y a la criatura que nace.

En realidad me importa muy poco la reacción de algunas matronas ante el supuesto intrusismo de las doulas. Lo que realmente me importa y me preocupa es esa autoridad que creen tener sobre nosotras y nuestros procesos. Y me indigna que, disfrazando su enfado con las doulas de una supuesta preocupación por las mujeres, quieran hacernos cómplices de una lucha que solo es suya. Para dignificar la profesión no hace falta competir con las doulas, solo hace falta comenzar a atender el nacimiento con la seria humanidad (y ciencia, por supuesto) que se merece. 

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