¿Cómo funciona el sentido común?

  

En una época en que todo el mundo está muy preocupado por descubrir el funcionamiento de las sustancias que segrega nuestro cuerpo y en el funcionamiento de las redes neuronales que se esconden detrás del pensamiento, estudiar la forma en que funciona el sentido común es una preocupación marginal. Como marginal fue el ya clásico trabajo de Harold Garfínkel, un sociólogo que propuso el estudio de las normas compartidas, aunque no mencionadas, que guían nuestras prácticas cotidianas. Todo, absolutamente todo lo que hacemos con otros, todo encuentro, cualquier interacción, está guiado por normas compartidas por los miembros. Es lo que Garfínkel llama “los métodos de los miembros“, que podríamos simbolizar como una caja de herramientas siempre disponible para hacer cosas significativas con otros en diferentes situaciones de interacción. 

Solo somos conscientes de de la existencia de estas herramientas cuando las normas se rompen. Garfínkel proponía a sus estudiantes lo que él llamaba experimentos de ruptura, que consistían en introducir elementos que quebraban el orden en situaciones cotidianas y observar lo que pasaba. Aquí podéis leer algunos ejemplos. Pongamos un caso simple. 

Imaginad que alguien os dice hola por la calle. Hay formas de responder a este acto que están entre las maneras adecuadas compartidas por los miembros: decirmos hola sonriendo y mirando a quien nos ha saludado. O miramos sonriendo y levantamos la mano.  Pero imaginad que lo que hacemos es mirar fijamente, con la cara sin expresión y no decimos nada. O contestamos adiós. En estas situaciones, los miembros tienden a reparar la ruptura que se ha producido. La respuesta no es la estipulada y requiere reparación, así que actuamos para incluir lo sucedido en el orden que compartimos. 

Es así como somos capaces de desenvolvernos en un grupo social. Incluso las acciones que se salen del tiesto tienen que cobrar un sentido para reparar la ruptura o ser tipificadas como gravemente perturbadoras. “Eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca”. El mantenimiento del orden social tiene lugar principalmente en la arena de la interacción cotidiana. Y es por tanto en este contexto en el que se pueden producir los principales cambios de orden social. Las cosas no cambian de arriba a abajo, sino de abajo a arriba, aunque nos hayan intentado hacer creer lo contrario, aunque nuestras metáforas cotidianas nos muestren un mundo imposible de cambiar si no es desde el lugar del poderoso. Arriba, en la cumbre, dictando normas. 

Esto no lo dice Garfínkel, cuyo único interés era el estudio básico de los métodos de los miembros, pero mi inferencia personal es que , como miembros, tenemos el poder de transformar las normas con nuestros actos y desafiando la presión correctora del grupo. Y cuantas más personas desafiando el orden y construyendo los actos de maneras alternativas, más poder para transformar los métodos que usamos en interacción en un bucle infinito. Abrir el mundo a nuevos actos de comunicación posible entre las personas y con las instituciones que supuestamente gobiernan nuestra vida implica el empezar a llevarlos a cabo e inundar nuestro entorno con nuevos actos. Por tanto, el cambio no está hecho para cobardes: para instaurar nuevas formas de sentido común, primero hay que realizar cientos, miles, millones de actos rupturistas que acabarán siendo asimilados por el grupo. 

Desde luego, Garfínkel debió conseguir que sus estudiantes se creasen muchas enemistades con sus experimentos de ruptura. Acabo con la transcripción de uno de estos experimentos, relacionado con el ejemplo que he puesto del saludo, y que uno de los estudiantes de Garfínkel (2006, p. 56) puso en práctica: 

La víctima saluda amistosamente con la mano. 

(S) ¿Cómo estás? 

(E) ¿Cómo estoy en referencia a qué? ¿Mi salud, mis finanzas, mi trabajo escolar, mi paz mental, mi…? 

(S) (Rostro enrojecido y súbitamente fuera de control.) ¡Mira! Sólo trataba de ser educado. Sinceramente, me importa un pepino cómo estés. 

Referencias

Garfinkel, H. (2006). Estudios en etnometodología (Vol. 52). Anthropos Editorial.

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