Mujeres

La filosofía de las madres

Intento recordar mi infancia y a las que entonces eran madres hablando de su maternidad como lo hacemos nosotras en el Facebook y no encuentro parangón en mi memoria. Por más que busco sólo recibo las ondas de tardes de café con las vecinas contando muchos chismes, pero nunca éramos nosotrxs (o al menos muy pocas veces) lxs protagonistas de estas conversaciones. Sin embargo, entro en las redes y ahí están las madres, venga darle vueltas a un hecho aislado protagonizado por un niño, una situación en el parque, en el colegio, en una tienda, en la piscina o en el autobús. Y el nivel de profundización en este hecho me hace recordar cuando estudiaba el Discurso del Método de Descartes. Parece que estemos desgranando la existencia de Dios a veces.

Esto demuestra varias cosas: la maternidad ha llegado por fin al ámbito de la filosofía. Algo que antes era ignorado en los discursos más enrevesados de los filósofos masculinos está tomando relevancia como objeto de reflexión profunda. Y no lo digo de coña. ¿Es más elevado e importante hablar de la existencia de Dios que de la crianza en el hogar? Teniendo en cuenta que lo segundo es algo que ha sido y sigue siendo considerado como cosa de mujeres, es comprensible que haya sido ignorado por los señores pensadores de antaño.

Pero siempre que a una mujer le ha dado por pensar públicamente (en privado lo hacemos todas, aunque algunos tengan serias dudas al respecto), ha hablado de la maternidad. Y no me hagáis enumerar nombres. Podría mencionar a Simone de Beauvoire, Margaret Mead, Celia Amorós, Victoria Sau e incluso nuestra querida Amelia Varcárcel. Pero me interesan mucho más nuestras reflexiones: mujeres anónimas que abordamos el tema de la maternidad desde las tripas, el corazón y la garganta, y nos lanzamos a nuestros teclados a mostrar nuestros dolores, nuestras dudas, nuestra culpa, nuestro amor, nuestra soledad.

Muchas veces no estamos de acuerdo y defendemos con uñas y dientes nuestras posturas. Va nuestra identidad en ello, y quién sabe si algo más. Seguramente, cuando dejamos el teclado y nos encontramos de nuevo con nuestros hijos e hijas lo hagamos con una pizca más de sabiduría, o con unas cuantas dudas azotando nuestros pensamientos. Pero ningún debate es en vano. Cada debate lleva un poco de nuestras vidas y de nuestros desvelos. Quizás por eso, la contraparte de estos salones de café virtuales sea la creación de facciones enfrentadas que se baten en duelo en los grupos. Las de la Herida Primal vs. las de la Pedagogía Blanca. O las Malas Madres vs. las Madres Reales. O las blogueras comerciales vs. las blogueras independientes.

No creo que estas disputas sean muy diferentes a las que tienen los académicos y académicas en sus reuniones científicas. Una disputa siempre está investida de ego. Hay una parte de nosotras mismas que está en riesgo. Negar la herida primal y los efectos nocivos de la represión del alma infantil puede ser tan amenazante como negar la existencia de Dios. Sostener que la conciliación pasa por los permisos iguales e intransferibles tan drástico como decir que el lenguaje da forma a la realidad. Y cada cuál tiene sus argumentos bien aprendidos y ensayados. Alcanza la gloria la que construye el argumento más novedoso y contundente.

Bueno, y ahora os dejo que voy a ver cómo sigue la última discusión. Promete mucho. Creo que resolveremos, de una vez por todas, la cuadratura del círculo.

 

#VDLN 100: Hipersexualidad (Virginia Rodrigo)

Virginia Rodrigo. PercoAutora. Hipersexualidad

Virginia Rodrigo, feminista, baterista, percusionista, lo deja claro: está harta de la hipermercadotecnia del sexo. El sexo industrial, como producto, lo invade todo. No veo a nadie disfrutar, dice. Y es así: está ya todo tan mercantilizado que parece que no podemos disfrutar de nuestros cuerpos como nos de la gana. Hay que innovar, hay que ser fogosa, hay que ser elegante a la par que sofisticada, y darlo todo en la cama. Hartas ya de estos planteamientos, Virginia nos propone hacernos hermafroditas o asexuales.

Ella lo cuenta, ella lo expresa, ella lo deja claro. Ya está bien de ser objetos hipersexualizados para vuestro disfrute. La letra es contundente. El vídeo también. No os lo perdáis.



Lo que decía mi madre es un clamor


Hace 16 años, cuando tuve a mis pequeños monster, mi madre alababa continuamente las labores de cuidado de su santo padre (el de los monster). Que si fíjate que los cambiaba, que si fíjate que hacía los biberones, que si fíjate y tal. Yo estaba pringada hasta las orejas, no hace falta decirlo, pero a mí nadie me decía lo bien que lo estaba haciendo. Era mi obligación, mi sino, mi casta. Y además me tenía que sentir mal porque el santo hiciese sus tareas vinculadas a la paternidad. 

Me enfadaba bastante, la verdad. Igual que me enfadé con Errejón cuando publicó este estado de Facebook de David Bravo diciendo: 

Os dejo esta reflexión de David Bravo, tan brillante como necesaria, conciliar y cuidar tiene el mismo valor lo haga una mujer o un hombre.

¿Y por qué me enfadé? Pues porque no hace mucho tiempo, Íñigo Errejón alababa a las personas que renunciaban a su vida y a su familia para dedicarse al partido y les trataba como verdaderos héroes. Podría ponerme a rebuscar en su Facebook para encontrar la entrada en concreto, pero como es una de esas personas dedicadas, tendría que bucear entre miles de estados. Es decir, viva los hombres cuando se dedican al partido, viva los hombres cuando cuidan a sus hijos e hijas, viva los hombres, siempre tan brillantes, cuando dicen que no les alaben, que está haciendo lo que siempre han hecho las mujeres. Nosotras, que llevamos tanto tiempo diciendo lo mismo, ya se sabe que no somos brillantes, sino feminazis de baja estopa. 

En fin, esto tomárselo con humor, hombres conscientes. Ya se sabe que, hagáis lo que hagáis, lo vais a hacer mucho mejor que nosotras. Si hasta he tenido que sufrir mansplainers de hombres que no tenían hijas/os contándome cómo tenía que criar a las mías. Lo mejor es que nosotras nos dediquemos al akelarre y vosotros paséis la aspiradora y cuidéis a las criaturas, además de trabajar y traer el sustento a casa. Sois los putos héroes. Os amamos. 

¿Brechas o alteraciones en la fuerza?


A veces, los extraterrestres nos enseñan más sobre las desavenencias en el feminismo que las propias feministas. Ana Fernández Vega publicaba hace poco en su blog una entrada sobre la brecha en el feminismo actual, y me situaba en un lugar en el que no me reconocía. Hacía una división entre las feministas que dábamos prioridad a los derechos de los niños y niñas sobre los de las mujeres (¿las malas?) y aquellas otras que creían que los cuidados y la conciliación dependían de la corresponsabilidad (¿las buenas?). Y yo era de las malas, cómo no. Es mi sino. 

Y esto era así a pesar de las múltiples batallas que he librado contra la facción de la herida primal, que no nos deja desviar la vista de las necesidades de nuestras criaturas. Este grupo sostiene que no podemos dejar que el cerebro de nuestros bebés se convierta en papilla bajo los efectos del cortisol que segregan cuando llora, y mantiene una férrea vigilancia hacia la actitud de la madre hacia su retoño: “Es tu bebé, cuídalo, no hay nada más a tu alrededor, ahora existes para él, la exterogestación es lo principal y prioritario”.

Pero no, yo no soy de las de la herida primal, y preferiría hablar, más que de una brecha entre los feminismos, de alteraciones en la fuerza, como decía el maestro Yoda. Para las feministas buenas, las que quieren corresponsabilidad, sé que hablar del derecho a amamantar y a criar a nuestros hijos es, en cierta forma, dar un paso al lado oscuro, en el que las mujeres volvemos a ser las empleadas del hogar sin remuneración, las analfabetas, las limpiadoras de culos y bocas, las que chillan por las escaleras a los que se van a ver mundo que se pongan el abrigo.  Y no. A algunas mujeres amamantar les gusta. Es un deseo que tienen. Y además lo consideran un derecho inalienable, porque han leído que amamantar reduce el riesgo de cáncer de mama y de útero. Por otra parte, les gusta porque les proporciona placer y porque es una forma de relacionarse con su hijo que les encanta, por no hablar de lo cómodo que es: salir a la calle sin polvos, agua y utensilios múltiples es un placer inigualable. 

Y además, algunas mujeres a las que nos ha encantado amamantar, no hemos renunciado a seguir con nuestro trabajo, a seguir implicadas con nuestra profesión. A otras, francamente, les ha dado igual: preferían mil veces cuidar a sus hijos que pagar a otra persona e irse a cobrar una miseria por trabajar 8 horas al día como mínimo. Pero en fin… Corresponsabilidad. 

Podemos hablar de corresponsabilidad si hay más personas dispuestas a cuidar del bebé junto con nosotras. Pero para que haya corresponsabilidad, tiene que haber como mínimo dos personas de acuerdo en compartir responsabilidades. Y eso muchas veces es mucho más difícil que conseguir una baja maternal más prolongada o un subsidio por cuidado de menores. En serio. De verdad. Preguntad, haced una encuesta en un barrio cualquiera de vuestra ciudad. 

Yo me alegro mucho por vosotras. Es genial que hayáis encontrado parejas que hayan superado su estructura mental patriarcal y hayan accedido a cogerse una reducción de jornada para cuidar a su hijo. Pero os aseguro que no es lo normal ni lo habitual. Y además, me niego a plantear que es nuestra la responsabilidad de alcanzar la manida corresponsabilidad. No: bastante tengo con luchar por mis derechos y contra mis limitaciones para encima tratar de cambiar la mente masculina (sí, estoy hablando de parejas heterosexuales) para que se corresponsabilice. 

Por tanto, no existe tal brecha. Es cuestión de entender las necesidades las unas de las otras. Es cuestión de comprender que hay diferencias en las vidas de distintas mujeres. Que tenemos deseos diferentes y venimos de situaciones muy distintas. No es que unas queramos volver a la naturaleza más ancestral y las otras hayan evolucionado. Vamos a admitir que una mujer puede tener derecho a criar a su hijo con sus tetas y sin dejarlo en manos de extrañas. Si las buenas admitís esto, quizás nosotras dejemos de ser tan malas y podamos luchar juntas por la dignificación de los cuidados. 

Feliz día de la madre, Elvira Lindo

Madre ochentera
Ser madre no es para tanto. Somos unas exageradas de la leche. Tanto quejarnos, tanto quejarnos. Que si no tenemos tiempo para nosotras, que si estamos cansadas y no vivimos más que para nuestros hijos e hijas, que si se nos va la vida haciendo cosas para otros… ¡¡¡Pero por favor!!! Elvira Lindo nos da la clave. Hay que ser madres ochenteras, de esas que tenían un hijo y seguían su vida como si no hubiese pasado nada. 

Pero en fin, Elvira. Yo hoy tengo fiesta del día de la madre. Mis hijos me han felicitado (al pequeño he tenido que forzarle un poco) y me han dicho que no quieren buscarse otra madre, que con la que tienen les vale. Y yo les he renovado el título de hijos, que se lo han ganado. Y yo creo que algo tiene que ver que yo les haya cuidado con celo todos estos años. No veo otra forma de hacerlo, será que no soy muy ochentera. La verdad es que van creciendo y cada vez necesitan menos atención, pero aún así prefiero que me sientan a su lado, aunque me llamen pesada, porque sé que lo agradecen y crecen fuertes. Yo solo hago lo que me hubiese gustado que hiciesen por mí: apoyarme, aconsejarme, guiarme con cariño y respeto. 

A ver, Elvira, que yo nunca he dejado de pensar en mí ni he dejado de disfrutar con otros quehaceres. Pero es que cuidar a tus hijos e invertir energía en ellos no es incompatible con todo eso, de verdad. No hay que abandonar a los hijos para seguir siendo tú. Ochentera, setentera o dosmilera, si tienes hijos/as los tienes que criar. Y la crianza va ligada al amor y al respeto, por lo menos para mí, no sé lo que piensas tú. ¿Qué crees que debería haber dejado de hacer para ser más yo? ¿Darles de comer, ayudarles en sus estudios, acompañarles a clases de viola, comprobar que la mochila del campamento esté completa, hacerles el bocadillo del recreo? 

Ya sé, me vas a preguntar por mi marido. Pues mira, no tengo marido. Tengo 3 hijos de 2 padres diferentes y no convivo con ninguno de los dos. Y nos va muy bien. Sus padres les cuidan cuando están con ellos. He de reconocer que la que gestiona sus vidas, va a las reuniones del colegio, les lleva al médico y otras cuestiones administrativas soy yo. Pero esos fines de semana alternos y esos días a la semana son un respiro merecido y que no todas las madres tienen. Y no, no hay abuelas sacrificadas que se queden con ellos o ayuden en su crianza. Como ves soy una mujer y una madre real, quizás no tan de leyenda como la madre de Angélica Schrobsdorff, pero real. 

Pero a ver, Elvira, piensa un poco: ¿Por qué todo el mundo dice eso de “ser madre no es para tanto” y no dicen “ser padre no es para tanto”? A lo mejor porque ser madre SÍ es para tanto, así que necesitamos rebajar un poquito los méritos para que no se nos suba a la cabeza el título de madre ¿verdad? 

Sea como fuere, te deseo un feliz día de la madre y que cumplas muchos más. Si a tí te ha ido bien con tus métodos ochenteros, que no acabo de ver muy bien cuáles son, chapó. Yo me quedo con los míos, que han ido cambiando a lo largo del tiempo afortunadamente. Y que seas muy feliz. 

#VDLN 91: El macho intelectual (Invasorix)

Seguramente os hayáis topado alguna vez con esta especie. Comienzan sus discursos autodenominándose humildes, aunque afirmen haber encontrado la solución para un problema largamente debatido en la sociedad. Tienen un gran concepto de sí mismos; si entras en su perfil de facebook podrás verles a ellos fotografiados en diversas poses y actitudes. Una de las más frecuentes es la mano en la barbilla y expresión de soñador mirando al cielo. Otra es él dando una clase magistral al aire libre a un grupo de estudiantes que le miran obnubilados. Campechano y brillante, vaya.

Si te los topas en una asamblea, despídete de intervenir. Hablará después de tu somera y sencilla intervención diciendo: “lo que ella ha dicho es muy interesante, pero yo añadiría lo siguiente…. ” Estará 20 minutos hablando para no añadir nada nuevo. Pero ha conseguido toda la atención, y su discurso sobrecargado hipnotiza a la gente. Es él. Es lo más.

Es lo que podemos llamar un “manspreading” simbólico. Lo mismo que pasa cuando vais sentadas al lado de un macho en el metro pero a nivel de interacción social. Ellos se expanden. Ellos se extienden y lo dominan todo. Su sombra nos protege. La mano en su barbilla nos enamora.

¿Os imagináis un día levantaros y dejarles solos hablando con su perorata? Dejarles con su puta palabra en la boca, vaya. No hace falta decirles “lo que estás diciendo es basura simple y manida, he oído discursos mucho más elaborados en un aula de infantil”. No. Te levantas y te vas a pasar la tarde de una forma mejor y dejas que caliente las orejas a quien todavía no se haya dado cuenta. Porque el tiempo es oro y machos intelectuales hay a patadas. Si necesitan que les soben el ego, que hagan asambleas no mixtas y se alaben entre ellos. Y nosotras, aprendamos a destrozar estas estrategias discursivas y simbólicas que durante siglos han inundado de mediocridad nuestros espacios de interacción.



Estoy contigo

  

Solo si lo has vivido reconoces esa mirada perdida que busca alrededor sin encontrar un apoyo, una confirmación. Una madre sola, o un padre solo llegan a la función del cole. Saca la cámara de fotos discrétamente y sonríe a su niño cuando sale al escenario. Nadie le acompaña en su orgullo. Nadie acompaña esa lágrima que rueda cuando suenan los aplausos. Guarda las fotos en el álbum para verlas de vez en cuando. Y sigue la vida. 

Esa sensación de soledad, de tener una responsabilidad que te inunda y nadie que te de cobijo por la noche, cuando todos se han acostado, es una de las peores que he sentido en mi vida. El dejar de ser una familia convencional, una pareja de padre, madre e hijos, reconocida por todos como algo normativo y común y pasar a ser algo extraño con relaciones extrañas, con idas y venidas los fines de semana, con una herida que viaja. Ida y vuelta, ida y vuelta. Así hasta el infinito. Y siempre tener que dar las mismas explicaciones: “no, lo llevamos bien, no hay problemas, todo correcto”. Y la mirada condescendiente, la puta mirada condescendiente. 

Por eso, como me reconozco en ti, como siento tu pena y tu vergüenza, estoy contigo. Y me dan ganas de agarrarte y decírtelo cuando pasas a mi lado, con esa sonrisa abierta que va directa a verle tocar en el escenario. A ese niño serio, con cierto aire de tristeza. Y espero que algún día dejes de sentir la necesidad de explicar a todo el mundo tus circunstancias. Porque mira, tus circunstancias son las de muchas personas. Tu soledad es la que hemos sentido cuando hemos decidido romper con una relación que nos dañaba. Que no podía seguir adelante sin sangrar a diario. Así que siéntete orgullosa, porque lo has conseguido. Y siéntete feliz, porque esa sensación de rareza y soledad va a pasar, se va a desvanecer algún día. Y él será también feliz si todo es normal, como debe de ser. 

¿Y ellos? ¿Quieren tener hijos?

  

El otro día leía una noticia en tono alarmante que decía que un porcentaje cada vez más elevado de mujeres no tienen hijos. Esto era preocupante, porque la sociedad envejecía y se volvía poco productiva, la inversión necesaria para mantener a la población anciana aumentaba y las pensiones dejaban de estar aseguradas. Y todo el artículo daba la sensación de que la culpa de que la población estuviese envejeciendo y hubiese cada vez menos niños era de las mujeres. 

Las personas que se preocupan porque las mujeres cada vez tengan menos hijos, ya sea porque el retraso de la maternidad aumenta la proporción de problemas de fertilidad, ya sea porque sencillamente no quieren tenerlos, parecen no percatarse de otro dato importante: España es uno de los países con la tasa de divorcios más elevada: un 61% de parejas acaban en divorcio. Esto me invita a pensar si el motivo de este de descenso de la natalidad no puede tener que ver también con la crisis de la pareja tradicional. Porque, convendréis conmigo en que, en muchas ocasiones, cuando una mujer quiere tener un hijo, esta no es una decisión únicamente suya, sino que hay una pareja que apoya esta decisión y, de alguna forma, la hace posible y la promueve. Vamos, que no es lo más frecuente que una mujer decida tener un hijo, busque un hombre que la embarace y después si te he visto no me acuerdo (aunque haya casos). 

Sin embargo, nos empeñamos en definir el hecho de tener un hijo como algo que emana de la decisión de una única persona: la mujer. Se nos llena la boca diciendo que la maternidad tiene que estar apoyada por una nutrida red social, y cuando hablamos de maternidad y embarazo hacemos única responsable a la mujer. Esta incongruencia en términos es también la que nunca nos lleva a plantearnos si ellos, los que son pareja de esas mujeres, quieren ser padres. ¿Ellos quieren ser padres? Y lo que es más importante: ¿ellos están dispuestos a ser los padres que imaginamos?

Puede que las mujeres no quieran ser madres porque se sienten libres, independientes y poderosas en soledad, y están en todo su derecho. Pero también pudiera ser que si el entorno no acompaña, piensen que para qué van a inmolarse ellas cual heroínas y a tener hijos/as con cualquiera. Y la verdad es que me parece un motivo de lo más legítimo y sensato. Por muy sublime que sea el amor que una madre le profesa a su bebé recién nacido, no sé si este amor figurado merece el atarse a una relación incierta durante un tiempo indeterminado. Por otra parte, puede que su pareja no quiera tener hijos, aunque ella sí los quiera tener. Me imagino que esto implica una toma de decisiones: ¿romper la pareja? ¿ Esperar a quedarse embarazada por casualidad? ¿Esperar a que algún día cambie de opinión? Y si rompes con tu pareja ¿esperas encontrar otra pareja que sí quiera tener hijos en un tiempo récord? Porque, pongamos que a estas alturas tienes ya 34 años. ¿No será peor el remedio que la enfermedad?

Lo que quiero decir con todo esto es que la maternidad deseada y consentida no es solo cosa de una persona: la madre. Y viéndolo así creo que estamos vertiendo demasiada responsabilidad en las mujeres. Si no nos sentimos seguras para parir y criar, que alguien venga a decirnos lo maravillosa que es la maternidad no hace más que reafirmarnos en la soledad en la que nos vamos a sumir si tomamos la decisión. La maternidad es bella cuando es compartida en un grupo social que acoge a las madres y a sus crías y las cuida como un bien preciado. De otra forma es una gran carga, no porque tengamos que trabajar mucho, sino porque los niños y las niñas, los bebés pueden ser los que sufran al tener una madre poco sostenida por un grupo.

Discursos de crianza en las redes sociales: La guerra servida

   
Leo un estado de Facebook “Me angustia y amarga la vida leer en casi todos los grupos de maternidad o páginas similares cuando se defienden prácticas o situaciones que desfavorecen al niño y hasta violan sus derechos básicos“. Y pienso “ostras, ya les vale a las madres, defendiendo el maltrato infantil”. Pero sigues leyendo (transcribo textualmente): “Queres destetar a un bebé de 8 meses? Queres q tu hijo de 6 meses duerma toda la noche en otra habitación? Crees que un chirlo a tiempo es una manera de educar? Queres darle de comer yogur a los 3 meses?“A ver… Me he perdido. Vale que eso de dar un chirlo (cachete) a tiempo es un maltrato, ahí estamos de acuerdo. Pero unir esto con temas de destete y sueño, con todo lo que eso conlleva, y decir que esta son prácticas que violan los derechos básicos del niño es poner a la audiencia en una situación un poco comprometida. Empezando por que la mayoría de la población se desteta no ya a los 8, sino entre los 3 y los 4 meses y vive el sueño infantil nocturno como una tortura incomprensible. Así que, de momento, la mujer que ha escrito el estado de Facebook se ha echado encima a un porcentaje elevado de la población materna. Con respecto a lo del yogur, el sistema sanitario no contribuye mucho a la educación para la salud de la población en general, teniendo en cuenta que hay pediatras que recomiendan dar la teta cada 3 horas e introducir la papilla de frutas y los cereales a los 4 meses, así que lo del yogur se hará seguramente pensando que le va a ir estupendamente al bebé, no con la intención de fastidiar su salud.

Sin negar que la lactancia materna es lo más de lo más y el colecho una práctica mágica para dormir cuando tienes un bebé y le amamantas, no podemos ignorar que son prácticas poco habituales en nuestra sociedad. Sin entrar en juicios morales: son poco frecuentes. De modo que llegar al Facebook y hablar de prácticas que violan los derechos del niño refiriéndose a prácticas comunes, aceptadas y habituales en nuestra sociedad es entrar pidiendo guerra. No me digáis que no os habíais dado cuenta. 

Pero todavía hay más. Sigues leyendo y encuentras esto: “…y pretendes encima que nadie te diga nada? Que se responda tu inquietud y ya? Pedís que se apruebe tu decisión y punto? No! Y sabes por qué no? Porque vos no importas… Y de verdad importa poco lo mala madre que te sientas, lo que importa es tu hijo.! 

En esta frase, hay tres cosas que hacen saltar todas las alarmas: 1) Le dice a una persona (una mujer, una madre) que ella no importa. A una madre que ha entrado a un grupo, quizás preocupada, a plantear una duda sobre crianza porque no tiene a nadie a quien preguntar. O sí, pero ha confiado en un grupo de madres virtual. ¿Y le dices que ella no importa? Bastante tenemos las mujeres para que hasta entre nosotras mismas decirnos que no importamos. Ya nos lo dice toda la sociedad al unísono. 2) Está reconociendo que esa persona se va a sentir mala madre al oír lo que le tienes que decir. Y que ese sentimiento no debe ser tenido en cuenta. Quizás porque solo es importante ser empático con las personas pequeñas, pero cuando llegan a cierta edad ya da igual ser o no empáticos: que gestionen sus sentimientos como puedan. Y 3) Le estás diciendo a esa persona que eres tú quien realmente te preocupas por SU hijo, y no ella, que es una egoísta que solo se preocupa porque se siente una mala madre y no quiere escuchar los sabios consejos que vienes a darle. 

Muy pedagógico todo ¿verdad? Es irónico, claro. A mí me parece paternalista, arrogante y muy mal educada esta forma de dirigirse a la gente. Aunque tuviese razón. Si lo que pretende es adoctrinar, está produciendo el efecto contrario: aborrecer a las talibanas de la teta y arremeter contra ellas. Así que luego entras inocentemente en cualquier sitio y dices que tú diste la teta y dormiste con tu bebé y la gente se pone a la defensiva. 

Termina el texto en cuestión diciendo: “Pero no se puede pretender que nos den palmaditas en la espalda y nos tranquilicen a nosotras, adultas, cuando quien queda en desventaja es el menor, y encima bajo el lema “lo que importa es criarlos con amor”… Hay que reveer este concepto de amor que da hasta donde me conviene o me alcanza o puedo y que cuando “el otro”, que además es MI hijo, me molesta enseguida busco la manera de hacerlo funcional a mi vida adulta cagándose en sus necesidades reales. Corran el culo y el ego de ese trono adultocéntrico, por favor.” 

Dicen que no existe la guerra de las madres. Que esta forma de dirigirse a madres/mujeres no es bélica. Que decirle a otra mujer, sean cuales sean sus circunstancias, que es una cómoda que busca su bienestar y que no hace todo lo necesario por él bienestar de su hijo es hacerle un gran favor, abrirle los ojos, traer la conciencia a su vida. Perdonad, chicas, pero no. Esta es una actitud que busca conflicto y guerra, y que no le está haciendo ningún favor a las madres a las que os dirigís, y mucho menos a sus hijos. En una sociedad en la que las pautas las da un especialista, un pediatra, en la revisión del niño sano y las mujeres se limitan a seguir sus indicaciones, creo que estamos errando nuestro objetivo. En una sociedad en la que hay mucha información pero una distribución desigual de recursos culturales y económicos, estamos apuntando al blanco equivocado. 

No me cansaré de decirlo: hacen falta más modelos de maternidades que encuentran soluciones exitosas. Y hace falta que las mujeres dejen de estar tan solas en la crianza. Estas guerras solo generan más distancia y más soledad de la que ya existe. ¿O creéis que los hijos e hijas de las mujeres a las que os dirigís en ese tono están mejor desde que vosotras hablásteis con su madre de sus derechos?