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QUÉ ASCO, UN BEBÉ MAMANDO

Freud hubiese disfrutado de lo lindo en nuestro siglo. Tendría tanto material que no sabría por dónde empezar. Publicidad sexualmente explícita en las marquesinas de los autobuses, hombres y mujeres profiriendo la más florida colección de insultos a un señor de negro con un pito, mujeres desnutridas como modelos publicitarias para vender ropa, programas televisivos que muestran a jóvenes maltratándose y haciendo “edredoning”. Y sin embargo, lo que causa escándalo es una madre dando el pecho a su bebé. Inaudito.

Año sí, año también,  surge un escándalo porque una mujer ha sido expulsada por amamantar a su bebé en un espacio público. Las mujeres y hombres que apoyamos la lactancia materna como un acto inherente al ser humano que ha sido practicado en público toda la vida nos ponemos en pie de guerra, y los detractores  mojigatos de este bello acto lo comparan con sacarse mocos, hacer pis o comer un bocadillo.
No es la primera vez que la cadena Irlandesa Primark alimenta el escándalo expulsando a una madre lactante de una de sus tiendas (ver http://selenus.es/index.php/2013/08/14/primark-cabrea-a-las-madres-lactantes/#comments). La excusa es siempre la misma: los demás clientes se pueden sentir incomodados. En los 4 años que di el pecho a mi hijo nunca tuve ningún problema: di de mamar en el banco, en el supermercado, en los restaurantes, en la piscina, en el colegio y en las tiendas de ropa. Nunca tuve un mal comentario ni una mala mirada, todo lo contrario. La gente sonreía y mostraba su satisfacción ante este acto bello y natural. Eso es lo normal. Lo otro es lo anormal: madres intimidadas por guardias de seguridad como si estuviesen cometiendo un delito. Personas encendidas en las redes sociales recriminando la lactancia y dibujándola como algo sucio y reprobable. Centros comerciales con espacios de lactancia claustrofóbicos y antinaturales, en los que se mezcla la alimentación con la micción y la defecación. Muestras de una sociedad enferma que ha perdido su norte.
Mi pequeño dejó de mamar hace tiempo,  pero no voy a dejar de defender a las mujeres que dan el pecho a sus pequeños allá donde se encuentren. La lactancia materna es un signo de salud social y su rechazo nos lleva a recordar las teorías del viejo Freud. Quien vea en la lactancia un acto sucio debería bucear en su subconsciente, a ver qué encuentra. Será un acto curativo y catártico, seguro.

LAS LOCAS DEL PARTO EN CASA

Las locas del parto en casa somos mujeres que sabemos demasiado, unas listillas que nos creemos que sabemos parir y arriesgamos nuestra vida y la de nuestros bebés por cumplir un capricho: tener un parto respetado, íntimo y en el que solo mandemos nosotras. Tenemos obsesión por el control de nuestros cuerpos, porque confiamos sobremanera en ellos. Muchos ginecólogos se echan las manos a la cabeza cuando exponemos nuestras ideas. Ellos nos dicen que somos unas irresponsables y unas indocumentadas, que no sabemos los miles y miles de peligros a los que nos exponemos cometiendo esa locura; después pasan a enumerar uno por uno los peligros que, tanto nosotras como nuestros bebés, podemos correr. Y la verdad, hostias, nunca habría pensado que hubiese tantos obstáculos para parir, siendo una especie asentada a lo largo del planeta y sin riesgo de extinción… de momento.

Una de las cosas que más me impresionaron de mis discusiones sobre el parto es cuando una matrona me dijo que “sin oxitocina, el parto no progresa” . Hombre, y razón no le faltaba. Pero ella se refería a la oxitocina sintética que te enchufan de forma protocolaria en ciertos hospitales. Debe ser que la mujer ha sufrido una mutación y ha necesitado que el hombre sintetizara oxitocina para seguir multiplicándose. También me extrañó la necesidad inminente que le entra al personal sanitario cuando llegas al hospital a parir por romperte la bolsa del líquido amniótico. Qué prisas para todo. Yo, como soy lenta y me pusieron muy nerviosa en mi primer parto, con tanta prisa, tanto grito y tanta urgencia, decidí que nunca más, que el siguiente lo iba a dirigir yo a mi ritmo y con mis condiciones.

Aquí hay que hacer un inciso para todas aquellas mujeres que deciden seguir pariendo en el hospital: parir en casa no es obligatorio, es una decisión personal muy meditada tomada por una loca que tiene que encontrar una persona especializada en partos para que la ayude. Esa persona especializada valora todos los antecedentes y exige un control del embarazo para saber en todo momento si el parto en casa es viable, e inmediatamente, si piensa que no lo es, te recomienda acudir a un hospital para que tu parto sea atendido convenientemente. Estamos locas pero no somos tontas.

Hay países en los que la mayoría de las mujeres están locas y los hospitales se ahorran un montón de dinero a costa de esta locura. El sistema está montado para que las mujeres den a luz en sus casas y el hospital se reserva para aquellos casos en los que es necesario. Pero las locas del parto en casa no queremos romper las tradiciones patrias, aunque sí nos gustaría que dejasen de agobiarnos con frases como “pues vete a parir a un descampado”. Nosotras no queremos parir en un descampado: se está mucho mejor en el calor de nuestro hogar y atendidas por una persona que nos respeta y en la que confiamos.

Las locas del parto en casa no somos muchas y seguro que seríamos menos si los hospitales fuesen un lugar amable y psicológicamente seguro para parir . EL HOSPITAL ES EL LUGAR MÁS SEGURO PARA PARIR, diréis. Bueno, eso sería verdad si dentro de la seguridad no incluimos la indefensión a la que las locas nos vemos sometidas ante protocolos que no hemos elegido, intervenciones que no necesitamos y agresiones verbales que no nos merecemos (por supuesto, sin generalizar, que hay de todo en la viña del señor).

El sueño dorado de toda mujer es un hospital cuya política fuese algo así como “Nuestro protocolo está en función de las necesidades de la madre y del bebé. Priorizamos el parto sin intervenciones innecesarias, si así lo desea la mujer. Sabemos atender un parto normal, quitar las vueltas de cordón, hacer cesáreas, incluso tenemos experiencia en atender partos de nalgas, resolver distocias de hombros, etcétera. Informaremos en todo momento sobre las ventajas e inconvenientes de cada intervención, sin alarmar a la madre y sin decantarnos interesadamente por ninguna opción, siempre que no exista un riesgo más alto para una que para otra. Ofrecemos la epidural, si así lo desea la madre, advirtiendo de sus riesgos  e inconvenientes. De todo esto se informará en cursos de preparación al parto, que tienen como objeto formar a la mujer para estar preparada en un parto normal, y no para ser obediente ante un protocolo impuesto por los profesionales sanitarios”

En todo caso, aunque exista un hospital así, no está en Villa Springfield, así que para esta loca, la mejor opción fue la seguridad de su hogar, la seguridad de su matrona y la seguridad de su cuerpo, que ya había demostrado que funcionaba correctamente. La locura me hizo confiar en que nada podría salir mal y este loco segundo parto me hizo olvidar todos los sinsabores del primero. ¿Que si estoy resentida? No, en absoluto. Estoy convencida y eso es inquietante para los que nos quieren convencer de que el parto es suyo y no nuestro.

KILLER-PROMOCIÓN DE LA LACTANCIA MATERNA

lactancia-materna-3Vamos a dejar una cosa clara: la lactancia materna no hay que promocionarla. Somos mamíferas, es un hecho indiscutible. También somos seres inventores, y hemos inventado sucedáneos de la leche de madre que la imitan con mayor o menor éxito, pero que ni de lejos son lo mismo. Estos sucedáneos son un gran negocio y hay gente que ha hecho fortuna con ellos. Su éxito se debe a varios factores:

  En primer lugar, se ha perdido la relación entre madres, hijas, abuelas y comadres alrededor del hecho de criar. El abismo generacional, fenómeno típico de nuestra sociedad occidental, ha quebrado la transmisión de sabiduría tradicional de maternaje, despojándonos de un conocimiento esencial y de un apoyo básico para lo que supone parir y sacar adelante a un bebé en los inicios. Ahora son el pediatra y las revistas especializadas los que nos enseñan a criar a un hijo o hija. Por eso, rechazamos los consejos de otras mujeres frente a los de algunos especialistas que aseguran que nuestra teta es pura agua y nuestros/as hijos/as necesitan complementos alimenticios mucho más nutritivos que la leche de madre.

Frente a esta ideología, muchas mujeres se están comenzando a reagrupar y a regenerar este conocimiento perdido. Saludo desde aquí a la doctora Menguele, pediatra del Centro de Salud del Pueblo de Vallekas, por haberme hecho creer que un bebé podría explotar si se le dejaba enganchado a la teta toda la noche y haberme convencido de retirar la lactancia a mis mellizos por tener que ir a trabajar dos días a la semana. Señora pediatra, ustéd no tiene ni idea de lactancia, ni como madre ni como especialista. Ojalá que las mujeres se hayan dado cuenta y hayan ido dejando su consulta vacía a lo largo de los años. Es usted una desinformada, pero es médico y por eso la gente se cree lo que le cuenta. Vasusté a la mierda doctora Menguele.  

Aquí siempre suele surgir la pregunta sobre las parejas que adoptan a sus hijos e hijas. La adopción es un acto de amor que nunca pondría en cuestión y que va más allá de la forma de alimentación que se le ofrezca al bebé. No estoy en absoluto de acuerdo con las personas que ponen la lactancia materna y la crianza “de mujer” por encima del deseo de ofrecer un hogar a niños y niñas que no lo tienen. No estoy en absoluto de acuerdo con los vientres subrogados, en los que la madre alquila su útero y desaparece una vez que el bebé ha nacido, me parece una forma más de explotación de las mujeres y una falta de conciencia sobre la cantidad de niños y niñas que necesitan un hogar. 

En segundo lugar, algunas mujeres alegan que necesitan su independencia y libertad y sienten que la lactancia las convierte en esclavas de un pequeño subcionador que las reclama día y noche en busca de sus pechos. El biberón lo puede dar cualquiera, de modo que el bebé puede pasar de unos brazos a otros para ser alimentado. Esta premisa funciona solamente si la alimentación artificial va acompañada de una crianza también artificial: tomas pautadas de forma regular y un bebé que pasa de los brazos para ser alimentado a la cuna para dormir. Hay quien incluso sugiere que se les dé el biberón sin sacarles de la cuna para que no se les acostumbre a los brazos. En fin, eso puede funcionar para algunas madres, pero a mí me gusta disfrutar de mis bebés con el contacto, me gusta cogerles en brazos y no me gusta que otras personas, a no ser que sean sus padres, se hagan cargo de ellas/os. He usado biberón y he ofrecido una lactancia prolongada, y ambas maternidades son agotadoras; en ambas los bebés son demandantes y en ambas he tenido poco apoyo social. Pero la diferencia es que con la lactancia materna y el colecho, yo dormía, y con el biberón y la cuna en otro cuarto, no. Además, con la teta no hacía falta que planificase las salidas: siempre llevaba conmigo todo el alimento que necesitaba el bebé. Fue un engorro cuando empezó a comer sólido, no una liberación.  

Por último, la función sexual de los pechos gana el pulso en ocasiones a la función nutricia. Muchas mujeres se niegan a dar el pecho a sus bebés por no estropear su figura. Bueno, está claro que cada cuál es libre de usar su cuerpo para lo que quiera, no seré yo quien las juzgue. Pero personalmente, creo que después de cuatro años de lactancia, no he tenido ningún problema con mis pechos y siguen cumpliendo su función sexual tan bien o mejor que antes. Hombre, es verdad que la maternidad deja sus cicatrices, pero al final todas vamos a llegar a viejas, ¿o qué os creéis, que el cuerpo de adolescente dura toda la vida? 

Por lo tanto, no voy a promocionar la lactancia materna, ya que es la forma natural de alimentar a los bebés humanos. Quien quiera usar métodos artificiales (o los necesite) está en su perfecto derecho. Pero sí recomendaría a las y los pediatras, en los que tanto confían algunas mujeres, que no contribuyan a la desinformación. La lactancia materna es a demanda, no cada tres horas. La leche materna sigue conservando sus poderes nutritivos durante todo el tiempo que el bebé mama. No hacen falta ayuditas en condiciones normales, que son la mayoría. Los bebés no necesitan ningún otro alimento hasta los 6 meses, y a partir de entonces la alimentación que reciban es complementaria, y no sustituye a la leche materna, que se recomienda ofrecer hasta al menos los dos años (o más, si queréis).