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INSIDE-OUT NO ME REPRESENTA

  
Me encanta que disney-Pixar haga películas de animación cada vez más curradas, coloristas y emocionalmente desafiantes. Y me gusta verlas y desmontarlas después poco a poco, desgranarlas y desmembrarlas. Cualquier artista desea tener un lector o una lectora que desentrañe su obra y descubra en su interior los tesoros escondidos que depositó en ella. Sin embargo, no estoy segura de que Disney lo desee y por eso se dirige al público más vulnerable, al que se entusiasma con sus entrañables personajes. 

Mi familia reconstituida, una familia que ni por asomo Disney incluirá en su repertorio de arquetipos, ha hecho que vea la película 2 veces: la primera para disfrutarla, la segunda para deconstruirla. Y es que si te gusta el cine y eres madre, pasarás muchos años consumiendo películas infantiles y tendrás la oportunidad de pensar lo que les están vendiendo a tus hijas e hijos.  Y la verdad es que, lo que “del revés” (pésima traducción del título en inglés) quiere venderles, no me gusta. 

El mensaje oficial es que la tristeza tiene su utilidad, lo pillas a la primera y gusta porque te permite desmentir de un plumazo el acoso de los partidarios del positivismo a toda costa. Pero detrás de este mensaje oficial hay otros muchos, que se van desentrañando a medida que piensas en las cosas que la película te plantea como dogmas inamovibles. 

No voy a hablar de los aspectos de género, elementos que ya se han debatido en otros sitios y con los que estoy de acuerdo. Pero he de decir que la madre de Riley, sensata, cuidadora, sin trabajo y con la tristeza como jefa de las emociones, no me representa. ¿Os imagináis estar toda la vida guardando el recuerdo del tío bueno y erudito para salir adelante en una realidad en la que vuestra pareja os parece mediocre? Quizás ese sea el secreto para mantener una impecable familia nuclear que hace que la personalidad de Riley tenga una flamante isla de la familia. Es verdad que la isla de la familia se podría constituir de otras muchas formas, pero Inside-Out ha decidido que sea la tradicional familia nuclear la que presida esta metáfora. Seguro que no soy la única persona con familia no tradicional que se ha preocupado por el efecto de esta reificación en sus hijos e hijas. Yo me he visto impulsada a decirles que ellos tienen un pedazo de isla de la familia como la copa de un pino, con muchas personas adultas ocupándose por su felicidad y su bienestar. Y se sintieron reconfortados con la aclaración, se lo noté en la cara. 

Las películas de Disney está diseñadas desde un supuesto de normalidad. Y los espectadores se ven impulsado a juzgarse de acuerdo a este canon. En este sentido, el concepto de mente que propone la película no es en absoluto inocente. Tampoco coincide con los avances científicos sobre el funcionamiento de la memoria, las emociones y el pensamiento. Por eso me parece sorprendente escuchar a la gente decir “todo lo que ha aprendido sobre la mente” viendo la película. No es este el lugar para hacer un análisis minucioso sobre el modelo de memoria que plantea, en qué momento de la historia de la Psicología quedó descartado ese modelo y cuál es el modelo que se promulga actualmente. Pero sí me gustaría señalar dos consecuencias que se desprenden de la forma que tiene Inside-Out de dibujar la mente humana. 

En primer lugar, el modelo que plantea la película es radicalmente realista. La memoria refleja lo que realmente ha pasado, de forma fidedigna, y solamente matizado por la emoción que tiñe el recuerdo. Este modelo se contrapone a los modelos reconstructivos de la memoria, en los que la mente no guarda el conocimiento sino que lo reconstruye a partir de indicios y de memorias compartidas con nuestros congéneres. En los trabajos sobre memoria de testigos es evidente que esta capacidad humana no funciona como un espejo, y que el ser humano no aprehende la realidad sino interpretándola y haciéndola suya. Varias personas que sean testigos de un mismo hecho pueden rememorarlo de maneras muy diferentes dependiendo de distintas variables personales y situacionales. Por tanto, la verdad absoluta no está ahí fuera para ser reflejada. Pero ya se sabe: el relativismo es uno de los mayores enemigos del pensamiento único. 

En sengundo lugar ¿os imagináis una mente únicamente dirigida por las emociones? El hecho de que una niña decida escaparse porque ha sufrido una mudanza, un cambio de contexto, un trauma en el que no ha sido acompañada debidamente, una pérdida de un círculo de iguales bien establecido, un conjunto de situaciones que afianzaban su personalidad y le daban seguridad y autoestiva, se explica porque alegría y tristeza se han caído de la torre de mando. Vaya. Es una explicacion descontextualizada, individualista, que no nos permite buscar soluciones externas a nuestros problemas y nos impele a culpar al desequilibrio emocional de nuestros actos impulsivos y aparentemente disfuncionales. Así que, si alguien hace algo fuera de lugar, lo más probable es que sufra un trastorno, esté loco, necesite tratamiento, etcétera etcétera. Es una manera estupenda de mantener controlada a la población: establecer el locus de control de los problemas siempre dentro de uno mismo y que la gente no se plantee que quizás lo que haya que cambiar sea el sistema. 

Para los que piensen que esto es “rizar el rizo”, les deseo que sigan disfrutando de las películas infantiles tanto como lo hago yo. Para los que prefieran ir un poquito más allá, solo decir que este es un análisis precipitado y que la película invita a otras muchas interpretaciones que me encantará leer en los comentarios y en otros post. 

¿Por qué censuran los pezones?

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Ayer, la Fox nos sorprendió con un acto de censura absurdo y cateto: el que dicen que es el cuadro más caro de la historia, Las damas de Argel, de Picasso, apareció con los pezones de las damas emborronados. ¿Quizás los de la Fox temían que nos excitásemos con la visión de los pezones de un cuadro cubista? ¿Seguro que este gesto responde exclusivamente a la patanería de los responsables de una cadena de televisión?

Si tenéis una cuenta en Facebook, sabréis de su obsesión por los pezones. Si hay algo que les produce pavor a los administradores de esa red social es el cuerpo de las mujeres, y especialmente nuestras tetas y su puntiagudo acabado. En el siglo XXI, en el que la pornografía es el negocio que más dinero genera en Internet, no creo que esta obsesión censuradora esté originada en un inocente pudor derivado de valores tradicionales. Por el contrario, considero que este afán por censurar nuestros pezones deriva de un acto intencional que tiene como objeto hacer del pezón femenino un elemento de connotaciones exclusivamente sexuales. 

¿Y que tiene de malo que el pezón femenino tenga connotaciones sexuales? Diréis. Pues nada, si no viviésemos en una sociedad hipócrita que difunde violencia y pornografía de manera indiscriminada y después construye la sexualidad como un conjunto de actividades secretas que deben permanecer ocultas en los espacios públicos. Lo único que tienes que hacer para revestir algo de un halo de suciedad es prohibirlo. Y prohibir la visión de los pezones femeninos es algo que se manifiesta con más fuerza en una época en la que la difusión de la imagen en forma de vídeos y fotos caseras se ha extendido a la población general como parte de la era digital. Nuestro mundo está dominado por la imagen, y todo el que tenga una cuenta en una red social tiene la capacidad de difundir sus fotos. Sin embargo, a nosotras se nos veta la posibilidad de difundir fotos de nuestros pechos. Incluso las imágenes de amamantamiento han entrado en la categoría de censurables. 

Y es aquí donde quería llegar. Hubo un momento no muy lejano en la historia en el que dar el pecho en público era la cosa más normal del mundo. El ser humano es una especie mamífera, y los pechos femeninos, en fin, aunque no haga falta decirlo, tienen una función alimenticia en nuestra especie y se han usado hasta no hace mucho tiempo para amamantar a las crías. La historia del arte nos ha dejado gran cantidad de vírgenes de la leche que pueblan los museos europeos.

Virgen de la leche. Bartolomé Bermejo.
Virgen de la leche. Bartolomé Bermejo.

Censurar sus pezones sacros supondría una ingente labor de lavado de cerebro y de atentado contra el patrimonio. Pero la ignorancia social que nos invade, acompañada de la invasión mediática de las redes sociales y de la intolerancia de ciertos organismos públicos (tiendas, piscinas, museos bibliotecas de las que se expulsa a las madres lactantes), crean una visión de persecución social y rechazo de la lactancia materna. 

¿Y quién se beneficia con todo esto? Pues, como no podía ser de otra forma, las grandes multinacionales que nos venden sus productos artificiales para alimentar a nuestros bebés, y entre ellas, Nestlé, multinacional suiza que lleva 140 años en el mercado, obteniendo pingües ganancias con lo que llama “salud y nutrición”. Imaginad que la lactancia materna volviese a recuperar su puesto como forma de alimentación prioritaria de las niñas y los niños. Imaginad que los partos fuesen respetuosos y no medicalizados, no se separase a los bebés recién nacidos de sus madres nada más nacer, se usase la técnica de la cesárea solo cuando fuese estrictamente necesario y las bajas por maternidad permitiesen amamantar hasta los 6 meses en exclusiva y al menos hasta los 2 años con alimentación complementaria. Imaginad que pudiésemos sacar nuestros pechos en cualquier sitio sin sentirnos censuradas, juzgadas y castigadas. Eliminando todas esas trabas para el establecimiento de una lactancia materna exitosa, se acabaría el negocio de la leche materna (aunque ya sabemos que Nestlé tiene recursos para todo, y se va a engañar a las mujeres del “tercer mundo” cuando las del primero dejan de enriquecerle).

Así es cómo la mojigatería hipócrita de nuestra sociedad ante nuestros pechos desnudos controla prácticas de subsistencia tan básicas cono el amamantamiento y contribuye al enriquecimiento de unos pocos basado en el sufrimiento de muchos. Este es uno de los ejemplos de cómo la era digital controla nuestras prácticas y nuestros cuerpos. Si has conseguido, tras los muchos obstáculos que te pondrán y las múltiples informaciones erróneas sobre la lactancia materna que difunden personas de bata blanca, ofrecer la leche que tú misma generas y que es gratis, a tu bebé, todavía te queda enfrentarte al rechazo público de tus pezones. Y quizás decidas llevarte un biberón esos días que sales de casa y estás fuera todo el día. Porque sacar la teta en un espacio público te supone sudores y disgustos.

La censura pública recluta múltiples adeptos y adeptas que, con su ignorancia, están contribuyendo a que otros (que no son ellos) conserven sus ganancias a costa de nuestra salud. Por eso, movimientos como el #FreeTheNipple , al que se han unido famosas de todo el mundo, o el #MamáNoTeEscondas , promovido por madres y padres blogueras españolas, son de gran importancia y actúan como formas de resistencia al control semiótico que los medios de comunicación digital pretenden instaurar sobre nuestros pezones. 

La persistencia en la censura de los pezones los sitúa en una posición comprometida ante los ojos de millones de internautas y televidentes que, obedientes y sumisos en unas ocasiones, o pagados por intereses que no dan la cara en otras, van sembrando la inquina en las redes sociales con sus comentarios y denuncian el mínimo indicio de pezón que encuentren por ahí. Todo grupo de mujeres sobre parto natural o sobre lactancia tiene su troll. Con todo el tiempo del mundo, este personaje se dedica a denunciar puntualmente las fotos de amamantamiento o de partos naturales y a censurar, cargado/a de razón, a aquellas madres que se sienten en el derecho de mostrar prácticas que están en el corazón de nuestra existencia como especie. 

Se habla mucho últimamente (y con razón) de los ataques que sufren los grupos de feministas en las redes sociales. Aquí podríamos incluir los ataques que estamos sufriendo las personas que defendemos la lactancia natural y el parto respetado, que nos posicionamos en contra de la violencia obstétrica y de la medicalización excesiva, masiva y no necesaria de la infancia. Todo esto va en contra de intereses económicos muy poderosos (el alimenticio y el farmacéutico) que dependen, entre otras cosas, del control del cuerpo femenino para subsistir. Lo único que podemos hacer contra estos ataques es resistir. Y el único arma que tenemos es la unión, el apoyo mutuo y la difusión de la información. 

Pediatras y patriarcas

LactanciaEl médico pediatra, ese señor que un día decide escribir un libro ojeando sus apuntes de la carrera que estudió hace lustros, nos dice que no seamos dogmáticas, que no ocupemos nuestras trincheras. Que no seamos tercas y no dejemos morir de hambre a nuestras pobres criaturas, empeñadas como estamos en darles de mamar más allá de los cuatro meses, cuando ellos y ellas, bebés indefensos, claman por una buena papilla de cereales y de carne picada. Ya se sabe que la humanidad no evolucionó hasta que se inventó la batidora y las grandes multinacionales comercializaron leche en condiciones, en polvo y salida de las ubres de las vacas, ese animal sagrado que nació para alimentar a nuestros cachorros.

Señor pediatra, qué haríamos nosotras sin usted, que sabe más de nuestras tetas que nosotras mismas. Gracias pon pensar en nuestros pezones doloridos por el continuo roce de las edípicas bocas de nuestros bebés. Ahora, el padre podrá ocupar el lugar que le corresponde: el de cabeza de familia entre nuestros lúbricos pechos y el pequeño déspota que solo desea nuestro cuerpo de madres. Edipo Rey ha sido derrotado y todo ocupa su lugar. Ya no nos aventuraremos en calles y plazas enseñando nuestros turgentes manantiales impúdicos, amamantaremos lo justo y lo necesario, cuatro meses, lo que dura un permiso por maternidad. Ni más, ni menos.

Gracias, señor pediatra, por traer ese rayo de luz. La OMS nos quiso convencer de que lo mejor para nuestras criaturas era amamantarlas 6 meses en exclusiva, solo con la leche de nuestros pechos, ese extraño líquido que no sabemos porqué mana de nosotras. Nos intentaron convencer de que éramos mamíferas, incluso nos hablaron de extraños benefícios sobre la maduración del sistema inmunológico de nuestros infantes, y de la prevención del cáncer de mama y otras partes de nuestro cuerpo. Y nos lo creímos. Y decidimos amamantar. Incluso algunas seguimos haciéndolo después de los 6 meses, después del año, de los dos años, de los 3… Inaudito.

Ahora, gracias a sus doctos y moderados consejos, nuestros pezones serán libres y nuestros bebés engordarán sus michelines y los bolsillos de las grandes multinacionales. Nos sentiremos aliviadas por estar contribuyendo a una buena causa: el enriquecimiento de esos pobres empresarios, patriarcas como usted, que tanto han hecho por la humanidad. Gracias por alejarnos de nuestro dogmatismo. No más teta. Seamos sensatas. Hasta los cuatro, solo la puntita.

La píldora de la felicidad

Es bien sabido que existe un sesgo de género en cuanto a la prescripción de ansiolíticos y  antidepresivos. En atención primaria, se receta con mucha más frecuencia este tipo de fármacos a mujeres que a hombres. ¿Qué pasa con las mujeres? ¿Somos más propensas a los desórdenes mentales? ¿Nos condiciona nuestra genética y nuestras hormonas a sufrir con más frecuencia ataques de ansiedad y depresión? ¿Somos la versión postmoderna de las victorianas histéricas que acudían a la consulta de Freud para psicoanalizarse y recibir sesiones de hipnosis?191007

Pongámonos en situación. El trabajo, la casa, los niños, son demasiadas cosas para una sola persona. Nuestra pareja también trabaja, y aunque colabora en el hogar (las veces que podemos decir esto, reconocedlo, no son muy abundantes) no asume la responsabilidad de la misma forma que lo hacemos nosotras. Plancha, comida, reuniones en el colegio, aseo de los niños, llevarles al médico, comprar el material escolar, ir a la reunión de trabajo, preparar los informes del mes, corregir trabajos y exámenes, estar presentable para salir a la calle… al final la montaña se va acumulando sobre los hombros y nuestra salud se resiente. Y empezamos a pensar si somos tontas o qué. Si es normal que toda la responsabilidad de una familia recaiga sobre los hombros de una sola persona. Mientras, vemos imágenes en la tele de casas perfectas, niños inmaculados, mujeres a la última con peinados perfectos que llegan a la oficina como si tal cosa y, cuando vuelven, todo está listo para seguir la rutina hogareña. Ah, y no lo olvidemos: la relación de pareja también es perfecta.

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Es entonces cuando se produce el crack. Y es aquí donde tenemos distintos caminos que elegir, que dependen de la forma en la que definimos el problema

1) Hay mujeres que achacan el ataque de nervios a su desordenada salud mental. No solo ellas: toda la sociedad lo hace. Una mujer que se descompone, sufre ataques de ansiedad, llora, chilla, es y siempre ha sido una histérica. El problema está en su interior: si no sabes regular tus emociones, si no consigues respirar y contener toda esa ira que mana de tu interior, eres una enferma mental. Es entonces cuando las mujeres acuden al médico y éste, que ya está acostumbrado a este patrón, les receta ansiolíticos y antidepresivos. Problema resuelto. La píldora de la felicidad como droga legal hace su trabajo, el mismo que hace el alcohol de manera menos aprobada por la sociedad. Ahogamos nuestras penas en las pastillas y el problema está resuelto, porque hemos definido el problema como nuestra reacción emocional desajustada a nuestro mundo circundante. Es el mismo proceso que observamos con el diagnóstico de TDAH y su medicalización: si el niño es “muy movido”, un diagnóstico de hiperactividad y la posterior medicalización con Ritalín resuelve el problema definido desde el interior del individuo.

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2) En segundo lugar, hay mujeres que tiran por el camino de la psicología positiva. Leen a Paolo Coelho, a Fisher, a Dyer. Se gastan una pasta en literatura de autoayuda y en clases de yoga. En este proceso, aprenden muchas cosas y mejoran su forma de pensar y su salud tanto física como psíquica. Sin embargo, en ese proceso descubren que hay cosas en el exterior que no cambian cuando cambia tu interior. Que un proceso de comunicación sana depende de ambos interlocutores, y que si el otro no está dispuesto a cambiar las normas del juego, por muy buena comunicadora que hayas aprendido a ser, hay escollos insalvables. Cuando vuelves de tu clase de yoga, la montaña de tareas sigue esperándote agazapada en el hogar. Aquí, el problema vuelve a estar definido desde el interior del individuo, aunque hay un paso hacia el exterior. Hemos resuelto parte del problema: nos sentimos mejor. Pero el exterior sigue siendo el mismo: demasiadas tareas para una sola persona, demasiadas exigencias, falta de comprensión, balones fuera, etc.

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3) La tercera vía nunca la recomiendo sin haber pasado por la segunda, aunque esto no será garantía de que no perdamos los nervios más de una vez. Esta tercera vía consiste en abordar el problema de cara. Coger el toro por los cuernos. En este camino hay mucho de ruptura, de aceptación y de cambio. En esta vía no tememos el conflicto: lo afrontamos como herramienta de transformación. Es cierto que este camino puede conducir a cambios drásticos. Implica definir el problema desde el exterior. De esta forma, nuestra relación de pareja, nuestras relaciones familiares, sociales y laborales se ven cuestionadas. Es la hora de un cambio que favorezca nuestra salud física y mental. La forma de resolver este problema puede ser muy diferente en distintos casos, pero en esta vía no nos sometemos a la opresión de la medicalización, que nos culpabiliza y aplaca nuestras emociones, que nos mantiene en la posición de que el problema somos nosotras.

Bien hermanas, toca pensar qué debe cambiar en nuestra vida para dejar de derrapar. La píldora de la felicidad es una solución pasajera que nos mantiene dormidas. No digo que no haya casos extremos en los que sea necesaria (nunca la he probado, la verdad), pero no me creo que las mujeres padezcamos más depresión y ansiedad por naturaleza. El recurso a la pastilla es la vía fácil que nos ofrece, sí, lo  voy a decir, el patriarcado para aplacar nuestro inconformismo con la situación a la que nos vemos sometidas. Antes, la santa inquisición quemaba a las brujas. Ahora las droga para que estén tranquilas y sin armar mucho alboroto. 

Lo sé, no estoy dando ninguna solución, ni siquiera un mísero decálogo. Pero es que no hace falta. Lo único que necesitamos es observar, evaluar, aceptar y actuar. Ninguna solución es rápida ni definitiva, pero lo que hay que tener claro es que lo importante es la forma en que definimos el problema. 

Algunas cosas que a las madres que dan lactancia materna a su bebé les molesta oir

Lactancia maternaNo es que sea una desagradecida. Agradezco mucho que hombres que no darán de mamar en su vida se preocupen por nuestro buen hacer a la hora de emprender la lactancia. Pero hay algunas cosas que me incomodan cada vez que leo lo que escriben algunos de estos hombres pro-lactancia materna. No voy a hacer un decálogo, como ha hecho Bebes y Más estos últimos días en tres entregas. Creo que los decálogos nos obligan a decir 10 cosas, cuando quizás lo podíamos haber dejado en 3. Vamos pues con la primera.

1) No le digas a una mujer que amamanta que “no hace falta que tenga la casa impoluta y que pida lo que quiere y necesita”. Diciéndole esto a la mujer, estás dando por hecho que es ella la responsable del hogar y del bebé en exclusiva. Puede que en algún caso lo sea. Pero en los casos en los que haya una pareja, es a él a quien hay que decirle que tiene que ponerse las pilas y mantener la casa en orden y la nevera llena sin que la mujer que amamanta tenga que pedírselo. Lo necesita porque ahora hay un bebé que pide teta con frecuencia, día y noche, y no puede ocuparse además de alimentarle y cuidarle a él (o ella). Si la pareja se hace consciente de esto, logrará un entorno acogedor en el que será mucho más fácil establecer la lactancia, que ya sabemos que, en sus inicios, no es un camino de rosas. La leche brotará de forma abundante y el bebé y la mamá tendrán tiempo de establecer su vínculo con calma y descanso.

2) No des por hecho que la mujer que amananta es un ser indefenso lleno de inseguridades. La seguridad en el propio cuerpo es la base en la que se fundamenta una lactancia exitosa. Por eso, no temas que la gente hable del tamaño de sus pechos o que haga comentarios sobre la calidad de su leche. Formar al personal sanitario para que informen adecuadamente a las mujeres sobre este proceso natural es muy importante. A las suegras, madres y vecinas no tenemos acceso, pero sí a las madres. Dotémoslas de esa seguridad necesaria y que los cursos de preparación al parto sean también de preparación a la lactancia.

3) Asume que hay mujeres que trabajan y que no quieren dejar de hacerlo. No plantees el dejar de trabajar como una solución para que prolonguen su lactancia. Emplea las energías que malgastas intentando convencerlas de que es mejor que se queden en casa en luchar por una conciliaciación real. Emplea esas energías en concienciar a la sociedad sobre la importancia de la maternidad y la lactancia materna prolongada.

4) Y por encima de todo, no le digas a una madre lactante que va a perder su belleza por culpa de la lactancia, y que así lo debe de asumir porque va en beneficio de su bebé y es un proceso natural. Tampoco le digas a su pareja que debe asumir que los pechos de su mujer han perdido su función sexual. No se lo digas sobre todo porque es mentira. Las mujeres son bellas en todo momento, y “lucir el busto” es una de las cosas más recomendables en el periodo de lactancia. Esos pechos repletos de leche son bellos, y los de después de la lactancia son bellos. Y además, en ningún momento pierden su función sexual. Es recomendable que la pareja no pierda de vista esta faceta y les hará mucho más felices. Tendrán que adaptarse a la nueva situación, como no. Pero dejar de tener en cuenta a la mujer para ensalzar a la madre no es la solución.

Este tetrálogo responde a algunos puntos planteados en esta entrada y en esta

UN APEGO EXCESIVO… O ALGO PEOR

Niño durmiendo
Niño durmiendo

En este vídeo emitido por A3 TV el 13 de marzo de 2014 podemos ver una “noticia” que habla del sueño de los niños. El título,  “más de la mitad de los bebés padecen problemas de sueño” nos trae a la cabeza a un montón de niños insomnes dando vueltas en sus cunas… ah NO, espera, ¿que los bebés en realidad tienen que dormir toda la noche de un tirón? Vaya, parece que nos han tocado todos y todas las bebés del 50% insomne.

En este minireportaje salen dos personas hablando como expertos sobre el sueño de los niños, un hombre y una mujer. En ningún momento se nos informa por qué estas personas hablan con tanta autoridad sobre el sueño infantil. ¿Serán pediatras? ¿psicólogos? ¿padres, al menos? No lo sabemos, pero hablan con gran desenvoltura sobre las características del sueño infantil y nos dan consejos para paliar la desinformación a la que sometemos a nuestros hijos sobre CÓMO SE DUERME. A ver ¿es que no os habéis enterado de que incluso los primates enseñan a sus monitos a dormir?… Ah, ¿que no? Vale, es que yo creía que, como lo habían dicho dos que parecían expertos, sería verdad.

Tampoco se nos informa a lo largo del reportaje sobre las fuentes de toda la información que nos están dando. ¿Se han realizado estudios para saber cómo es el sueño normal de un bebé y cómo el deficitario? ¿Se ha indagado en las causas de estos problemas de sueño? Porque afirman con mucha soltura que los niños duermen mal por culpa de la vida desordenada de los padres, que no son capaces de generar rutinas a lo largo del día. Lo que me pregunto es cómo dormían los bebés de los cazadores-recolectores, todo el día vagando de aquí para allá para conseguir comida, sin un lugar fijo en el que dormir… todos insomnes, pobres.

De acuerdo con McKenna y colaboradores, que me merecen mucha más confianza que los expertos sin nombre del vídeo, la forma habitual de sueño de nuestros ancestros ha sido el colecho. La razón es de tipo biológico: los bebés humanos necesitan el cuerpo de su madre para regular sus funciones durante el sueño, además de tener a su disposición su único alimento: la teta. Además, estos autores atribuyen los elevados índices de muerte súbita en nuestra sociedad a la ruptura de las costumbres naturales de sueño y alimentación. El colecho y la lactancia materna, en este sentido, previenen la muerte súbita, no la provocan. Es cierto que hay que tomar ciertas precauciones en situaciones de obesidad de alguno de los colechantes, o si alguno ingiere alcohol, somníferos u otras drogas. Pero no hay datos que demuestren que en el resto de los casos exista riesgo de muerte por aplastamiento del bebé, como sugiere muy alarmada la “experta” del vídeo.

En cuanto al apego excesivo que dicen puede producir el dormir con los niños en la misma cama, tampoco nos dan datos al respecto. ¿Pretenden que en el siglo XXI nos creamos a pies juntillas todo lo que nos dicen sin que intenten demostrárnoslo siquiera? En primer lugar ¿qué es un apego excesivo? Yo he oído hablar del apego seguro, que es el que desarrolla un niño con una o varias figuras que le cuidan de forma constante a lo largo del tiempo, y luego de otros apegos que se consideran menos sanos, pero nunca, en ningún estudio he visto mención a que una de las causas de estos apegos patológicos sea el colecho. Y tampoco he oído hablar de “apego excesivo” en ninguna teoría o trabajo experimental. Por otra parte, si como ya he dicho, el colecho era la forma habitual de dormir de nuestros pequeños ancestros, ¿cómo sobrevivieron a esa incapacidad para independizarse de su madre, estando como estaban todo el día pegados a ella?

Los medios de comunicación deberían informarse un poco más antes de soltar este tipo de documentales al aire. Me da la impresión que este fue un pequeño reportaje de relleno al que no le dieron mucha importancia. Sin embargo, la tiene. Imagínense cuántos padres y cuántas madres estarán pensando ahora si su bebé tiene problemas de sueño, sintiéndose culpables porque le meten en la cama cuando llora por la noche, forzando al bebé a dormir en la cuna y explicándole que se tiene que dormir porque es de noche. Hay mucha información al respecto que nos habla de los beneficios del colecho, que arroja luz sobre la maduración del sueño infantil y de la adaptación progresiva a los ritmos circadianos. Por favor, antes de hablar, estén seguros de que lo que dicen es mejor que el silencio.

Cuestión de ética

El fango de la vida
El fango de la vida

(Editado)

Ya sabéis que no me callo nada. Es mi gran defecto… y mi gran virtud. Ya sé que la sinceridad es molesta, y hay quien dice que quien se jacta de ser sincero, lo que es realmente es un sádico loco (en este caso, una sádica loca). Pero siempre tengo mis cartas sobre la mesa, para que todo el mundo las vea. Por eso, me cuesta mucho, muchísimo, digerir una traición o una jugada sucia.

No me molesta, aunque me duela, que la gente no tome partido en mis alegatos. Comprendo que la gente prefieran callar sus opiniones y expresarlas en privado. Así es la vida, y es justo. Eres libre de expresarte o de no hacerlo. También es importante que, cuando te expreses, lo hagas con argumentos, esa herramienta discursiva tan desconocida en nuestro país. Pero usar artimañas ajenas al discurso para minar la credibilidad del que argumenta, eso es, aquí y en cualquier sitio, JUEGO SUCIO.

Por ejemplo, imaginad una situación. Imaginad que yo tengo una amiga que trabaja en el instituto al que acuden mis hijos. Imaginad que yo no estoy de acuerdo con algún aspecto de la educación que se ofrece en el centro, y yo se lo comento a mi amiga, no como profesional que trabaja allí, sino como amiga mía que es (no sin antes emplear los cauces reglamentarios para manifestar mi desacuerdo). Poneos en su lugar. Poneos en el mío. Yo confío en que ella sabrá diferenciar entre su papel de amiga y su papel de profesional. Y le abro mi casa, le cuento mis preocupaciones. Sabe mucho más de mi que lo que nunca podría saber nadie en ese instituto. Esta amiga sabe de mis alegrías y mis penas, mi forma de pensar, sabe de la existencia de mi blog y de mis circunstancias familiares Olisquea todas las publicaciones de mi facebook, a veces en horas de trabajo, porque así me lo ha confesado ella misma.

Muy arriesgado ¿verdad? ¿Qué sentiríais si os enteráis de que esa persona ha llevado todo ese conocimiento, obtenido en conversaciones privadas, y lo ha usado en el centro educativo de vuestros hijos? ¿Es lícito convertir lo privado en público? ¿Va esto contra la ética profesional? ¿Va contra la ética humana?

La búsqueda de la verdad y de la justicia solo puede estar basada en la lucha argumental limpia y en igualdad de condiciones. Cuando la limpieza y la igualdad desaparecen, todo se convierte en fango. Y tened por seguro que, cuando surge el fango, todos los implicados terminan enfangados.

ANA Y MÍA: BLOGS PRO ANOREXIA Y BULIMIA

                                     
Hoy os voy a hablar de algo que es interesante  que todas las familias conozcan para prevenir la incursión de sus chicas y chicos adolescentes en una peligrosa comunidad que lleva en auge durante años en las redes sociales: los blogs y foros pro-Ana y Mía. Quien más, quien menos, todas hemos oído hablar de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), la anorexia y la bulimia entre otros. Estos trastornos son complicados de superar y en algunas ocasiones pueden conducir a la muerte. Van acompañados de una autoimagen distorsionada del propio cuerpo y un deseo de adelgazar para adaptarse a los cánones estéticos planteados  en nuestra sociedad. Las personas con anorexia restringen hasta límites extremos la ingesta de alimentos, mientras que las personas con bulimia, a pesar de comer, vomitan lo que han ingerido.
Los blogs y foros pro-Ana y Mía surgen como un espacio de encuentro para personas con estos trastornos (la llamada Anorexic Nation). En estos espacios, en los que escriben mayoritariamente chicas, se fomenta una cultura de la delgadez extrema y se ofrecen consejos (tips) para mantener el autocontrol en la ingesta de comida y alcanzar metas en relación al peso corporal. QUOD ME NUTRIT, ME DESTRUIT es uno de sus lemas. Esta actividad se reviste de una estética fantástica y religiosa: las chicas quieren llegar a ser princesas, ángeles, seres etéreos y transparentes que se desprenden de la grasa para alcanzár la perfección. Es interesante la identidad de Wannabe: son las personas que se acercan a estos foros para recibir los consejos de los que ya han alcanzado la perfección. Son chicas, y en algunas ocasiones chicos, que sin tener el trastorno quieren dejar de comer para perder peso. En algunos casos, las Wannabe son tratadas con desprecio; no pertenecen de una forma pura y completa a esta comunidad, ya que para que esto suceda, Ana o Mía llegan sin avisar, de una forma inconsciente, casi poseyendo la voluntad de quien la sufre. Por el contrario, las Wannabe son advenedizas que quieren, conscientemente, adoptar comportamientos anoréxicos y bulímicos para perder peso. En realidad, la línea que separa a las princesas y a las Wannabe es muy fina: el peligro de caer en un trastorno alimentario es real y comienza con la incursión en la comunidad. Aunque algunas de las “princesas” aconsejen a las Wannabe que dejen de husmear en sus blogs, probablemente un gran porcentaje persista en sus objetivos y caiga en las garras de los TCA .
No voy a poner aquí ningún enlace a estos blogs, los podéis encontrar fácilmente googleando. Es importante saber que existen y saber cuál es su filosofía: los TCA son una forma de vida para ellas, un camino duro hacia la perfección que las tiene atrapadas. Internet ha actuado en esta ocasión para reunir a un grupo de personas que se sienten incomprendidas por la sociedad, que se sienten rechazadas, vigiladas, obligadas a comer. En estos espacios despliegan todo aquello que no pueden expresar frente a sus padres, sus familiares y sus médicos. Esta expresión pública de los pensamientos que rodean los TCA es considerada como altamente peligrosa, de modo que algunas organizaciones, como Protégeles, ha iniciado desde hace tiempo campañas para el cierre de estos espacios web. Este tipo de campañas me parecen esenciales para la seguridad en la red de nuestros adolescentes… PERO…creo que hay una última reflexión que debemos hacer.
Uno de los apartados frecuentes en los blogs pro-Ana y Mía es la Thinspiration (algo así como “delgadez inspiradora”). En esta sección, las chicas cuelgan fotos de artistas y modelos que ellas consideran perfectas para mantener en mente la meta que quieren alcanzar (las llamadas Thinpho). Entre estas modelos están mujeres tan conocidas y fotografiadas como Kate Moss, Natalie Portman o la cantante fallecida Amy Winehouse. Estos modelos de mujer circulan libremente por la red y los medios de comunicación produciendo efectos no conscientes en todas nosotras. Cuando llega el verano, esa meta nos dice:”pongámonos a dieta para lucir el bikini”. Cuando llega el invierno, es la hora de perder esos “kilos de más”, producto del descanso y el buen vivir. Cientos de dietas circulan por internet y muchas mujeres se someten a ellas para alcanzar un ideal de perfección promovido por los cánones de belleza establecidos. Una mujer que no cumple estos cánones tiene que escuchar con frecuencia, ya sea en su mente, ya sea en sus oídos, la palabra “gorda”, pronunciada con desprecio. Es en este contexto en el que surgen los TCA. ¿Existieron estos trastornos en la época de Rubens? Lo dudo mucho.
Por lo tanto, la prevención de los TCA no acaba con la vigilancia de las páginas que visitan nuestras hijas e hijos en la red. Supone también un cambio de óptica en los modelos de belleza que les ofrecemos  y que les transmitimos consciente e inconscientemente. Una alimentación sana y equilibrada y modelos saludables de belleza son imprescindibles para alejar de su camino los fantasmas de Ana y Mía.

¿POR QUÉ NO ME GUSTA CARLOS GONZÁLEZ? (AUNQUE SIGA SUS CONSEJOS)

Nadie me ha producido más contradicciones en mi relación con las teorías del maternaje como el Gurú Carlos González. Por un lado aporta información increiblemente valiosa en relación a la lactancia, la alimentación y el sueño de los bebés. Por otro lado, produce un sentimiento de culpabilidad, malestar y rechazo en muchas madres que, por distintas razones, no han seguido sus consejos. De ahí mi contradicción. Por una parte, los planteamientos de González me fueron enormemente útiles en mi segunda crianza, mientras que me hacían sentirme miserable y fracasada con la primera.

Leamos el siguiente párrafo, tomado de su famoso libro “Bésame mucho”:
“Cuando las absurdas normas de algunos expertos impiden a los padres responder al llanto en la forma más eficaz (tomando al bebé en brazos, meciéndolo, cantándole, dándole el pecho..), ¿qué salida queda? Puedes dejarle llorar e intentar ver la tele, hacer la comida, leer un libro o conversar con tu pareja, mientras oyes el llanto agudo, continuo, desgarrador, de tu propio hijo, un llanto que traspasa los tabiques «de papel» de las casas modernas y que puede prolongarse durante cinco, diez, treinta, noventa minutos. ¿Y cuando empieza a hacer ruidos angustiosos, como si estuviera vomitando o ahogándose? ¿Y cuando deja de llorar tan súbitamente que, lejos de ser un alivio, te lo imaginas sin respirar, poniéndose blanco y luego azul? ¿Están los padres autorizados a correr entonces a su lado, o eso sería «recompensarle por su berrinche» y también se lo han prohibido?” (Pag. 67)
 
Cuando yo leí ese libro, no pude evitar rememorar con amargura mi primera crianza y rebelarme contra la imagen de ignorantes, estúpidos e insensibles padres que refleja González en el mismo. En esa época, mi segundo embarazo, buceé interminablemente por los foros de crianza y aprendí muchas cosas que me fueron muy útiles después: conseguir una lactancia exitosa, usar la bandolera para moverme líbremente con mi bebé, colechar con él y dormir a pierna suelta juntitos. Pero quise explicar por qué mi primera crianza no pudo ser así. Ahí fue donde me dieron. SIN PERDÓN, SIN PIEDAD. Las hordas de Carlos González me atacaron hasta la médula. Yo decía: “Era madre primeriza de mellizos, sin preparación, sin apoyo social. Llevábamos 5 meses sin dormir por la noche, y tuve que empezar a trabajar a los dos meses. No vi otra salida que ese libro que me regaló mi suegra, el Duérmete Niño, del Estivill. Y funcionó, y por fin pudimos dormir. Estábamos derrotados, enfadados, deprimidos, devastados. Esa fue nuestra única salida.”

Yo pensé que la respuesta iba  a ser “No te preocupes, cada cual tiene sus circunstancias y no se puede culpar a padres en situaciones extremas. Lo importante es que ahora te hayas propuesto hacerlo de otra manera y tengas las ideas claras.” Pero no (bueno, para ser justa, hubo gente que sí). En vez de eso, me atacaban diciéndome que mis hijos pagarían las consecuencias el día de mañana con trastornos mentales o disfunciones emocionales graves. Qué maravilla para una madre oír eso. Fue entonces que tuve la ocasión de hablar en un foro con el propio Carlos González. Mi sorpresa fue mayúscula ante su frialdad, su autocontrol y su falta de piedad ante mis explicaciones. Porque por aquel entonces, yo necesitaba dar explicaciones. Ahora no, ahora la seguridad en mí misma como madre ha aumentado y aunque, como todas, no puedo evitar culpabilizarme de vez en cuando, el ver crecer a mis niños sanos y felices, inteligentes y relativamente sanos emocionalmente (todo lo sano que se puede ser en la sociedad en la que vivimos) hace que los gurús hayan perdido su poder sobre mí.

Además, este gurú, que proclama en sus libros los nefastos consejos que dan los especialistas a las madres… ES UN ESPECIALISTA. Esta idea me rondó durante mucho tiempo en la cabeza. Un hombre que se permite decirle a las mujeres lo que tienen que hacer o dejar de hacer. Un hombre que, lejos de ser cercano, humano y amable es… bueno, creo que aquí no voy a usar las palabras que me vienen a la mente por educación y porque creo que no es necesario. Nunca olvidaré su gesto crispado y ese afán por convencer dando interminables listas de datos. Sí, conocí a Carlos González porque le invité yo misma a dar una charla en VillaSpringfield. Una charla de 1 hora y media que se prolongó durante 3 y en la que nadie hizo preguntas. Solo habló él. Las madres se fueron yendo y el seguía con su perorata de datos. En verdad os digo que es mucho más ameno leer sus libros que escucharle en persona. Al menos puedes cerrarlos cuando quieras.

Quizás sea que ese señor no tiene como misión ayudar a las madres y a los padres en la crianza de sus hijos, sino más bien salvar a la humanidad de los errores cometidos y llevarnos a un estado de paz a través de la crianza con apego. Mientras que la primera misión es altruista y desinteresada, la segunda conlleva delirios de grandeza y un afán exterminador de aquellos miembros deshumanizados de nuestra especie que osan, en algún momento de su historia, cometer un error en la crianza de sus hijos (según los criterios de este gran juez).