LACTANCIA

Durmiendo Juntos

La cuna. Berthe Morisot.
La cuna. Berthe Morisot.

Cuando nació Vampi Killer, le regalaron una cuna. Nunca la estrenó. Desde su primer día de vida dormimos en la misma cama. Había leído sobre colecho, pero no sabía realmente cómo iba a progresar el asunto. Había leído sobre lactancia materna, sobre los patrones de alimentación de los recién nacidos, su mala costumbre de alimentarse tanto por el día como por la noche, con frecuencia las primeras semanas, y las ventajas del colecho para mantener la lactancia.

En un primer momento montamos la cuna, pensando que quizás fuese más cómodo acostarle allí cuando estuviese dormido después de alimentarse, pero poco a poco vimos que la cuna lo único que hacía era ocupar sitio en la habitación y la desmontamos. Entonces compramos una cama de dos metros. Una inmensa cama japonesa muy bajita para disminuir el peligro de caídas accidentales. Es la mejor compra que he hecho en mi vida.

El colecho tuvo, desde mi punto de vista, sus ventajas y sus inconvenientes. La mayor ventaja era poder alimentar a mi bebé mientras dormía. La verdad es que fue un bebé dormilón y comilón: si se despertaba, bastaba con ofrecerle la teta para que se volviese a dormir. Solo cuando estaba malito, muy de cuando en cuando, había que levantarse a mecerle en brazos para que se durmiera. Así que, por esa parte, era estupendo no tener que estar dando paseos nocturnos con un bebé en brazos, como pasó con sus hermanos mayores.

Otra ventaja era la tranquilidad de tenerle siempre al lado. Con los mayores me despertaba a media noche sobresaltada porque no habían llorado, y me iba a verles a la otra habitación para comprobar que respiraban. ¿Obsesiones de primeriza? No lo sé, he oído a otras madres y padres mencionar este miedo y esta conducta. Pero tener al bebé a mi lado me daba paz, y me encantaba sentir su respiración acompasada y saber que estaba bien. A esto se unía el placer de poder acariciarle y besarle mientras estaba dormido.

Pero no todo eran ventajas. Permanecía prácticamente durante toda la noche en la misma postura: de lado, de cara al niño, para amamantarle. Esto me produjo fuertes dolores de cadera, que aún hoy, después de los años, permanecen. Esto, unido a mi manía de cargar a un bebé regordete también en la cadera, con una bandolera, me dejó la espalda hecha un ocho. La práctica del yoga palió un poco estos dolores, pero lo cierto es que, desde entonces, tengo contracturas por toda la espalda y el eterno dolor de cadera.

Por otra parte, cuando el niño ya era mayor, tres años aproximadamente, le pusimos su nueva cama. Él se dormía en mi cama, y cuando estaba dormido, le llevábamos a la suya. A media noche siempre volvía con nosotros, muy sigilosamente, y se acostaba en su sitio acostumbrado: en medio de la cama. Poco a poco fue durmiendo cada vez más tiempo en su cama, pero a día de hoy, con 7 años, no he conseguido que se duerma solo. Normalmente no me importa meterme con él en su cama hasta que se duerma, pero a veces es desesperante tener que estar metida en su cama a las 10 de la noche, con cosas por hacer y luchando para que no me venza el sueño a mi también. No creo que esto sea malo para él en absoluto (aunque me ha dejado bien claro que ni se me ocurra contarle a sus amigos cómo se duerme él) pero si lo es para mí. A veces me quedo dormida y me despierto a las 11 o las 12 refunfuñando y poco operativa para realizar cualquiera actividad.

Por lo demás, el colecho creo que ha sido beneficioso para él: le permitió alimentarse cómodamente por la noche durante los primeros dos años (edad en la que decidí amamantarle solo por el día), le aportó seguridad ante su miedo a la oscuridad y los monstruos nocturnos y creo que su carácter afable e independiente proviene de esa seguridad que se fue forjando a lo largo de los años. Dormir con su mamá sigue siendo, no obstante, un placer para él. “Qué bien se está aquí” dice los días que le dejo acostarse en mi cama y dormir junto a mi.

LA BIOLOGIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA FEMENINA

Alguien que está desolado puede necesitar ayuda, e incluso un tratamiento psicológico, pero no necesita una etiqueta que diga que tiene una enfermedad mental.” (Nick Craddock, psiquiatra)

El pasado mes de mayo, la Asociación Británica de Psicología asestó un certero golpe a los sistemas de clasificación y diagnóstico de salud mental DSM y CIE, posicionándose en contra de su visión biomédica y promulgando una perspectiva bio-psico-social para explicar las experiencias del ser humano en este campo. Desde su punto de vista, no tiene sentido biologizar el comportamiento humano convirtiéndolo en una entidad objetivizada cuando, en realidad, la experiencia humana es tan compleja, depende de tantos factores y se vive de formas tan distintas que el hecho de homogeneizarla usando etiquetas solo sirve para hacer más difícil una intervención basada en las peculiaridades de cada caso.

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LAS TETAS DE LAS MUJERES

Un día fuimos Father y yo a coger el coche al garaje y un nuevo elemento nos sorprendió. Nuestros vecinos, unos reputados intelectuales donde los haya, habían colgado en la pared el típico calendario de gasolinera. Una señorita rubia de ojos azules y con un corsé blanco nos miraba insinuante con sus operadas tetas al aire. En fin, qué se le va a hacer. Respetamos la libertad de nuestros vecinos, y si es eso lo que tienen que expresar no vamos a ser nosotros quienes pongamos veto a sus instintos. Sólo nos preguntamos qué dirían los niños cuando lo viesen… y ese día llegó. 

Ayer volvíamos Vampi y yo de las extraescolares y aparcamos el coche en el garaje.

– Mamá, he visto un cuadro, pero no te lo voy a decir.
– ¿Qué cuadro, cariño?
– Bueno, te lo digo.

Se acerca al calendario con una pícara sonrisa y lo señala. La rubia me devuelve la mirada.

– Ah, eso… lo han puesto ahí los vecinos.
– Pues yo he visto mujeres que enseñan las tetas así en la tablet (levantándose la camiseta como Messi en la foto)

(me pongo a pensar cuándo ha podido ver mujeres enseñando las tetas así en la tablet… ¡¡El Stream Cloud!!)

– Ahh, fíjate…
– ¿Y por qué las enseñan, mamá?
– Pues me imagino que porque hay gente que paga dinero por verlas… (Qué digo, qué digo, que digo… piensa rápido, Killer)
– ¿Pagan por verlas? Ahhhhh….. A las mujeres que enseñan las tetas se las lleva la policía, ¿No, mamá?

GLUPSSSSSS. KILLERBLOQUEO

– Bueno… solo a las que lo hacen para protestar. Y es que no es lo mismo esto
que esto: 
Y mucho menos que esto: 
– Vampi, cuando tú eras pequeño yo te daba de mamar en la calle y enseñaba las tetas, pero nunca me llevó la policía ni me pagaron dinero. 
– ¿De verdad????
– Claro ¿qué iba a hacer, si tenías hambre?
Vampi se ríe imaginando la escena. ¿Habrá entendido que hay formas y formas de enseñar las tetas? Seguiremos informando. 

TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN

Me encanta la conspiranoia. Soy fan absoluta de las teorías de la conspiración. Y no me digáis que después de milenios alimentando a nuestras criaturas con leche de madre, el que haya tantas, tantísimas mujeres diciendo convencidas que sus tetas no alimentan, que sus tetas no dan leche, que sus tetas se dañan peligrosamente con solo pensar ser succionadas, es altamente sospechoso de ser el producto de una gran conspiración.

A ver, no tengo nada en contra de las mujeres que deciden libremente no dar de mamar a sus hijos e hijas, NADA. Yo misma mamé un mesecillo, dos a lo sumo, y soy una mujer sana y equilibrada (ejem ejem). Pero me molesta terriblemente que en los tiempos que corren se eche por tierra todo el conocimiento sobre la fisiología del cuerpo humano femenino. Es rarísimo encontrar mujeres que sepan cómo funciona una una teta como órgano que, además de embellecernos y aportarnos placer, tiene el maravilloso don de producir alimento.
No me malinterpretéis, no soy ninguna fundamentalista. Ahora cualquiera que hable de la función fisiológica de las tetas parece estar cometiendo un pecado. Pero me incomoda que se prive a millones de mujeres de uno de los mayores beneficios de la lactancia materna: la prevención del cáncer de mama. Que este gran beneficio se haya visto eclipsado tanto tiempo solo puede ser producto de una gran conspiración. Y esto no se me ha ocurrido a mí, ya lo dijo Carlos González hace algunos años (para que veáis que no le guardo ningún rencor)
Está claro que si se promocionase la lactancia materna en condiciones, habría mucho dinero cambiando de unas manos a otras. Nosotras ahorraríamos mucho en leche de fórmula y utensilios para subministrarla (por no hablar de la cuna, el cuarto del bebé y chupetes a tutiplén); el gobierno (osea, los y las contribuyentes) ahorraría en tratamientos de cáncer y de las múltiples enfermedades que previene la lactancia en madres e hijos/as y, lo que es más importante, nos ahorraríamos mucho sufrimiento vinculado a la enfermedad. Pero claro, habría miles de empresarios perdiendo MUCHO dinero. Empresarios muy poderosos… vamos, los conspiradores (ya ya, parezco Rafa Pal, lo sé, pero no me faltan argumentos).
En fin, que lo creáis o no, somos víctimas de una inmensa conspiración que dura ya demasiado tiempo. Lo que no sé como encajar aquí es el hecho de que ciertos pediatras vayan diciendo por las guarderías que la lactancia a demanda promueve los trastornos de alimentación porque no deja al bebé reconocer la sensación de hambre. Pero eso será objeto de otra entrada.

ESCUELAS INFANTILES 0-3 Y LACTANCIA

Ayer comentaba una mamá en el twitter que en la escuela infantil a la que acude su bebé de 7 meses han convocado  a las madres que dan el pecho a una reunión con la Psicóloga porque, según el centro, los niños de teta son “problemáticos”. Me imagino que en dicha escuela infantil están preocupados por una serie de ideas previas infundadas y poco fundamentadas en la experiencia o en la evidencia científica sobre cómo son los niños “de teta”. En todo caso, recordemos que la OMS recomienda la lactancia en exclusiva hasta los 6 meses, y con alimentación complementaria hasta los dos años, de modo que las escuelas infantiles tienen el deber moral de apoyar a las madres lactantes si es su deseo prolongar la lactancia en este periodo.

Por otra parte, no debemos confundir el apego con la sobreprotección. El vínculo de apego (concepto introducido por Bolwy en los años 50) se refiere a la estrecha relación que se establece entre el bebé y su cuidadora o cuidador principal. TODOS los bebés desarrollan vínculo de apego, da igual que se alimenten con leche materna o de fórmula, que sean criados por su madre, por su abuela o por su tía. Todos los bebés experimentan la llamada “Ansiedad de la separación” cuando su figura de apego les deja al cuidado de un adulto extraño para ellos. No hay ningún indicio de que los bebés de teta lloren más al separarse de sus madres que los demás bebés, o de que sean más “problemáticos” cuando acuden a una escuela infantil. Lo que sí es posible es que las madres lactantes tengamos más ansiedad al separarnos de nuestros bebés y demos más “la lata” preguntando e indagando sobre las prácticas del centro, pero eso es algo a lo que tenemos derecho: esa información no nos puede ser negada.

Una vez hemos aclarado esto, hemos de decir que las escuelas infantiles SI necesitan cierta formación sobre qué implica que los niños que llegan a sus instalaciones sean “niños de teta”. A partir de los 6 meses, los bebés que se alimentan de leche materna pueden empezar a introducir en su dieta alimentos de otro tipo. Creo que es sumamente importante que el centro tenga prácticas respetuosas de alimentación, y esto vale para todos los niños y niñas, tanto  los de “teta” como los de “fórmula”: obligar a comer a los niños no es la mejor forma de conseguir que su alimentación sea una actividad placentera y nutritiva. Damos por descontado que en las escuelas infantiles ofrecen alimentos adecuados a la edad de los pequeños y en la cantidad apropiada. Pero además, si la hora de la comida no se convierte en un infierno de llantos y cuidadoras intentando embutir la cuchara en la boquita del pequeño o la pequeña, mejor que mejor. Muchos niños y niñas de teta se resisten a comer otro tipo de comida incluso hasta el año. Ofrecerles comida es una práctica adecuada, pero obligarles a comer es una tortura innecesaria.

En cuanto a la hora del sueño, es importante que las cuidadoras del centro se informen de los hábitos de sueño de los bebés que tienen a su cargo y usen esta información para hacer más fácil la hora de la siesta. Como madres, tenemos derecho a exigir que no se deje a nuestros hijos e hijas llorando en un cuarto oscuro a horas puntuales del día. Si los niños lloran y no se duermen, no es problema de la madre o de la criatura, sea lactante o no. La política del centro debe estar clara a este respecto, ya que las familias, que somos las que pagamos, tenemos derecho a decidir cómo son atendidos nuestros hijos en estos centros. Los niños y las niñas “de teta” suelen dormirse mientras maman. En el centro no dispondrán de este elemento, por lo que probablemente necesitarán un tiempo para adaptarse a esta nueva circunstancia. Sin embargo, no creo que presenten mucha diferencia frente a los bebés de fórmula: dudo que los llantos que oía cuando iba a recoger a mi niño a su guardería fuesen solo de los de teta.

Como conclusión: no sé qué irá a decirles esta psicóloga al grupo de madres lactantes, pero yo os diría que no os dejéis amedrentar: estáis en vuestro derecho de amamantar, y vuestro hijo o hija tiene derecho a ser amamantado. El problema es del centro, no vuestro: si plantean problemas, pedidles que aporten soluciones, ya que vosotras estáis haciendo lo que tenéis que hacer.

KILLER-PROMOCIÓN DE LA LACTANCIA MATERNA

lactancia-materna-3Vamos a dejar una cosa clara: la lactancia materna no hay que promocionarla. Somos mamíferas, es un hecho indiscutible. También somos seres inventores, y hemos inventado sucedáneos de la leche de madre que la imitan con mayor o menor éxito, pero que ni de lejos son lo mismo. Estos sucedáneos son un gran negocio y hay gente que ha hecho fortuna con ellos. Su éxito se debe a varios factores:

  En primer lugar, se ha perdido la relación entre madres, hijas, abuelas y comadres alrededor del hecho de criar. El abismo generacional, fenómeno típico de nuestra sociedad occidental, ha quebrado la transmisión de sabiduría tradicional de maternaje, despojándonos de un conocimiento esencial y de un apoyo básico para lo que supone parir y sacar adelante a un bebé en los inicios. Ahora son el pediatra y las revistas especializadas los que nos enseñan a criar a un hijo o hija. Por eso, rechazamos los consejos de otras mujeres frente a los de algunos especialistas que aseguran que nuestra teta es pura agua y nuestros/as hijos/as necesitan complementos alimenticios mucho más nutritivos que la leche de madre.

Frente a esta ideología, muchas mujeres se están comenzando a reagrupar y a regenerar este conocimiento perdido. Saludo desde aquí a la doctora Menguele, pediatra del Centro de Salud del Pueblo de Vallekas, por haberme hecho creer que un bebé podría explotar si se le dejaba enganchado a la teta toda la noche y haberme convencido de retirar la lactancia a mis mellizos por tener que ir a trabajar dos días a la semana. Señora pediatra, ustéd no tiene ni idea de lactancia, ni como madre ni como especialista. Ojalá que las mujeres se hayan dado cuenta y hayan ido dejando su consulta vacía a lo largo de los años. Es usted una desinformada, pero es médico y por eso la gente se cree lo que le cuenta. Vasusté a la mierda doctora Menguele.  

Aquí siempre suele surgir la pregunta sobre las parejas que adoptan a sus hijos e hijas. La adopción es un acto de amor que nunca pondría en cuestión y que va más allá de la forma de alimentación que se le ofrezca al bebé. No estoy en absoluto de acuerdo con las personas que ponen la lactancia materna y la crianza “de mujer” por encima del deseo de ofrecer un hogar a niños y niñas que no lo tienen. No estoy en absoluto de acuerdo con los vientres subrogados, en los que la madre alquila su útero y desaparece una vez que el bebé ha nacido, me parece una forma más de explotación de las mujeres y una falta de conciencia sobre la cantidad de niños y niñas que necesitan un hogar. 

En segundo lugar, algunas mujeres alegan que necesitan su independencia y libertad y sienten que la lactancia las convierte en esclavas de un pequeño subcionador que las reclama día y noche en busca de sus pechos. El biberón lo puede dar cualquiera, de modo que el bebé puede pasar de unos brazos a otros para ser alimentado. Esta premisa funciona solamente si la alimentación artificial va acompañada de una crianza también artificial: tomas pautadas de forma regular y un bebé que pasa de los brazos para ser alimentado a la cuna para dormir. Hay quien incluso sugiere que se les dé el biberón sin sacarles de la cuna para que no se les acostumbre a los brazos. En fin, eso puede funcionar para algunas madres, pero a mí me gusta disfrutar de mis bebés con el contacto, me gusta cogerles en brazos y no me gusta que otras personas, a no ser que sean sus padres, se hagan cargo de ellas/os. He usado biberón y he ofrecido una lactancia prolongada, y ambas maternidades son agotadoras; en ambas los bebés son demandantes y en ambas he tenido poco apoyo social. Pero la diferencia es que con la lactancia materna y el colecho, yo dormía, y con el biberón y la cuna en otro cuarto, no. Además, con la teta no hacía falta que planificase las salidas: siempre llevaba conmigo todo el alimento que necesitaba el bebé. Fue un engorro cuando empezó a comer sólido, no una liberación.  

Por último, la función sexual de los pechos gana el pulso en ocasiones a la función nutricia. Muchas mujeres se niegan a dar el pecho a sus bebés por no estropear su figura. Bueno, está claro que cada cuál es libre de usar su cuerpo para lo que quiera, no seré yo quien las juzgue. Pero personalmente, creo que después de cuatro años de lactancia, no he tenido ningún problema con mis pechos y siguen cumpliendo su función sexual tan bien o mejor que antes. Hombre, es verdad que la maternidad deja sus cicatrices, pero al final todas vamos a llegar a viejas, ¿o qué os creéis, que el cuerpo de adolescente dura toda la vida? 

Por lo tanto, no voy a promocionar la lactancia materna, ya que es la forma natural de alimentar a los bebés humanos. Quien quiera usar métodos artificiales (o los necesite) está en su perfecto derecho. Pero sí recomendaría a las y los pediatras, en los que tanto confían algunas mujeres, que no contribuyan a la desinformación. La lactancia materna es a demanda, no cada tres horas. La leche materna sigue conservando sus poderes nutritivos durante todo el tiempo que el bebé mama. No hacen falta ayuditas en condiciones normales, que son la mayoría. Los bebés no necesitan ningún otro alimento hasta los 6 meses, y a partir de entonces la alimentación que reciban es complementaria, y no sustituye a la leche materna, que se recomienda ofrecer hasta al menos los dos años (o más, si queréis).