KILLERFEMINISMO

El opuesto imaginario

'Migrant Mother, Nipomo, California'Leo aburrida la enésima entrevista que le hacen en los diversos medios de comunicación de habla hispana a Laura Baena, la creadora del Club de Malas Madres. Ya me queda poco que decir sobre el Club: he escrito varios post sobre el tema, que ya considero agotado. Sin embargo hoy, al leer los comentarios que los lectores y lectoras han hecho al pie de esta entrevista me surge una (espero que última) reflexión.

Si lo que planteas es que no haces croquetas ni disfraces, que tener un espacio para ti misma es “malamadrear” y que el “buen padre” es un despistado pero se levanta a atender al niño o a la niña cuando tú te haces la sorda, tu opuesto imaginario, ese al que te enfrentas y gritas tus males, con humor y desenfado, es, si me lo permitís, muy similar a Arias Cañete

Veamos por ejemplo este párrafo, extraído de la mencionada entrevista: 

No enfrentamos los derechos del niño con los nuestros. Eso es absurdo. Pero es que los niños no te quieren más por hacerles croquetas. Son mucho menos exigentes de lo que nos pensamos. Para ellos eres la mejor madre que puedan tener. Ahora, eso no quiere decir que te olvides de ti. Si los derechos de las madres se tuvieran más en cuenta, los derechos de los hijos estarían mejor cuidados. Aunque este club no es ni un partido político ni un grupo feminista. “

Por supuesto que el Club de Malas madres no es ni un partido político y mucho menos un grupo feminista. De eso ya nos habíamos dado cuenta. Pero hablan de los derechos de las madres. Busco en la entrevista a qué se refiere esta mujer con la expresión “derechos de las madres” , esos que si se tuvieran más en cuenta, los derechos de los niños estarían mejor cuidados. ¿Y que encuentro? ¿Reivindicaciones de permisos de maternidad y paternidad más largos y adaptados a las necesidades de la infancia? ¿Reivindicación de escuelas infantiles en los centros de trabajo? ¿Alusiones a la co-responsabilidad en la pareja? No. Los derechos de la madre es que no la consideren “superwoman”y se comprenda que no llega a todo, que no puede trabajar a tiempo completo y que se respete nuestra identidad como mujeres. Es decir, déjame como estoy pero permíteme “malamadrear” un poco, pintarme las uñas e ir a la peluquería. Esta afirmación está pidiendo a gritos que un opuesto imaginario cañetista grite ¡¡¡A LA COCINA A FREGAR!!!

Confundir los derechos de “las madres” con la acción de “malamadrear” pervierte desde la raíz las reivindicaciones por la igualdad de la mujer. El mantenimiento de un espacio privado y de desarrollo personal es importante para cualquier persona. En una relación igualitaria de pareja (cuando hay pareja) ambos miembros se sostienen y facilitan que el otro tenga su espacio, a la par que cumplen con su co-responsabilidad de sostener a la familia. No hay espacio para el “malmadreo”, sino para el desarrollo vital necesario de cada miembro de la pareja. Lo que necesitamos como personas, y no como madres, es una racionalización de la sociedad, y no que esta comprenda que no hacemos croquetas y no cosemos. El hecho de hacer croquetas no nos hace mejores madres ni menos mujeres. Y el no hacerlas tampoco supone un gran riesgo para nuestros hijos e hijas, la verdad sea dicha.

La protección a la maternidad es un tema de largo recorrido. Desde que la mujer ingresó en el mercado laboral, el descenso de los índices de natalidad han llevado a los estados (a unos estados más que a otros) a desarrollar políticas que faciliten la conciliación laboral y familiar. Es a los estados y a las empresas a las que hay que recordarles que la protección de la maternidad es indispensable para el desarrollo económico y social de un país. Malamadrear malamadrearemos dentro de nuestras posibilidades y nuestros gustos, pero eso no es un derecho de las mujeres ni de las madres. 

Busquemos, pues, opuestos imaginarios dignos de nuestras reivindicaciones. Dejemos atrás la España Cañí y demos por supuesto que la igualdad y la co-responsabilidad es la meta deseada. No nos quedemos en los detalles, no nos conformemos con las migajas. Salir de fiesta un día no nos hace ni malas madres ni mujeres completas. Asumir nuestra responsabilidad y luchar por poder cumplirla en un entorno libre de tensiones, desigualdades y estrés va más allá de ese rato robado al mal padre para depilarnos las piernas. 

LAS MEDIAS TINTAS Y EL “NO SOY FEMINISTA”

images (1)Actualmente me sorprende la falta de capacidad para mojarse de lleno en los asuntos. Ahora, cualquiera que se implica al 100 por 100 en un tema es calificado/a de radical. Como si ser radical fuese algo negativo. Radical no es más que ir a la raíz del asunto. Cuando de una mala hierba se cortan solo las hojas, sigue creciendo. Pero si se arranca la raíz, adiós problema.

Pero lo cool es ser moderado. No decir las cosas, callar para no ofender, dejar pasar las mil mezquindades diarias que nos rodean para no parecer demasiado drástico, problemático, conflictivo, etc. Así que vemos a miles de descerebradas/os campando a sus anchas, y las personas moderadas escondidas en su cueva sin decir nada, no vaya a ser que les llamen radicales. Bueno, escondidas relativamente. Luego tenemos a esas aparentes moderadas que se dedican a calentar la cabeza a los que no son tan moderados/as para que hablen por ellos/as. Son esas personas que se pasan el día malmetiendo en privado pero no dan la cara en público. Un trabajo limpio donde los haya.

La moderación más absurda que veo cogiendo fuerza últimamente es la de las mujeres que se declaran “no feministas”. Si como señala la RAE, feminismo se define como una doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres, o como un movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres, solo puedo interpretar esa afirmación de dos formas: o no quieren igualdad de derechos o no saben lo que es el feminismo. Entre las mujeres que han hecho esta afirmación encontramos a Beyoncé, Kate Perry, Madonna, Lady Gaga o Björk. “No soy feminista pero defiendo la igualdad de la mujer”, dicen muchas. ¿Cómo se come eso? Si defiendes la igualdad de la mujer, ERES FEMINISTA. 

Bueno, o eres postfeminista, como señala Kristen Elsby. Lo que se lleva ahora es la mujer que afirma ser independiente, abierta sexualmente, con aspiraciones al éxito laboral PERO no feminista. En la mayoría de las ocasiones (no siempre) estas mujeres son esclavas de las condiciones que el sistema patriarcal impone a sus vidas: deben estar siempre bellas y dispuestas, aparentando dominar la situación, pero olvidan que las únicas cualidades por las que son juzgadas parten de los estereotipos impuestos a la mujer ligados a la belleza y a la sexualidad. 

El “no soy feminista pero…”, como señala Gemma Lienas, encierra un cerrar los ojos al mundo en que vivimos, un mundo en el que existe la desigualdad de la mujer, aunque nosotras no la sintamos o no seamos conscientes de ella. Muchas veces, oímos esta frase de mujeres que dicen no ser marginadas por los hombres que las rodean. En este sentido, confunden el feminismo con la lucha CONTRA el género masculino. El feminismo lucha contra un sistema patriarcal que impone la desigualdad, y en algunas ocasiones restringe tanto la actuación y las posibilidades de hombres y mujeres. En este sentido, también hay mujeres machistas: aquellas que apoyan, consienten y nutren el sistema patriarcal. 

Las mujeres que hemos podido estudiar y labrarnos una carrera, las que hemos tenido éxito laboral y hemos adquirido competencias que van más allá de elegir bien nuestro vestuario y nuestro maquillaje, tenemos una responsabilidad: ser radicales. Nada de medias tintas: YO SOY FEMINISTA

MOTHER KILLER CUMPLE UN AÑO

Los Killer
Los Killer

Hace un año se me ocurrió abrir este blog. No lo hice para ganar dinero. Tampoco para adquirir fama. Fue una corazonada repentina. Primero me vino el nombre a la cabeza y pensé “Tengo que hacerlo”. Luego empezó a brotar sin esfuerzo, sacando lo más Killer de mí. Que sí, que me gusta provocar, y sabía que este era un terreno fértil. Además necesitaba resolver algunos conflictos creados en el 2.0 durante el embarazo de mi tercer hijo.

Hacía mucho tiempo que no entraba en contacto con el mundo de la maternidad 2.0; durante el embarazo de Vampi Killer estuve enganchada al foro de Crianza Natural y tuve mis más y mis menos con el tema Carlos González (si habéis leído esto y esto sabréis por qué). No me convencía el discurso culpabilizador de las mujeres que apoyaban a capa y espada la crianza natural, y sin embargo me sedujo ese planteamiento. Crié a Vampi con teta, colecho y con todo el amor que he sido capaz de darle. Y la verdad es que estoy muy agradecida a esas mujeres de las que aprendí a desear una lactancia prolongada y a entender el colecho como una forma de sobrellevar los inevitables despertares nocturnos de un bebé.

Pero la maternidad, se mire por donde se mire, es un terreno espinoso. Mi maternidad no es convencional, mi familia no es convencional, YO no soy convencional. Por eso, tengo que enfrentarme todos los días a miradas de reojo, conversaciones a mis espaldas especulando sobre mi vida privada, comentarios incrédulos y mal intencionados. Tengo que aguantar en muchas ocasiones que la gente me arroje a la cara su estabilidad familiar, como si eso fuese un valor en si mismo. Tengo que tolerar (y lo hago con mucho humor) que haya listillas y listillos que hablen de “la falta de aguante que tienen las parejas de hoy en día, que se separan a la primera de cambio sin pensar en sus hijos”. En fin, qué sabrán ellos y ellas. Sumidos en sus prejuicios de lo que es la mujer, el hombre, la maternidad y la familia se creen con el derecho de dar lecciones y consejos nunca solicitados. Por supuesto que no estoy en posesión de la verdad absoluta, pero sí de mi verdad.

Mi maternidad es mía, es única, es peculiar (como la de todas y la paternidad de cualquier hombre). Por eso quise matar todos los roles impuestos, todas las máscaras que nos imponen: madre natural, madre maestra, mala madre, buena madre… todas. Yo soy madre, qué se le va a hacer. Fue por decisión propia. Tenía que hacerlo, mis deseos me empujaban a ello. Lo hice. No voy a decir que no me haya arrepentido en algún momento, aunque por supuesto quiera a mis hijos e hija con todo mi corazón. Pero imagino ser libre, haber tenido tiempo para dedicarme a mi carrera, a mis proyectos, a mis locuras en cuerpo y alma. Y eso es algo que pensamos muchas aunque pocas se atrevan a decirlo y algunas no toleren escucharlo (véase la polémica creada por el artículo de Beatriz Gimeno).

Un año después, me alegro mucho de haber comenzado este proyecto que me ha permitido expresarme y me ha aportado tantas cosas. Nunca pensé que conocería a tanta gente gracias a este blog, que nació para romper y construir sobre las cenizas. Para mí es un placer y un honor pertenecer al selecto Club de la Mazorca, lleno de luces, sombras y cariño (os quiero, chicas). Cierto es que la gente viene y va, pero toda persona que encuentras en tu camino te aporta algo, en un ciclo de aprendizaje constante.

No siento haber molestado. En el desacuerdo están los puntos de inflexión. El acuerdo ya lo tenemos, pero en el desacuerdo es donde se produce el progreso. Ya sé que el bando del positivismo a raudales no estará de acuerdo con esto: buen punto de inflexión. Me encanta ser positiva, pero nunca si eso supone asumir cosas con las que no estoy de acuerdo. ¿Y para qué están las redes sociales si no es para expresar puntos de vista, conocer los de las demás y entrar en debate? Para mí al menos.

Termino con estas dos canciones. La primera refleja la parte masculina de mi blog, que sé que algunas adoráis y otras muchas odiáis. La segunda refleja la parte femenina, las ganas de correr, de gritar y de encontrar mi sitio. Las dos están dedicadas a este sitio de mi recreo con todo el cariño. Y de regalo, un nuevo tipo de letra.

EL SERVICIO DOMÉSTICO

Mary Poppins
Mary Poppins

Esta entrada es un homenaje a esas mujeres sin las que nuestra vida sería mucho más difícil.

“- Yo en el 93 he trabajado en La Moraleja y ahí he tenido la humillación más grande de mi vida, que no la puedo olvidar. Al llegar ahí la señora me dice que por qué las filipinas exigimos sueldos si en nuestro país se mueren de hambre y allí las profesionales ganan sólo 10.000 pesetas al mes. Pero yo le digo que yo vivo en España y para pagar ese precio tiene que ser alguien que viva allá. Bueno, esta señora me engañó durante mucho tiempo, dijo que estaba tramitando mis papeles y resulta que los tenía en su tocador. Cuando me enteré me fui de su casa y resulta que estaba ilegal, ¡después de veinte años en España!.” (Fragmento de entrevista tomada de este estudio del colectivo Ioe)

Siempre relegado al ámbito de lo privado, el trabajo doméstico ha sido responsabilidad de la mujer. Cuando, en el primer mundo, algunas mujeres hemos ocupado una posición en el ámbito público, el ámbito privado ha quedado desierto, a veces por la falta real de co-responsabilidad con nuestras parejas, otras veces simplemente porque la carga laboral nos deja a los dos fundidos para ocuparnos de las tareas del hogar. Por eso, muchos hogares tienen que acudir a los servicios de mujeres que vienen a nuestras casas a ocuparse de estas tareas y a cuidar de nuestros hijos (dejamos a un lado las familias pudientes que, históricamente, han tenido personas a su servicio toda la vida).

Las mujeres que trabajan en nuestras casas han heredado la carga de desprestigio que conlleva el trabajo doméstico. Así, tenemos una cantidad de términos despectivos para referirnos a estas trabajadoras que, a lo largo de las décadas, se han mantenido con más o menos éxito: criada, chacha, fregona, sirvienta, etc (el de Miss solo lo he escuchado recientemente). Son muchos los estudios que exploran la situación de discriminación y desprecio que sufren en su lugar de trabajo. Lo que no debía ser otra cosa que una relación laboral se convierte en una relación de superioridad-inferioridad que es más típica de las situaciones de esclavitud que de una relación empleador-empleado.

Estas mujeres me/nos han ayudado a sostener mi hogar en distintas ocasiones. Han cuidado de mis hijos e hija, han planchado nuestra ropa, han ordenado nuestro desorden, han hecho nuestras camas. La confianza y el respeto mutuo es imprescindible cuando una persona entra en tu casa a trabajar y realizar las tareas que tú no puedes asumir. Entran en tu espacio privado, sostienen a tus criaturas, les visten, les cuidan y les dan de comer.  Además de trabajo hay, en muchas ocasiones, cariño. Por eso, cada vez que oigo o leo a alguien hablando de una mujer empleada del hogar en términos despectivos, humorísticos o denigrantes, me siento mal. Por mucho humor y sarcasmo que alegue la persona que hace la gracia, me siento y me sienta fatal. Creo que nadie tiene que aguantar ese trato, ni por delante, ni por detrás.

Mujeres, trabajadoras, eficientes o no, como cualquier trabajador o trabajadora, merecen, como todas las personas lo merecemos, RESPETO. Yo quiero darles las gracias por estar ahí cuando las he necesitado, que aunque el trabajo sea remunerado, y como dice una de las piezas de nuestro rico refranero, “es de bien nacidos ser agradecido.”

 

 

LA BIOLOGIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA FEMENINA

Alguien que está desolado puede necesitar ayuda, e incluso un tratamiento psicológico, pero no necesita una etiqueta que diga que tiene una enfermedad mental.” (Nick Craddock, psiquiatra)

El pasado mes de mayo, la Asociación Británica de Psicología asestó un certero golpe a los sistemas de clasificación y diagnóstico de salud mental DSM y CIE, posicionándose en contra de su visión biomédica y promulgando una perspectiva bio-psico-social para explicar las experiencias del ser humano en este campo. Desde su punto de vista, no tiene sentido biologizar el comportamiento humano convirtiéndolo en una entidad objetivizada cuando, en realidad, la experiencia humana es tan compleja, depende de tantos factores y se vive de formas tan distintas que el hecho de homogeneizarla usando etiquetas solo sirve para hacer más difícil una intervención basada en las peculiaridades de cada caso.

Seguir leyendo

CÁSATE Y SÉ SUMISA

La publicación del libro de Constanza Miriano,  editado por el Arzobispado de Granada, ha sido un bombazo en nuestro país. Frente al abrumador rechazo de gran parte de la sociedad, es curioso que, actualmente, sea el libro más vendido . Esto da mucho que pensar: la autora italiana plantea sus técnicas de sumisión, de obediencia y de entrega como una estrategia para perpetuar el matrimonio cristiano y para llegar a Dios a través de tu dueño y señor: tu marido.

Por supuesto que no voy a respaldar que las relaciones de pareja estén basadas en la sumisión, pero me parece muy llamativo que la necesidad por perpetuar el matrimonio cristiano no haya tenido ninguna propuesta aclamada desde las filas laicas para solventar lo que creo que es un gran problema en nuestra sociedad: el fracaso de la pareja.  El libro de Bucay y Salinas, que fue un gran éxito de ventas, Amarse con los Ojos Abiertos, y el de Osho, Amor, Libertad, Soledad, no hablan de las relaciones monogámicas estables a las que estamos acostumbrados. Sí tratan de la forma de establecer una relación de forma saludable y de romperla de una manera saludable, pero no se plantean el problema de que una relación se deba perpetuar en el tiempo ni de las nuevas circunstancias que surgen cuando la pareja tiene hijos.

Cuando yo leí esos libros ya era demasiado tarde. Me abrieron los ojos a cosas que nunca me había planteado. Desde pequeña pensé que estudiar una carrera, casarse y tener hijos era el desarrollo lógico de la vida. No culpo a nadie de esta ceguera, creo que es algo que pesa sobre nuestras cabezas de manera estructural y que quizás desaparezca en dos generaciones, pero de momento seguimos en la rueda sin pararnos a reflexionar por qué hay tanto sufrimiento a nuestro alrededor, tantas rupturas, tantos niños y niñas sufriendo las desavenencias matrimoniales o la imposición de acuerdos legales que les hacen viajar de un lado a otro con sus maletas un fin de semana sí y otro no.

Creo que muchas de mis lectoras sabéis a cuento de qué viene esta reflexión. Y sabéis quién ha dicho la siguiente frase:

no he visto jamás un estudio que demuestre aquella tan repetida afirmación de que un matrimonio con conflictos es peor para los hijos que el divorcio. Vale, pelearse continuamente a navajazos es malo para los niños. Pero muchos padres podrían, si se lo propusieran, mantener una convivencia lo suficientemente civilizada durante el tiempo suficiente para permitir a sus hijos una infancia estable. Como se ha hecho durante siglos.”


Vale, por fin encuentro una propuesta laica para perpetuar la relación de pareja, y esta propuesta consiste en mantener una convivencia civilizada durante el tiempo suficiente para que los hijos crezcan y se emancipen. Está claro que esta afirmación se basa en la firme creencia (sin pruebas) de que es mejor para los hijos vivir en un hogar sin amor que con sus padres separados. Y también en la firme creencia de que los padres, guiados por su egoísmo, no hacen el mínimo esfuerzo por mantener la relación. Como siempre suele hacer la persona que ha dicho esa absurda frase, que por cierto, no es experta en relaciones de pareja ni en desarrollo infantil, ni ha realizado ningún estudio al respecto de lo que afirma, hace una generalización a las bravas y nos planta ante una pareja utópica y universal, que es la que está en su mente, pero no en el mundo real. Y como suele hacer, sentencia de la misma forma sobre todas las parejas, no solo de nuestro tiempo actual, sino sobre las parejas de hace siglos.

No le voy a quitar razón a ese personaje en que la ruptura de pareja acarrea sufrimiento, tanto para los hijos como para los padres. Pero la propuesta que hace es absolutamente irrelevante e inútil. Al menos Constanza nos da pistas y estrategias concretas sobre la forma de perpetuar nuestro matrimonio y a la vez ser felices. Ser católica le hace feliz, y ser sumisa a su marido también (aunque pase por alto que, a veces, hay mujeres que están casadas con energúmenos que les parten la cara. Pero claro, esto forma parte de la sumisión: poner la otra mejilla). La única propuesta de este afamado gurú es “comportaos como se ha hecho durante siglos.” De ahí se infiere lo siguiente: “Es probable que las parejas de antaño fuesen tan infelices o más que vosotros, pero aguantaban juntos por sus hijos, y eso las hacía grandes. Durante siglos, la humanidad ha sido feliz porque las parejas, aunque dejaran de quererse, seguían unidas hasta la muerte. Eso es lo que tenéis que hacer vosotros: languidecer en una pareja fracasada de una forma civilizada, y así la humanidad seguirá conservando su felicidad”. Además, añadiría: “Para que esa felicidad sea plena, la mujer es mejor que no trabaje y se quede en casa cuidando de la prole, para así no tener que llevar a los niños a la guardería y que se conviertan en tarados emocionales el día de mañana.”

En fin, que no veo muchas diferencias entre la propuesta de Constanza Miriano y la de este afamado gurú laico, excepto que Constanza cree que se puede ser feliz siendo sumisa. Por lo tanto, y como no estoy de acuerdo con ninguno de los dos, os hago una propuesta: eduquemos a nuestras hijas e hijos para que sean capaces de entablar relaciones emocionalmente sanas; no les transmitamos la idea de que, para ser un ser completo y feliz, hay que tener hijos, y que sepan que, si los tienen, debe ser con alguien muy especial, al que conozcan en profundidad, con el que hayan hablado y acordado muchos aspectos que, aunque parezcan irrelevantes, surgen cuando se tienen hijos. Ah, y por último, si os divorciáis (es un derecho que tenemos y al que no tenemos por qué renunciar), intentad ser civilizados en la distancia y poner siempre a vuestros hijos por delante de toda decisión que toméis. Sin embargo, os diré que la clave del éxito en un divorcio suele ser la independencia económica de ambos cónyuges. No tengo datos científicos sobre esto, pero, como dice un amigo “Tampoco existe un metaanálisis con ensayos clínicos doble ciego sobre la seguridad de los paracaídas y, sin embargo, se siguen usando” (referencia del estudio que demuestra esto aquí).

Puedes encontrar otras entradas que hablan sobre este tema en El rincón de Mixka y en Bea, mamá de dos.

MOTHER FEMINISTA

EDITO para poner el enlace del post al que se refiere esta entrada, ya que he caído en que muchas de mis lectoras no leen el ABC. 


No me deja de sorprender que bloggeras reputadas escriban post sin documentarse. Esto no es serio, señoras, que sus escritos los leen miles de mujeres y se pueden creer lo que dicen. Por ejemplo, en estos días podemos leer un post que seguramente ha tenido muchas visitas y que afirma que la “culpa” de que las mujeres trabajemos y nos veamos en la obligación de, llorosas, dejar a nuestras criaturas a cargo de extraños, es del feminismo. Afirma esta bloggera reputada que el feminismo nos sacó de nuestras casas y nos embarcó en el mundo laboral, haciéndonos creer que éramos iguales que los hombres. Esta afirmación es inexacta en  varios sentidos que voy a ir detallando punto por punto:
1) El feminismo surgió como consecuencia de las graves desigualdades de género que se vivían en el mundo occidental (del oriental podemos hablar en otro momento, tema interesante). Me imagino que a esta bloggera le parece bien que las mujeres votemos. Pues el movimiento sufragista fue uno de los movimientos feministas más importantes, y gracias a él ahora ella y todas nosotras podemos votar en igualdad de condiciones con nuestros compañeros. Fíjate que las mujeres no salieron gritando “¡Queremos trabajar y que a los bebés los cuiden otros!”. No. Salieron a gritar “¡Queremos votar, igual que los hombres!” Las españolas no lo conseguimos hasta el siglo XX, con la Constitución de 1931, aunque como ya sabéis, Franco anuló el derecho al voto tanto de hombres como de mujeres durante 40 años.  
2) La mujer ha trabajado desde que el mundo es mundo. El feminismo no es la causa de que abandonase el hogar y a sus hijos. Las mujeres han trabajado en el campo, en las fábricas, en las escuelas, han sido artistas y científicas desde hace siglos. Las feministas lo que han hecho es exigir igualdad de condiciones en el trabajo e igualdad de acceso a formación superior. Porque antes (y ahora) había mujeres a las que no las dejaban ir al colegio, por no hablar de la universidad… porque esta señora bloggera es universitaria, intuyo, y seguro que le parece bien que las mujeres podamos ir a la universidad e incluso ocupar cargos de responsabilidad. Las feministas han estado luchando para que nosotras ahora nos podamos lamentar de tener una carrera y tener que elegir entre ejercerla o cuidar a nuestros hijos… o por el contrario podemos tomar el testigo y, como feministas, luchar por una política de conciliación familiar y laboral justa que imprima valor a la crianza y la educación de los niños y niñas en sus hogares y que a la vez permita que las personas que tiene hijas e hijos puedan compaginar la parentalidad y el trabajo.

3) El feminismo no es una ideología, sino un campo de estudio, reflexión y trabajo inmenso que no se puede simplificar diciendo que nos ha sacado de nuestros hogares para ponernos a trabajar. Nunca he leído ni he oído a ninguna feminista que lo de quedarse en casa cuidando de los hijos es una cosa de marujas. A lo mejor se lo podemos oír a alguien que se cree feminista pero que no ha leído en su vida nada sobre feminismo. Por el contrario, el feminismo intenta fracturar las normas androcentristas que dominan nuestra cultura para que cambiemos un mundo pensado por y para los hombres por otro mundo que respete las necesidades y características de todos sus miembros: hombres, mujeres, niños y… demás animales (quien sepa de feminismo sabe a qué me refiero).

En conclusión, cuando tienes un blog no basta tener muchas visitas, muy buen diseño y una tipología de letra perfecta. Además, hay que pensar un poco sobre lo que escribimos. Hay que ser conscientes de que, quien nos lee, nos confiere cierta autoridad y puede creerse todo lo que escribimos. Por eso, tenemos la responsabilidad de, aun estar escribiendo en un medio divulgativo y personal, ofrecer información contrastada y documentada.