KILLEREDUCACIÓN

El pensamiento crítico en nuestro sistema educativo 

No, este no es un post sobre si nuestro sistema educativo fomenta o no el pensamiento crítico de los estudiantes. Es evidente que, en términos generales, no lo hace. ¿Cómo lo va a hacer, si se transmite el conocimiento como si fuese la verdad absoluta, sin posibilidades de cuestionamiento? Pero ¿quiere decir esto que nadie que esté sometido a nuestro sistema educativo (prácticamente todo el mundo) tiene pensamiento crítico? ¡No, por favor! A pesar de nuestro pésimo sistema educativo, hay gente que aprende a pensar. Podrían ser más personas, pero afortunadamente no todo el mundo se queda enganchado en la barbarie acumulativa que nos proponen en las aulas

El otro día leía por enésima vez ese estúpido argumento de, si no te han enseñado a pensar críticamente en la escuela, ¿cómo es que criticas el sistema educativo? ¿En serio que creéis que nuestra capacidad de criticar al sistema educativo viene del propio sistema educativo? Años tuvieron que pasar para darme cuenta de la escasa calidad de lo que me habían enseñado. Pura bazofia. No sabía música, ni matemáticas, ni filosofía, ni tenía nociones del método científico. Todo lo interesante que pasó en mi cabeza ocurrió FUERA del sistema educativo. 

Es una pena, pero mucha gente se queda por el camino sin encontrar su filón, aquella actividad que les llena, que se les da bien, con la que disfrutan. Hay gente que sigue pensando que aprender es sufrir y memorizar. Que siguen creyendo que hay que pasarlo mal para aprender. No, mira: aprender es placer, aunque haya esfuerzo. Te lo voy a explicar, te lo voy a dar masticadito para que lo entiendas. El esfuerzo no implica sufrimiento necesariamente. El esfuerzo que realiza un esclavo es un esfuerzo vacío. Si un niño es obligado a aprender de memoria todos los ríos, lagos, cabos, picos y cordilleras de un continente, sin  darle un sentido a ese esfuerzo, pues mira, eso es sufrimiento. Y ese aprendizaje, si se puede llamar así, es poco duradero.  Pero si ese mismo niño se esfuerza por aprender las características geográficas de un lugar que van a visitar con el colegio y por usar el mapa de ese lugar para orientarse mientras pasea por él, las cosas cambian bastante. El aprendizaje  tiene una finalidad, un fruto. El placer del aprendizaje surge en el imaginar lo que se puede hacer con esos nuevos contenidos y competencias. Y se sigue aprendiendo cuando estos contenidos se aplican a situaciones reales o se puede hacer cosas interesantes con ellos.

En definitiva, sin no consideramos que el aprendizaje nos va a deparar algún tipo de placer, aunque sea más adelante, es difícil conseguir que alguien se esfuerce. Sin una meta que valoremos, que persigamos, no hay esfuerzo. Sin motivación, es muy difícil conseguir que alguien aprenda. Esforzarse, por otra parte, no implica necesariamente sufrimiento, no exageremos.  El propio esfuerzo puede implicar placer. El buscar una solución, indagar, investigar, buscar información, leer, escribir, pensar y reflexionar conducen al aprendizaje, suponen esfuerzo y son todas actividades que pueden llegar a ser muy placenteras. Pero claro, si por aprender entendemos memorizar y lo que se suele denominar como “machacar”, evidentemente el aprendizaje está vinculado al sufrimiento y a la falta de significado, además de no ser perdurable. 

En fin, que está claro que entendemos cosas muy distintas por aprendizaje y por esfuerzo. El aprendizaje es perdurable y útil. Pobre del que no haya experimentado placer en un proceso de aprendizaje: no sabe lo que se pierde, la verdad. 

Los adolescentes también merecen respeto

Hace unas semanas, mi hijo se rompió el brazo derecho. Estaba desolado por no poder tocar la viola y por no poder estudiar física, química y matemáticas. Es un buen estudiante. No se mata a estudiar pero siempre va al día y le gusta aprender. 

La mayoría de sus profesores y profesoras le han tratado con comprensión y le han hecho adaptaciones por su discapacidad temporal. Le han dicho que se examinará cuando le quiten la escayola. Teniendo en cuenta que está en segundo de Bachillerato, es una gran faena, pues se juega la entrada en el Grado que le gusta.

Pero siempre hay excepciones, en este caso el profesor de matemáticas. Cuando mi hijo le contó lo que le había pasado y que si por favor le podía aplazar el examen, le dijo que era un vago y que aprendiese a escribir con la mano izquierda. 

He enseñado a mis hijos a no callarse ante las injusticias. Y él no se calló. Le dijo que era el único de sus estudiantes que había aprobado todos sus exámenes sin tener que ir a recuperación y con buena nota. Ante esa evidencia, el de matemáticas le llamó impertinente (es una impertinencia argumentar cuando te han insultado, debe ser) pero se debió de dar cuenta de su error y le dijo que le pondría el examen más adelante.

Los niños y jóvenes tienen que aguantar ese tipo de faltas de respeto de los adultos, ligadas a los abusos de poder, en diversas situaciones. Recuerdo cuando mandaba a comprar a mis mellizos y acudía a rescatarles cuando comprobaba que tardaban demasiado en volver con la barra de pan. Me los encontraba mirando a la dependienta con desesperación y rodeados de señoras que parecían no verles, hasta que yo daba dos voces. Entonces dejaban de ser invisibles.

Me cuenta mi hijo que en otra ocasión le cerraron la puerta del instituto en las narices, y como no la podía parar con la mano escayolada, la paró con el pie. Entonces llegó el conserje como un energúmeno a echarle la bronca y a decirle que eso no se hacía, que había que pararla con la mano. Le enseñó su escayola y le dijo que la parase con la otra, cosa harto difícil pues suponía hacer una complicada cabriola. No me imagino a nadie dirigiéndose así a una persona adulta con una escayola. Pero ellos, los y las jóvenes adolescentes y los niños y niñas deben soportar nuestros humos y malos modos, nuestros insultos y nuestras faltas de respeto sin inmutarse.

Yo os pediría que cada vez que os vayáis a dirigir a ellas/os, penséis antes si lo que vais a decir se lo diríais a una persona adulta. Seguro que os sorprendéis más de una vez.

Los educarcas, la memoria y la cultura del esfuerzo

No sé qué le ha pasado a mi generación. Cuando hemos conseguido hacernos con el mando, hemos empezado a reproducir la mala educación que nos dieron a nosotros y las mismas tonterías que tuvimos que aguantar. Ahora no nos acordamos de lo que hacíamos de jóvenes, pero nos ponemos muy serios (y serias) diciendo que la juventud de hoy en día no tiene cultura del esfuerzo. No recuerdo yo a mis compañeros y compañeras de instituto y de universidad con mucha cultura del esfuerzo, pero si vosotros lo decís, y con tanto convencimiento, será que lo sentís así. 

¿O será que todos los docentes a los que os ha dado por alabar la memoria y el esfuerzo como motores del aprendizaje erais estudiantes memorísticos compulsivos? Recuerdo que en mi época de estudiante, tenía un compañero que siempre estaba estudiando en la biblioteca. Subrayaba de color rojo los apuntes del orden de 30 veces, hasta que se los sabía de memoria. Luego sacaba un 10. Yo me leía los apuntes 3 veces a lo sumo y sacaba un 7. Con el tiempo que me quedaba, disfrutaba de la vida. Una vez le dije que si hacía falta que estudiase tanto, que si no se venía con nosotros de marcha. Me miró como si estuviese loca, como si le hubiese ofendido muchísimo. Volvió a sacar un 10, y así hasta el final de la licenciatura. Pero era un amargado y no consiguió más cosas de las que conseguí yo profesionalmente hablando más adelante. 

El memorizador compulsivo de la clase era el único que tenía esa cultura del esfuerzo con las que se llenan la boca los educocarcas de hoy en día. Y tenía éxito académico (que no vital) porque la evaluación también era memorística. Cuando le sacabas de los márgenes de los apuntes, el pobre se perdía, no sabía reflexionar sobre conceptos complejos y no quería, de ninguna manera, cuestionar el conocimiento que le venía dado. El problema del memorizador era que, cuando se enfrentaba a problemas reales, no tenía nada que memorizar. En ese momento, cuando tenía que aplicar el conocimiento, miraba a su mesa, hincaba sus codos y buscaba de manera autómata la forma de responder a la vida como si fuese un examen. Y nunca lo conseguía. 

Pocas veces encontré un/una docente que realmente me guiase en la construcción de mi conocimiento. Como mucho, me dijeron lo que tenía que pensar y lo que tenía que leer, pero no impulsaron mi reflexión ni me llevaron a redescubrir el mundo. Sé mucho de la Edad Media porque tuve una profesora de Historia que era entusiasta de esa época y adoro la Literatura porque es algo que me inculcó mi familia desde muy pequeña. Por lo demás, fracasé en matemáticas y en física porque nadie quiso o supo responderme a la pregunta de para qué servían, hasta que lo ha hecho mi hija con una explicaciones ilustradas con ejemplos que  más quisieran muchos de esos que se llenan la boca diciendo que son profesionales. Esto no es educación. En todo caso es un “mostrar” contenidos para su asimilación e incorporación acrítica a nuestro torrente de pensamiento. 

El aprendizaje se produce a partir de la APROPIACIÓN DEL CONOCIMIENTO. Esto quiere decir que si no hacemos nuestro el conocimiento, si no lo vinculamos con lo que ya sabemos y lo percibimos como funcional en nuestro día a día, no se aprende. Se puede memorizar, asimilar, retener, pero eso no es aprender. Hay profes que se desgañitan intentando convencernos de que memorizar es necesario y la base del aprendizaje. Para nada. La memoria siempre está presente. Para aprender no nos quitamos las manos, ni las piernas. Tampoco la memoria. Pero eso no quiere decir que la memoria sea la base del aprendizaje, como no lo son las sensaciones visuales que entran por nuestro nervio óptico. El aprendizaje es algo que se produce en todo el cuerpo y que nos cambia de arriba a abajo. Cambia nuestro comportamiento interno y externo. 

Pero después de todo, hay experanza. Hay una nueva generación que sabe que la forma en que les educaron en el colegio y en el instituto no es la adecuada, y van a transformar la educación. De momento son jóvenes y solo tienen acceso a herramientas como YouTube. Pero lo están haciendo muy bien. Están elaborando herramientas muy útiles para enseñar a los que vienen detrás de ellos de una forma significativa, amena y consciente. Ya, ya sé que no se puede dar una clase a base de vídeos de YouTube, pero lo que están haciendo va más allá de eso. Están adoptando una postura pedagógica elaborada en su intento de enseñar a otro/a, una postura que supera la metáfora del contenido-continente de una vez por todas, y que toma conciencia de que lo que hay que enseñar no es TODO lo que se sabe, sino una base que impulse al otro o la otra a querer seguir aprendiendo más y más. 

La única postura adecuada hoy en día en los entornos educativos es el cambio de metáfora, de prácticas docentes, de teorías epistemologicas y de actitud hacia los más jóvenes. Esperamos que los educarcas, los que pretenden que eduquemos a nuestros hijos como a marines y a nuestras hijas como institutrices, se vayan extinguiendo poco a poco y dejen paso a una nueva generación de educadores más de la segunda república que del franquismo. 

Las cosas que yo reivindicaría #noalalomce

Después de unos añitos de reivindicaciones en defensa de la educación pública y en contra de la LOMCE, y dado que ahora que no hay mayoría absoluta, los y las políticas han decidido hacer un pacto por la educación. En este tiempo, hemos podido comprobar que en las sucesivas huelgas y movilizaciones, la clase docente ha pedido nuestra colaboración, pero sistemáticamente se han obviado nuestras reivindicaciones, ensalzando las suyas. Las familias hemos tenido a bien secundar estas movilizaciones, ya que a muestros hijos e hijas les beneficia una bajada de ratios y unas profesoras y profesores con más horas para preparar clases y atender tutorías. 

Pero creo que ha llegado el momento de reflexionar si nos compensa seguir apoyando las convocatorias de los sindicatos de trabajadores que no cuentan con las familias para incluir reivindicaciones pero que sistemáticamente nos llaman a apoyar las huelgas. Yo daría un BASTA y les diría que, si quieren nuestro apoyo, deben incluir nuestros puntos. Yo incluiría los siguentes:

1) Eliminación de la condición de autoridad pública de los docentes en las comunidades en las que exista esta normativa.

 En esa ley, se les otorga a los docentes la presunción de veracidad (es decir, la palabra de un docente siempre está por encima de la de un/a alumno/a o sus familiares) y se obliga a las familias a colaborar a sus órdenes, además de convertir a los centros educativos en cárceles en los que, lo que se disfraza bajo el inocente epígrafe de “normativa de convivencia” es un listado de faltas y sanciones con los que el profesorado pueden cometer abusos de poder impunemente. Es cierto que la mayoría del profesorado es sensato y no usa de esta forma la normativa, pero el problema es la potencialidad de la misma para tratar a las personas usuarias de los centros educativos como si de un ejército se tratase. Esta es la normativa de Madrid

2) Reconocimiento de la autonomía de las familias y de la autoridad de madres, padres y tutores legales. 

Quizás muchos/as piensen que incluir normativa sobre este aspecto no es necesario. Ya en el preámbulo de la LOMCE se dice lo siguiente: 

“La realidad familiar en general, y en particular en el ámbito de su relación con la educación, está experimentando profundos cambios. Son necesarios canales y hábitos que nos permitan restaurar el equilibrio y la fortaleza de las relaciones entre alumnos y alumnas, familias y escuelas. Las familias son las primeras responsables de la educación de sus hijos y por ello el sistema educativo tiene que contar con la familia y confiar en sus decisiones.”

Por tanto, queda claro que la responsabilidad de la educación de niñas, niños y jóvenes recae en las familias, y el sistema educativo debe confiar en nuestras decisiones y contar con nosotras. Sin embargo, en los últimos tiempos, desde que el debate sobre los deberes ha saltado a la palestra, pareciera que los/as docentes tienen alguna potestad para organizar nuestro tiempo libre e imponer su autoridad sobre la nuestra, la de las familias. Lo que se hace en casa es problema nuestro. No tenemos por qué organizar nuestro tiempo libre dependiendo de lo que a las maestras y los maestros se les antoje imponer para el puente, las vacaciones o el fin de semana. Por otro lado, los deberes como “café para todos/as” es un despropósito pedagógico que debe terminar e imponerse la racionalidad desde algún sitio, sin olvidar que, si las y los docentes requieren disponer de las horas no lectivas, siempre tiene que ser con el acuerdo y consenso con la familia. 

3) Recuperación del poder del Consejo Escolar y dotación de funciones decisorias al AMPA. 
La LOMCE destruyó el carácter democrático de nuestra escuela pública. Creo que es obligado exigir que el Consejo Escolar recupere su poder decisorio e incluso que lo incremente, dotando de más representatividad a las familias en el mismo y dándole funciones de gobierno que actualmente recaen en exclusiva en la dirección, como la elaboración del proyecto educativo del centro, los criterios de admisión de alumnos/as o la programación general anual. Desde la aprobación de la LOMCE en diciembre de 2013, todas las decisiones dependen, única y exclusivamente, de la dirección. Por otra parte, la elección de la directora o director debe volver a recaer en la comunidad educativa del centro y eliminar la posibilidad de que esta figura sea nombrada a dedo por la Administración. 

En cuanto a las AMPAs, creo que es necesario recuperar el espíritu con el que nacieron. El AMPA debería tener poder decisorio sobre el comedor escolar y la calidad de lo que allí se oferta, tener un espacio reconocido dentro del centro en el que poder reunirse y guardar sus materiales y ser consultada en todos los temas que atañen a la vida en el centro y que compromenten el bienestar de los y las alumnas. 

4) Obligación de los docentes de usar prácticas docentes y metodología basada en la evidencia.
Sé que este es uno de los puntos más controvertidos, pero creo que ya es hora que en este país, la gente que se dedica a la educación comience de forma masiva, y no marginal, a reflexionar sobre sus prácticas profesionales. La prescripción de usar prácticas basadas en la evidencia (PBE) se introdujo en la legislación educativa de EEUU, con IDEA (Individual with Disabilities Education Act, 2004) y con ESSA (Every Student Succeeds Act, 2015) y aunque la forma en que este precepto se ha llevado a la práctica en EEUU es muy criticable, aporta una mentalidad profesional sobre la educación en la que ya no todo vale. Es una pena que toda la cantidad de investigación educativa, tanto básica como aplicada, quede en papel mojado porque el cuerpo docente no siente la necesidad de acudir a ella para programar sus prácticas. También en los últimos años, en Europa, se ha creado EIPPEE (Evidence Informed Policy and Practice in Education in Europe), proyecto que tiene como objetivo recopilar PBE y hacer que estas sean influyentes en las prácticas educativas y políticas dirigidas a la educación. 

Algunos sitios que se manejan para consultar prácticas educativas basadas en la evidencia son los siguientes: 

What Works ClearingHouse

Promising Practices Network

Lo importante de este planteamiento es dotar de racionalidad a las prácticas educativas. Exigir que estén basadas en teorías educativas contrastadas y no sean un cúmulo de tradiciones que se perpetúan por comodidad del profesorado e interés de las editoriales que sangran a las familias con libros de texto de dudosa calidad. 

Hablemos de segregación


Como vivo en un lugar recóndito de la Mancha, no me había enterado de que a las familias que queremos que nuestros hijos y que nuestras hijas aprendan inglés se nos acusa de segregacionistas, por el simple hecho de hacer uso de algo que el sistema pone a nuestra disposición: colegios públicos en los que se trabajan varias asignaturas en esa segunda lengua y en los que se da una séptima hora de inglés. Desde la capital del reino, llegan mensajes de que el sistema bilingüe que implantó el PP está siendo un fracaso porque carece de los medios necesarios, los niños y las niñas no aprenden ni contenidos ni idioma y los más vulnerables son los más perjudicados. 

Escucho también que los niños y niñas que, después de haber ido a un cole bilingüe, van a un IES de secciones, son altaneras/os, clasistas y miran por encima del hombro a sus compañeras/os monolingües. Vamos, que la introducción del bilingüismo está siendo un elemento segregador en el que los pobres docentes no tienen absolutamente nada que ver. 

La segregación forma parte de nuestras vidas. Recuerdo a ese niño al que nunca dejaban ir a las excursiones del colegio porque las maestras no se querían hacer cargo de él. O ese al que ponían al fondo de la clase con tareas diferentes al resto de la clase. O esos niños y niñas a las que se hace repetir una y otra vez curso, hasta que se dan cuenta de que tienen una dificultad de aprendizaje y hay que hacer una adaptación para que aprendan. O las niñas que son leídas como niños y viceversa, que son acosados de mil formas y maneras y a los que se les niega la entrada al centro si no van vestides conforme a la ley de la buena gente. O esa niña a la que obligan a quitarse el velo. O ese niño al que llaman penoso, vago y desgraciado porque no sabe hacer las tareas. O a los chavales y las chavalas de humanidades, pobres, que no valían para ciencias. Sí. La segregación forma parte de nuestras vidas. 

Lo que está claro es que el saber se traduce en poder, y las personas que son capaces de comunicarse en lenguas dominantes tienen más poder que quienes no lo son. Pero el mundo es así, no lo he inventado yo. Otra cosa es cómo uses tu poder, pero la diferencia está establecida en estructuras muy superiores. Los saberes crean poder. En otros países, todas las personas tienen acceso relativamente igualitario al aprendizaje de una segunda lengua. Pero en España seguimos siendo unos borricos que doblan las películas, nos reímos de la gente que pronuncia bien los anglicismos y despreciamos el conocimiento de un idioma extranjero. Y además, si queremos que nuestros hijos y nuestras hijas lo aprendan, somos unos segregadores. 

Lo que eliminaría ese segregacionismo que producen los sistemas bilingües sería que todas las personas tuviésemos las mismas oportunidades para acceder al aprendizaje de una L2, no que las familias dejásemos de desear que nuestras hijas y nuestros hijos aprendiesen inglés. Dejemos de marear la perdiz y de acusar a las familias y, si realmente somos tan luchadores y queremos tanto la igualdad, luchemos por un sistema que fomente el aprendizaje de una L2 igual que el aprendizaje de las Matemáticas o de las Ciencias Sociales. Que ese aprendizaje no dependa de que tengamos pasta para viajar y mandar a nuestros hijos e hijas de intercambio, o de que tengamos unos amigos en UK, o de que tengamos la posibilidad de llevar a nuestra prole a colegios bilingües carísimos y super pijos. 

En las condiciones actuales, nos queda la educación en valores. No imagino a mis hijos ni a mi hija mirando por encima del hombro a sus compañeros y compañeras por saber más inglés. No formarían parte de mi familia si lo hiciesen. Las personas que lo hacen son gente estúpida y engreída que actúa así en todas las facetas de su vida. Siento mucho que os hayáis encontrado con gente. Yo sí me he encontrado con ese tipo de gente en mis años de lucha por aprender un inglés que no me enseñaron en el colegio y que tuve que aprender en la universidad a la fuerza. Y esas humillaciones y desprecios fueron los que me llevaron a tomar la decisión de que mis hijos no pasarían por lo mismo que había pasado yo. Llamadme segregadora si queréis. 

Las críticas fachiprogres al bilingüismo

Ya he escrito alguna que otra entrada sobre bilingüismo. Creo que los gobiernos del PP han implantado la enseñanza bilingüe de forma chapucera causando estragos en los colegios públicos. Se obliga a los maestros y maestras a tener un B2, y con ese aprendizaje precario de una segunda lengua se convierten en docentes bilingües, sin tener mucha formación sobre lo que es el bilingüismo, cómo se debe introducir y cómo trabajar la enseñanza bilingüe con niños y niñas con diversas competencias e identidades culturales. Los colegios están haciendo esfuerzos ingentes, pero hay muchas quejas y muchos problemas. 

Lo que no me parece adecuado es que todas estas quejas y todos estos problemas se achaquen al propio hecho de introducir una enseñanza bilingüe en un colegio. No, mira: el problema no es el bilingüismo. Hay muchos niños y niñas en nuestro país y en otros países que tienen una enseñanza bilingüe en el colegio y les va bien. Pero claro, son coles privados, llenos de niños y niñas de “buenas familias”, o coles públicos con buenos sistemas de implantación del bilingüismo, como el del British Council (antes de que llegara el señor Paco con las rebajas). 

Pero lo que ya me toca mucho la moral es la crítica fachiprogre de moda: que el bilingüismo segrega, porque hay niños y niñas que no aprenden Naturales y Sociales en inglés. ¿Perdona? Este problema no se puede plantear en un sistema realmente bilingüe, en el que se trabaja con la inmersión desde los 3 años (o los 6 años, si el niño o niña empieza a ir al cole en primaria). Si en un sistema bilingüe, a un niño le cuesta aprender, lo adecuado es ofrecer apoyos que faciliten la inclusión. Hay miles, qué digo, millones de niños que aprenden en inglés, y los problemas de aprendizaje se trabajan desde las medidas de apoyo planteadas por el sistema educativo. 

Que no, que el bilingüismo no segrega. Lo que segrega es el sistema chapucero mediante el cuál se ha implantado el bilingüismo, obligando a las familias a matricular a sus hijas e hijos en academias de ingles por las tardes. Vaya despropósito. Un buen sistema bilingüe no necesita de academias. Lo que sí es segregador es argumentar que el bilingüismo segregra, instando a las familias que quieren que sus hijos e hijas tengan una buena formación en una segunda lengua a que les lleven a colegios privados de ricos, que son los únicos aptos, por lo visto, para acoger programas bilingües. 

Tenemos derecho a que nuestras hijas e hijos aprendan una L2 en la escuela pública. Tenemos derecho a un buen sistema bilingüe. También a una escuela inclusiva con unas ratios adecuadas, sí. Pero no me vengan con el rollo de que el bilingüismo segrega, y que qué egoistas somos las familias por pedir que haya bilingüismo en la escuela pública. Es el argumento más facha y clasista que he escuchado en la vida. Nada, que como los sistemas bilingües son para ricos, que nos olvidemos de ellos, que la escuela pública es diversa y ahí se aprende en español, como diosito manda. 

El WhatsApp del cole: El terror de las maestras

Cuando el WhatsApp llegó a nuestras vidas, cambió nuestras prácticas. Como cualquier otra tecnología, se introdujo en nuestra cultura interactiva y ofreció nuevas posibilidades a nuestras comunicaciones. En el caso de la vida escolar, nos ofreció la posibilidad de hablar entre nosotras/os, las madres y los padres, sin las prisas que son habituales en nuestros breves encuentros a la entrada y salida del colegio. 

Pasó un curso usando el WhatsApp, y al curso siguiente, en la reunión inicial del colegio de mi hijo, la directora introdujo en su discurso una perorata en contra de los grupos de WhatsApp de madres y padres. Ya otros cursos se había quejado de que las madres hablábamos en la puerta del colegio y difundíamos rumores y críticas infundadas sobre el centro. Pero ahora, directamente, nos estaba instando a no usar el WhatsApp. Me sentí como una niña pequeña a la que están echando una reprimenda por hacer algo prohibido y a la que están limitando las formas de comunicación con el mundo. 

Las madres somos ciudadanas libres, mayores de edad, con libertad de expresión y de reunión. Las críticas atroces que están recibiendo los grupos de WhatsApp de madres no responden a otra cosa que al miedo de los centros educativos a que haya unión entre las familias y se empiecen a denunciar las malas praxis de manera colectiva. Por lo demás, los grupos de WhatsApp del cole no son diferentes a los grupos de amigotes, familiares, antiguos alumnos, etc. Hay gran diversidad entre ellos y las dinámicas que se generan pueden ser múltiples, desde los grupos que no hacen más que compartir cadenas de niños secuestrados como los que están abonados a los vídeos humorísticos de caídas o al negro del WhatsApp. Pero son grupos de personas adultas y nadie externo tiene derecho a venir a fiscalizarlos o a pedir que no se hable de X o de Y. 

Por lo demás, personalmente no espero nada de los grupos de WhatsApp del colegio. Mi hijo rara vez tiene dudas sobre lo que hay que hacer de deberes y si tengo algo que decirle al centro o a la tutora voy personalmente a hablar con la persona en cuestión. Siempre me ha molestado la gente que se queja en la puerta del colegio porque la tutora hace esto o lo otro y espera que sea otra la que se caldee y suba a hablar con la directora. Mientras, su hijo o hija está sufriendo las consecuencias de su falta de responsabilidad, y tenemos que ser otras las que le saquemos las castañas del fuego. 

Los grupos de WhatsApp sirven para lo que sirven, pero lo que es claramente sintomático es el revuelo que han montado los maestros y profesores para desacreditarlos. Si tanto les molesta que las familias les critiquen, deberían mirarse un poco a sí mismos y a sí mismas y recordar cuando hablan de la vida privada de una familia en público, critican el aspecto de una madre o cotillean sobre la separación de los padres de uno de sus alumnos. El respeto no es unidireccional, y si se pide respeto, hay que estar dispuesto a ofrecer lo mismo a cambio. 

Los padres cuarteleros: Una tendencia en alza

Tomada de Pixabay

Los expertos lo han detectado con su radar “encuentra fenómenos”. Son los padres cuarteleros. Tratan a sus hijos a golpe de silbato, les educan en un ambiente absolutamente dictatorial y nunca les ayudan a levantarse cuando se caen. Esta forma de educación, que se puso de moda tras la adopción de las tesis de ese concepto pseudocientífico llamado “hiperparentalidad”, está acabando con la autonomía y la autoestima de niños y jóvenes, que tienen sistemas nerviosos débiles y son incapaces de enfrentarse a los retos más sencillos de la vida, como tomar decisiones por sí mismos, hacer amigos, abordar los conflictos con serenidad o mantener conversaciones distendidas. 

Los padres cuarteleros hacen oídos sordos a las quejas de sus hijos. No importa que lleguen llorando a casa del colegio con un ojo morado. Les dicen que se defiendan, que devuelvan el puñetazo y que no lloren como nenazas. Si su hijo es una hija, les dicen que algo habrán hecho, que sean tranquilitas y jueguen a la goma en el patio, así no se meterán en líos. Es así como los casos de acoso en el colegio han aumentado de forma alarmante: sin un control por parte de las familias, que son las encargadas del bienestar de los menores, no hay nadie que ponga freno a la escalada de violencia en los colegios e institutos. 

Además, este tipo de padres no atienden a sus hijos cuando sufren accidentes o tienen dolores. Son de la idea de que, cuando un niño se cae al suelo, hay que dejar que se levante solo para forjar su fortaleza y valentía. De este modo, están llegando a los hospitales niños con fracturas antiguas mal soldadas que no fueron atendidas debidamente en su momento. Además, los niños crecen con la idea de que no hay que ayudar al otro cuando tropieza y estamos asistiendo al surgimiento de una generación de adolescentes insensibles ante los infortunios de sus semejantes, que pasan sin mirar a las viejecitas que encuentran tiradas en el suelo y que no ceden el asiento en el metro a las embarazadas. 

Marilita Jiménez, experta en ingeniería genética en la Universidad de Gayamil, afirma que estos padres crían a sus hijos como si fuesen infantes de la marina. Las maneras espartanas en la educación están dando lugar a gran cantidad de casos de estrés postraumático en niños y adolescentes, que llegan gritando “SEÑOR, SÍ SEÑOR” a las consultas de psiquiatría. “Como sigamos así, en unos años vamos a tener zombis en vez de personas paseando por las calles” afirma la experta. 

Quedaron atrás los tiempos en los que se daba crédito a las teorías que afirmaban que una crianza respetuosa y con amor generaba individuos respetuosos consigo mismo y con sus semejantes. En la actualidad, parece que estamos educando a soldados que van a ir a la guerra a combatir por su patria, más que a ciudadanos conscientes y resilientes, preocupados por contribuir al bien común. Y es que necesitamos personas que se construyan sobre una base sólida de apoyo, respeto y amor por parte de sus progenitores, y no de individuos obedientes sin autoestima que no sepan relacionarse con los demás porque nunca les han cuidado. 

Rita y las listillas

Tomado de Pixabay

El otro día, mientras hacía la comida, me puse el primer capítulo de Rita, una serie Danesa que tiene como protagonista a una maestra. Esperando encontrar una visión diferente sobre la educación, lo que me encontré fue un primer capítulo que arremetía contra una niña con altas capacidades (AA.CC.). La niña en cuestión era dibujada como una repelente que necesitaba acaparar la atención de la profesora y que despreciaba a sus compañeros y compañeras por no ser tan buenos estudiantes como ella.

Los padres llaman al director, porque la niña se queja de que su profesora, Rita, no le hace caso. La profesora le dice a los padres que la niña es precoz y maleducada, y que si es madura lo tiene que ser en todo y comportarse de manera madura en cualquier circunstancia. Después, saca a relucir otro tópico: que la niña no tiene amigos, y propone a los padres que se preocupen más por eso que por la formación de su hija.

Ese tipo de versiones sobre los niños y niñas que tienen capacidades diferentes ayuda muy poco a solucionar las dificultades que afrontan en un entorno educativo en el que no encajan. La escuela está hecha para un tipo medio de estudiante que progresa adecuadamente, sin destacar y sin rezagarse. Pero en cuanto un niño o niña se sale de la vereda, se convierte en un problema. Aunque la normativa es más que clara al respecto, y los niños y niñas de los que se sospecha que tienen AA.CC. deben ser valorados y disfrutar de una adaptación curricular adecuada a su ritmo de aprendizaje, las familias que se enfrentan a esta circunstancia saben lo difícil que es conseguir esto.

Existen bastantes prejuicios sobre este tema que se convierten en importantes obstáculos para conseguir una adaptación curricular en un caso de AA.CC. En primer lugar, existe la idea de que todas las familias creen que sus hijos/as son los más listos/as. La primera vez que acuden al colegio por este motivo, encuentran las medias sonrisas y las burlas veladas de las/os maestras/os, insinuando que están sobrevalorando las capacidades de su hija/o. Para conseguir una valoración, la mayoría de las familias tienen que acudir a un centro privado, ya que los servicios de orientación de los centros públicos rara vez acceden a llevar ésta a cabo.

Por otra parte, otra creencia errónea es que una persona con AA.CC. tiene que ser muy buena en cualquier actividad, de modo que ha habido casos en los que se ha negado una valoración si no existe un rendimiento superior en alguna de las materias, Educación Física, por ejemplo.

Los niños y niñas no lo pasan bien en el colegio. Si son sufridores/as, pueden pasar su etapa escolar aburriéndose como ostras en una clase que no les resulta para nada estimulante, con la sensación de estar perdiendo el tiempo y con un sentimiento de fracaso, al no ser capaces de disfrutar con nada de lo que hacen. En el peor de los casos, estas niñas y niños desarrollan problemas de conducta y emocionales que pueden constituirse en un serio problema en la adolescencia.

Por tanto, visiones como la que ofrece la serie Rita no ayudan nada a la integración de estos niños y estas niñas. Estas personas tienen derecho a una educación adaptada a sus necesidades que de respuesta a sus inquietudes, intereses y ganas de aprender. Rita tiene que prestar tanta atención a su estudiante con AA.CC. como a los demás estudiantes, y desarrollar estrategias que hagan que todos ellos aprendan sin que nadie se quede aislado, mirando,  en un rincón.