KILLEREDUCACIÓN

Educación en tiempos de pandemia

Estamos en una situación sin precedentes y en las situaciones sin precedentes se aprenden muchas cosas. Una de las cosas que se hacen manifiestas es el orden de prioridades de una sociedad. Y en este momento, la prioridad parece ser la economía. No el bienestar de la ciudadanía, que todo el mundo mantenga un nivel de vida adecuado, que se alimenten, duerman, cuiden su cuerpo y su mente. La prioridad es que no nos muramos muchos y que podamos levantar pronto el aislamiento para volver a la “normalidad”.

Pero eso nunca va a pasar. Hay una generación que ha visto truncado su curso escolar, desde infantil hasta la Universidad. Y esto de “ver truncado” es una cosa que va con el sistema. El sistema consiste en ir salvando obstáculos y superando niveles, como en los videojuegos. Esa ingenua afirmación de “lo importante es aprender” es una puta mentira. Lo importante es y ha sido siempre aprobar. Hasta ahora, que la situación de evaluación no puede asegurar que el resultado del test refleje la retención y acumulación individual y memorística del conocimiento.

En esta situación excepcional pueden suceder dos cosas: el sistema intenta perpetuarse o el sistema cambia. Entre los que intentan que el sistema se perpetúe están los que quieren que esto se chape hasta septiembre, que se de por perdido el curso y que los niños y niñas empiecen de nuevo el curso en el que ya llevaban casi 5 meses. Esa propuesta me parece aberrante por muchos motivos, pero el principal es la falta de respeto, la falta de consideración y la trivialización que supone del derecho a la educación.

Vamos a ver las cosas con un poco de perspectiva: el derecho a la educación no va de hacer ejercicios repetitivos del libro de texto y que el profe te los corrija. El derecho a la educación es tener acceso a la información, apoyo para comprenderla y espacio para aplicarla y generar nuestro propio conocimiento. Y, si nos importa este derecho, si nos importa que los niños y las niñas, que las y los adolescentes sigan teniendo oportunidades de crecimiento en medio de una pandemia, hemos de hacer cosas diferentes.

Es previsible que, ante esta afirmación, haya quien diga que esto no es lo importante ahora. Seguramente será una persona de clase media e intelectual, con niños pequeños y que se ve sobrepasada por la absurda inundación de tareas que sufren de manos de las maestras de sus hijos. Estos niños, de clase media e intelectual, están en constante contacto con recursos educativos, por lo que las tareas dificultan más su vida que otra cosa. Es absurdo estudiar por tercer año consecutivo el ciclo del agua. Este planteamiento, que se detenga la actividad docente, es absolutamente comprensible, si no supusiera un abandono completo de otras niñas y niños que no tienen la suerte de tener un acceso tan amplio a recursos educativos.

Desde mi punto de vista, las prácticas educativas en esta situación de pandemia deberían cambiar. No tiene sentido intentar seguir haciendo las mismas cosas. Mandar tareas a destajo, obligando a las familias de niñas y niños pequeños a estar gestionando su realización, solo sirve para crear tensión y rechazo. No podemos pretender recrear la situación de las aulas en los hogares. Pero claro, ¿dónde está el Think Tank educativo en España cuando hay que organizar todo esto? ¿Holaaaaaa? ¿Hay alguien ahí?

Los centros educativos públicos parecen pollos sin cabeza planificando las directrices generalistas que han recibido de sus jefes directos: los consejeros de educación y los cargos intermedios. “Haced lo que podáis, planificad la docencia a distancia y la evaluación y mandadnos los planes”: eso ha sido todo. Ni un puñetero recurso. Bueno, sí, Clan TV ha hecho un programa de clases horroroso que da vergüenza ajena y que los niños no quieren ver ni en pintura.

Los y las docentes son un cuerpo de funcionarios que ahora podrían estar haciendo grandes cosas, y, sin duda, algunos y algunas lo estarán haciendo. Interesarse por el bienestar de sus estudiantes y sus familias, ofrecerles ayuda para tener acceso a recursos interesantes y profundizar en su formación, sugerir, acompañar, informar. Por favor, dejad de enviar tareas inútiles, dejad de estresar a las familias y humanizad vuestro trabajo.

Es tan importante la labor educativa en estos momentos como en cualquier otro. Esta es una oportunidad para ver las cosas desde otra perspectiva, para educar sin partes, sin sanciones, sin notas, sin negativos, sin exámenes. El único objetivo es poner el conocimiento al alcance de la gente. Ahora que se aplaude tanto el trabajo de los sanitarios y se describe como heroico, los docentes no se deberían quedar atrás y deberían aprovechar esta oportunidad para mostrar la importancia de su trabajo.

Pero bueno, seguramente esto no sean más que tonterías. Hay gente muy preocupada por que se van a incrementar las desigualdades. Como si esas desigualdades no estuviesen ya totalmente establecidas. Esto es como cuando mis hijos iban a “no religión” y no podían hacer nada que implicase aprendizaje académico. Era como dejarles en un stand by para que no avanzasen con respecto a los demás. Me parecía una solución perversa. En vez de sacar la religión de las aulas, había que crear espacios muertos para los niños que no quisiesen ser adoctrinados. Ahora, las niñas y niños que tienen internet y dispositivos ¿qué deben de hacer? ¿Intentar aprender lo menos posible para que no se agrande la brecha?

Quizás deberíamos empezar a pedir, por ejemplo, Internet libre, acceso libre a la cultura, reparto de dispositivos a las familias que carezcan de ellos y de posibilidades de comprarlos. No es más que asegurar el derecho a la educación. ¿Alguien tiene un plan? ¿Hay alguien pensando sobre esto en algún sitio?

Lo que ha quedado patente en esta situación de crisis es que los niños y las niñas son ciudadanos de segunda. Han quedado recluidos en sus casas y ninguna de las medidas de apoyo planteadas por el gobierno aluden a la infancia. La infancia encerrada ha quedado privada de todos sus derechos. La infancia encerrada, y además pobre y sin líneas de comunicación con el exterior está más expuesta a innumerables riesgos. Nadie se preocupa por asegurar el bienestar de la infancia y su derecho a la educación. Exijamos a ese ejército de funcionarios que dependen de las consejerías de educación que se pongan las pilas, que innoven, que cambien su perspectiva y que den la posibilidad a nuestros hijos e hijas de seguir teniendo acceso a la cultura. Por todos y todas. Para todos y para todas. Por nuestro futuro y por el suyo.

Los baños públicos en los centros educativos: sin papel, sin jabón y sin secamanos

Cuando vamos a un servicio público, nos gusta (y está establecido por normativa que así sea) que haya papel higiénico, jabón para lavarnos las manos y algún tipo de elemento para secarlas. Muchas familias hemos educado a nuestros hijos e hijas en el uso correcto de los servicios, a mantener la higiene y a usar correctamente estos elementos. Sin embargo, cuando llegan a sus colegios e institutos, muchos se encuentran con la desagradable sorpresa de que los aseos no cumplen las condiciones adecuadas de higiene.

Hace unos días, decidí lanzar una pregunta en mi cuenta de Twitter:

Las respuestas no se hicieron esperar. Respondieron un total de 55 madres o padres (los datos son aproximados, ya que esto no es una encuesta al uso), de los que 40 contestaron claramente que no había papel en los aseos del colegio o instituto de sus hijas/os y 12 contestaron que sí. Los demás contestaban que sí en infantil y no en primaria o que sí en el de chicas pero no el de chicos. Por tanto, según las familias, no hay papel higiénico en los aseos en el 77% de los centros educativos. En estos casos, muchas de las madres o padres señalan que sus hijos/as tienen que coger el papel en conserjería pero que les dan poco o que depende del humor del conserje (sic). También hay madres que cuentan que sus hijas no van al servicio en toda la mañana, otras que nos cuentan que además de no haber papel higiénico no hay ni tapas ni puertas y otras que relatan como sus hijas han tenido algún que otro accidente sanguinolento por la falta de acceso y adecuación de los aseos en el instituto.

Este tuit también fue contestado por bastantes profesores y profesoras, alrededor de 33. De este grupo, unas 12 personas decían que no había papel en los aseos, y otros 12 que sí había. La proporción era semejante en colegios e institutos. La mayoría del profesorado que señala que no hay papel en los aseos justifica este hecho aludiendo al vandalismo. Por lo visto, el hecho de que haya papel en los baños hace que algunos alumnos atasquen el inodoro con el rollo de papel o que hagan pelotitas y las peguen en el techo. Esto ha llevado en sus centros a tomar la decisión de retirar el papel higiénico de los baños y adoptar otras soluciones: o bien ir a conserjería a por el papel cada vez que van al baño o bien pedírselo al/a docente. A este respecto, quiero hacer especial mención al tuit de un maestro:

También me gustaría hacer mención a la respuesta de un profesor y un maestro, que dicen que en sus centros hay papel en los aseos. Nos dan esperanza: si se quiere, se puede.

Para quienes no conozcáis el centro de Toni Solano, en el que es director, os dejo aquí un enlace. Y a continuación, el maestro:

En conclusión, es una queja bastante frecuente que los aseos de los centros educativos carezcan de las mínimas condiciones sanitarias para que nuestros hijos/as, que pasan allí muchísimas horas, tengan asegurado su bienestar. No es de recibo que, para ir al baño, necesites pedir papel higiénico, por una u otra vía. Imaginad que tuviésemos que hacer eso en nuestros puestos de trabajo: nos parecería absolutamente indignante, así como tener que llevar nuestros propios klinex y encontrar aseos sin jabón, papel higiénico y secamanos. Y la excusa del vandalismo no me vale. Si hay niños (y niñas, las menos) que tienen conductas disruptivas, en las normas de convivencia del centro debe estar marcado cómo se atajarán las mismas, pero en ningún caso la solución a estas conductas puede ser un castigo colectivo que ponga en riesgo la higiene y la salud del todo el alumnado (ni la de los infractores e infractoras, tampoco).

Andreu se quiere hacer famoso

La tecnología puntera en nuestros institutos

No sé si, en los últimos días, habéis visto publicada en varios medios la entrevista a un profesor interino de Lengua y Literatura con una experiencia docente de 6 años que presenta una visión apocalíptica de la población adolescente. Yo sí. Cientos de veces. Y la he leído una y otra vez, de arriba a abajo, sin entender su éxito y que tanta gente inteligente la estuviese aplaudiendo.

Luego he pensado que los mecanismos de promoción que usan los medios para difundir sus artículos funcionan a las mil maravillas: pagas y tienes un alcance de x mil personas dispuestas a retuitear o compartir cualquier contenido que apoye la idea de que los y las adolescentes de hoy en día son lo peor, que las familias no saben cómo educarles y que les aparcan delante de las pantallitas, haciéndoles perder así su capacidad atencional y de comprensión del mundo real.

Me voy a centrar en el artículo del País, aunque esta martingala ha salido también en otros medios. En primer lugar, hablemos de las cosas que le importan a Andreu Navarra: la desnutrición de sus estudiantes, su incapacidad para concentrarse y la ausencia de un debate sobre su futuro. Esto conduce, según él, a una devaluación del sistema educativo. La culpable fundamental: la tecnología.

O se explica muy mal o no sé que tiene que ver la supuesta desnutrición (no he encontrado ningún informe en el que se hable de la creciente desnutrición en la población infantil española) con la tecnología. Creo que le cuesta mucho hablar de un problema social que va más allá del sistema educativo: la pobreza y la exclusión social. Y sí: la educación obligatoria hace posible que todos los niños y las niñas, incluso los que viven situaciones de pobreza y exclusión, vayan a clase. Y su problema, Andreu, no es la tecnología ni la falta de academia, sino un sistema social que no atiende las necesidades de su población.

Dice Navarra en la entrevista del País: “Los profesores queremos crear ciudadanos autónomos y críticos, y en su lugar estamos creando ciberproletariado, una generación sin datos, sin conocimiento, sin léxico. Estamos viendo el triunfo de una religión tecnocrática que evoluciona hacia menos contenidos y alumnos más idiotas. Estamos sirviendo a la tecnología y no la tecnología a nosotros”

Estas afirmaciones son difíciles de entender. ¿Los profesores quieren una cosa y sin embargo consiguen otra? ¿Están los profesores creando ciberproletariado? ¿No dan datos, conocimiento ni léxico a sus estudiantes? ¿La religión tecnocrática se difunde en los centros educativos? ¿La tecnología conduce a tener “menos contenidos”? ¿La tecnología hace a los alumnos más idiotas? A ver, señor, explíquese: ¿contra quién quiere arremeter?

Decir que la tecnología conduce a un estado de menos contenidos, menos léxico y menos datos es absurdo. Nunca hemos tenido más datos a nuestro alcance. Andreu es joven, y por eso quizás no recordará cuando, para escribir libros, teníamos que ir de biblioteca en biblioteca recopilando información. Ahora no tengo que viajar para recopilar cientos, miles de artículos científicos y libros para poder leer y documentarme. La tecnología es una herramienta a la que podemos dar distintos usos. Hay quienes están todo el día jugando on-line con sus amigos, quienes buscan información sobre temas diversos, quienes entran en la deep web para encontrar material ilegal o quienes usa Tinder para encontrar pareja. Por tanto, un objetivo crucial del sistema educativo sería enseñar a los estudiantes a usar la tecnología para aprender y profundizar en su conocimiento. Pero planteamientos como el del señor Navarra lo único que hacen es mantener los centros públicos no ya en la Edad Media, sino en el pleistoceno, mientras que los centros privados dotan a sus estudiantes de las herramientas imprescindibles para vivir en una sociedad del siglo XXI.

Cuando sigo leyendo la entrevista, veo que Navarra señala que esos alumnos idiotas, absorbidos por la vida virtual y desnutridos no alcanzan más de un 25% del alumnado y, además, señala que este alumnado desnutrido, con dificultades de aprendizaje y que necesitan apoyo quita mucha energía al profesorado en sesiones de evaluación. Esa energía imprescindible para transmitir lo verdaderamente importante: la academia. Aquí ya Andreu me indigna bastante. Hay una frase que quiero señalar especialmente: “Y en el debate de la inclusión se ha olvidado, dice, que “lo que de verdad falta incluir es la academia”

Señor Andreu Navarra: lo importante del sistema educativo no son sus excelsos conocimientos de licenciado en lengua y literatura española. Lo importante del sistema educativo son las/os niñas/os y las/os adolescentes. Lo importante del sistema es la persona a la que se educa. Si su vocación era dedicarse a la producción de conocimiento o a su transmisión en su pura esencia, dedíquese a otra cosa. En un instituto, el material sensible son sus estudiantes, y el objetivo del sistema educativo es la integración en la sociedad, no la transmisión del conocimiento. Y el debate de la integración está claro desde hace mucho tiempo: inclusión o barbarie. La escuela pública es de todas/os para todas/os o no es.

En este sentido, si su objetivo es ser profesor de un instituto público, será mejor que vaya cambiando ciertas ideas. A las niñas y niños pobres y con riesgo de exclusión social también hay que educarles. Sí, educarles, no enseñarles. Y, por desgracia, hay muchas familias que tienen un acceso muy pobre a los recursos culturales de nuestra sociedad. Culpar a las familias de la “idiocia” de sus menores es tener muy poca idea de como funciona eso de las clases sociales y el acceso al conocimiento.

No sé en los institutos que habrá estado Andreu Navarra en sus escasos 6 años de docencia, pero le puedo asegurar que si los gurúes tecnológicos mandan a sus hijos e hijas a colegios analógicos, en España tendrían el paraíso. Un paseo por los institutos (públicos, claro) de gran parte de nuestro país nos arroja una imagen descorazonadora. Centros en los que los estudiantes no tienen acceso a Wifi, en los que se prohibe el uso de dispositivos electrónicos y se les arrebata el móvil si les pillan usándolo, como si fuese un pecado. Centros en los que se sigue usando pizarra y tiza como el artefacto de mediación más avanzado. Centros que tienen ordenadores de los años 90 que tardan una hora en encenderse y cuyo uso es muy limitado. Centros en los que se pide a los alumnos que lleven un euro para fotocopias en lugar de usar el aula virtual que tienen disponible y colgar allí los materiales. Pero la tecnología es el problema ¿verdad, señor Navarra?

Eso de “Aprendemos juntos” de BBVA

Ya me chirría que un banco nos venga a dar consejos educativos, cuanto más el discurso paternalista que usan para aleccionar a las familias. No sé si tienen muy claro cual es su público objetivo, pero desde luego, la gente a la que he visto asentir entusiasmada ante alguno de esos vídeos ñoños y sobreactuados ya está convencida de todo lo que ahí se dice y lo reproduce sin atisbo de crítica. Y es que los vídeos reproducen el típico discurso buenista y bienpensante que le conviene al sistema para reproducirse, un discurso que oculta mecanismos de control para que cualquier cambio posible venga siempre dirigido desde arriba (MUAHAHA, risa de conspiranoica).

En el vídeo en el que sale una psicóloga, Maribel Martínez, hablando sobre los grupos de WhatsApp de madres (y algunos padres) en los colegios, lo primero que llama la atención son las expresiones faciales de entrevistada y entrevistadora. Sin conocer el tema del que hablan, diríase que lo hacen de alguien que ha cometido una graciosa travesura. Pero las y los autores de esa travesura son personas adultas que cometen la tropelía nada más y nada menos de… comunicarse en relación con sus hijas e hijos que comparten aula.

Entrevistada y entrevistadora parten de la idea de que las familias lo hacen mal queriendo hacerlo bien. El colegio lo hace todo estupendamente, por supuesto. Y hace falta ser psicóloga para decirle a esas familias desorientadas cómo enmendar sus errores. Os voy a contar un secreto: cuando estudié psicología, en ninguna asignatura, absolutamente ninguna, se habló sobre la mejor forma de educar a los y las hijas. Pero hablaré de este tema más adelante. Vamos ahora con el vídeo.

El vídeo cae desde el principio en lo que las Madres Chungas llaman madre de Schrödinger: la madre debe enseñar a su prole a hacer deberes y estudiar pero no debe inmiscuirse en el trabajo escolar de su prole. Esta afirmación parte de una imposición y de una falacia. La imposición es que las familias deben estar al servicio de la escuela y constituirse como un recurso complementario de la misma. La falacia es que, si la familia hace las cosas bien, todo irá bien.

La psicóloga parte de una relación imaginaria entre una madre que está pendiente de los deberes que tiene su hijo y un niño que se relaja porque la que gestiona los deberes es su madre (“la ayuda que no ayuda”, que es el libro que quiere vender la psicóloga). Lo que yo he visto, sin embargo, en los grupos de WhatsApp en los que he estado son madres que reciben notitas de la profesora en la agenda que dicen “Fulanito/a no ha hecho los deberes.” Y ya volvemos a la paradoja. Señora maestra/ profesora, ¿Me está diciendo que soy yo la que he de gestionar las tareas escolares de mi hijo/a? ¿En qué quedamos?

La función de las familias debe ser reconocida como algo mucho más complejo y relevante que ser un mero apoyo de la institución escolar. De hecho, es al revés: la escuela es un servicio de apoyo, pero la educación que aporta la familia va mucho más allá de los contenidos escolares. El tiempo de la familia debe ser respetado y no ser copado por actividades que provienen de un contexto ajeno al hogar. En resumen: no a los deberes escolares. Lo escolar, en la escuela. Y no se preocupen: los niños y las niñas motivados por conocer y saber invertirán su tiempo adecuadamente cuando sea necesario. Y con esto, solucionado el supuesto problema de los grupos de WhatsApp, que no es otro que la intromisión de una institución (la escuela) en otra (la familia) de manera asimétrica.

En cuanto a la falacia de que si hacemos las cosas bien, todo irá bien, nada más lejos de la realidad. En estos vídeos, ningún niño o niña tiene dificultades de aprendizaje o la escuela está al corriente de ellos y presta los apoyos necesarios. Las familias solo tenemos que hacer lo que nos dicen. Este planteamiento es absolutamente culpabilizador e inmovilizante cuando surgen problemas y la realidad es que las familias tienen que emprender luchas bárbaras para conseguir evaluaciones, diagnósticos y apoyos. Estas luchas se invisibilizan en estos vídeos buenistas dirigidos a familias de clase media con niños y niñas con desarrollo típico y ningún rasgo diferenciador.

Por último, lo que me faltaba por escuchar es que resulta que las madres tenemos la culpa de los ataques de ansiedad ante los exámenes. A ver, señora psicóloga: no. Recuerdo a mi hijo inmovilizado porque al día siguiente tenía que hacer una presentación oral de un libro en inglés. Le pregunté si alguien le había enseñado a hacer una presentación oral y la respuesta fue que no. Invertí una tarde en hacer lo que tenía que haber hecho el profesor. Le di una serie de recursos para presentar en público, entre ellos cómo gestionar su miedo. Ensayó la presentación conmigo un par de veces. La presentación fue bien y obtuvo una muy buena calificación. La ansiedad ante los exámenes se genera en el contexto en el que se examina y se debe solucionar en ese contexto. Yo sé que lo más fácil es culparnos a las madres, pero no.

En cuanto a lo de que la Psicología nos enseña cómo criar a nuestros hijos e hijas, es una afirmación muy matizable. La Psicología de la Educación no es cuestión de verdades absolutas. Hemos de ser conscientes de que detrás de las afirmaciones que se hacen sobre educación, siempre hay cuestiones ideológicas sobre cómo debe ser el mundo y las personas. En momentos de crisis afloran los totalitarismos y se tiende a apoyar modelos más rígidos y menos democráticos. Conceptos como el de hiperparentalidad e hiperprotección son fruto de este giro al desapego y el autoritarismo. Sin embargo, en momentos de bonanza se fomentan modelos más democráticos que priman un desarrollo sano de las emociones y el diálogo. Por tanto, cuando escuches afirmaciones absolutas, como las que se hacen en los vídeos del BBVA, reflexiona: ¿cómo quiero que sea mi familia? ¿Es ese el modelo que quiero seguir? Convirtámonos en familias empoderadas, conscientes de nuestros recursos y nuestras debilidades y no dejemos que vengan otros a decirnos cómo ser, cómo actuar y qué comprar para ser felices.

Un niño y un puñal

Ayer, un niño de 3º de la ESO apuñaló en el hombro a su profesora al saber que le había puesto un 1 en Biología. Sucedió en un instituto de Valencia, concretamente en IES nº 6 de La Misericordia, en el barrio de la Fuensanta, uno de los barrios mas desfavorecidos de Valencia.

No me dejan de sorprender las interpretaciones de la gente sobre este suceso en la redes sociales. ¿Qué lleva a un niño a llevar un cuchillo en la mochila? ¿Qué le lleva a sacarlo para agredir a su profesora? Afortunadamente, sus compañeros de clase intentaron parar la agresión. Incluso uno de ellos le tiró una silla a la cabeza, imagino que impregnado de adrenalina y horrorizado por lo que su colega estaba a punto de hacer.

Pues bien, vayamos a las redes y veamos qué nos encontramos. Pensemos que los únicos datos que han trascendido del menor es que es de nacionalidad ucraniana y que lleva 6 meses en España, donde ha acudido su familia pidiendo asilo político.

Tuit 1: Los alumnos apuñalan a los maestros porque hay gente que desprestigia al profesorado en Twitter

Podemos encontrar interpretaciones curiosas del hecho, pero esta es para enmarcar. Aquí, el tuitero insinúa que la causa de un suceso terrible en un aula tiene su origen en la forma en que la sociedad trata al profesorado. La profesora valenciana víctima de la agresión se convierte en la representante de todo un cuerpo de profesionales a los que la sociedad desprestigia e insulta, influyendo en los niños que, armados de un puñal, descargan esa inquina en el hombro.

En realidad, el tuitero del tuit 1 generaliza las disputas que un grupúsculo reducido de profesores y maestros del ala conservadora mantienen en twitter con distintos agentes (en el caso del tuit 1 era un periodista que se dirigía a ellos llamándoles maestrillos) y las convierten en un conflicto de toda la sociedad. Ignora por completo al adolescente de 15 años que un buen día tiene el terrible impulso de apuñalar a su profesora y pone a todos y todas las adolescentes en el supuesto de potenciales protagonistas de este suceso. Podría haber sido cualquiera, contaminados como están de la inquina de la sociedad hacia el gremio docente.

Yo le diría a este señor que no todo lo que pasa en el mundo es sobre él y que quizás sería útil que centrase su preocupación en las personas que han protagonizado este lamentable suceso e intente indagar un poco qué pudo conducir a ese chaval a hacer lo que hizo y cómo se podía haber podido evitar.

Vayamos al siguiente tuit.

Tuit 2. Los muchachos apuñalan a las profesoras porque están muy mal educados

Pues bien, este es un planteamiento curioso también. Esta tuitera sostiene que hay dos Españas: las que educa en valores y enseña el concepto de respeto a los mayores y la que no. Esta segunda es la que tiene esa tendencia al apuñalamiento entre sus menores. Más allá del sarcasmo, nótese que este tipo de discurso ignora absolutamente los condicionantes tanto sociales como psicológicos que pueden estar detrás de esta conducta, poniendo en el centro de la solución los valores autoritarios mantenidos por el núcleo familiar, clave de la paz social. En este caso, es la familia (cualquiera que sean sus circunstancias, composición y dificultades) la responsable de prevenir y solucionar este tipo de problemas, así como la única culpable de que estos se produzcan.

Yo le diría a esta señora tuitera que vaya al barrio de la Fuensanta, donde está situado el instituto en cuestión y piense si las familias que habitan allí tienen los mismos recursos culturales y económicos que las familias de su barrio y si las diferencias que ve son solo un producto de los valores inculcados por la sacrosanta familia.

Y ya por último, voy a mencionar un argumento que no podía faltar: el de la sobreprotección. Veamos el siguiente tuit:

Tuit 3. Los muchachos apuñalan a las profesoras porque es una generación de niños mimados.

En cuanto a este tuitero, su planteamiento descansa en la idea de que los niños apuñalan a las profesoras porque forman parte de una generación extremadamente sobreprotegida por sus progenitores. Los padres defienden a los niños incluso en el caso en que apuñalen a sus docentes, se sabe, es un hecho.

En fin, yo le diría a este tuitero que vaya a preguntar a una cárcel cuan sobreprotegidos estaban en su infancia los reclusos. Quizás se llevaba la sorpresa de que es precisamente la desprotección y la pobreza la que lleva a la marginación y la exclusión, no el apoyar al niño y decir que la profesora le tiene manía.

Estos son algunos de los argumentos que me sorprenden sobremanera cuando sucede algo tan terrible como que un chaval de 15 años coja un puñal e intente asesinar a su profesora. Me dejo en el tintero los dolorosos argumentos xenófobos que señalan a su nacionalidad o a su condición de refugiado obviando la vida que ha debido llevar ese niño y su familia los 6 meses que llevan en nuestro país. Le deseo a la profesora una pronta recuperación y que los servicios de orientación del instituto se vean reforzados con más personal, formación y herramientas para lograr evitar otras situaciones dolorosas como la del día de ayer.

Represión policial en los institutos

Hace poco, en el instituto de mi hijo, han tenido un tema con el vapeo. Para quien no lo sepa, el vapeo hace referencia al cigarrillo electrónico, ese artefacto que se puso de moda con la llegada de la ley antitabaco. Parece ser que algunos y algunas chavales/as se han aficionado a ese utensilio y se dedican a usarlo en los baños. Pues bien, nos enteramos del asunto porque una niña nos informó. A raíz de esta información, pusimos en conocimiento del instituto el asunto.

A partir de ahí, no vais a creer lo que pasó. Niñas y niños de 12 años fueron conducidos a las dependencias de la DGS, digo al despacho del equipo directivo y les dijeron “dame nombres”. Esa conducta, más propia de un centro de interrogatorios chileno que de un centro educativo, condujo a una denuncia masiva, no sólo de las personas que vapeaban en los baños, sino también de los y las niños/as que eran inducidos/as a probar el vapeo. Tanto es así que el padre de la niña que informó sobre el asunto fue llamada a las dependencias de los interrogadores, digo del jefe de estudios y fue sancionada por probar el vapeo, al haber sido delatada por los detenidos. El padre de la susodicha recibió una llamada diciendo: “mira mira, tu hija también”.

En los registros que se llevaron a cabo se encontraron otro tipo de sustancias. Los primeros delatados fueron extendiendo el rumor de que gente mayor de fuera del instituto iba a acudir a las puertas del mismo a pegar palizas a los que se hubiesen chivado del asunto.

La moraleja con la que se quedan los niños y las niñas de todo esto es que es mejor no contar nada. Si cuentas que la gente vapea en los servicios, esa misma gente que un día te dijo “¿quieres probar?”, estás perdida. Te llevas una sanción, la bronca de tu familia y nadie te proteje de las agresiones por chivata. Todo el proceso que puso en marcha el instituto es un proceso represivo y no educativo. Represivo tanto para el que lleva a cabo la conducta delictiva como para el que la delata. Lo mejor es que las cosas que pasan en el instituto se queden en el instituto.

Lo que vengo a decir es que es una vergüenza que estas cosas pasen en un centro educativo. Primero, es vergonzoso que el profesorado no sepa lo que pasa en los servicios. Segundo, es vergonzoso que, cuando las familias alertan al centro de lo que está pasando allí, inicien un proceso policial y no un proceso educativo en el que se proteja a los/as menores de cualquier tipo de peligro y en el que se fomente la comunicación y el diálogo y no el silencio. Tratar a las y los niños/as como chivatos es un error. Pedirles que den nombres es un estilo fascistoide. Es de alguien que ha visto muchas peliculas y no ha sabido digerirlas. Y esta forma de proceder tiene consecuencias nefastas. Seguramente, la niña de nuestra historia se lo pensará mucho antes de contar de nuevo algo que pasa en el instituto.

No eres docente

Es matemático: si criticas el sistema educativo, eso debe ser que no eres docente. Si dices que los libros de texto son de baja calidad y están desactualizados, estás yendo en contra de Cervantes y a favor de Belén Esteban. Si insistes en que nuestros hijos e hijas no tienen por qué sufrir año tras año libros que se reproducen sin modificaciones durante décadas, saltan con la importancia del teorema de Pitágoras.

A ver, señores, un poquito de seriedad. Que no es la primera vez, ni la segunda ni la tercera que se habla de lo malos que son los libros de texto. ¿Que ustedes necesitan usarlos porque no tienen tiempo de preparar buenos materiales y buenas clases? Vale. Pero no nos hagan comulgar con ruedas de molino. Que no hace falta ser docente para valorar la calidad de estos libros. Que no hay ningún misterio oculto en los Grados de Magisterio y en su Máster de profesorado de secundaria que les haga únicos conocedores de cuándo un libro está bien escrito, está actualizado y tiene un contenido pedagógicamente organizado.

Pero volvamos al título de este post. Ese reproche lanzado con rabia a la persona que osa criticar lo que sucede en las aulas en las que sus hijos e hijas pasan 5 o 6 horas al día durante 5 días a la semana, durante unos 9 meses al año. Podemos ser o no ser docentes (que vaya usted a saber, igual sí que lo somos), pero tenemos derecho a opinar. Y no solamente tenemos derecho: nuestra obligación es velar por que la educación que reciben nuestras hijas y nuestros hijos sea de cierta calidad.

No. El no ser docente no es óbice para que no podamos decir que los libros de texto que sufren nuestras hijas en las aulas son una basura. Y no, no hace falta ser pedagogas para decirlo. Tampoco hace falta ser médico para denunciar una negligencia médica o para negarse a recibir un tratamiento. Así son las cosas: el tener un título no te da autoridad sobre las personas con las que trabajas. Vivimos en una socieda democrática, de momento. Una sociedad en la que lo normal ha dejado de ser que los padres y las madres de los y las alumnas tengan menos nivel de estudios que la maestra o el profesor.

Y no. No es lo mismo ser docente que ser médico. Dejen de compararse con los médicos, señoras y señores docentes. Los médicos no tienen una clase de 30 menores a su cargo. Los médicos no tienen esa responsabilidad: la de quedarse a solas con nuestras hijas y nuestros hijos durante horas para educarles. Que sí, que cuando se meten en el quirófano con ellas/os es una gran responsabilidad, pero yo, como madre, habré dado mi consentimiento y me habrán explicado con detalle en qué consiste la operación.

Docentes, háganse a la idea: si trabajan con menores, tienen que contar con las familias. Y sí, es una cruz que haya familias listillas que se preocupan por lo que hacen sus hijos/as en las aulas, que les cuestionen, que les intenten proponer cosas, que se quejen de las malas prácticas y que pidan calidad docente. Pero claro, la respuesta a estas familias ya sabemos cuál es: no sois docentes, no sabéis lo duro que es nuestro trabajo, no queremos que nos evalueis, no queremos que opinéis sobre los libros de texto, no abráis la boca y rememos todas y todos en la misma dirección.

Vale.

La reunión inicial con la señorita Porvicio

Una reunión inicial sirve para introducir. Una reunión inicial sirve para poner en común. Una reunión inicial sirve para presentarse y conocerse, para intercambiar pareceres. Una reunión inicial es para iniciar una relación, como su propio nombre indica.

Por tanto, en una reunión inicial de un centro educativo, lo que se espera de las docentes y especialistas (femenino genérico) es que expliquen a las familias lo que van a hacer en dicho centro con sus hijas. Les informarán de sus protocolos, normas, procedimientos de enseñanza, filosofía educativa y de todo lo que sea relevante. Las familias quieren saber, necesitan saber, tienen derecho a saber lo que van a hacer sus hijas desde que entran en el centro hasta que salen, cuáles van a ser sus rutinas, incluso hay familias que pueden estar interesadas en los marcos teóricos en los que se apoyan las prácticas educativas que van a usar las educadoras.

Ahora veamos este tuit:

Desde el punto de vista de la señorita Porvicio, es muy normal entrar a una reunión general con las familias a principio de curso y ponerse a decirles lo que tienen que hacer EN SUS CASAS. Independientemente de lo buenísismos que pudieran ser los consejos que da Porvicio, la sensación de esas familias al recibir pautas sobre lo que tienen que hacer en sus casas en vez de recibir información sobre lo que la maestra de audición y lenguaje va a hacer (ella) para mejorar el aprendizaje lingüístico de sus hijos es un poco chocante. ¿Por qué, de repente, entrar en el sistema educativo tiene que significar que llegue una señora que se presenta como AL y te diga cómo organizar tu mañana? Amén de dar por supuesto que tu peque toma biberón o lleva chupete.

Por otra parte, dando por supuesto que hay niños y niñas de 3 años que todavía llevan chupete y toman biberón por las mañanas, si se desea cambiar estas rutinas no se debe hacer dando pautas generales al aire. Se debe hacer estudiando cada caso particular, analizando las circunstancia de cada familia y dando estrategias adaptadas a la situación de cada niña y cada niño. Hacerlo de otra manera es como decirle a alguien que debe dejar de fumar, y que lo vaya haciendo poco a poco: ¿qué clase de pauta es esta? El cambio de rutinas familiares es una cosa muy seria y que puede acarrear muchos problemas, por lo que soltar pautas generales en una reunión inicial es absurdo. Repito: este no es el objetivo de una reunión inicial. Y quizás tampoco sea la misión de una AL de un colegio. Para dar este tipo de orientación están las psicólogas y pediatras, que dan una atención más individualizada y pueden abordar de forma más directa el caso particular en el entorno familiar (lo que viene a ser un “zapatero a tus zapatos”).

En otro orden de cosas, hablemos de la apostilla del tuit, ese “no se si voy a salir viva“. Diciendo esto, la señorita Porvicio demuestra que s abe que, de alguna forma, va a crear incomodidad, y que esta incomodidad va a conducir a cierta resistencia a sus pautas dadas al aire. Lo que me pregunto es que, si teme salir viva, ¿cuál es el objetivo de su acción? Hemos de decir que mientras el objetivo de la Porvicio es, de alguna forma, arrancar a las familias de esos hábitos salvajes que dificultan de por vida el lenguaje de sus hijas (no, no os preocupeis, van a hablar), aunque sea incomodándoles y diciéndoles lo mal que lo hacen, las familias están ahí para que ella les cuente lo bien que lo va a hacer ELLA trabajando con sus hijas. ¿Puede salir algo bueno de esta divergencia de intereses? Lo dudo.

Por último, tranquilizar a las madres/padres/cuidadoras en general que, por alguna razón u otra, tienen niñas y niños de 3 años que todavía toman el biberón o usan chupete: esto no va a producir ningún retraso en el lenguaje de sus hijas. El uso del biberón pudiera estar relacionado quizás con problemas de maloclusión de la mordida que pueden derivar en dificultades de pronunciación (dislalias), pero los estudios son escasos y no es nada que no se pueda corregir con el tiempo.

La mascuniñidad

Ser niño en el instituto es duro. Y si, además, eres un niño al que no le gusta el fútbol, más aún. Y si encima todavía no has dado el estirón y no te gusta llamar la atención, tienes todas las papeletas para que te llamen rarito y te den un empujón. La presión social, en esas circunstancias, te lleva a convertirte en invisible o a tener que soportar las burlas de los niños que entran dentro del prototipo de populares, carismáticos y fortachones.

Sí, se pasa mal siendo niño cuando la identidad que estás cultivando no es la del seguidor madridista bebedor de cerveza, o la del deportista de élite, o la del integrante del grupo que grita al unísono a la señal del líder. Cuando te gusta leer, coleccionar cubos de rubick, hacer trucos de magia, leer manga y hacerte experto en videojuegos, la llegada al instituto es un poco truculenta.

A las nuevas masculinidades les está costando trabajo expandirse en nuestra sociedad. Mantenemos ideas muy inflexibles sobre lo que supone ser un chico y les criamos llamándoles machotes, riéndoles sus bravuconadas y torciendo el gesto cuando muestran su parte sensible. Ver llorar a un hombre todavía nos causa ese no se qué de desesperación, de vergüenza ajena que nos han imprimido los años de esculpir vetas de desafección en nuestras figuras masculinas.

Sí, la vida también es difícil para los niños. Nuestra sociedad patriarcal les impone cargas inmensas de tareas a cumplir en edades muy tempranas. Se la tienen que estar midiendo desde que, por primera vez, se pelean por un juguete en la guardería. Se les impone silencio sobre su tristeza, sobre su bondad, sobre sus sentimientos amorosos y de amistad, sobre su alegría, y estas palabras se ven sustituidas por sucedáneos como valentía, camaradería, honor, fuerza, etc.

No se les permite mostrar debilidad ni defenderse si no están dispuestos a enzarzarse en una pelea física y esto les pone límites en la defensa de su dignidad. Pelear con la palabra, argumentando y razonando, es más propio de niñas que de machotes, y no hay nada peor cuando eres adolescente que pongan en duda tu masculinidad. Entra en el ideario. Imaginad por lo que tienen que pasar, en este entorno, los adolescentes LGBTI.

Dar paso a nuevas masculinidades es una tarea educativa muy importante y que no podemos dejar sin trabajar durante más tiempo. El primer paso es liberarnos nosotras y nosotros mismos, los adultos que educamos, de esas ideas implícitas ligadas al “ser hombre” (y, por tanto, también de las ligadas al “ser mujer”). El segundo paso sería dejar de tratar a niños y niñas, desde su más tierna infancia, como diferentes: dejar de marcarles con pendientes y colores, dejar de asignarles calificativos diferenciales, dejar de asignarles tareas más y menos apropiadas, según nuestra ideología, a su sexo. Y por últimos, dejarles elegir, no forzar su inclusión en espacios asignados forzosamente a un género, como es el caso del fútbol o la danza, y no suprimir su emocionalidad. Es tremendamente difícil, pero muy necesario.