KILLEREDUCACIÓN

Los estudiantes como rehenes del sistema educativo

Educación

Hay veces que me da la impresión de que los adultos somos una panda de niños y niñas malcriadas. El ejemplo más explícito, el que me acerca más a esta sensación, son los continuos cambios de nuestro sistema educativo. No se si les pasa a ustedes, pero a mí todo esto me parece una frivolidad. Lejos de preguntarnos qué necesitan ellas y ellos, que anhelan, que sueñan, nos desgastamos en eternas luchas en nombre de su educación. Si nos molestásemos en acercarnos un poco a su forma de ver las cosas, quizás nos sorprenderíamos. Y quizás, solo quizás, empezaríamos a dar forma a una educación seria, real, centrada en el que aprende y no en el que quiere imponer, por encima y a costa de cualquier cosa, su ideología, que para eso es la mejor y la fetén.

Pero escuchar a los y las adolescentes es un ejercicio que muy pocos se atreven a hacer. El adolescente exaspera por definición. El adolescente tiene una visión, y esa visión está muy alejada de lo que es y debe ser, y por supuesto, de lo que será. La sociedad adulta tiene ya un plan para ellas y ellos, pero sin contar con ellos. Ya tuvimos que escuchar en su momento aquello de “ya pensarás como yo”, “cambiarás de idea con el tiempo”, “no sabes lo que dices”, “la vida te enseñará tarde o temprano”. Y un día me sorprendí diciéndoselo a mis hija. Pero ella ha hablado y yo la he dejado hablar. Me ha dicho que no quiere cambiar de idea, que tiene las cosas muy claras y que le molesta profundamente la forma en que los adultos tratamos una y otra vez de invalidar sus sueños.

Pero esto solo pasa en la república independiente de mi casa, claro. En el instituto se tiene que aguantar con lo que hay: muchos adultos que están muy por encima de sus estudiantes. No espero que esto cambie y de repente tengamos un sistema educativo horizontal, basado en el respeto mutuo y en la escucha activa. Pero aquí al menos me puedo expresar sobre lo diferente que sería nuestra sociedad si esto cambiase. Si dejásemos de ver a nuestros jóvenes como receptáculos vacíos en los que verter nuestra sabiduría. Si nos tomásemos en serio que son aprendices activos y constructores de su propio conocimiento. En este caso, no pretenderíamos fomentar su capacidad crítica sometiéndoles a distintas visiones sobre las cosas.

Imaginad. Voy a someter a mis estudiantes a distintas visiones de las cosas. Voy a fomentar en ellos una visión “crítica” sobre el aborto. Para eso, traigo un día a un obispo para que les de una charla. Otro día traigo a una representante de Femen. Al siguiente, a una mujer que tuvo que abortar por una violación; por último, viene una mujer del Opus Dei que va por su noveno hijo.  Ya les he expuesto a múltiples visiones. ¿Fomenta esto el espíritu crítico en nuestros estudiantes? No lo sabemos en absoluto. No nos hemos preocupado ni lo más mínimo en saber qué opinan ellos y ellas sobre el asunto, las experiencias que tienen sobre el tema, las visiones y vivencias que les ha ofrecido su familia, etc. etc. Les hemos tratado como meros rehenes, que, atados a sus sillas, han tenido que escuchar, una tras otra, todas nuestras vivencias y visiones.

El sistema educativo debe dejar de ser un campo de rehenes y convertirse en un espacio de aprendizaje y crecimiento, desde mi punto de vista. Pero uno de los primeros pasos para conseguirlo debe ser desprendernos de nuestra soberbia de adultos y reconocer que ellas y ellos, aunque sean pequeños, saben cosas, tienen vivencias, experiencias, sufren, sienten, lloran. Dejemos de someterlos a nuestros juicios y a nuestras batallas. No significan nada para ellas y ellos. Lo único que necesitan es alguien que les guíe en la búsqueda del crecimiento.

Cuentos para dormir

Leer cuentos a los niños antes de dormir (y a cualquier hora del día) es divertido. Si lo haces de manera regular, fomentas su hábito lector y les enganchas al mundo del discurso escrito, que no es moco de pavo (esta expresión la uso porque es bastante difícil de traducir al chino, así que a ver quien es el guapo o la guapa que plagia esta entrada). Pero cuando se acaban los recursos impresos, suelo recurrir a mi calenturienta creatividad. Es entonces cuando más disfrutan. Si no fuese tan cansado, pasaría de los libros y les escenificaría cada noche una historia de cosecha propia. Los niños y las niñas son de naturaleza agradecida, y cualquier cosa que te inventes les parece maravillosa. Si además usas recursos no verbales, como modular la voz para los distintos personajes y gestos exagerados para darle vida a las escenas, tienes el éxito asegurado.

Empecé hace ya más de 10 años contándoles a mis mellizos la saga del famoso “Tal y tal” (no me dio la imaginación para inventarme un nombre más elaborado). Tal y tal era un pequeño niño aventurero que salía a jugar con su bocata de nocilla y siempre acababa envuelto en las más trepidantes aventuras. Todas las noches, de forma recurrente, Tal y tal entraba en el bosque de Irás y no Volverás a rescatar a un amigo, a una amiga, a su perro, a su gato o a quien quiera que fuese tan tonto para entrar en un bosque con ese nombre. De forma recurrente también, Tal y tal llegaba a la puerta de una cueva donde sospechaba que se encontraba la persona que iba a rescatar, y llamaba a la puerta TOC TOC TOC, y una voz profunda y grave respondía QUIEEEEEEN OSA LLAMAR A MI PUEEEEEEERTA. Tal y tal, muerto de miedo y con voz temblorosa, respondía soy yo, el pequeño Tal y tal. Entonces la puerta se abría con un espeluznante chirrido y, ante los ojos de Tal y tal aparecía… un pequeño ogro FEO FEO FEO y muuuuuuy pequeño, con la nariz llena de mocos que no hacía justicia al vozarrón que le había hecho estremecerse de pavor. A Tal y tal le entraba un ataque de risa nerviosa (a mis hij@s también) y el pobre ogro feo acababa llorando de vergüenza, reconociendo su complejo de inferioridad y devolviendo a la víctima secuestrada. Tal y tal se hacía amigo del ogro y prometía volver a hacerle compañía y enseñarle a hacer amigos para no sentirse tan solo, y volvía con el incauto o la incauta víctima a comerse el bocata de nocilla al parque.

 La saga de Tal y tal acabó hace tiempo, pero hace poco recuperé la costumbre olvidada de inventar historias a vuela pluma… o a vuela boca más bien (ala, traduce eso, mamón). Ahora han aparecido en nuestras vidas tres personajes que, la verdad, no son políticamente correctos, para qué nos vamos a engañar. Se trata de tres osos rosas, dos osos y una osa, que se llaman Telerín, Chiquilín y Ana Rosa (sigo teniendo poca imaginación para los nombres). En el primer episodio, Ana Rosa, que mangonea todo lo que quiere a sus dos pobres compañeros, les convence para que cojan una pistola de agua, se pongan una media en la cabeza y atraquen un banco. ¡¡PERO PARA QUÉ, ANA ROSA!! Y dice Ana Rosa la osa rosa:

– A ver chicos, ¿vosotros queréis ir de crucero?

– Siiiiiiii

– ¿QUÉ SOMOS?

– OSOS ROSAS

– ¿Y QUÉ QUEREMOS?

– IR DE CRUCEROOOOO

– Pues venga, pónganse las medias en la cabeza, cojan las pistolas, y a por el dinero, que yo me quedo aquí vigilando.

Así que Telerín y Chiquilín, todo temerosos, entran al banco y le dicen al cajero:

– Por favor señor, ¿nos da dinero para irnos de crucero?

– VEEEENGA YA, FUERA DE AQUÍ, TARAOS

Y los pobres osos rosas vuelven donde está la Ana Rosa y le dicen:

– No nos ha querido dar el dinero

-¿¿¿COMORRRRR??? Dadme la media y una pistola

Y va Ana Rosa, entra en el banco, todo el mundo al suelo, dame todo el dinero que tengas para mi crucero, le dan todo el dinero y sale triunfante con el saco de pasta. Se van de crucero los tres y colorín colorado este cuento se ha acabado. Y el resultado de este cuento es un niño y una madre a los que les duele la tripa de reírse. Tamaña chorrada nos proporciona un rato inigualable de diversión.

Moraleja: No es muy difícil crear. Cualquier chorrada es agradecida si se cuenta con gracia y con salero y si el que escucha y el que cuenta ponen el suficiente interés y entusiasmo. Como decían Mobby y Amaral:

LA PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL EN NIÑOS Y NIÑAS

Ya estaba yo frotándome las manos con la entrada que tenía ya medio preparada sobre “¿La iglesia va en contra de las mujeres?”, cuando escuché voces y más voces clamando por información sobre la prevención del abuso sexual en niños y niñas. He de confesar que es un tema que nunca me ha obsesionado, tal vez porque prefiero apartarlo de mi mente lo más lejos posible (ver “Cosas que me dan miedo”). Sin embargo, estoy de acuerdo con que es un tema que requiere de cierta reflexión por parte de las familias.

Ya hablé en otro post sobre la educación sexual en adolescentes. ¿Cuándo debe empezar la educación sexual? Desde mi punto de vista, desde que el bebé aterriza en este mundo, ya que la sexualidad es algo inherente al ser humano que forma parte de nuestra más profunda naturaleza y que, por la misma razón, está situada entre los más grandes tabúes de nuestras culturas. Sé que Wilhelm Reich fue perseguido y enviado a la cárcel por decir este tipo de cosas, pero creo que llegados casi a los años 20 del siglo XXI, me puedo permitir hacer una reflexión sobre la sexualidad infantil sin ser enviada a la hoguera.

El sexo, desde el principio de nuestros días, va ligado al placer y al dolor, Eros y Tánatos en uno jugando y entrelazándose para dar vida. Desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer, la conducta sexual ha sido regulada, reprimida, encauzada, moralizada. Desde nuestra más tierna infancia nuestros mayores nos ocultan el tesoro que encierran nuestros cuerpos, la capacidad de darnos placer a través del acto de amar. Esto mismo nos niega gran cantidad de información valiosa para saber discernir el bien del mal.

Esta semana, una de nuestras compañeras blogueras nos hablaba de una técnica de prevención de los abusos sexuales basada en enseñar a los niños las partes del cuerpo que está prohibido tocar. Se usaban las luces del semáforo (verde, ambar, rojo) para indicar al pequeño o a la pequeña aquellas zonas que no debe dejar que nadie le toque. Esta propuesta no me convence del todo, ya que implica etiquetar las zonas del cuerpo que “son cubiertas por el traje de baño” como zonas prohibidas, sin la posibilidad de ofrecer al niño una explicación lógica de esta prohibición. Y los niños, que son muy listos, nos van a pedir una explicación del asunto. ¿Que tiene de malo que me toquen el culo, si tú, mamá, me lo tocas a todas horas? ¿Y mi hermano me lo puede tocar? ¿Y la abuela? Desde luego que me gustaría que si a mi hija le dan una palmetada en el culo ella sepa distinguir si en ese acto existe un matiz sexual inapropiado, pero… ¿la técnica del semáforo conduce a este conocimiento tan sutil?

Una de las cosas que los niños y las niñas deben saber de forma tácita desde muy pequeños es que la sexualidad apropiada va acompañada de amor y de consentimiento mutuo. Hablar abiertamente de sexo cuando los niños están delante es algo que la mayoría de las familias evitan. Tened en cuenta que cuando digo “sexo” estoy empleando la palabra de una forma muy amplia. El sexo no se reduce al coito. El sexo comienza con la caricia, con el beso, incluso con la mirada. Y nuestros pequeños deberían saber, desde muy pronto, que el sexo es algo que nos gusta, nos da placer, se da entre dos personas que se quieren y no implica daños y perjuicios. Si es así, serán capaces de discernir que algo que les hace sentir mal es INAPROPIADO. Y si les hemos dado la confianza para hablar de ello, es más probable que nos cuenten si alguna vez alguien les hace sentir mal.

Por otra parte, es importante que estemos atentos a las situaciones que pueden implicar riesgo y a los índices que nos pueden indicar que nuestros hijos están pasando por una mala experiencia. Cuando los niños son muy pequeños, las rabietas y el llanto son señales de que algo no les gusta. Si el niño verbaliza que no quiere ir al colegio o a casa de algún conocido, seguramente no quiere decir que estén abusando sexualmente de él, pero indagar en sus preocupaciones hace más difícil que un abusador persista en su conducta.

En definitiva, creo que la educación sexual temprana es la mejor prevención para este tipo de problemas. Os dejo la dirección de un blog que os puede resultar interesante, ya que trata el problema desde un punto de vista científico y con datos reales.

EL MILAGRO DE SAN ILDEFONSO

Pensé que una vez en la ESO, mis mellis dejarían de darme material para relatar anécdotas sobre su paso por el sistema educativo, pero me equivocaba. Éstas, como su intelecto, son cada vez más floridas y complejas y además no van acompañadas de la ansiedad del principio. Ahora me demuestran día a día que sus cabecitas están bien amuebladas y tienen una buena formación en valores que aplican en todas las situaciones en las que se encuentran.

Como ya he contado en otras entradas, mis hijos nunca han cursado la asignatura de religión. Tampoco han ido a ninguna misa ni se saben ninguna de las oraciones que la gente de mi generación aprendió en su más tierna infancia. Para decirlo de una forma sencilla: son no católicos practicantes. Eso no es óbice para que vayan poco a poco aprendiendo qué son las creencias religiosas, las distintas religiones que existen en el mundo y la religión mayoritaria en el país en el que viven: el catolicismo. Lo cierto es que nunca han mostrado ninguna tendencia a la religiosidad, son incrédulos en cuanto a los aspectos sobrenaturales de la vida y tienen una moral que proviene más del razonamiento que de los dogmas. Y eso va a quedar demostrado con la anécdota que voy a contar.
Durante este curso, en la clase de literatura, llegaron a la parte en que la profesora comenzó a hablarles del Mester de Clerecía, curas poetas que durante los siglos XIII y XIV escribían poemas didácticos y moralizantes  de temática religiosa. Cuando llegaron a Gonzalo de Berceo y su Milagros de Nuestra Señora, la profesora les pidió que buscasen información en casa sobre el milagro de San ildefonso, por ser un santo autóctono de gran relevancia en nuestra provincia. Así que, cuando llegaron a casa, me pidieron ayuda para buscar información sobre el santo. Es curioso, porque normalmente son autónomos para buscar información en google, pero no sé que palabras clave estarían usando que no daban con un enlace que les convenciera.
En cuanto puse San Ildefonso Milagro aparecieron miles de enlaces, y escogí (para qué ir más lejos con el tema) el de la Wikipedia. Se lo leí en voz alta y escuchaban con los ojos como platos. Cuando llegué a la parte de “Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán” dice Phantom Killer:

– Si hubiesen sido los cristianos hubiesen arrasado con todo…
(glups)

A parte de esa intervención y la lógica de “Mamá, ¿Qué es una casulla?” no dijeron más y resumieron el milagro en sus cuadernos. (Para las vagas y vagos que no abráis el enlace de la wiki, os diré que el milagro consistía en que la virgen se apareció a Ildefonso, obispo de Toledo, y le entregó una casulla que éste debería usar los días festivos dedicados a ella )

Bueno, ahí quedó la cosa. Pero lo cierto es que el enlace de la Wikipedia se saltaba una parte importante del milagro (enlace con el milagro relatado por Berceo): el sucesor de San Ildefonso quiso ponerse la casulla para igualar a éste, esa casulla que le había entregado la Virgen en exclusiva, y pereció ahogado en el intento. En clase comentaron el milagro completo, y he aquí que, según relata Phanton Killer, a la profesora se le ocurre preguntar:

– ¿Os parece bien que la Virgen matase al que intentó ponerse la casulla?

La mayoría de la clase dijo que sí, y solamente a unos 10 estudiantes les pareció una barbaridad el tema (entre ellos Brigitte y Phanton Killer). Los motivos de los que dijeron que sí eran que la Virgen era Misericordiosa y Todopoderosa y cualquier cosa que hiciera o hiciese estaba bien. Bien, bien, bien…

Por lo que cuentan mis mellis, la profesora se quedó tan asombrada como ellos ante esa respuesta.

Cuando me lo contaban hoy por la tarde les pregunté:

– ¿Pero sabéis que es eso de Misericordiosa?
– No sé  – dice Brigitte-  una de esas palabras largas que se usan para convencer.

En fin, que ahora entiendo mucho mejor eso de los valores cristianos. Si una persona todopoderosa y misericordiosa asesina, está bien. No es delito, ni moralmente reprobable, ni va en contra de los mandamientos. Ahora entiendo que eso de la Educación para la Ciudadanía es totalmente incompatible con estos desarrollados valores cristianos, y entiendo que Wert se la quiera quitar de enmedio inmediatamente. Bromas aparte… ¿Os parece bien, lectoras y lectores, que la Virgen asesinase al orgulloso y soberbio sucesor de San Ildefonso?

YA LLEGA JALOGÜIN

Me encantan los monstruos, los vampiros, los zombies y las calabazas. No hay más que ver la familia que tengo: toda una monstruosidad. Por eso, cuando se acercan estas fechas, me encanta dar sustos a los que lloran por las fiestas de antaño. Recuerdo poco de esa fiesta… si es que se puede llamar así. Cuando yo era pequeña, vivía en un pueblo. Todos los primeros de noviembre la gente se vestía de negro, compraba flores que olían fatal e iban todos (todas) a ese recintillo que me estaba vetado y que llamaban “Cementerio”.
Por aquel entonces yo no sabía lo que era la muerte, y el cementerio me producía muchísima curiosidad. Un día, mi madre nos pilló a mi hermano y a mí en la comitiva de un entierro. Nuestra niñéz fue libre y campurriana, y vagábamos por el pueblito desde muy pequeños. Cuando vimos a toda esa gente de negro en procesión y detrás de una caja extraña, decidimos unirnos a la procesión, a ver que daban al final. No nos dejaron consumar. Quizás sea por eso que siempre he tenido un morbo especial por los cementerios y cuando viajo, no me gusta irme del lugar sin visitar la última morada de los nativos.
Sin embargo, una o ninguna vez he ido a un cementerio el primero de noviembre. Mis muertos, los pocos que tengo, están conmigo siempre, no me hace falta ir a visitarles a ningún lugar. Por eso me gusta Halloween (o Jalogüin, como prefiráis): es entonces cuando pongo una vela para recibir con honores a mis espíritus más queridos. 
Llegadas estas fechas, oímos a mucha gente despotricar contra Halloween por distintos motivos. Los católicos protestan porque Halloween hace sombra al día de todos los santos, la celebración que ellos impusieron por encima de toda tradición pagana ancestral. Los progres porque dicen que los yankies nos están colonizando. Pero lo cierto es que Halloween es una tradición celta, concretamente irlandesa, que fue importada por Estados Unidos en el siglo XIX, hacia el año 1845, cuando una mala cosecha de la patata hizo que los habitantes de la isla esmeralda emigrasen a las américas. 

Los irlandeses, ya católicos, mantenía algunas de sus tradiciones celtas, y esta,  la de Samhain (año nuevo wiccano) era una de la más importantes. La noche del 31 de octubre, originalmente llamada “la vigilia de Saman” se celebraba el fin de un ciclo. Es la época en la que se hace la última recolección de la cosecha y, metafóricamente, comienza un nuevo ciclo de maduración de la semilla durante el invierno, florecimiento durante la primavera y crecimiento de los frutos durante el verano. En la  cristianización de la fiesta pagana, el Papa Gregorio IV cambió el nombre (y el contenido) por el de “Día de todos los Santos” (All Hallows Day), y finalmente la fiesta acabó llamándose HALLOWEEN.

En la noche de Samhain, los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, se conectan. Los espíritus tienen la oportunidad de visitar a sus familiares, que les reciben encendiendo velas que purifican y meten dentro de calabazas talladas. Este es el ritual que se recita al encender la vela: 

En esta noche de Samhain señaló tu paso amado Dios del Sol

Hacia las tierras del eterno verano, aguardando tu regreso 

También señaló el paso de los que se han ido y se irán después 

Oh bendita y amada Diosa eterna, tu que das nacimiento a los caídos 

Guía mis pasos en la oscuridad, protégeme y ayúdame a comprender 

Tus misterios, enséñame que así como de la oscuridad nace la luz 

El ciclo renace eterno y por siempre.



El fuego es un elemento esencial en esta celebración por sus propiedades de purificación. Esta noche, escribe todo lo que se ha destruido a lo largo de este año, aquello de lo que te quieras desprender (malos hábitos, personas tóxicas, tristezas, desengaños) y aquellos seres a los que hayas perdido y quémalo en un caldero con fuego. Esto simboliza el renacer y el comienzo de un nuevo ciclo. Mientras el papel arde, recita: 

Sabia de la Luna menguante, Diosa de la noche estrellada. Creo este fuego dentro de tu caldero Para transformar lo que me está atormentando. Que las energías sean revertidas ¡De oscuridad, luz!, ¡De mal, bien! ¡De muerte a nacimiento!

¡¡¡FELIZ HALLOWEEN!!!

¿Publicitar una taberna? El fútbol infantil y la educación

Ha llegado la temporada de fútbol. Es un deporte que nunca me ha hecho mucha gracia, la verdad, pero si a Vampi le gusta, no seré yo quien le corte las alas. Así que le hemos apuntado a un equipo de pre-benjamines de VillaSpringfield. 25 euros todos los meses… vaaaale. 55 euros la equipación… vaaaale. Partidos todos los fines de semana, con lo que eso supone de no poder hacer otros planes en familia… vaaaaale. Que si vendamos papeletas para financiar al equipo… eso ya me gusta menos. Más cuando, si no tienes a quién vendérselas, tienes que pagar el taco entero, más de 100 euros. Pero lo que no me gusta en absoluto es que nos cuelen en la equipación de los niños la publicidad de una taberna.

Se supone que yo he inscrito a mi hijo en un equipo de fútbol para que haga deporte. No estoy en contra de las tabernas, ni de los bares, ni de los pub, pero creo que el sitio más adecuado para publicitar estos locales no es la camiseta de unos niños que juegan al fútbol. Esta puede parecer una postura muy mojigata y conservadora, pero prefiero pecar de mojigata que estar lamentando día tras día los elevados índices de alcoholismo de nuestra juventud. Y además… creo que ya he pagado suficiente dinero para exigir que retiren esa publicidad de la camiseta de mi hijo.

No pondría ninguna objeción a que se publicitase una tienda de deportes en las camisetas de los niños, por ejemplo la que nos ha facilitado la equipación, pero ¿una taberna? ¿qué aporta de positivo que mi hijo vaya con el nombre de un bar en la espalda? ¿Qué aportación económica ha hecho el bar? ¿Quiénes van a ir a ese bar por el mero hecho de ver su nombre en la espalda de mi hijo? Y lo que es más importante: ¿qué opina mi hijo sobre el hecho de llevar en la espalda el nombre de una taberna? Seguramente le de igual, pero sus neuronas no descansan y probablemente generen una interpretación del asunto al igual que en el tema de las tetas del calendario.

Lo peor de todo esto es que soy la única madre (y padre) que ha manifestado en voz alta la preocupación por el tema de la publicidad. En voz baja sí que lo he oído a otras personas, haciendo el chascarrillo de que los niños lleven en la camiseta un sponsor asociado a un hábito poco saludable como es la bebida. Pero todo el mundo calla y no va más allá. Sin embargo, no podemos negar que queda feo, muy feo, y que denota la falta de reflexión sobre la infancia que domina nuestra sociedad.

(Ya han pasado un par de años de esta entrada. Ya dejamos el equipo de fútbol (Aleluyah) y los de la taberna siguieron su camino y nosotros el nuestro. Una gran liberación)

LAS TETAS DE LAS MUJERES

Un día fuimos Father y yo a coger el coche al garaje y un nuevo elemento nos sorprendió. Nuestros vecinos, unos reputados intelectuales donde los haya, habían colgado en la pared el típico calendario de gasolinera. Una señorita rubia de ojos azules y con un corsé blanco nos miraba insinuante con sus operadas tetas al aire. En fin, qué se le va a hacer. Respetamos la libertad de nuestros vecinos, y si es eso lo que tienen que expresar no vamos a ser nosotros quienes pongamos veto a sus instintos. Sólo nos preguntamos qué dirían los niños cuando lo viesen… y ese día llegó. 

Ayer volvíamos Vampi y yo de las extraescolares y aparcamos el coche en el garaje.

– Mamá, he visto un cuadro, pero no te lo voy a decir.
– ¿Qué cuadro, cariño?
– Bueno, te lo digo.

Se acerca al calendario con una pícara sonrisa y lo señala. La rubia me devuelve la mirada.

– Ah, eso… lo han puesto ahí los vecinos.
– Pues yo he visto mujeres que enseñan las tetas así en la tablet (levantándose la camiseta como Messi en la foto)

(me pongo a pensar cuándo ha podido ver mujeres enseñando las tetas así en la tablet… ¡¡El Stream Cloud!!)

– Ahh, fíjate…
– ¿Y por qué las enseñan, mamá?
– Pues me imagino que porque hay gente que paga dinero por verlas… (Qué digo, qué digo, que digo… piensa rápido, Killer)
– ¿Pagan por verlas? Ahhhhh….. A las mujeres que enseñan las tetas se las lleva la policía, ¿No, mamá?

GLUPSSSSSS. KILLERBLOQUEO

– Bueno… solo a las que lo hacen para protestar. Y es que no es lo mismo esto
que esto: 
Y mucho menos que esto: 
– Vampi, cuando tú eras pequeño yo te daba de mamar en la calle y enseñaba las tetas, pero nunca me llevó la policía ni me pagaron dinero. 
– ¿De verdad????
– Claro ¿qué iba a hacer, si tenías hambre?
Vampi se ríe imaginando la escena. ¿Habrá entendido que hay formas y formas de enseñar las tetas? Seguiremos informando. 

¿SE ENSEÑA A ESCRIBIR EN EL HOGAR?

¡NO! No cojáis los cuadernillos pautados ni atéis a vuestras criaturas a una silla con un cuaderno y un lápiz delante. Cuando nos proponemos enseñar cosas a nuestros hijos e hijas, uno de los errores más comunes que cometemos es el de imitar las prácticas que se llevan a cabo en la escuela. Así, vemos como madres y padres se lanzan a la árdua labor de conseguir que sus bebés aprendan a leer a una edad temprana enseñándoles láminas con palabras enormes y repitiéndoselas hasta la saciedad. Y claro, los peques aprenden a leer palabras. Pero no es ese el tipo de lectura que nos interesa. Aquí os quiero hablar de la enorme potencialidad de las actividades de la vida cotidiana para que los niños y niñas aprendan a leer y a escribir.

Otra aclaración: cuando hablo de “leer y escribir” no me refiero al acto de descifrar o reproducir palabras escritas. En inglés usan una palabra cargada de sentido, literacy, que no existe en castellano (hay quienes la traducen directamente como “alfabetización”) y que engloba todos los conocimientos y competencias necesarias para sumergirse en el mundo impreso. Entre estos conocimientos está el hecho de saber cómo se coge un libro, saber para qué sirve (aunque sea de manera muy general), distinguir entre un cuento, un periódico o una revista (sí, aunque parezca mentira, los niños aprenden a distinguir estos artefactos a una edad muy temprana si nos han visto y oído leerlos en casa) o saber que lo escrito se lee de izquierda a derecha (podéis ver a niños muy pequeños siguiendo con el dedo las líneas escritas e imitando la lectura, tal y como han visto hacer a sus padres o a sus hermanos mayores). ¿Hacemos un listado de las cosas que los niños y niñas pueden aprender sin necesidad de ponerse a trabajar con la cartilla?

– Pueden aprender que anotar las cosas sirve para recordarlas en otro momento. Anima a tus niños (si pueden coger un lápiz o una cera de colores, incluso pintar con el dedo, vale) a que te ayuden a hacer una lista para recordar. Puede ser la lista de la compra, la lista de cosas que nos queremos llevar a nuestras vacaciones o la lista de cosas que le queremos decir a la abuela cuando la veamos: da igual. El caso es que se den cuenta que escribir esos simbolitos en una hoja de papel, lo hacemos con una finalidad concreta. Luego, cuando vayamos a la compra, sacaremos la lista y le animaremos a recordar lo que estaba escrito en ella (si lo ha escrito él, procurad llevar una chuleta escondida por si no recordáis lo que puso). La lista escrita por vuestra niña o niño puede tener este aspecto:

– Pueden aprender que lo que está escrito en los textos que les leemos no tiene nada o tiene poco que ver con las cosas que decimos. Cuando leemos a los niños, éstos aprenden de forma no explícita a comprender y a reproducir la forma en que “hablan” los libros. Leer cuentos a y con los niños es una de las actividades más enriquecedoras en términos de aprendizaje de la lectura y la escritura (además de ser muy divertido si lo hacemos para pasarlo bien y no para hacer que nuestros niños se conviertan en pequeños Einsteins). Si queremos imitar a alguien, que no sea a la maestra, sino a los cuentacuentos: los niños se sienten fascinados cuando les contamos un cuento cambiando de voz para cada personaje, cuando les hacemos preguntas sobre la trama y les hacemos partícipes de la historia, cuando les animamos a inventar finales alternativos. También les gusta darse cuenta de que lo que estamos diciendo está relacionado con esas líneas negras que vamos señalando con el dedo, y de vez en cuando nos sorprendemos cuando nos señalan el  cuento y dicen “¿Qué pone aquí?” Ese es un paso de gigante para nuestro pequeño lector. Pero lo más importante es que les estamos creando gusto por la lectura, cosa que no conseguiríamos con las tediosas tareas de dictado y copia.

– También pueden aprender a etiquetar sus cosas. Aprender a escribir su propio nombre es algo que fascina a los niños desde muy pronto. Y ¿para qué sirve escribir mi nombre? Para indicar a otro que eso que está cogiendo es MÍO y solo mío. Animadles a escribir su nombre en etiquetas que pueden pegar en los sitios que ellos prefieran… y elegid unas que se despeguen fácilmente porque el afán etiquetador puede no tener límites. Muy pronto, además de escribir su nombre querrán escribir “mamá” “papá”, el nombre de su hermano o el de su juguete favorito.

¿Se os ocurren otras cosas que los niños pueden aprender sobre la escritura y la lectura en el hogar?

Seguro que sí, pero recordad: lo importante es que estos aprendizajes estén contextualizados en situaciones reales, en los que leer y escribir tengan una finalidad concreta, ya sea divertirse, recordar, dejar un recado, etiquetar, narrar, etcétera etcétera.

¿SE APRENDE A ESCRIBIR EN LA ESCUELA?

Hoy voy a hablar de uno de mis temas favoritos: la enseñanza de la escritura en la escuela. Así entre nosotras, me parece mentira que con lo que ha avanzado la investigación en este campo desde los años 80 y toda la tinta que ha corrido sobre la importancia de la enseñanza significativa de esta competencia, en la escuela española se siga enseñando a escribir como en los 70.
En las aulas, se sigue sometiendo a un porcentaje muy elevado de los niños a métodos de enseñanza trasnochados que se centran fundamentalmente en la parte fonológica de la tarea, dejando de lado la función comunicativa de la lectura y la escritura. ¡Así no llegamos a ningún sitio! Si las maestras y maestros siguen tratando la escritura como una habilidad grafomotora y no como una potente herramienta de comunicación social y de apoyo a la memoria biológica, España seguirá siendo un país iletrado. 
Y no me vale el argumento “eso lo aprenderán más tarde”. El discurso que se desarrolla en los distintos géneros que usan la escritura (cuentos, noticias, listas, agendas, etiquetas, e-mails, whatsapp, felicitaciones, y los más avanzados, como novelas, artículos científicos, etc.) se va asimilando y aprendiendo desde el momento en que las niñas y niños entran en contacto con el mundo impreso. No hace falta dominar la grafomotricidad ni el descifrado para disfrutar de la lectura o de la escritura. Y sin embargo, supone una gran ventaja para los niños aprender los entresijos y las funciones de esos artefactos con letras antes de llegar al cole. Está demostrado que los niños y niñas a los que sus familias les leen cuentos, se convierten en mejores lectores en el futuro que aquellos que no han tenido esta experiencia.
Pero claro, hay niños y niñas cuyas familias no tienen las costumbres, los recursos o las destrezas necesarias para acercar a sus hijos al mundo impreso. En este sentido, las diferencias en el éxito escolar en función del nivel socio-cultural de las familias son el reflejo del fracaso de la escuela para educar a todos los niños y niñas por igual. Y claro, mientras los niños cuyas familias leen y escriben tienen contacto con la escritura como herramienta comunicativa, la única experiencia a la que acceden los otros son tediosas tareas mecánicas de relleno, copia y dictado. Estas tareas disuaden a los niños de zambullirse en el maravilloso mundo de las letras sin haberles dado la oportunidad de disfrutarlo.
Os preguntaréis, ¿entonces qué propones para que los niños y niñas dominen el código alfabético, si no es realizando esas tareas que llamas tediosas? Desde luego, hay otras formas de acercar a nuestros pequeños a las habilidades de transcripción grafema-fonema más allá de la Palau y la Micho. Os recomiendo la maravillosa obra ya clásica de Maruny, Ministral y Miralles, Escribir y Leer, en la que explica los fundamentos teóricos del enfoque constructivista de enseñanza de la lecto-escritura y ofrece gran cantidad de recursos para ponerlo en práctica. 
Todavía en el entorno universitario, encontramos estudiantes que se enfrentan con pánico a las tareas de escritura. Pocos son los que saben redactar con soltura textos tan sencillos y tan útiles como una reclamación o un “Expone-Solicita”. Mientras tanto, en la E.S.O., siguen con la costumbre de mandar a los chavales y chavalas escribir una redacción sobre “Mis Vacaciones”. De esta forma, los españoles dominan el género de la “redacción vacacional” a las mil maravillas. Yo les recomiendo a mis hijos que escriban una redacción vacacional tipo y la presenten a todos los profesores al llegar a clase: “¡TAREA CUMPLIDA! ¿Podemos ahora empezar a aprender?”
No me gustaría acabar esta entrada sin mencionar proyectos educativos que se han preocupado especialmente por aportar a niños y jóvenes una formación significativa en la competencia comunicativa… y en todas las demás. El Trabenco, en Leganés, es un colegio público muy diferente a lo que encontramos normalmente. Aunque no sé cómo habrá quedado parado con los últimos recortes en educación (Esperanza Aguirre llegó a decir que un colegio público no podía ser tan bueno), lo cierto es que este centro ha sido pionero en introducir el aprendizaje por proyectos y destacar que el aprendizaje, si no va acompañado de su aplicación a la vida real fuera de los muros del aula, no se le puede llamar así. Los niños y niñas y sus familias son los principales protagonistas en este centro, que, acompañados por los maestros y maestras, construyen el conocimiento en un mundo real y no en el pseudo mundo escolar. El Trabenco no es el único, existen otros colegios así en nuestro país. ¡Buscadlos! Los diferenciaréis por el tipo de tareas que realizan los niños y niñas en su día a día escolar, y porque disfrutan aprendiendo.