KILLEREDUCACIÓN

Los debates vacíos del educarquismo

 

Los alumnas/os y sus familias tenemos que aguantar por estas fechas gran cantidad de faltas de respeto en las redes de manos de algunos profesores (sí, en masculino) que quieren tener su momento de fama despotricando de lo mucho que sufren evaluando a sus estudiantes en estas fechas. La palma se la lleva ese profesor mediático sobre el que ya escribí en su momento, y que en su libro decía que los virus se curaban con antibióticos. 

Todo empezó cuando este profesor en cuestión publicó un estado en su página de Facebook diciendo que ese día se había acercado, sorprendido, al examen de recuperación de una alumna de 3º de ESO que, según él,  nunca había escrito tanto ni tan bien en un examen, y le preguntó si no podía haber hecho eso antes. La muchacha le respondió que para qué, si se había sacado el curso en dos días. Acababa diciendo que cada uno sacásemos nuestras propias conclusiones. Y eso hicieron varias personas.

En resumen, lo que venían a decir estas personas en estos comentarios no halagadores era lo siguiente: que el sistema, centrado en lo memorístico y en la transmisión de contenido, permitía a una alumna con un nivel de inteligencia medio-alto aprobar un curso en unas pocas semanas. Que el resto del tiempo era percibido como superfluo, falto de interés y de utilidad, y era mucho más eficaz y adaptativo hacer un pequeño esfuerzo al final para sacar la asignatura que estar durante un año invirtiendo un tiempo que podía ser precioso para una adolescente. No sé, creo que el argumento es bastante claro, y no hace falta ser Ausubel, Dewey, Freire o Vygotsky para emitirlo ni para comprenderlo: es evidente que una persona que puede invertir un esfuerzo x para alcanzar una meta, no invertirá x+1 sin obtener ningún beneficio a cambio. Este es el problema que tienen quienes basan su docencia únicamente en el tan ensalzado esfuerzo y en la sacrosanta memoria, sin añadir unas dosis de motivación y unas cuantas actividades significativas en las que se adquieren destrezas que no se pueden alcanzar de ninguna otra forma.

Pues bien, estos argumentos enfadaron mucho al profesor en cuestión, que publicó otro post diciendo que los profesores deberían cobrar un plus por aguantar las gilipolleces (sic) que tenían que leer en las redes sociales (como si sus contratadores le exigiesen tener una página en Facebook, vaya). Y seguía diciendo que anunciaba un cambio radical en la orientación de la página, que  pasaba de tanta Estupidez, con mayúscula, que tenía (de nuevo la obligación) que leer diariamente, de tanta crítica vacía, faltona y que solo denotaba desconocimiento del sistema educativo.Terminaba diciendo: “Ojalá tengan vuestros hijos los profesores que queréis para ellos.”

En fin, señor Poo, gracias por sus buenos deseos. Ojalá sea así. Pero desde luego puedo decir que las críticas que se le hicieron no eran ni faltonas (nadie le dijo que usted decía gilipolleces y estupideces) ni denotaban desconocimiento del sistema educativo, sino todo lo contrario. Le aconsejo que, si quiere cambiar la orientación de su página para dar consejos educativos, aprenda a debatir sobre educación con cierto fundamento.

Otra cosa que debe saber, señor Poo, es que no está bien hablar de los alumnos menores de edad en las redes sociales y publicar escritos de su puño y letra sin su consentimiento. Yo sé que es muy tentador hacer fotos a las producciones escritas de los estudiantes, y más si nos halagan. Seguramente eso subirá el número de likes y de visitas de su página, pero no es ético. No se debe hacer. No sea tan borde con la gente que se lo recuerda una y otra vez.

¿Y si me rompo un brazo?

Imagina que trabajas en una empresa de programación. Tu trabajo depende de tus manos sobre el teclado. Un día, andando por la calle, tropiezas y te rompes un brazo. Llegas a tu empresa y les pides una adaptación temporal del puesto de trabajo, para poder programar sin tener que usar las manos,  te la niegan y te dicen que programes con una sola mano. Además, no tienes ningún tipo de derecho reconocido por tener una incapacidad temporal. A final de mes no cobras porque no has cumplido los objetivos de la empresa. ¿Cómo lo ves?

Algo parecido le pasa a algunos y algunas estudiantes que tienen la mala suerte de romperse un brazo durante el curso de la ESO o Bachillerato. La situación es mucho peor si estamos hablando de asignaturas tales como matemáticas o física y química, en las que el conocimiento procedimental en la realización de ejercicios realizados con bolígrafo y papel es fundamental en el aprendizaje, tal y cómo están planteadas las cosas. Que llegue un/a estudiante diciéndole al/a profesor/a que cómo puede hacer los ejercicios con su mano derecha (izquierda, si es zurdo) y le diga que lo haga con la otra es algo que, aunque parezca mentira, es la respuesta habitual que encuentran las y los estudiantes cuando llegan con su brazo escayolado.

Últimamente se habla mucho de inclusión y de atención a la diversidad. Una primera premisa para que estos dos objetivos se hagan realidad algún día es que las personas que educan, el profesorado, tengan una ideología, unas creencias y una sensibilidad proclives a ejercer esta responsabilidad: la de que cualquier estudiante, independientemente de sus características, circunstancias y necesidades especiales, puedan alcanzar los objetivos educativos. Sin esta sensibilidad, difícilmente se pueden dar más pasos para avanzar, haya muchos o pocos recursos. SENSIBILIDAD. Algo tan fácil de decir y tan difícil de adquirir.

Un profesor o profesora con sensibilidad hacia la inclusión y la atención a la diversidad vería obvio que un estudiante con una incapacidad temporal como la que estamos planteando, la mano con la que escribe inutilizada, requiere apoyos adicionales para superar ciertas asignaturas: exámenes orales, más tiempo para asimilar conocimientos procedimentales, más tiempo en los exámenes si se le exige usar la mano izquierda, etc. Lo que es inconcebible es que se llegue al final de la evaluación con 3 suspensos por no poder haber realizado los exámenes o los ejercicios que llevaba para casa con una mano escayolada y no haber hecho absolutamente NADA para solventar esta situación.

Esta sociedad se debe acostumbrar a que las personas menores de 18 años, al igual que las personas adultas, tienen derechos. Seguro que hay alguien que, leyendo esto, piensa: “y deberes”. Pues sí, deberes tienen. Les institucionalizamos desde los 3 años en un proceso que parece inacabable y en el que, a veces, se sienten vapuleados y maltratados. Si les exigimos deberes debe ser en un marco de extremo respeto a sus derechos: 0 humillaciones, 0 menosprecios, atención a su diversidad y necesidades, y, por supuesto, todos los derechos que están reconocidos para cualquier ciudadano y ciudadana.

No niego que vivimos en una sociedad diversa, en la que existen muchos tipos de familia con circunstancias muy diferentes en las que los niños y niñas pueden ver sus derechos vulnerados. Esa es una cuestión que se atiende desde Servicios Sociales. Pero el sistema educativo debe garantizar para sus alumnos y alumnas un marco seguro de respeto a sus diversidad. Nadie dice que se a fácil, pero si no existe la sensibilidad, será imposible.

 

El pisacharquismo como corriente educativa

La crítica al sistema educativo es un sano ejercicio, imprescindible sin ninguna duda para impulsar el cambio de un sistema que, hasta ahora, ha sido eminentemente transmisivo y bancario, como señalara en su momento Paolo Freire. Sin embargo, desde mi punto de vista, la crítica a nuestro sistema, que es nuestro, público, mantenido con nuestros impuestos y constituido sobre la base del derecho a la educación, no debería caer en un negacionismo absoluto de la necesidad de una educación obligatoria. Quizás haya que aclarar que la obligatoriedad de la educación surge con el ánimo de universalizar la educación, aunque se pueda interpretar (de manera bastante acertada), desde posturas de clase media, como una manera de uniformizar a la población y convertir a las masas en siervos fieles del poder establecido. Estas dos formas de interpretar la obligatoriedad de la educación, lejos de ser incompatibles, son postulados claramente relacionados: la búsqueda de la igualdad tiene a veces su lado oscuro en la imposición de uniformidad.

Nadie me puede acusar de ser permisiva y apoyar las inconsistencias de nuestro sistema (solo hace falta darse una vuelta por el blog). Sin embargo, no acabo de estar de acuerdo con la corriente pisacharquista de la educación en dos aspectos concretos: 1) la forma en que plantean el currículum y su teoría sobre el aprendizaje basada en los preceptos rousseaunianos y 2) esa crítica demoledora al sistema educativo, que lo dibuja como el enemigo del desarrollo personal.

En primer lugar, desde el pisacharquismo, como su propio nombre indica, el culmen del momento educativo son un montón de niños pisando charcos y rebozándose en el barro. No digo yo que esto pueda ser una experiencia maravillosa para algunas personas, pero como espacio de aprendizaje es bastante limitado. Por una parte, se eclipsan los momentos sosegados de trabajo intelectual como espacios placenteros de desarrollo. Por otro, minusvaloran la potencialidad de un buen educador o una buena educadora para orientar los intereses infantiles hacia aspectos de la realidad cultural que les serán de mucha utilidad en la sociedad en la que vivimos. Yo no digo que haya que ignorar los intereses infantiles, pero existen muchas formas de percibir estos intereses desde un punto de vista educativo. Desde el pisacharquismo, los intereses se conciben como algo puro e indiscutible que emana del niño y de la niña en desarrollo. Lo que les gusta es lo que necesitan y viceversa. Todo será bueno, sano, consistente, ameno y formativo si emana de los intereses genuinos de un infante. (Esto me recuerda el vídeo que he visto esta mañana de una niña comiendo a puñados de un bote de Nutella… hay intereses que pueden ser bastante indigestos).

Sin embargo, hay otras formas de incluir los intereses en marcos educativos que orientan hacia aspectos de la cultura que están por descubrir. Un niño o una niña que crece rodeada de charcos pero que no ve nunca un libro, un lienzo o un instrumento musical ¿cómo puede generar intereses genuinos hacia estos materiales? Soy consciente de que estoy llevando la postura al extremo, pero es la única forma de desmontar un planteamiento que se basa en principios teóricos incuestionables. Una de las afirmaciones del bando pisacharquista que siempre intento rebatir es esa supuesta preparación del cerebro para la lectura a partir de los 6 años, afirmación en la que se basan para decir que no se debe enseñar a leer hasta esa edad. ¿Dónde se ha visto una cultura que aleje a los niños y las niñas de uno de sus instrumentos más valiosos, bajo la premisa de que hasta cierta edad no existe una preparación biológica? ¿Se aleja a los niños recién nacidos del lenguaje oral porque todavía no están preparados para hablar? Por supuesto que no. En realidad, lo que no es adecuado, ni a los 3, ni a los 6 ni a los 11, es la forma en que se enseña el código de escritura en las escuelas. Enseñar la lengua escrita es enseñar a usarla en situaciones reales y funcionales, cosa que hacemos desde que el bebé nace, al menos en entornos letrados de clase media.

Aquí enlazamos con el segundo punto: la crítica al sistema educativo desde una perspectiva de clase invisible, dando por supuesto que todas y todos los niños tienen las mismas posibilidades y oportunidades educativas. Reconozcamos que las escuelas pisacharquistas y el homeschooling (que no es lo mismo que no llevar a las criaturas al colegio por desidia o falta de medios culturales o económicos) no están al alcance de todas las familias y son una elección de la familia intelectual y progresista tipo que decide darle a su prole una educación libre,especial, más cuidadosa y respetuosa que la que se ofrece en los colegios de la red pública o concertada. Siendo esta una elección perfectamente legítima, lo que no comparto es que se hable de la misma como algo a lo que todo el mundo puede optar y que, si no se hace, es por una especie de inconsciencia y falta de responsabilidad para con la educación de tus hijas e hijos. Por ejemplo, veamos este meme:

Leyendo este meme, lo primero que pensé fue que los tiempos en los que se dignificaba la educación y la cultura como un medio de liberación de la mente habían acabado. Ahora resulta que el mensaje que se transmite es que ir a la escuela es malo. ¿Cuál es la alternativa que se ofrece? ¿No ir a la escuela? ¿Formarse en la escuela de la calle? ¿Ir a una selecta escuela Waldorf para que nos conviertan en librepensadores que van a liberar al mundo de sus cadenas? ¿O convertirnos en dealers y chirleros libres de las cadenas de los impuestos, la élite y los políticos?

Es interesante pensar cuál es la audiencia a la que va dirigida este meme. ¿A los jóvenes o a sus padres? ¿A los chavales de mi barrio y a sus padres obreros y madres amas de casa? ¿A la joven pareja de intelectuales que ha decidido que ha llegado el momento de tener su primera criatura? ¿A la familia numerosa de funcionarios que viajan en verano a una casa rural del norte? ¿A la familia que vive en una casa de tres habitaciones con tres generaciones conviviendo en el mismo espacio?

Hace tiempo, la amenaza para el sistema era la gente formada. Ahora, la amenaza es la gente que no va a la escuela: esos serán los que pensarán por sí mismos, no se graduarán, no conseguirán un trabajo, no pagarán impuestos y, por tanto, no perpetuarán este sistema corporativo de servidumbre ni sustentarán a la élite y su séquito de políticos. Lo que me pregunto es qué harán en vez de eso.

Mi postura es bastante carca en este asunto: considero que la escuela pública es la mejor opción para luchar contra la servidumbre que nos imponen las élites y su séquito de políticos. Considero que el segregacionismo escolar es el peor enemigo de una sociedad democrática. La escuela pública no se puede convertir en un ghetto al que solo acude el lumpen y los hijos e hijas de algún progre despistado. La escuela pública es un espacio de convivencia que podemos construir entre todas y todos y al que todo el mundo tiene acceso. Es la fuente del cambio social. Pretender alejar a nuestras hijas e hijos de la realidad de su cultura, de su sociedad, sí es convertirles en mentes alienadas que solo ven el mundo a través de unos ojos manipulados.

La pedagogía de la práctica y la memoria: origen de la estulticia


Vivimos en una época de convulsión pedagógica. Por un lado, los detractores de la innovación y defensores de la memoria y la práctica. Por otra, las grandes empresas, que quieren hacer pasar por innovación la aplicación de avances tecnológicos a las mismas prácticas pedagógicas bancarias y de transmisión del conocimiento de toda la vida. Y en tercer lugar, la gente que sigue defendiendo la necesidad de potenciar los procesos de construcción de conocimiento y el papel activo de las personas que aprenden en estos procesos.

El problema de esta tercera postura es claro: las personas a las que se les plantea que el conocimiento no es algo acabado, que se construye, que se puede criticar, cuestionar y cambiar, aprenden a pensar. Aprenden a desarrollar un punto de vista propio y a indagar por su cuenta. Aprenden a no tragarse “los contenidos” que le ofrecen otros, diseñados, acabados, escritos, zanjados con la autoridad del maestro y a platearse otros caminos interpretativos. Sí, incluso en las ciencias duras y en las matemáticas es necesario aprender a construir y a cuestionar el conocimiento si quieres ir más allá de lo establecido.

¿Pero qué vivimos desde nuestra más tierna infancia? Docentes que nos dicen que tenemos que repetir lo que dicen los libros sin salirnos del guión. Docentes que nos llaman impertinentes si osamos cuestionar lo que plantean esos libros. Docentes que creen que nuestra única misión es repetir hasta la saciedad los procedimientos que ellos nos han transmitido. En ese proceso, perdemos nuestro yo. Perdemos nuestra identidad pensante, la anulamos y nos convertimos en repetidores de dogmas. Solo aquellos que tenemos la suerte de crecer en un entorno intelectualmente rico seremos capaces de generar nuestro propios planteamientos y puntos de vista, lejos de los de la masa chillona y bien pensante de este maravilloso país.

Esa masa chillona y bienpensante está en todos sitios. Es el resultado de un sistema educativo que no educa, solo enseña. Es un fracaso que se cuela por todas las rendijas de la sociedad y mantiene la ignorancia y la indiferencia ante las injusticias, los argumentos cuñados que sacan a flote todas nuestras instituciones caducas y que mantienen en el gobierno la corrupción mientras no se cuestionen los toros y las procesiones de Semana Santa.

Sigamos diciendo (y creyendo) que el problema es la LOMCE. Sigamos ignorando lo que se hace en las aulas (haya 10, 20, 30 o 40 estudiantes) y sigamos permitiendo la división en colegios de élite y colegios de mierda. Es la mejor forma de mantener el sistema.

El club de las madres chungas

Este club surge de mano de nuestra amiga Marta, gran administradora del grupo BDD. Y es que hace falta ya. Hace falta, porque esto se está yendo de las manos. Estamos hartas de que se nos infantilice y menosprecie. Estamos hartas de que los profesores megaestrella y sus maestras esbirras en las RRSS nos traten de ignorantes, simples y catetas. Y encima lo hagan desde una presuposición profundamente clasista y machista: que las madres, las pobres, no han tenido tiempo para formarse, no saben nada de educación y navegan por las redes sociales criticando a profesionales excelsos que solo desean el bien de sus hijos e hijas. Incluso que les van a salvar de ellas a los pobres.

Uno de los casos más sangrantes es el del profesor de Enseñanza Secundaria, Pablo Gallardo Poo, que en su libro “Espabila, chaval”, nos pide que imaginemos a una madre abogada que, como no sabe biología, no deduce que el dolor de barriga de su hijo se debe a un simple virus. La pobre madre abogada lleva a su hijo al hechicero más cercano, en vez de darle, dice el profesor Poo textualmente, antibióticos. En este párrafo, incurre en varias estupideces. En primer lugar, creer que hace falta que una madre estudie biología para llevar a su hijo al pediatra. Cuando, seguramente, cualquier madre esté más informada que Poo sobre el hecho de que los virus NO se curan con antibióticos, y sin haber estudiado biología.

En hecho de que las madres (#NotAllMothers) gocemos de tan mala prensa entre los grupos de docentes se debe seguramente al imaginario social de los años 50, en el que las madres eran aquellos ángeles del hogar que horneaban los applepie que humeaban en las ventanas y preparaban el almuerzo al hijo. Ese dulce ser reía de bromas entre hombres que no entendía, cuidaba a los inteligentes machos que traían el pan a casa y nunca se preocupaba por los terribles hechos que relataban los periódicos y la radio. Ellos, que nos tienen en ese pedestal de ser bueno y tonto, de repente se encuentran con que las madres les rebaten sus argumentos, cuestionan su concepto de evaluación por competencias, les afean sus actitudes altaneras y clasistas hacia sus alumnos y las familias de sus alumnos y les piden respeto. Es entonces cuando nos convertimos en MADRES CHUNGAS.

A las madres chungas se les han acabado las manzanas para la maestra. Saben detectar una mala práxis en el entorno escolar en cuanto la ven, y además saben cuándo y cómo pedir un cambio. Saben distinguir la manida hiperprotección de su responsabilidad de velar por los derechos y el bienestar de sus hijos. Por tanto, no se dejan llevar por los sibilinos discursos que nos sitúan como histéricas que van a defender a sus maleducados vástagos. Que a veces, señor profesor, señora profesora, la maleducada es ustéd. Y a veces, nuestros hijos e hijas llegan tan bien educados de casa que no soportan que un señor al que conocen de lejos (y que les conoce de lejos) presuponga que les tiene que increpar para que espabilen.

Yo entiendo que un gremio que ha necesitado que, en algunas comunidades, les eleven a condición de autoridad pública para defenderse de las personas a las que se supone que tienen que educar tiene que estar muy falto de formación educativa. Porque si una madre abogada que no ha estudiado biología corre el riesgo de llevar a su hijo a un hechicero, un profesor que no ha estudiado, digamos, pedagogía, corre el riesgo de educar usando los lemas “la letra con sangre entra“, “la memoria y el conocimiento son lo importante” o “aquí, el que manda soy yo” mientras gritan al cielo que en la escuela se enseña y en la familia se educa.

Las madres chungas no nos callamos. Leemos, nos informamos y sabemos cuándo un libro sobre educación es una joya o una bazofia. Porque formarse, en la edad adulta, y con ciertas competencias de aprender a aprender, tan denostadas por esos profesores de la vieja escuela, es posible. Señor profesor, su pedestal no es tan elevado. Tiene que aprender a respetar a las personas que hablan de educación basándote en argumentos reales y no en falacias de autoridad. Es duro tener que argumentar con madres, con señoras, a las que tan poco conocimiento se les supone en general ¿verdad? Pero todo es acostumbrarse. Y mientras, no le vendría mal estudiar un poco de biología.

Un sistema educativo sin altas capacidades (II)

 

En la anterior entrada hablaba de la difícil relación de nuestro sistema educativo, el español con las altas capacidades (AACC). El Informe Nacional sobre la Educación de los Superdotados (Carmen Sanz, 2017) señala que habría un 90% de estudiantes con AACC sin identificar y que, por tanto, no estarían recibiendo la atención educativa adecuada. Esto, además de ser un defecto grave de nuestro sistema educativo, que afecta a la riqueza de potencial humano de nuestro país, es un problema que afecta de forma directa y personal a esos niños y niñas que están desatendidos en sus necesidades educativas. Mientras que en otros países, como EE.UU., existen programas de atención a las AACC con una larga trayectoria histórica, en nuestro país son escasos los programas de este tipo, y existe una queja generalizada entre las familias de niñas y niños con AACC sobre la desatención educativa que sufren sus hijos e hijas, lo que hace que tengan que invertir gran cantidad de energía para que éstos sean evaluados y atendidos educativamente de una manera adecuada. Desde este punto de vista, uno de los principales problemas de nuestro sistema es que, en la mayoría de las ocasiones, la detección y atención educativa de los niños y niñas con AACC se hace a instancias de la familia, lo que pone de manifiesto la ausencia de procedimientos protocolizados para la atención de esta población.

La regulación acerca de la atención a niños y niñas con estas características se recoge en los artículos 57, 58 y 77 de la LOMCE así como en el Real Decreto 126/2014, de 28 de febrero y el Real Decreto 1105/2014, por los que se establecen, respectivamente, los currículum de Primaria (el primer Real Decreto), ESO y Bachillerato (el segundo). En el artículo 77 de la mencionada ley se establece que “El Gobierno, previa consulta a las Comunidades Autónomas, establecerá las normas para flexibilizar la duración de cada una de las etapas del sistema educativo para los alumnos con Altas Capacidades intelectuales, con independencia de su edad”. En el Real Decreto 943/2003, de 18 de julio,  se regulan las condiciones para flexibilizar la duración de los niveles y etapas del sistema educativo para los alumnos superdotados intelectualmente. Las medidas educativas a adoptar con niños y niñas con AACC se describen en la Orden EDU/849/2010, de 18 de marzo, por la que se regula la ordenación de la educación del alumnado con necesidad de apoyo educativo y se regulan los servicios de orientación educativa en el ámbito de gestión del Ministerio de Educación, en las ciudades de Ceuta y Melilla. Es especialmente importante el capítulo II (artículos 3 al 15), en el que se establecen los principios generales en relación a la atención educativa integral al alumnado con necesidad de apoyo educativoPodéis encontrar una interesante recopilación de estas leyes con comentarios de su aplicación (o no aplicación, más bien) en el estado español en este post de Ros Abogados.

Teniendo un desarrollo legislativo que, sin ser perfecto, abre un montón de puertas para la adecuada atención educativa para los niños y niñas con AACC, ¿por qué la sensación que nos queda después de hablar con familias y asociaciones es que la atención educativa a estas niñas y niños en nuestro país es deficitaria? El argumento que voy a desarrollar aquí, consciente de que hay muchos temas controvertidos que me voy a dejar en el tintero, es que las leyes educativas que se plantean en nuestro país no van acompañadas de un proceso que facilite la transformación social para que estas leyes puedan ser aplicadas. Nuestras leyes siempre van muy por delante de la realidad que se vive en los centros educativos, que están infradotados tanto a nivel económico como a nivel formativo. Pero además, el tejido científico sobre AACC en nuestro país también está infradesarrollado. Esto supone que tengamos que beber de fuentes anglosajonas para hacernos una idea de cómo se funcionaría en un entorno educativo que atiende las altas capacidades, sin tener una visión basada en la evidencia de lo que está pasando en nuestro país y qué podemos hacer para que vaya mejor. A continuación, trataré de dar al lector una ligera idea del nivel de desarrollo del pensamiento y las prácticas que giran alrededor de las AACC en otro país, EE.UU. en comparación con las cosas que pasan, se escriben y se investigan en el nuestro.

LA INVESTIGACIÓN SOBRE INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN ALTAS CAPACIDADES EN EEUU Y EN ESPAÑA

Uno de los indicadores que podemos utilizar para conocer el grado de desarrollo que existe en un país sobre un tema es echar un vistazo a sus publicaciones científicas. Aunque es evidente que comparar a EE.UU. con España requeriría de algunos ajustes relacionados con el tamaño del país y el desarrollo económico y social, no me puedo resistir a ello, y los resultados son dignos de tener en cuenta.

En primer lugar, en EE.UU. existen algunas revistas especializadas en el tema de los niños y las niñas superdotadas (Guifted children). Como ejemplos, podemos señalar dos de las más importantes, que son Guifted Child Quarterly Journal of the Education of the Gifted. Estas son dos revistas indexadas, que, para los legos, significa que tienen la suficiente calidad para ser encontradas en las búsquedas de los principales motores de búsqueda científicos. No encontramos ninguna revista indexada sobre estos temas en español, aunque sí existe alguna que otra revista académica no indexada, como Faisca, publicación de la Universidad Complutense de Madrid.

Sin embargo, podemos encontrar artículos sobre superdotación y las AACC no solamente en revistas especializadas en el tema. Este tipo de trabajos también se publican en revistas generales de Educación y Psicología. Por ello, me fui a la WOS (Web of Science) para buscar artículos publicados sobre este tema entre los años 1900 y 2017. En primer lugar, usé como palabras clave Gifted Children. Obtuve 1156 resultados, de los cuales 459 estaban publicados en EE.UU. (un 29,5%). Este era el país con más artículos en la búsqueda, seguido muy de lejos por UK (47) y Francia (40). De España, país en el puesto 12 (por detrás de Turkía y Holanda), solo constan 11 artículos. Decidí buscar entonces un término también común, el de “High Ability” (lo puse entrecomillado para encontrar resultados en los que las dos palabras figurasen unidas). En esta búsqueda obtuve 175 resultados, en los que la mayoría (un 49%, 86 artículos) eran de EE.UU. y solo 6 (3,4%) de España.

¡¡Ah!! -diréis- estás buscando en inglés, busca en español. Pues eso hice. Usé la palabra superdota* para obtener todos los artículos que usasen los derivados de superdotado. En esta búsqueda obtuve 56 artículos, de los cuáles el 57% (32 de ellos) eran de… ¡¡Brasil!!. En España solo se publicaron 7 (12,5%). Por último, usé los términos “altas capacidades”, encontrando 12 artículos, de los cuales la mayoría (un 33%, 4 artículos) eran de España.

Este pequeño análisis superficial parece llevarnos a concluir que la investigación sobre el tema de la sobredotación y las altas capacidades está bastante más desarrollada en EE.UU. que en España, país en el que solo encontramos un total de 28 artículos científicos sobre el tema en 117 años que recogen las bases de datos de WOS. Pero además, sin nos acercamos ligeramente a las cosas que se escriben en el país anglosajón, podremos encontrar cosas como el artículo What one hundred years of research says about the effects of ability grouping and acceleration on K-12 students’ academic achievement: Findings of two second-order meta-analyses (Steenberg-Hu, Makel y Olszewski-kubilius, 2016). En este estudio, los autores realizan dos meta-análisis de segundo orden, realizados sobre un total de 13 meta-análisis sobre los beneficios de los agrupamientos por habilidad y 6 meta-análisis sobre los beneficios de la aceleración en el rendimiento académico. Imaginaos: los datos de este artículo están basados en 19 meta-análisis, basados a su vez en más de 1.000 artículos sobre el tema. Increible ¿verdad? Y solamente para hablar sobre los efectos de los distintos tipos de agrupaciones y de la aceleración en el rendimiento académico. Deja fuera los estudios sobre los efectos socio-emocionales y otro tipo de repercusiones de estas intervenciones.

¿Qué sucede con la investigación sobre AACC en España? Si analizamos los resultados que obtenemos con la palabra clave gifted* y nos centramos en las 103 publicaciones españolas, observamos que existe un aumento creciente y progresivo de artículos desde el año 2009 (3 artículos) hasta el 2016 (25 artículos), de modo que podemos decir que el interés por este tema está creciendo. Sin embargo, estamos muy lejos de alcanzar la experiencia y el conocimiento desarrollado en EE.UU., aunque ya hay varios grupos de investigación trabajando en este ámbito. Diréis ¿y qué más da que no haya investigación en España hecha por investigadores españoles, si podemos aprender mucho leyendo las investigaciones estadounidenses? Pues por una sencilla razón: el éxito de las intervenciones educativas depende en gran medida de su adaptación al entorno socio-económico y político que las acoge. Tú puedes llegar con un plan de intervención para la detección y atención educativa en niños y niñas con AACC maravilloso tomado de las investigaciones norteamericanas e intentar implementarlo en tu comunidad autónoma, y darte de bruces con un entorno que no acepta, no entiende y no puede mantener tus propuestas.

En su revisión sobre el estudio de la alta capacidad en España, Hernández Torrano y Gutierrez Sánchez (2014)  hablan de cuatro ámbitos de estudio que se están abordando en nuestro país sobre este tema: los dedicados al perfil cognitivo de los estudiantes con AACC, sus rasgos afectivos, sociales y emocionales, los estudios dedicados a la detección de estos estudiantes y, por último, los orientados a analizar las estrategias y técnicas de intervención educativa en esta población. En la próxima entrada dedicada al tema de las AACC, hablaré de el último de estos aspectos, las estrategias de intervención educativa en niños y niñas con AACC que se llevan a cabo en España y en qué medida están extendidas y son eficaces. Volviendo al inicio del post, en el que decíamos que un 90% de niñas y niños con AACC pasan desapercibidos en nuestro país, podemos deducir que estas prácticas no están muy extendidas. En este sentido, reitero mi preferencia, expuesta el primer post de esta serie dedicada a AACC, de optar por no luchar contra el sistema y renunciar a un etiquetaje que no sé a ciencia cierta si va a llevar a buen puerto o si va a ser un estigma en un sistema educativo que no sabe atender a personas con talentos y capacidades especiales.

Un sistema educativo sin altas capacidades

El tema de las altas capacidades (AACC) siempre me ha producido sentimientos encontrados. De siempre he odiado el término “superdotado”, por lo que agradezco mucho que esa palabra haya desaparecido para ser sustituída por una que hace alusión a las múltiples capacidades del ser humano y la posibilidad de que algunas de ellas estén especialmente desarrolladas. Llamar a alguien “superdotado” siempre me ha parecido una especie de insulto, una forma de encasillar a una persona que, de repente, tiene que demostrar que merece, de alguna forma, esa denominación.

A pesar de que el concepto haya perdido sus matices de etiqueta de superheroe, sigo sin ver la necesidad de etiquetar a los niños y las niñas, someterles a tests y pruebas, atarles a un informe y guerrear por que un maestro o maestra con capacidades medias acepten dicha etiqueta. Lo cierto es que el problema es mucho más profundo que una simple aceptación de las competencias elevadas de un estudiante. El problema de fondo es un sistema educativo centrado en los contenidos y no en el aprendizaje.

Todos los niños y las niñas son especiales. Cada persona es un mundo y requiere una atención personalizada. Si bien es cierto que en un aula de 30 niños es difícil desarrollar este tipo de atención, tener una sensibilidad especial hacia las peculiaridades de los estudiantes es una competencia que todo docente debería desarrollar. Por otra parte, existen formas de intervenir educativamente para aprovechar al máximo las capacidades de cada estudiante sin tener que desatender a ninguno de ellos. Pero para ello, hace falta cambiar el esquema del aula y de las prácticas que en ella se desarrollan. Y considero mucho mejor un aprovechamiento de las capacidades de cada niño dentro de su aula o de su grupo de edad que el adelantamiento de curso.

Adelantar a alguien de curso me parece la otra cara de la moneda de la repetición. Es el fracaso del sistema para adaptarse a las peculiaridades de sus estudiantes. ¿Por qué tiene un niño o niña de primaria, en una edad en la que los cambios de un año para otro son enormes, dejar a sus amigos y amigas e irse a un grupo de niños mayores? Igual que con el caso de la repetición, creo que se están poniendo las competencias intelectuales por encima de las emocionales y las sociales. Se pierde de vista a la persona en su contexto y se la trata como a un cerebro con patas. También este problema se solucionaría con una flexibilización de las prácticas escolares. La organización por grupos de edad permanentes es solo una manera de organizar un colegio, puede haber muchas otras, aspecto que continúa inexplorado en nuestro país.

Dado que el sistema falla en la detección y la atención de niños y niñas que se desvían de la media, tanto por arriba como por debajo, somos las familias las que tenemos que estar preparadas para afrontar los problemas derivados de esa desatención. En el caso de niños y niñas con AACC, es preciso darles oportunidades y recursos para desplegar sus intereses. Lecturas, visitas, conversaciones, uso de recursos digitales, interacción social más allá del aula, etc., además de una educación para comprender las diferencias entre las personas y lo que él o ella pueden aportar a un grupo con competencias diversas.

En este sentido, enseñar a los niños y niñas con AACC a gestionar su talento es crucial para su adaptación a los grupos sociales en los que se va a tener que integrar a lo largo de su vida. Es duro ser el listo o la lista del grupo, eso es así. Hay que soportar envidias, incomprensiones, acoso, burlas, etc. Por eso, debemos ayudarles a mantener sólida la autoestima y saber afrontar con sabiduría estas situaciones. Además, un gran poder conlleva una gran responsabilidad (ya lo decía el tío de Spiderman): saber ejercer funciones de liderazgo aportando lo mejor de ellos y sacando provecho de las competencias del grupo para sacar adelante un proyecto es tan importante o más que conocer los fundamentos de la física cuántica a los 9 años.

Es una pena que nuestro sistema educativo vaya con 40 años de retraso, pero es lo que hay. Creo que no es de recibo tener que someter a los niños y niñas con AACC a un diagnostico y a un etiquetaje de por vida para demostrar que tienen capacidades especiales. Yo prefiero trabajar en familia esas maravillosas competencias y enseñarles a afrontar la vida de la mejor manera posible. Esto no quiere decir que no luchemos por sus derechos en el sistema educativo, para nada, pero siempre teniendo en mente qué va a suponer para ellos y ellas cada paso que demos en este sentido.

7 consejos para la vuelta a clase

Ey, profes de instituto: comienza el curso ¿no, carrocillas? Otra vez a tomarse el café de pie y con prisas mientras juramos en hebreo por tener que entrar a primera hora, otra vez entrar en un aula abarrotada de críos y crías que aúllan, otra vez la tiza y la pizarra, y a contar lo de siempre. No se puede empezar un curso a tontas y a locas: ¿has pensado todo lo que vas a hacer este curso? ¿Has actualizado contenidos, rediseñado materiales, pensado actividades para trabajar los conceptos fundamentales de tu asignatura, nuevas formas de evaluación, etc.? ¿Has pensado cómo mejorar tu docencia? Ya sé que está ajetreado viendo cómo suben las visitas a tu último video o artículo en el Huff, que no has tenido tiempo de reflexionar sobre las claves del éxito en tu docencia. Pero hoy, como si fueras un alumno en tu primer día de clase, te voy a dar siete consejos fundamentales para triunfar en las aulas.

1.- Ánimo, que tú puedes

Ya sé que ves en tus estudiantes una manada de vagos y vagas, pero tu misión es que se apasionen por tu asignatura. ¿Has pensado cómo motivarles, cómo vincular sus conocimientos previos con los nuevos conocimientos, cómo conseguir que caigan en la cuenta de lo interesante que es conocer lo que tú les puedes enseñar? Recuerda, además, que las medidas de atención a la diversidad en nuestro país no son muy boyantes, por lo que tendrás que hacer un esfuerzo extra para detectar las necesidades específicas de tus alumnos y ofrecerles algún tipo de apoyo. A lo mejor crees que no es tu obligación, pero todas las personas tienen derecho a la educación ¿no? Lo que te estoy proponiendo no es que conviertas tu clase en un circo, sino que aprendas a enseñar, cosa que va mucho mas allá de vomitar contenidos en un aula y corregir exámenes.

2.- Conoce a cada estudiante

Sí, ya sé, son muchos, muchísimos. Pero compréndelo: no todos ellos aprenden de la misma manera, ya se sabe que cada chaval o chavala es un mundo. Es fundamental conocer a cada uno de ellos y comprender sus peculiaridades. Unos aceptarán tus bromas y otros se enfadarán y no tolerarán que te pitorrees de ellos delante de la clase. Es interesante que les conozcas por su nombre y demuestres que no son para tí un simple número. Ya sabes que puede que te cueste adaptarte cada año a un nuevo grupo con sus diversidades y peculiaridades, pero siendo flexible y receptivo evitarás desencuentros y mejorarás tu docencia. No pretendas que la clase se adapte a tí: adáptate tú al grupo. Será más sencillo.

3.- Intenta revisar tu planificación a lo largo del curso

Esta es la gran utopía de cada año, pero sigue intentándolo. Para adaptarte a las necesidades de tus estudiantes será necesario, seguramente, revisar las actividades, los materiales y las formas de evaluación que tenías pensado poner en práctica. No hace falta que realices cambios drásticos y seguro que en la administración no te llaman la atención por introducir cambios por motivos pedagógicos (ups, he mentado a la pedagogía, sí). Recuerda que si dedicas tiempo en tus clases a realizar tareas que ayuden a profundizar en los contenidos, no dejarás al azar el aprendizaje de los estudiantes. Memorizar para un examen no es aprender: es algo que, después de nuestra experiencia como alumnas y alumnos, deberíamos tener claro.

4.- Sondea el aprendizaje de tus estudiantes: ¿tienen dudas?

Recuerda que debes tener estrategias para saber si tus estudiantes están aprendiendo y comprendiendo lo que les intentas enseñar más allá del examen, en el día a día, poco a poco, para que al final no te encuentres con un aula que no ha entendido nada de lo que les has contado. Entiendo que, a veces, la desidia os puede y os limitáis a soltar el rollo y observar sus caras inexpresivas. Si eres tímido puedes usar un montón de herramientas digitales que tienes a tu disposición. Kahoot! y Appgree son dos de ellas. Ya sé que estás en contra de todas esas cosas modernas, pero pruébalas: alucinarás.

5.- Coordínate con tus compañeros

En vez de dedicaros a tiraros los trastos en el claustro ¿habéis probado a constituiros como verdadero equipo docente? Yo os animo a ello este curso. Reuníos para pensar las cosas que podéis hacer en común para mejorar la convivencia del centro y el aprendizaje de vuestros estudiantes. La docencia en un centro de enseñanza como el vuestro no es una actividad individual, sino colectiva, y si no aprendéis a colaborar nunca alcanzaréis la excelencia que os habéis puesto como meta. Bueno, quizás exagero y no buscáis la excelencia, pero venga, coordinaos y haced de vuestro centro un centro mejor.

6.- Usa la agenda

Ya sabes lo importante que es la planificación para la buena marcha del curso escolar. Anota todos los hitos importantes, las actividades que harás en clase, las fechas de entrega de trabajos que les has dado a tus estudiantes a principio de curso, etc. Si tú estás organizado, ellos también se organizarán.

7.- Prueba y elige tu técnica de enseñanza

No sabes enseñar, y en parte es culpa de cómo esta organizado el sistema educativo español: deberían exigir una habilitación decente para el profesorado de secundaria. Pensáis que enseñar es decir lo que sabéis delante de una clase que os escucha en silencio y memoriza para el examen, y no es así. Por eso, vuestros estudiantes se desesperan en esas clases en las que os da la verborréa y luego, en casa, intentan desentrañar de qué iba todo ese discurso. También están aquellos que se aburren solemnemente, porque van sobrados y no necesitan tanta sobreexplicación y tantos consejos no solicitados.

Recuerda: la clave está en conocer a tus estudiantes y desarrollar estrategias educativas para que construyan activamente el conocimiento sobre aquello que quieres que aprendan. Fliparás con los resultados si observas, planificas y pones en marcha actividades motivantes en las que tengan que usar el conocimiento que quieres que asimilen. ¡Ánimo! El curso acaba de empezar. Todavía estás a tiempo.

Lo sencillo

Hoy, mi hijo pequeño me ha dicho que tiene “miedillo”. Me ha preguntado si puede haber una gerra civil, y no le he podido asegurar que no. Nos ha escuchado comentar que el presidente de nuestro país ha rechazado la mediación y nos ha preguntado que qué es eso. Le he dicho que la mediación es algo que se hace para poner paz, y se ha echado las manos a la cabeza. ¡Cómo puede alguien rechazar la paz! ¡Cómo puede un político mandar a la policía a pegar a la gente! He pensado que para qué iba a explicarle todo lo que he leído estos días: para él las cosas son sencillas. La paz es mejor que la guerra, la violencia es el mal y cuando las personas no están de acuerdo deben hablar para solucionar sus problemas.

Disfrazar el interés de orgullo patrio, la dignidad de venganza trapera, unas leyes escritas hace más de 50 años de escrituras sagradas y una amenaza de legalidad establecida no le va a convencer, porque él está ligado a las explicaciones sencillas. Por las mañanas nos levantamos de una cama caliente, desayunamos, acudimos al colegio y al trabajo, nos alimentamos, jugamos, leemos, estudiamos. En casa no hay banderas. La pobreza es un fallo del sistema que deberíamos solucionar, así como el cambio climático. ¿Por qué no hacemos nada, mamá? ¿Por qué discuten y no aportan ninguna solución? ¿Por qué cobran un sueldo?

Las cosas son sencillas. Y cuando nos parecen difíciles es porque son falsas o porque se han levantado estructuras artificiales que las convierten en inaccesibles. Ya no labramos la tierra, ya no producimos nuestro propios sustento. Trabajamos para otros por un número en una pantalla que se actualiza todos los meses. Este número va bajando para engordar los números de otras pantallas. Aseguramos la casa, el coche, la vida, las manos, los ojos… por si acaso. Vamos al supermercado, y rara vez tocamos la tierra que hay bajo nuestros pies.

Las cosas son fáciles cuando son de verdad. Y todo lo que está pasando estos días es una farsa. Señores que salen muy serios a amenazarse en público, recubiertos de solemnidad y galones. Señores que se esconden y no salen. Señora de negro que parece que está dando una homilía. Señores con faldas y gorros puntiagudos que no tienen nada que ver con nuestras vidas y que dicen que van a mediar. Señores que quieren mediar pero no les dejan. Y el patio digital ardiendo. Me da risa todo. Lo veo tan lejos… Ah, y vecinas y vecinos que cuelgan trapos rojos y amarillos y siguen con su vida miserable, de paro, jornadas laborales interminables y mal pagadas, sanidad de mierda y educación deteriorada.

Hoy la luna luce maravillosa, en este mes de octubre caluroso y convulso. Y mañana saldrá el sol, para iluminar vuestros ridículos juegos. Lo sencillo persiste, espero que no acabéis con ello.