Educación en tiempos de pandemia

Estamos en una situación sin precedentes y en las situaciones sin precedentes se aprenden muchas cosas. Una de las cosas que se hacen manifiestas es el orden de prioridades de una sociedad. Y en este momento, la prioridad parece ser la economía. No el bienestar de la ciudadanía, que todo el mundo mantenga un nivel de vida adecuado, que se alimenten, duerman, cuiden su cuerpo y su mente. La prioridad es que no nos muramos muchos y que podamos levantar pronto el aislamiento para volver a la “normalidad”.

Pero eso nunca va a pasar. Hay una generación que ha visto truncado su curso escolar, desde infantil hasta la Universidad. Y esto de “ver truncado” es una cosa que va con el sistema. El sistema consiste en ir salvando obstáculos y superando niveles, como en los videojuegos. Esa ingenua afirmación de “lo importante es aprender” es una puta mentira. Lo importante es y ha sido siempre aprobar. Hasta ahora, que la situación de evaluación no puede asegurar que el resultado del test refleje la retención y acumulación individual y memorística del conocimiento.

En esta situación excepcional pueden suceder dos cosas: el sistema intenta perpetuarse o el sistema cambia. Entre los que intentan que el sistema se perpetúe están los que quieren que esto se chape hasta septiembre, que se de por perdido el curso y que los niños y niñas empiecen de nuevo el curso en el que ya llevaban casi 5 meses. Esa propuesta me parece aberrante por muchos motivos, pero el principal es la falta de respeto, la falta de consideración y la trivialización que supone del derecho a la educación.

Vamos a ver las cosas con un poco de perspectiva: el derecho a la educación no va de hacer ejercicios repetitivos del libro de texto y que el profe te los corrija. El derecho a la educación es tener acceso a la información, apoyo para comprenderla y espacio para aplicarla y generar nuestro propio conocimiento. Y, si nos importa este derecho, si nos importa que los niños y las niñas, que las y los adolescentes sigan teniendo oportunidades de crecimiento en medio de una pandemia, hemos de hacer cosas diferentes.

Es previsible que, ante esta afirmación, haya quien diga que esto no es lo importante ahora. Seguramente será una persona de clase media e intelectual, con niños pequeños y que se ve sobrepasada por la absurda inundación de tareas que sufren de manos de las maestras de sus hijos. Estos niños, de clase media e intelectual, están en constante contacto con recursos educativos, por lo que las tareas dificultan más su vida que otra cosa. Es absurdo estudiar por tercer año consecutivo el ciclo del agua. Este planteamiento, que se detenga la actividad docente, es absolutamente comprensible, si no supusiera un abandono completo de otras niñas y niños que no tienen la suerte de tener un acceso tan amplio a recursos educativos.

Desde mi punto de vista, las prácticas educativas en esta situación de pandemia deberían cambiar. No tiene sentido intentar seguir haciendo las mismas cosas. Mandar tareas a destajo, obligando a las familias de niñas y niños pequeños a estar gestionando su realización, solo sirve para crear tensión y rechazo. No podemos pretender recrear la situación de las aulas en los hogares. Pero claro, ¿dónde está el Think Tank educativo en España cuando hay que organizar todo esto? ¿Holaaaaaa? ¿Hay alguien ahí?

Los centros educativos públicos parecen pollos sin cabeza planificando las directrices generalistas que han recibido de sus jefes directos: los consejeros de educación y los cargos intermedios. “Haced lo que podáis, planificad la docencia a distancia y la evaluación y mandadnos los planes”: eso ha sido todo. Ni un puñetero recurso. Bueno, sí, Clan TV ha hecho un programa de clases horroroso que da vergüenza ajena y que los niños no quieren ver ni en pintura.

Los y las docentes son un cuerpo de funcionarios que ahora podrían estar haciendo grandes cosas, y, sin duda, algunos y algunas lo estarán haciendo. Interesarse por el bienestar de sus estudiantes y sus familias, ofrecerles ayuda para tener acceso a recursos interesantes y profundizar en su formación, sugerir, acompañar, informar. Por favor, dejad de enviar tareas inútiles, dejad de estresar a las familias y humanizad vuestro trabajo.

Es tan importante la labor educativa en estos momentos como en cualquier otro. Esta es una oportunidad para ver las cosas desde otra perspectiva, para educar sin partes, sin sanciones, sin notas, sin negativos, sin exámenes. El único objetivo es poner el conocimiento al alcance de la gente. Ahora que se aplaude tanto el trabajo de los sanitarios y se describe como heroico, los docentes no se deberían quedar atrás y deberían aprovechar esta oportunidad para mostrar la importancia de su trabajo.

Pero bueno, seguramente esto no sean más que tonterías. Hay gente muy preocupada por que se van a incrementar las desigualdades. Como si esas desigualdades no estuviesen ya totalmente establecidas. Esto es como cuando mis hijos iban a “no religión” y no podían hacer nada que implicase aprendizaje académico. Era como dejarles en un stand by para que no avanzasen con respecto a los demás. Me parecía una solución perversa. En vez de sacar la religión de las aulas, había que crear espacios muertos para los niños que no quisiesen ser adoctrinados. Ahora, las niñas y niños que tienen internet y dispositivos ¿qué deben de hacer? ¿Intentar aprender lo menos posible para que no se agrande la brecha?

Quizás deberíamos empezar a pedir, por ejemplo, Internet libre, acceso libre a la cultura, reparto de dispositivos a las familias que carezcan de ellos y de posibilidades de comprarlos. No es más que asegurar el derecho a la educación. ¿Alguien tiene un plan? ¿Hay alguien pensando sobre esto en algún sitio?

Lo que ha quedado patente en esta situación de crisis es que los niños y las niñas son ciudadanos de segunda. Han quedado recluidos en sus casas y ninguna de las medidas de apoyo planteadas por el gobierno aluden a la infancia. La infancia encerrada ha quedado privada de todos sus derechos. La infancia encerrada, y además pobre y sin líneas de comunicación con el exterior está más expuesta a innumerables riesgos. Nadie se preocupa por asegurar el bienestar de la infancia y su derecho a la educación. Exijamos a ese ejército de funcionarios que dependen de las consejerías de educación que se pongan las pilas, que innoven, que cambien su perspectiva y que den la posibilidad a nuestros hijos e hijas de seguir teniendo acceso a la cultura. Por todos y todas. Para todos y para todas. Por nuestro futuro y por el suyo.