Andreu se quiere hacer famoso

La tecnología puntera en nuestros institutos

No sé si, en los últimos días, habéis visto publicada en varios medios la entrevista a un profesor interino de Lengua y Literatura con una experiencia docente de 6 años que presenta una visión apocalíptica de la población adolescente. Yo sí. Cientos de veces. Y la he leído una y otra vez, de arriba a abajo, sin entender su éxito y que tanta gente inteligente la estuviese aplaudiendo.

Luego he pensado que los mecanismos de promoción que usan los medios para difundir sus artículos funcionan a las mil maravillas: pagas y tienes un alcance de x mil personas dispuestas a retuitear o compartir cualquier contenido que apoye la idea de que los y las adolescentes de hoy en día son lo peor, que las familias no saben cómo educarles y que les aparcan delante de las pantallitas, haciéndoles perder así su capacidad atencional y de comprensión del mundo real.

Me voy a centrar en el artículo del País, aunque esta martingala ha salido también en otros medios. En primer lugar, hablemos de las cosas que le importan a Andreu Navarra: la desnutrición de sus estudiantes, su incapacidad para concentrarse y la ausencia de un debate sobre su futuro. Esto conduce, según él, a una devaluación del sistema educativo. La culpable fundamental: la tecnología.

O se explica muy mal o no sé que tiene que ver la supuesta desnutrición (no he encontrado ningún informe en el que se hable de la creciente desnutrición en la población infantil española) con la tecnología. Creo que le cuesta mucho hablar de un problema social que va más allá del sistema educativo: la pobreza y la exclusión social. Y sí: la educación obligatoria hace posible que todos los niños y las niñas, incluso los que viven situaciones de pobreza y exclusión, vayan a clase. Y su problema, Andreu, no es la tecnología ni la falta de academia, sino un sistema social que no atiende las necesidades de su población.

Dice Navarra en la entrevista del País: “Los profesores queremos crear ciudadanos autónomos y críticos, y en su lugar estamos creando ciberproletariado, una generación sin datos, sin conocimiento, sin léxico. Estamos viendo el triunfo de una religión tecnocrática que evoluciona hacia menos contenidos y alumnos más idiotas. Estamos sirviendo a la tecnología y no la tecnología a nosotros”

Estas afirmaciones son difíciles de entender. ¿Los profesores quieren una cosa y sin embargo consiguen otra? ¿Están los profesores creando ciberproletariado? ¿No dan datos, conocimiento ni léxico a sus estudiantes? ¿La religión tecnocrática se difunde en los centros educativos? ¿La tecnología conduce a tener “menos contenidos”? ¿La tecnología hace a los alumnos más idiotas? A ver, señor, explíquese: ¿contra quién quiere arremeter?

Decir que la tecnología conduce a un estado de menos contenidos, menos léxico y menos datos es absurdo. Nunca hemos tenido más datos a nuestro alcance. Andreu es joven, y por eso quizás no recordará cuando, para escribir libros, teníamos que ir de biblioteca en biblioteca recopilando información. Ahora no tengo que viajar para recopilar cientos, miles de artículos científicos y libros para poder leer y documentarme. La tecnología es una herramienta a la que podemos dar distintos usos. Hay quienes están todo el día jugando on-line con sus amigos, quienes buscan información sobre temas diversos, quienes entran en la deep web para encontrar material ilegal o quienes usa Tinder para encontrar pareja. Por tanto, un objetivo crucial del sistema educativo sería enseñar a los estudiantes a usar la tecnología para aprender y profundizar en su conocimiento. Pero planteamientos como el del señor Navarra lo único que hacen es mantener los centros públicos no ya en la Edad Media, sino en el pleistoceno, mientras que los centros privados dotan a sus estudiantes de las herramientas imprescindibles para vivir en una sociedad del siglo XXI.

Cuando sigo leyendo la entrevista, veo que Navarra señala que esos alumnos idiotas, absorbidos por la vida virtual y desnutridos no alcanzan más de un 25% del alumnado y, además, señala que este alumnado desnutrido, con dificultades de aprendizaje y que necesitan apoyo quita mucha energía al profesorado en sesiones de evaluación. Esa energía imprescindible para transmitir lo verdaderamente importante: la academia. Aquí ya Andreu me indigna bastante. Hay una frase que quiero señalar especialmente: “Y en el debate de la inclusión se ha olvidado, dice, que “lo que de verdad falta incluir es la academia”

Señor Andreu Navarra: lo importante del sistema educativo no son sus excelsos conocimientos de licenciado en lengua y literatura española. Lo importante del sistema educativo son las/os niñas/os y las/os adolescentes. Lo importante del sistema es la persona a la que se educa. Si su vocación era dedicarse a la producción de conocimiento o a su transmisión en su pura esencia, dedíquese a otra cosa. En un instituto, el material sensible son sus estudiantes, y el objetivo del sistema educativo es la integración en la sociedad, no la transmisión del conocimiento. Y el debate de la integración está claro desde hace mucho tiempo: inclusión o barbarie. La escuela pública es de todas/os para todas/os o no es.

En este sentido, si su objetivo es ser profesor de un instituto público, será mejor que vaya cambiando ciertas ideas. A las niñas y niños pobres y con riesgo de exclusión social también hay que educarles. Sí, educarles, no enseñarles. Y, por desgracia, hay muchas familias que tienen un acceso muy pobre a los recursos culturales de nuestra sociedad. Culpar a las familias de la “idiocia” de sus menores es tener muy poca idea de como funciona eso de las clases sociales y el acceso al conocimiento.

No sé en los institutos que habrá estado Andreu Navarra en sus escasos 6 años de docencia, pero le puedo asegurar que si los gurúes tecnológicos mandan a sus hijos e hijas a colegios analógicos, en España tendrían el paraíso. Un paseo por los institutos (públicos, claro) de gran parte de nuestro país nos arroja una imagen descorazonadora. Centros en los que los estudiantes no tienen acceso a Wifi, en los que se prohibe el uso de dispositivos electrónicos y se les arrebata el móvil si les pillan usándolo, como si fuese un pecado. Centros en los que se sigue usando pizarra y tiza como el artefacto de mediación más avanzado. Centros que tienen ordenadores de los años 90 que tardan una hora en encenderse y cuyo uso es muy limitado. Centros en los que se pide a los alumnos que lleven un euro para fotocopias en lugar de usar el aula virtual que tienen disponible y colgar allí los materiales. Pero la tecnología es el problema ¿verdad, señor Navarra?

Eso de “Aprendemos juntos” de BBVA

Ya me chirría que un banco nos venga a dar consejos educativos, cuanto más el discurso paternalista que usan para aleccionar a las familias. No sé si tienen muy claro cual es su público objetivo, pero desde luego, la gente a la que he visto asentir entusiasmada ante alguno de esos vídeos ñoños y sobreactuados ya está convencida de todo lo que ahí se dice y lo reproduce sin atisbo de crítica. Y es que los vídeos reproducen el típico discurso buenista y bienpensante que le conviene al sistema para reproducirse, un discurso que oculta mecanismos de control para que cualquier cambio posible venga siempre dirigido desde arriba (MUAHAHA, risa de conspiranoica).

En el vídeo en el que sale una psicóloga, Maribel Martínez, hablando sobre los grupos de WhatsApp de madres (y algunos padres) en los colegios, lo primero que llama la atención son las expresiones faciales de entrevistada y entrevistadora. Sin conocer el tema del que hablan, diríase que lo hacen de alguien que ha cometido una graciosa travesura. Pero las y los autores de esa travesura son personas adultas que cometen la tropelía nada más y nada menos de… comunicarse en relación con sus hijas e hijos que comparten aula.

Entrevistada y entrevistadora parten de la idea de que las familias lo hacen mal queriendo hacerlo bien. El colegio lo hace todo estupendamente, por supuesto. Y hace falta ser psicóloga para decirle a esas familias desorientadas cómo enmendar sus errores. Os voy a contar un secreto: cuando estudié psicología, en ninguna asignatura, absolutamente ninguna, se habló sobre la mejor forma de educar a los y las hijas. Pero hablaré de este tema más adelante. Vamos ahora con el vídeo.

El vídeo cae desde el principio en lo que las Madres Chungas llaman madre de Schrödinger: la madre debe enseñar a su prole a hacer deberes y estudiar pero no debe inmiscuirse en el trabajo escolar de su prole. Esta afirmación parte de una imposición y de una falacia. La imposición es que las familias deben estar al servicio de la escuela y constituirse como un recurso complementario de la misma. La falacia es que, si la familia hace las cosas bien, todo irá bien.

La psicóloga parte de una relación imaginaria entre una madre que está pendiente de los deberes que tiene su hijo y un niño que se relaja porque la que gestiona los deberes es su madre (“la ayuda que no ayuda”, que es el libro que quiere vender la psicóloga). Lo que yo he visto, sin embargo, en los grupos de WhatsApp en los que he estado son madres que reciben notitas de la profesora en la agenda que dicen “Fulanito/a no ha hecho los deberes.” Y ya volvemos a la paradoja. Señora maestra/ profesora, ¿Me está diciendo que soy yo la que he de gestionar las tareas escolares de mi hijo/a? ¿En qué quedamos?

La función de las familias debe ser reconocida como algo mucho más complejo y relevante que ser un mero apoyo de la institución escolar. De hecho, es al revés: la escuela es un servicio de apoyo, pero la educación que aporta la familia va mucho más allá de los contenidos escolares. El tiempo de la familia debe ser respetado y no ser copado por actividades que provienen de un contexto ajeno al hogar. En resumen: no a los deberes escolares. Lo escolar, en la escuela. Y no se preocupen: los niños y las niñas motivados por conocer y saber invertirán su tiempo adecuadamente cuando sea necesario. Y con esto, solucionado el supuesto problema de los grupos de WhatsApp, que no es otro que la intromisión de una institución (la escuela) en otra (la familia) de manera asimétrica.

En cuanto a la falacia de que si hacemos las cosas bien, todo irá bien, nada más lejos de la realidad. En estos vídeos, ningún niño o niña tiene dificultades de aprendizaje o la escuela está al corriente de ellos y presta los apoyos necesarios. Las familias solo tenemos que hacer lo que nos dicen. Este planteamiento es absolutamente culpabilizador e inmovilizante cuando surgen problemas y la realidad es que las familias tienen que emprender luchas bárbaras para conseguir evaluaciones, diagnósticos y apoyos. Estas luchas se invisibilizan en estos vídeos buenistas dirigidos a familias de clase media con niños y niñas con desarrollo típico y ningún rasgo diferenciador.

Por último, lo que me faltaba por escuchar es que resulta que las madres tenemos la culpa de los ataques de ansiedad ante los exámenes. A ver, señora psicóloga: no. Recuerdo a mi hijo inmovilizado porque al día siguiente tenía que hacer una presentación oral de un libro en inglés. Le pregunté si alguien le había enseñado a hacer una presentación oral y la respuesta fue que no. Invertí una tarde en hacer lo que tenía que haber hecho el profesor. Le di una serie de recursos para presentar en público, entre ellos cómo gestionar su miedo. Ensayó la presentación conmigo un par de veces. La presentación fue bien y obtuvo una muy buena calificación. La ansiedad ante los exámenes se genera en el contexto en el que se examina y se debe solucionar en ese contexto. Yo sé que lo más fácil es culparnos a las madres, pero no.

En cuanto a lo de que la Psicología nos enseña cómo criar a nuestros hijos e hijas, es una afirmación muy matizable. La Psicología de la Educación no es cuestión de verdades absolutas. Hemos de ser conscientes de que detrás de las afirmaciones que se hacen sobre educación, siempre hay cuestiones ideológicas sobre cómo debe ser el mundo y las personas. En momentos de crisis afloran los totalitarismos y se tiende a apoyar modelos más rígidos y menos democráticos. Conceptos como el de hiperparentalidad e hiperprotección son fruto de este giro al desapego y el autoritarismo. Sin embargo, en momentos de bonanza se fomentan modelos más democráticos que priman un desarrollo sano de las emociones y el diálogo. Por tanto, cuando escuches afirmaciones absolutas, como las que se hacen en los vídeos del BBVA, reflexiona: ¿cómo quiero que sea mi familia? ¿Es ese el modelo que quiero seguir? Convirtámonos en familias empoderadas, conscientes de nuestros recursos y nuestras debilidades y no dejemos que vengan otros a decirnos cómo ser, cómo actuar y qué comprar para ser felices.